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RAZONES
POR OUE DEBEMOS APOYAR LA CANDIDATURA
DE
THEODORE Roosevelt
RAZONES
POR QUÉ DEBEMOS APOYAR LA CANDIDATURA
DE
THEODORE ROOSEVELT
Traducidas, recopiladas y publicadas por el
LATIN-AMERICAN "ROOSEVELT" REPUBLICAN CLUB
Campaña del Partido Republicano
I904
NUEVA YORK
Louis Weiss & Co., Impresores
116 Fulton Street.
1904
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V
Copyrighted, 1904,
By T. D. Sariol.
Introducción
A LOS LATINO-^ MERIC AÜ^OS:
Esta publicación contiene el discurso pronunciado el 26 de
Julio de 1904 por el Presidente Teodoro Roosevelt ante la Comi-
sión nombrada por la Convención de Chicago para que le noti-
ficara su candidatura para la Presidencia de la República.
Contiene además extractos y tronos de discursos pronuncia-
dos en el Senado y en la Cámara de Representantes de los Esta-
dos Unidos y fielmente traducidos al castellano.
Se recomienda su lectura á todos los ciudadanos norte-
americanos de la ra^a latina, así como también á todos aquellos
que se propongan declarar su intención, por ser de sumo interés
conocer los principios en que se funda la política del partido
republicano. También es de sumo interés para los Hispano-
Americanos agruparse y tener una asociación política al igual
de las que tienen todos los europeos que han adquirido la ciu-
dadanía norte- americana.
No vemos por qué hemos de ser menos que ellos los latinos
que residimos en este país, si á todos da sombra la misma
bandera, protegen las mismas leyes é impulsan los mismos estí-
mulos.
Con tan patriótico objeto se ha organizado el li Latin Amer-
ican %oosevelt T^epublican Club,"' en el número nueve, Oeste,
de la calle 14.
^Recomendamos al lector que lea con atención las repetidas
pruebas que en esta obra se citan relativas á la actual prosperi-
dad del país, y le invitamos á que compare las cifras fabulosas
que ha alcanzado nuestro movimiento comercial con las que
pusieron en evidencia el lamentable fracaso financiero durante
el desastroso régimen democrático.
T. T>. SARIOL.
Washington, D. C, Septiembre de 1904.
Obra que contiene el discurso del Presidente
T^oosevelt aceptando la Candidatura, y Ex-
tractos de los discursos pronunciados por emi-
nentes legisladores en ambas Cámaras del
Congreso.
ItKDICE
Paginas.
Discurso del Presidente Roosevelt al aceptar la candida-
tura republicana para Presidente de los Estados
Unidos 17
La sabiduría del proteccionismo en los Estados Unidos. . 25
Proféticas palabras de Blaine. — En medio de sus sufri-
mientos sabrán cuál es el único camino de la prospe-
ridad 26
Proteccionismo. — Lo que es y en qué principios está fun-
dado 29
Una era de progreso bajo un sistema completamente ame-
ricano 30
Opiniones de los Presidentes. — Lo que esos grandes hom-
bres pensaban acerca del proteccionismo 31
Hon. Thos. B. Reed. — Debéis asegurar al pueblo ameri-
cano mercados americanos 34
Las tarifas proteccionistas no han interrumpido nuestro
comercio de exportación ; éste ha aumentado con ellas 35
Importancia del mercado interior. — Nuestro mercado inte-
rior iguala á todo el comercio internacional del mundo 37
La Gran Bretaña se prepara para adoptar las tarifas pro-
teccionistas republicanas 39
Los países que han adoptado el sistema proteccionista han
progresado en mayor escala y más rápidamente que
nosotros. — Discurso de J. Chamberlain en Liverpool. 42
En el Reino Unido el comercio ha estado prácticamente
estancado durante más de treinta años. — Varias ver-
dades profundas del Hon. Joseph Chamberlain acerca
de las tarifas proteccionistas 44
Irlanda bebe hasta las heces la copa del libre-cambio 47
El Club Cobden. — Una organización que presagia la
muerte de las industrias irlandesas 48
El libre-cambio es una completa farsa. — Campaña protec-
cionista de Mr. Balfour 48
Los Estados Unidos han progresado á pasos agigantados. 50
Los beneficios del proteccionismo alcanzan ante todo á
los hombres que ganan el pan con el sudor de sus
frentes 53
Los tipos de derecho de la Gran Bretaña son sumamente
más altos que los de los Estados Unidos 55
Paginas.
La independencia política no puede llegar á ser entera-
mente segura sin la independencia industrial 58
El partido republicano se mantiene al lado de la antigua
doctrina primitiva de los antepasados 61
Debemos no tocar la tarifa. — Debemos defenderla contra
todo lo que se presente para el bien de la nación 63
La cuestión no es entre el libre-cambio y la tarifa. La cues-
tión es si la tarifa deberá ser impuesta para producir
únicamente rentas ó para también estimular y proteger
las industrias americanas 65
Hon. Benjamín Harrison. — Creo que el sistema proteccio-
nista es un poderoso instrumento para el desarrollo de
nuestra riqueza nacional y un poderoso agente para
la protección de los hogares de nuestros obreros 67
Grover Cleveland fué elegido. — La bancarota se hizo epi-
démica 68
El comercio libre americano resultaría en provecho de los
Trusts y en perjuicio del trabajador americano. — La
suspensión de la tarifa no es el remedio contra los
Trusts 69
Reciprocidad republicana , 72
¿ Es la tarifa un robo ? 74
Variedad de industrias necesarias para la defensa nacional 77
Creciente importancia de la mecánica como un factor en
la guerra 79
Nuestras leyes no deberán conceder ventajas en ningún
caso en nuestro mercado á las industrias extranjeras. 80
Podemos llenar los mercados del mundo con nuestros pro-
ductos conservando el precio de nuestros salarios 83
¿ Estará dispuesto el partido republicano á abrir la mano,
sabiendo que una vez abierta, toda esperanza está per-
dida ? 85
Los obreros americanos deben ser protegidos á todo trance 86
Los Trusts. — Revisión de las tarifas. — El Presidente en
Minneápolis 88
La ley Dingley. — Todo lo que en su nombre se ofreció se
ha cumplido 90
Por qué no se puede confiar en las promesas democráticas 91
La reciprocidad republicana mantiene siempre presente la
conservación del mercado doméstico y el bienestar de
los asalariados 92
¿ Quién arriaría la bandera ? 95
La gloria y triunfo del proteccionismo 97
Hon. William McKinley. — Una sabia ciencia de goberna-
ción nos ordena que no perturbemos el bienestar 100
Paginas.
Los productores extranjeros deben pagar todos ó casi to-
dos los impuestos sobre las mercancías que mandan
aquí 102
Las naciones bien gobernadas no adquieren mercados con
. perjuicio de sus pueblos 103
Reciprocidad republicana para abrir nuestros mercados en
términos favorables para todo aquello que nosotros
no producimos 104
La ley Sherman contra los Trusts. — El medio más positivo
para suprimir los Trusts ilegales y perjudiciales 106
El Presidente ha vigorizado con más eficacia la ley contra
los Trusts que ningún otro de sus predecesores 108
El problema de las Filipinas 1 09
Todo embarcado para allí bajo el Bill de la tarifa Dingley 112
Los filipinos jamás pueden tener una comunidad libre á
menos que no permanezcamos allí y los preparemos
para ello 114
El pueblo americano necesita una marina mercante ameri-
cana para nuestro transporte extranjero 116
La importancia del trabajo con respecto á la navegación.
Defensa para la protección de la marina americana de
alto bordo, para que se les dé empleo á 30,000 traba-
jadores en los astilleros americanos 118
La mayor calamidad para la raza humana 120
Un hombre es libre-cambista ó proteccionista. No hay tér-
mino medio 122
La política democrática es libre-cambio y nada menos que
eso 122
La tarifa construye las fábricas y establece la maquinaria. 123
La protección. — La que desarrollará nuestros recursos na-
turales. La que proporcionará trabajo á nuestros hom-
bres 124
Únicamente por medio de una tarifa protectora es que se
pueden conservar los mercados domésticos 125
La verdadera esencia para la defensa de nuestro comercio
es la marina 126
Hon. Justin S. Morril, de Vermont. — Remiendo de la ta-
rifa por el partido democrático 128
La América ha tenido un aumento en sus ventas á nos-
' otros de cerca de 45 por ciento, y ha dejado de com-
prarnos por más de 40 por ciento 130
La Gran Bretaña teme grandemente á nuestros Trusts. ... 131
Una exposición sobre el trabajo, de Teodoro Roosevelt.. 133
Nuestro deber en las Filipinas. — Sostengámonos en las
islas y asumamos la responsabilidad de su futuro 136
Paginas.
No casas de moneda abiertas, pero sí molinos 139
Las mujeres americanas hechas independientes. — En esta
diversidad de empleos, resultado de la tarifa protec-
cionista, las mujeres americanas han sido elevadas y
hechas mucho más independientes 142
Nuestras futuras miras para el desarrollo de nuestro comer-
cio en el Pacífico 144
Las terribles experiencias del comercio libre 146
¿ Qué es una tarifa proteccionista ? 149
La protección nos salva nuestro mercado 149
Para utilizar todo el trabajo que hay en los hombres. . 150
Estos son los resultados de la legislación republicana 150
Nuestra política es mantener nuestro mercado 152
Prosperidad republicana. — La prosperidad es general; dis-
tribuida por todo el país ; común á todas las clases. . . 154
Los tiempos buenos y los tiempos malos 156
Refutación de las profecías de Mr. Bryan 157
El republicano es un partido de hechos 159
Estoy cansado de votar contra la prosperidad 160
El partido democrático va siempre acompañado de cala-
midades 161
Grover Cleveland fué elegido. — La bancarota se hizo epi-
démica 1 63
Veamos lo que hizo el partido democrático. — Paralizó el
comercio 164
La ley Wilson-Gorman produjo un estancamiento de todas
las industrias del país 166
El pánico de 1893 empezó el día siguiente de la elección
de 1892 167
Los precios han bajado. Los salarios han subido 168
Mutuos intereses entre el capital y el trabajo 169
Legislación en interés de la humanidad 172
El sistema de los sudaderos. — Opinión del gobernador
Roosevelt sobre este asunto 173
Jornales pagados en los Estados Unidos comparados con
los pagados en la Gran Bretaña 175
La actual escala de jornales era desconocida durante la
administración democrática 176
Trabajo y capital. Supremacía de la ley 178
Un funcionario cuyo interés en el bienestar del pueblo
nunca se ha desmentido 179
Con la ley Wilson los agricultores americanos ganaron no-
vecientos millones de pesos menos que con la ley
McKinley 181
El tabaco es ampliamente protegido 183
Paginas.
El azúcar de Cuba no puede competir con el azúcar de
remolacha 184
Lo que ha hecho el partido republicano por los intereses
de los productores de azúcar del país 186
Nuestros remolacheros no tienen nada que temer 188
El tratado con Cuba 189
El canal á través del istmo. — El sueño de la humanidad. . 191
Tarifas y balances comerciales. — Exceso de importaciones
bajo tarifas bajas. Exceso de exportaciones bajo tari-
fas protectoras 193
Nuestra condición bajo la protección. — Nuestra condición
ocho meses más tarde 194
Nuestro gobierno nacional es el más económicamente ad-
ministrado de cualquiera de los del mundo civilizado. 197
Las casas de sopas han desaparecido y el mercado las ha
substituido 199
Aumento de las exportaciones de los Estados Unidos. . . 200
Las clases trabajadoras de este país más prósperas durante
el año 1903 que jamás lo fueron 202
Depósitos en las cajas de ahorros 203
El libre-cambio nos colocaría en condiciones de no poder
hacer frente á una guerra 204
Por qué soy proteccionista 207
Cosas que deben recordarse 209
La llamada reforma de la tarifa no ha resultado satisfac-
toria 211
Los formuladores de la constitución consideraron la pro-
tección como la inspiración de nuestras libres institu-
ciones 213
La tarifa significa el máximum de seguridad para el capital
y el máximum de incentivo 215
Panamá.- Otro glorioso capítulo en la historia de la Re-
pública 217
Solemne contrato para la seguridad del istmo 219
Panamá. — Las acusaciones de complicidad carecen de fun-
damento 220
Tratado de reciprocidad comercial entre los Estados Uni-
dos y Cuba 224
El tratado asegura á los Estados Unidos ventajas tan gran-
des como las que concede á Cuba 226
La reciprocidad con Cuba es un proyecto de ley que cons-
tituye un deber nacional 229
Tendremos todo el mercado cubano 230
Nuestras futuras relaciones con Cuba 232
Paginas.
El tratado de reciprocidad entre los Estados Unidos y
Cuba 233
La reciprocidad con Cuba. — El tratado nos favorece al
mismo tiempo que favorece á Cuba 235
Los Estados Unidos tendrán más ventajas que ningún otro
país del mundo 236
La industria naranjera 238
Resultados de la guerra con España 240
La expansión y las Filipinas 241
Cuba, Puerto Rico y las Filipinas elogian la política del
partido republicano 243
Sagrada misión que los Estados Unidos están llamados á
cumplir 245
Proyecto de ley de derechos para las Filipinas 246
Comercio libre. Plata libre. Barcos libres. — La trinidad de
la ignorancia democrática 247
Debemos sostener y desarrollar nuestras fuerzas navales. . . 249
Creemos en la paz preparados para la guerra 251
El porvenir de la doctrina de Monroe está bajo la custo-
dia de nuestra marina de guerra 253
No hay mejor póliza de seguro que una marina de guerra. 254
Teodoro Roosevelt 256
Hiciste bien, tú, fiel servidor de la civilización 258
Un gran hombre en la Casa Blanca 259
El genio, el valor, la habilidad y el patriotismo de Teodoro
Roosevelt 261
Las profecías de los libre-cambistas se han vuelto arriba
abajo. — Gran Bretaña ha perdido el balance del co-
mercio en las manufacturas .' 262
Diferencia en precios bajo la tarifa Walker y la actual po-
lítica protectora 265
Del discurso de Bryan en Chicago. — El partido democrá-
tico combatido por los mares de la destrucción 267
El partido democrático sostiene el libre-cambio 269
Mr. Cleveland fué electo. El país no lo esperaba. — Inme-
diatamente buscó ponerse al abrigo y se preparó para
la tormenta 272
Los Estados Unidos bajo la administración democrática
irremediablemente insolventes 275
Las tarifas de los Estados Unidos entorpecen la colocación
de órdenes en la Gran Bretaña 278
El trabajador americano debe ser protegido en el tipo de
su salario 281
Discurso de Mr. Cockran. — Lo que sostiene Bryan. Para-
lizar las industrias, la prosperidad, la justicia 284
Paginas.
El mercado doméstico es igual á todo el comercio inter-
nacional del mundo 287
Espectros políticos democráticos 289
Exceso de las exportaciones sobre las importaciones. — Un
tema desgraciado para el partido democrático 291
Las tarifas protectoras siempre desarrollan el comercio
extranjero 293
Los países protegidos prosperan y los libre-cambistas de-
caen. — Por qué debemos cambiar 296
W. Bourke Cockran. — El hombre del "greenback," del
dinero sano. El hombre de la plata libre 299
Algunos números que no son satisfactorios para los libre-
cambistas. — La competencia de los Estados Unidos
es tan peligrosa porque está basada en la protección. 301
Una infinidad de nuevas fábricas. — Los salarios aumenta-
dos grandemente . . . 304
Reciprocidad republicana. — Un cambio de artículos de no
competencia 306
El consumidor británico no está por ningún concepto tan
bien como el americano 308
La diferencia entre el libre-cambio y la contribución pro-
teccionista. — Cifras instructivas 311
Los Estados Unidos á la cabeza de las naciones exporta-
doras 312
La idea americana. — La protección significa absoluta
prueba contra el pánico. — El acrecentamiento del
mercado doméstico es posible 315
El progreso de treinta años 316
i7
Discurso del Presidente Roosevelt
al aceptar la candidatura repu-
blicana para Presidente de
los Estados Unidos.
Oyster Bay, N. Y., Julio 26 de 1904.
Señor Presidente y señores del Comité de notificación :
Me siento profundamente emocionado por el alto honor
que me han dispensado los representantes del partido repu-
blicano reunidos en convención, y acepto la candidatura para
la Presidencia con absoluto convencimiento de los deberes
que contraigo. Apruebo sinceramente la declaración de
principios que la Convención Nacional Republicana ha adop-
tado, y á su debido tiempo os comunicaré, señor Presidente,
una aceptación formal por ecrito, más extensa y detallada,
de la candidatura.
La política de McKinley mantenida.
Hace tres años vine á la Presidencia por causa de la muerte
de mi llorado predecesor. Entonces declaré que era mi
propósito llevar adelante sus principios y su política por el
honor y el interés del país. He cumplido esa promesa lo
mejor que me ha sido posible. Si en el próximo Noviembre
mis compatriotas ratifican en las urnas el acto de la con-
vención que representáis, continuaré, con el auxilio de la
Providencia, la obra sin otra mira que el bienestar de todo
nuestro pueblo.
Las promesas se han cumplido.
El único mérito de un partido consiste en favorecer los in-
tereses nacionales, y la mejor manera en que un funcionario,
alto ó bajo, puede servir á su partido, es sirviendo al pueblo
en todo lo que sea capaz. La eficacia de un gobierno pro-
viene únicamente de la leal cooperación de muchas personas
distintas. Los miembros de una mayoría legislativa, los fun-
cionarios de los diversos departamentos de la administración,
y los poderes legislativo y ejecutivo por sus relaciones re-
cíprocas, deben trabajar unidos, subordinando el propio in-
terés al fin común de un gobierno próspero. Nosotros, á
quienes se ha confiado el poder como servidores del pueblo
durante los últimos siete años de administración y legisla-
ción, venimos ahora ante el pueblo satisfechos de que se nos
juzgue de acuerdo con nuestras obras. En los años trans-
curridos hemos hecho que las obras estuviesen de acuerdo
con las palabras, y si continuamos en el poder seguiremos
invariablemente las grandes lineas de la política nacional
que el partido republicano se ha trazado; política nacional
á la que estamos prestando un apoyo unánime, y por con-
siguiente, eficaz.
Los Republicanos no eluden consecuencias.
En todo esto somos más afortunados que nuestros adver-
sarios, que ahora hacen un llamamiento á la confianza del
país y exponen como base, que unos expresan y otros pro-
curan dar á entender, que si triunfan se podrá esperar que
conculquen todos aquellos principios que durante los últimos
ocho años han sostenido como esencialísimos, y que dejen
intactos aquellos mismos actos de nuestra administración pol-
los cuales piden que esta administración sea arrojada del
poder. Comparando su actitud de ahora con la de antes, no
parece sino que unos pecaban de ignorantes y otros de poco
sinceros. Nosotros hacemos nuestro llamamiento inspirados
en un sentimiento muy distinto. Nada nos obliga á guardar
silencio en ninguna cuestión esencial, porque ninguna cues-
tión esencial nos divide; nuestra política es continua y la
misma para todas las secciones y localidades. No hay nada
de experimental en el gobierno cuyo sostenimiento pedimos
al pueblo, porque nuestros hechos pasados, nuestra probada
eficacia gubernamental, son una garantía de nuestras pro-
mesas para el porvenir. Nuestros adversarios, pública ó se-
cretamente, según la variedad de sus temperamentos, piden
ahora al pueblo que confíe en sus promesas actuales en con-
sideración al hecho de que intentan reconocer como nulas
las que hicieron anteriormente. Nosotros tenemos concien-
cia de nuestras opiniones por haberlas sustentado el tiempo
necesario para dar á nuestra política coherencia y formali-
dad. En materia tan fundamental como la aplicación de las
leyes, no tenemos que depender de promesas, sino pedir que
se tomen nuestros antecedentes como prueba de lo que con-
tinuaremos haciendo. Al proceder con las grandes organiza-
*9
dones llamadas trusts no tenemos necesidad de explicar por
qué las. leyes no se han cumplido, sino hacer notar que ac-
tualmente se cumplen, y eme se ha legislado para facilitar
más su cumplimiento. No estamos obligados á proponer la
cesantía de ningún pillo, porque hemos demostrado palmaria-
mente que tan pronto como por diligente investigación se ha
sabido que un funcionario no cumplía con su deber, se ha
hecho caer sobre él todo el peso de la ley, sin tener en cuenta
para nada si fué nombrado por un gobierno republicano ó
democrático. Ese es el mejor procedimiento, y también el
más sincero, para purificar la administración. Además, los
abusos de los trusts en los últimos siete años han sido in-
significantes en número si se comparan con la magnitud del
servicio público. Jamás la administración pública ha llegado
á más alto y puro nivel, ni la nación se ha visto más eficaz
y honradamente servida.
El Patrón Oro deberá mantenerse.
No hay nada más imprudente que cambiar una política
que tan buenos resultados ha dado y continúa dando. Se ha
sostenido el honor y los intereses de la nación en el exterior.
Hemos consolidado la hacienda de la nación sobre la base
del patrón oro. A esto han cooperado con nosotros muchos
que antes nos combatieron, pero que al fin no quisieron
apoyar con la acción ni autorizar con el silencio la herejía
de un sistema económico insostenible. Sabemos lo que sig-
nifica un sistema monetario estable y honrado.
Esto lo hemos sostenido de año en año. No necesitamos
evadir compromisos en la cuestión más importante de las
presentadas ante el pueblo en estos últimos tiempos, y que
está expuesta á serlo de nuevo en cualquier tiempo y acaso
muy pronto. No sucede entre nosotros que, tratándose de
esta, una mitad se encuentre en conflicto con la otra mitad.
Mientras el partido republicano esté en el poder regirá el
patrón oro, no como asunto de conveniencia política, ni por-
que en ciertos centros mineros varíen las condiciones en la
producción del metal amarillo, sino porque lo estimamos
punto fundamental de moralidad y sabiduría nacionales.
Lia Hacienda en condiciones satisfactorias.
Bajo la legislación financiera que hemos establecido existe
hoy amplia circulación monetaria para todas las necesidades
del negocio y cada peso en circulación vale un peso en oro;
hemos disminuido la deuda que devenga interés, y en mayor
medida el interés de esa deuda. Se han suprimido todos los
impuestos de guerra que se hicieron necesarios durante el
conflicto con España, á fin de aliviar las cargas del pueblo
y de evitar la acumulación de un sobrante innecesario. Como
resultado de esto, rara vez se han visto tan equilibrados los
gastos y los ingresos del erario. En el año fiscal que acaba
de terminar hubo un sobrante de nueve millones de pesos.
En esto no se tiene en cuenta el gasto de cincuenta millones
de pesos del sobrante acumulado para la compra del canal
de Panamá. Prueba de la extraordinaria solidez económica
es, que en vez de seguir la costumbre en tales casos y echar
la carga en hombros de la posteridad . emitiendo bonos,
hemos podido efectuar el pago al contado y dejar todavía en
caja un sobrante de ciento sesenta y un millones de pesos.
A pesar de eso hemos podido desembolsar los cincuenta
millones de pesos sin causar la menor perturbación en los
negocios.
JLas Tarifas Proteccionistas deben ser mantenidas.
Hemos dado al país una ley arancelaría, bajo la cual ha
alcanzado un bienestar material sin precedente. Los jor-
nales son más elevados que nunca. Pudiera ocurrir la ne-
cesidad, y ello no tendría nada de extraordinario, de refor-
mar en parte nuestros aranceles ; pero esos cambios sólo
podrán encomendarse á personas cuya devoción á los prin-
cipios proteccionistas esté fuera de duda ; pues de otra suerte
el cambio podría convertirse en derogación. Los cambios
deben hacerse para mantener el principio, no para destruirlo.
Esto es vital para el labrador, para el comerciante y para el
industrial; pero acaso no lo es para nadie tanto como para
el jornalero, ni hay otro tan interesado como él en el man-
tenimiento del actual sistema económico y arancelario. Nues-
tra clase obrera lleva un sistema de vida más elevado que
ningún otro obrero del mundo, y sólo podrá continuar lle-
vándolo al amparo de un arancel cuya norma sea siempre un
tipo mínimo de tarifa equivalente á la diferencia de lo que
el trabajo cuesta en este país y lo que cuesta en el extranjero.
Los que, como nuestros adversarios, "denuncian el protec-
cionismo como un robo" se adhieren con ello explícitamente
á la proposición de que si hubiesen de registrar el arancel
pasarían por alto la necesidad de atender á la diferencia
que existe entre el sistema de vida de nuestra clase obrera
y la de otros países, y por lo tanto, su antagonismo á nuestra
posición sobre este punto es fundamental. Por eso pedimos
que nuestras promesas y las suyas sean juzgadas por los
resultados que han dado anteriormente. Pedimos á las per-
sonas sensatas que comparen los resultados del arancel ac-
tual con los que produjo la ley arancelaria de 1893.
L<a Reciprocidad de McKinley aprobada.
Somos partidarios de la reciprocidad con países extranje-
ros en las condiciones indicadas por el Presidente McKinley
en su último discurso, en sentido de ensanchar nuestros mer-
cados extranjeros por medio de convenios recíprocos siempre
que puedan hacerse sin daño de la industria ni de la clase
obrera de este país. Es un hecho singular que el único gran
convenio de reciprocidad recientemente adoptado — el tratado
con Cuba — apenas tuvo más oposición que la de aquellos que
ahora se han convertido en defensores de la reciprocidad.
Y aquí pedimos nuevamente que se juzgue del valor de nues-
tras palabras comparando sus actos con los nuestros. Sobre
ese tratado de Cuba existían al principio graves diferencias
en nuestro partido, y esto no obstante, se le negoció, ratificó
y puso en vigor, cosa notable, sin sacrificio del principio y
con reconciliación de todas las divergencias. No hubo rup-
tura de un gran partido, sino excelente resultado práctico,
fruto de la armoniosa cooperación de dos Presidentes y dos
Congresos sucesivos. Esto demuestra la capacidad guberna-
tiva que nos hace dignos de la^ confianza del pueblo, no sólo
en nuestros propósitos sino en nuestra capacidad en llevarlos
á vías de hecho. Juzgando por la historia de los últimos doce
años, hasta el mes en que estamos, ¿hay razones para creer
que en igualdad de circunstancias y empezando con iguales
diferencias de opinión, hubieran nuestros adversarios obteni-
do ningún resultado práctico?
Hemos demostrado ya con hechos que nuestra política es
de igualdad para todos los hombres, ricos ó pobres ; cual-
quiera que sea su raza, su credo ó el lugar de su nacimiento.
Reconocemos la organización del capital y la organización
del trabajo como consecuencias naturales de nuestro sistema
industrial. Cada clase de organización será protegida mien-
tras proceda inspirada en la justicia y el respeto por los
derechos de los demás. Cada una podrá. contar con el am-
paro de la ley, y al mismo tiempo está obligada á obedecer
esa misma ley, pues nadie está ni debe estar por encima ni
22
por debajo de la ley. Tan escrupulosamente se defenderán
los derechos del más humilde individuo, como los de la más
poderosa corporación, pues á todos se hará justicia, ni más
ni menos. Muchos son los problemas que hay que resolver
en nuestra vida social é industrial, pero es imprescindible
tratarlos sencillamente con un espíritu de honradez, resolu-
ción y buen sentido.
Regadío.
Al inaugurar grandes trabajos de regadío en el Oeste, el
Congreso ha puesto al gobierno en condiciones de dar uno
de los pasos más agigantados que jamás se dieron para la
utilización de nuestro vasto territorio nacional en beneficio
del colono, el verdadero fundador de los hogares.
El Canal de Panamá.
Desde el descubrimiento de este continente, se reconoció
la necesidad de un canal que uniera el Pacífico con el Atlán-
tico, y desde el nacimiento de nuestra nación se proyectó
semejante canal. El sueño al fin se convirtió en realidad.
El canal se está construyendo por el Gobierno de los Esta-
dos Unidos. Hemos conducido la negociaciones para su
construcción usando los más exquisitos escrúpulos de honor
y la más generosa largueza con aquellos por cuyo territorio
había de atravesar. Nada que la malignidad, el espíritu de
partido y el egoísmo pudieran sugerir, dejó de ponerse en
juego para desbaratar el tratado con Panamá é impedir la
consumación de la obra. La construcción es ahora un hecho
asegurado ; pero á nadie puede ocultarse la imprudencia de
encomendar la ejecución de tan portentosa obra á los mismos
que tanto se esforzaron por frustrarla.
Política Exterior.
Hemos hecho una política exterior que, sin sacrificar nin-
gún justo derecho por nuestra parte, nos pone en relaciones
de perfecta cordialidad con todas las demás naciones; no
se vislumbra una nube en todo el horizonte. La última
causa de irritación entre nosotros y otros país, desapareció
con el arreglo de los límites de Alaska.
En el mar de las Antillas hemos cumplido nuestra promesa
de independencia á Cuba probando con hechos que no fué
nuestra misión en la isla de adquisición territorial, sino de
justicia, y con esto, así como con nuestra conducta en Vene-
23
zuela y en Panamá, hemos demostrado que la doctrina de
Monroe es una realidad viviente, no instituida en daño de
otras naciones, sino en beneficio de la civilización en el con-
tinente Occidental y de la paz del mundo. Nuestro con-
tinuo crecimiento en poderío ha sido acompañado de una
disposición no menos creciente á usarlo con el mayor mira-
miento hacia los derechos ágenos y en pro de la causa de la
justicia y concordia universales.
Aspiramos con vehemencia á la amistad de todas las na-
ciones del nuevo y viejo mundo, y nos esforzamos en que
nuestras relaciones con ellas se funden en bases de ventajas
recíprocas y no de hostilidad. Sostenemos que la prosperi-
dad de cada nación debe ser estímulo y no remora para las
demás. Deseamos la paz internacional por las mismas ra-
zones que deseamos nuestra paz interior; y buscamos esa
concordia entre todos, no por temor ni falta de preparación,
sino por creer que la paz es tan justa como bienhechora.
Los intereses americanos en el Pacífico han tomado rápido
incremento. El espíritu de empresa americano ha tendido
un cable en este, el mayor de los océanos. Hemos dado
pruebas fehacientes de buena voluntad hacia el imperio chino,
y de que deseamos su integridad é independencia.
Filipinas.
Nuestra presencia en las Filipinas robustece en gran ma-
nera nuestra posición de competidores por el comercio del
Oriente; pero al mismo tiempo gobernamos aquellas islas
en interés de su propio pueblo. Ya hemos dado á los filipi-
nos considerable participación en su gobierno, siendo nuestro
propósito el de aumentarla tan rápidamente como ellos vayan
mostrándose capaces de ejercerla. La gran mayoría de los
funcionarios en las islas, lo mismo de nombramiento oficial
que por elección, es ya de hijos del país. Estamos dando
pasos para dotarlos de una asamblea legislativa, debiendo ser
este el primer paso en la nueva política. Sería la mayor de
las imprudencias decir de antemano cuál será la próxima re-
forma que se adopte sin que se hayan evidenciado los resul-
tados de la primera. Ir más precipitadamente de lo que
hemos ido en darles participación cada vez mayor en su go-
bernación propia, sería desastroso. Darles independencia
política en esos momentos, daría por resultado la inmediata
pérdida de derechos civiles, libertades personales y orden
público, de que ya disfrutan ; porque los inmensos beneficios
24
que aquellos isleños nos deben sólo pueden mantenerse bajo
la más extricta vigilancia por nuestra parte. Retirar nues-
tro gobierno de las islas Filipinas y perder sus habitantes
la libertad civil que justamente acaban de alcanzar, sería
todo uno. Hemos establecido en Filipinas un Gobierno de
americanos auxiliado por filipinos, y nuestro constante es-
fuerzo es transformarlo es un Gobierno propio de filipinos
auxiliado por americanos.
Al pueblo toca decidir.
Los principios que sustentamos deben ser apoyados por
nuestros compatriotas de todo el país, y muy especialmente
por aquellos hombres y mujeres herederos espirituales de
aquellos que sostuvieron el brazo de Abraham Lincoln ; por-
que nuestro esfuerzo se encamina á llenar nuestro cometido
inspirados en el mismo sentimiento con que Lincoln llenó el
suyo. En los siete años que acaban de pasar, no hemos es-
quivado ningún deber de política interna ó externa; no nos
ha arredrado el temor de acometer una empresa que se haya
creído necesaria, ni hemos dejado labor sin desempeño ra-
zonablemente eficaz. Jamás hemos alegado impotencia.
Xunca hemos buscado refugio en la crítica y la queja en vez
de buscarlo en la acción. Hacemos frente al porvenir con la
garantía de nuestro pasado y nuestro presente, como cum-
plidores de nuestras promesas, y estamos satisfechos con
afrontar los resultados de nuestra gestión por lo que hemos
realizado y lo que estamos realizando.
2 5
La Sabiduría del Proteccionismo en los
Estados Unidos.
Extracto de la réplica del Hon. James G. Blaine, de Maine, al Hon.
Wm. E. Gladstone, publicada en la "North American Review"
de Enero de 1890, y que vio la luz en el Diario de Sesiones del
Congreso de Junio 8 de 1896.
Partiendo de 1812, cuando se adoptó una tarifa proteccio-
nista con objeto de fortalecer y dar estabilidad al Gobierno
en vísperas de la guerra con la Gran Bretaña, á 1861, en que
se adoptó una tarifa proteccionista á fin de fortalecer y dar
estabilidad al Gobierno ante la inminente revolución de los
Estados del Sur, tenemos cincuenta años de elocuente expe-
riencia en la historia de la República. Durante ese largo
período las tarifas libre-cambistas fueron tres veces seguidas
por un estancamiento industrial, por embarazos financieros,
por una verdadera miseria entre las clases cuya subsistencia
depende del propio trabajo. Tres veces se evitó ese mal con
la adopción de una tarifa protectora. Tres veces las tarifas
protectoras dieron impulso á la actividad industrial, al
bienestar ñnanciero, á la prosperidad entre todas las clases
populares. Y esa feliz situación subsistió en cada caso, sin
que disminuyera su benéfica influencia, hasta que bastardas
combinaciones politicas, que tenían su origen en egoístas am-
biciones personales, precipitaron otra era libre-cambista.
Cualquier hombre perfectamente imparcial, que estudie la
cuestión sin prejuicios de ningún género, podría contestar
cómo es cierto que en medio siglo de experiencia, en que se
han probado los dos sistemas, ha quedado ampliamente de-
mostrada la sabiduría del proteccionismo en los Estados Uni-
dos. Como argumento contra el hecho de que las tarifas
libre-cambistas han producido siempre pánicos y largos pe-
ríodos de crisis financieras, los defensores del libre-cambio
recuerdan el tremendo pánico financiero que se extendió poi
todo el país en 1873, cuando estaban en vigor las tarifas pro-
teccionistas de 1861, y que por consiguiente los pánicos y las
crisis financieras existen igualmente en períodos proteccio-
nistas que en períodos libre-cambistas. El pánico de 1873
fué completamente distinto en su origen á los que he men-
cionado. La guerra civil, que terminó en 1865, sacrificó en
ambos bandos un número considerable de propiedades. Me-
dio millón de hombres pereció. Más de un millón quedó
26
inútil. La deuda pública que se creó llegó á cerca de tres
mil millones. El país vivía sobre la base del papel moneda,
y todo pago en oro representaba una pesada carga para el
deudor. La situación no tenía paralelo. Y á pesar de las
tristes profecías que se hacían por ambas partes, el pánico
no sobrevino sino ocho años y medio después de haberse
disparado el último tiro de la guerra civil. Y sobrevino in-
mediatamente después de dos grandes calamidades que oca-
sionaron un gasto de más de doscientos millones de pesos,
sustraídos á la ordinaria corriente de los negocios. La rá-
pida y casi completa reconstrucción de Chicago y Boston,
después de los desastrosos incendios de 1871 y 1872, tuvo
más influencia en el pánico de 1873 que lo que comúnmente
se cree. Por otra parte, los seis años de depresión econó-
mica, desde 1873 hasta 1879, produjeron un malestar indi-
vidual más bien que una crisis general. El país, en conjunto,
no prosperó nunca tanto ni tan rápidamente como en aquel
período. La práctica ha corroborado la creencia de que la
guerra por la unión no hubiera podido sostenerse con un
sistema libre-cambista, y que el pánico de 1873 sólo demostró
la fuerza de defensa que el proteccionismo desplegó en bien
de un pueblo rodeado de tan múltiples conflictos como era el
pueblo de los Estados Unidos durante los años que siguieron
inmediatamente á la guerra civil. Y más fuerte desde todos
los puntos de vista, la crisis económica cesó y renació la pros-
peridad con el proteccionismo, en tanto que los ruinosos
efectos de los pánicos ocurridos bajo el régimen libre-cam-
bista nunca desaparecieron sino por la influencia del protec-
cionismo.
Proféticas Palabras de Blaine.
" En medio de sus sufrimientos sabrán cuál es el único
camino de la prosperidad."
Extracto de las observaciones del Hon. J. H. Gallinger, de New
Hampshire, en el Diario de Sesiones del Congreso, Mayo 19 de
1894-
Uno de los estadistas más hábiles y sagaces que ha pro-
ducido América fué el difunto James G. Blaine. Así se
expresaba hablando de un cambio que preveía :
"Amo á mi país y á mis conciudadanos ; soy americano, y
cada día me siento más feliz de serlo. Me regocija la pros-
peridad general de mi país, y sé que los obreros americanos
2 7
son los mejor pagados, los mejor alimentados, y los mejor
vestidos que existen sobre la faz de la tierra. Muchos de
ellos tienen casa propia. Están rodeados de toda clase de
comodidades, y muchos viven hasta con lujo. Me estre-
mezco, sin embargo, al pensar en que llegará un día en que
todo eso cambiará, en que la prosperidad general del país
será destruida, en que la gran masa de obreros de esta
tierra, que hoy viven en la abundancia, oirán á sus mujeres y
á sus hijos clamar por pan ; en que llegará el día, en fin, en
que las grandes fábricas y manufacturas de este país se c<
rrarán, y que donde hoy todo es vida y actividad, sólo reinará
el silencio de las tumbas. Y la razón de que tales cosas
ocurrirán es ésta : La gran fracción del partido democrá-
tico en el Sur está decidida á establecer el sistema libre-cam-
bista en los Estados Unidos. Serán apoyados por sus co-
rreligionarios del Norte. Existe un gran número de visio-
narios, pero hombres ilustrados á la vez, que pasan los días
escribiendo razones y argumentos en pro de esta doctrina,
que luego ven la luz en muchos periódicos del país. La
gran mayoría de nuestro pueblo no ha experimentado jamás
el malestar que resulta del abandono de los principios pro-
teccionistas. Inficionado por los falsos argumentos de esos
escritores y por las excitaciones demagógicas de los oradores
democráticos, el pueblo verá bien pronto esas fuerzas que hoy
trabajan, adquirir poder bastante para derrotar en las urnas
al partido que defiende el sistema proteccionista. Como
consecuencia de ello surgirá la duda y la incertidumbre en
todas las cosas. Los hombres de negocios, temerosos de la
ruina del sistema proteccionista, abandonarán sus empresas ;
se cerrarán muchas fábricas, y multitud de obreros se que-
darán sin trabajo, El pueblo verá lo que antes no había visto ;
que no puede trabajar ni prosperar bajo el sistema libre-
cambista; y en medio de sus desgracias reconocerá que el
único camino de la prosperidad consiste en votar por el par-
tido que ha desarrollado las industrias en las cuales gana su
subsistencia; porque verán entonces claramente que cuando
las fábricas están cerradas no hay demanda de la única cosa
que ellos pueden vender ; es decir, su trabajo."
A la luz de los sucesos ocurridos desde Noviembre de
1892, hemos visto cómo todas las profecías contenidas en ese
notable escrito se han ido cumpliendo al pie de la letra, y
muchos creerán que Mr. Blaine estaba inspirado al prever
tan acertadamente todo lo que después ha ocurrido ; pero no
28
hubo tal inspiración. Sencillamente recordó un principio
que la historia de nuestra patria durante más de un siglo
ha demostrado que es tan invariable como las leyes de la
gravitación, y tan inexorable como ellas. Ese principio ha
sido ya comprobado ; pero conviene repetirlo : Cada vez que
ha prevalecido el libre-cambio ó solamente los impuestos inte-
riores, ó hemos estado amenazados de ambas cosas con pro-
babilidades de que la amenaza pudiera cumplirse, hemos ex-
perimentado una gran depresión en los negocios, falta de
conñanza, falta de crédito, paralización de las transacciones
comerciales, carencia de empleos, quiebras, desorden y ruina,
con todo su séquito de terribles consecuencias. Esta no es
una simple opinión, ni un simple argumento ; es un hecho his-
tórico incontrovertible. En otra ocasión dijo el mismo Mr.
Blaine : "El beneficio de la protección va, al fin y al cabo, á
los hombres que ganan el pan con el sudor de sus frentes. El
prodigioso resultado del sistema es que jamás en la historia
del mundo se ha gozado de más comodidades, se ha adquirido
mayor educación, ni ha estado tan asegurada la independen-
cia de un pueblo como en los Estados Unidos de América."
Mr. Gladstone, el eminente jefe de los libre-cambistas de
Inglaterra, reconoce el portentoso desarrollo de la riqueza
adquirido por los Estados Unidos bajo las tarifas proteccio-
nistas, pero insiste en que los resultados hubieran sido mucho
mayores con el libre-cambio. No cita hechos en apoyo de
su opinión, lo que prueba que no es más que la expresión de
una idea sencillamente.
Pero los hechos indiscutibles son infinitamente más fuer-
tes y más decisivos que las opiniones y los argumentos, cual-
quiera que sea el talento de sus autores.
Mr. Blaine cita los siguientes hechos que tienen una fuerza
incontrastable :
lí En 1860 la población de los Estados Unidos era, en
números redondos, de 31,000,000 de habitantes. En la mis-
ma fecha la población del Reino Unido era, en números re-
dondos, de 29,000,000. La riqueza pública de los Estados
Unidos era de 14,000,000,000 de pesos ; la del Reino Unido de
29,000 millones. El Reino Unido tenía, por consiguiente, casi
la misma población; pero más del doble de la riqueza de los
Estados Unidos, con maquinaria para manufacturas cuatro
veces mayor que los Estados Unidos. Veinte años después
(1880) aparece que los Estados Unidos han aumentado en
cerca de 30,000,000,000 de pesos su riqueza pública, mientras
2 9
que el Reino Unido sólo ha aumentado 15,000,000,000, ó
séase la mitad.
Proteccionismo.
Lo que es y en qué principios está fundado.
Extracto de las declaraciones del Hon. Thomas B. Reed, de Maine,
en la Cámara de Representantes, Mayo 19 de 1888. (Diario de
Sesiones del Congreso, Vol. 19, página 4442.)
El mejor argumento, quizás, que puedo ofrecer en pro del
proteccionismo, es explicar lo que es y en qué principios está
fundado. El hombre adquiere su mayor poder por medio
de la asociación con los otros hombres, por la unión con sus
semejantes. Cualquiera que considere el ser humano como
una criatura sola, por sí misma, aislada y separada, y trate
de explicarse el género humano como una reunión de átomos,
estará en condiciones de comprender la raza humana y su
tremenda misión. Sesenta millones de criaturas sin asocia-
ción no serían otra cosa que bestias llamadas á perecer. Pero
sesenta millones de hombres unidos entre sí por una frater-
nidad nacional, ayudándose mutuamente, sosteniéndose,
pueden llegar á conquistar todo ese inmenso poder de la
naturaleza que constituye únicamente la riqueza de este
mundo. El gran disparate del profesor de economía política
Herr es que considera al género humano como si cada hom-
bre no fuese más que una fracción de un caballo de fuerza.
Olvida que el hombre tiene un alma y una conciencia. Pen-
sad un momento en el principio fundamental que envuelve
esta pregunta : ¿ De dónde procede la riqueza ? Procede del
poder que posee el hombre para guiar esas fuerzas elemen-
tales, cuya energía es infinita. Procede del poder que tiene
el hombre para obligar á la tierra á darle sus productos, de
recoger en la hinchada vela la brisa que pasa, de enfrenar
la catarata que se desploma, de represar los grandes ríos,
de convertir en fuerza motriz los zig-zag del relámpago.
Nada de eso haría jamás la fracción de un caballo de fuerza.
Para poseer todas las fuerzas de la naturaleza, para recoger
todas las riquezas del mundo, debemos utilizar todo el poder
del hombre, no solamente los músculos y el cerebro, sino
también aquellas cualidades intangibles que llamamos ener-
gía, vigor, ambición, confianza y valor. ¿Habéis notado al-
guna vez la maravillosa diferencia que existe entre un tran-
quilo pueblecillo de campo, dormido perezosamente al pie
3°
de una improductiva cascada, donde más de la mitad de la
"energía del pueblo se pierde por no tener en qué emplearse,
y ese mismo pueblecillo cuando las aceras están bordeadas
de tiendas, cuando el aire está lleno de] ruido de las máquinas
y cada hombre está tan afanoso en su trabajo que tal parece
que el. día no tiene horas bastantes para extraer de las en-
trañas de ia naturaleza sus ocultas, infinitas riquezas? Si
lo habéis notado habréis visto también el contraste inmenso
que existe entre el hombre abandonado á sí mismo, conver-
tido en una fracción de un caballo de fuerza, y el hombre
incitado por la esperanza, empujado por la ambición é ilu-
minado en su camino por la confianza y el éxito. Para que
una nación saque de sí misma y de la tierra todas las riquezas
que encierra no es necesario comprar barato y vender caro.
Eso compete sólo á los individuos. Lo que concierne á la
nación es utilizar todo el trabajo que hay en los hombres,
en sus músculos y en sus cerebros, en sus cuerpos y en sus
almas, para la magna empresa de poner en movimiento las
siempre generosas fuerzas de la naturaleza. ¿Cómo utilizar
todas las energías de un pueblo? Hé aquí precisamente la
diferencia. La escuela contraria deja al hombre individual-
mente entregado á sus propias iniciativas. La escuela pro-
teccionista estimula al hombre á unir y combinar sus esfuer-
zos en bien de la colectividad.
Una Era de Progreso bajo un Sistema
Completamente Americano.
Extracto de las declaraciones del Hon. William McKinley, de
Ohio, en la Cámara de Representantes, y publicadas en el Diario
de Sesiones del Congreso, Mayo 7 de 1890.
Hemos gozado ya de veinte y nueve años continuos de
leyes protectoras — el período más largo en que, sin interrup-
ción, ha prevalecido esa política desde la formación del Go-
bierno Federal — y nos encontramos al final de ese período
en condiciones tales de independencia y prosperidad como
jamás se vieron iguales en otro periodo de la historia de nues-
tro país y como nunca se vieron parecidas en la historia de
ningún otro pueblo de la tierra.
En todo lo que hace á una nación grande, fuerte é inde-
pendiente, hemos dado pasos gigantescos. En artes, en cien-
cia, en literatura, en manufacturas, en inventos, en principios
científicos aplicados á las manufacturas y á la agricultura,
3*
en riqueza y crédito y en honor nacional, estamos muy al
frente, al lado de los mejores y detrás de ninguno.
En 1860, después de catorce años de una tarifa exclusiva-
mente interior, precisamente la misma que defienden hoy
nuestros adversarios políticos, los negocios en el país estaban
postrados, la agricultura deplorablemente decaída y la po-
breza del Gobierno mismo era proverbial en los centros
financieros del mundo.
No teníamos ni dinero, ni crédito. Ambos son esenciales.
Una nación debe progresar si tiene abundantes ingresos ;
pero si no los tiene, al menos debe tener crédito. No tenía-
mos nada, como legado de la ley de tarifas del partido
democrático. Hoy tenemos ambas cosas. Tenemos un 'ex-
ceso en los ingresos y un crédito sin límites. No necesito
demostrar, porque está muy fresco en vuestro pensamiento y
tan reciente en nuestra historia, que lo saben todos los que
me oyen, que desde la inauguración de las leyes proteccio-
nistas de 1 861, la vieja tarifa Morrill — que tanto honor hizo
á aquel veterano estadista y que será su mejor timbre de
gloria — la situación cambió por completo. Se restauró la
confianza, se inspiró valor á los hombres de negocios y el
Gobierno entró en una nueva era de progreso bajo un sistema
completamente americano.
Con una gran guerra entre manos, con un ejército que
organizar y preparar para el servicio, teniendo que gastar
incalculables millones, las tarifas proteccionistas nos salva-
ron, y mientras el dinero acudía al Tesoro para salvar al
Gobierno, las industrias florecían en todo el país, constitu-
yendo la piedra angular de nuestra prosperidad y de nuestra
gloria.
Opiniones de los Presidentes.
Lo que esos grandes hombres pensaban acerca del
proteccionismo.
Extractos de las declaraciones del Hon. J. H. Gallinger, de New
Hampshire, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, de
Mayo de 1894.
No carece de interés ni de oportunidad saber lo que esos
grandes hombres pensaron acerca del proteccionismo.
George Washington, en su primer mensaje anual, hablando
de nuestro pueblo, dice : "Su seguridad é interés requieren
que funden tantas manufacturas como sean necesarias para
3 2
hacerlos independientes de los demás, especialmente en ar-
tículos militares." En su octavo y último mensaje dice
Washington: "El Congreso ha dedicado su atención repe-
tidamente y no sin éxito á estimular las manufacturas. El
objeto es harto importante para que no se persevere en esos
esfuerzos por todos los medios posibles."
John Adams, nuestro segundo Presidente, en su último
mensaje anual, felicita al país por la gran prosperidad que
en él existía, y añade : "Observo con mucha satisfacción
que el producto de los impuestos durante el presente año ha
sido mucho mayor que en ningún otro período. Este re-
sultado comprueba evidentemente los grandes recursos con
que* cuenta el país, y la sabiduría y eficacia de las medidas
adoptadas por el Congreso para la protección del Comercio
y la preservación del crédito público."
Thomas Jefferson, nuestro tercer Presidente, citado con
frecuencia como el fundador del partido democrático, en su
segundo mensaje anual, al enumerar los derroteros por donde
debíamos marchar, menciona como uno de los principales :
"Proteger las manufacturas ajustadas á nuestras circuns-
tancias." En otra ocasión escribió : "La pregunta general
ahora es : ¿ Podremos fabricar nuestros artículos de consumo,
ó tendremos que someternos á la voluntad de los países ex-
tranjeros? La experiencia me ha demostrado que las in-
dustrias manufactureras son hoy tan necesarias para nuestra
independencia como para nuestra comodidad."
James Madison, nuestro cuarto Presidente, reconocido
como "el Padre de la Constitución," en un mensaje especial al
Congreso, Mayo 23 de 1809, dice: "Sería oportuno y conve-
niente que el Congreso hiciese tales alteraciones en las leyes
que protegieran más especialmente ciertas ramas de manu-
facturas recientemente creadas ó desarrolladas por el lauda-
ble esfuerzo de nuestros compatriotas."
James Monroe, nuestro quinto Presidente, en su mensaje
inaugural dice : "Nuestras manufacturas requieren una
constante y eficaz atención por parte del Gobierno. Tenien-
do como tenemos toda clase de materias primas, fruto de
nuestro propio suelo y de nuestra industria, no debemos
depender, en el grado en que hoy dependemos, de las indus-
trias de los demás países. Igualmente importante es crear
en casa un mercado para nuestras materias primas y pro-
teger á los cultivadores contra las fluctuaciones de los mer-
cados extranjeros."
33
El Presidente John Quincy Adams, que sucedió á Mr.
Monroe, fué también un ardiente partidario del proteccio-
nismo, y en su cuarto mensaje anual estudia con alguna ex-
tensión nuestros intereses agrícolas, comerciales y manufac-
tureros, y declara que "todos esos intereses deben estar pro-
tegidos por el Gobierno y por las autoridades legislativas,"
y termina haciendo explícitas declaraciones en defensa de los
principios proteccionistas.
El Presidente Andrew Jackson dijo en su mensaje anual
de Diciembre de 1832, refiriéndose á los resultados beneficio-
sos de los ocho años de proteccionismo bajo las tarifas de
1824 y 1828: "Nuestro pueblo presenta por todas partes
señales de felicidad y bienandanza, no igualadas acaso en
ninguna otra parte del mundo."
El Presidente William H. Harrison, un liberal y entusiasta
proteccionista, sucedió á Mr. Van Burén, pero vivió sólo un
mes después de su inauguración, por lo que no tuvo ocasión
de emitir sus opiniones sobre el caso.
El Presidente Zacarías Taylor sucedió á Mr. Polk, y en su
primer mensaje anual dijo: "Confío en el derecho y en el
deber del Congreso de alentar las industrias domésticas.
Espero de la discreción y patriotismo del Congreso 1 que
adopte un sistema que coloque nuestras industrias en una
situación segura y permanente y con el debido estímulo de
las manufacturas dé nuevo y mayor incremento á la agricul-
tura y aliente el desarrollo de nuestros vastos recursos y el
desenvolvimiento de nuestro comercio."
El Presidente Fillmore, en su mensaje anual de Diciembre
de 1851, dijo: "La política que decretó bajas tarifas adua-
neras á las mercancías extranjeras, así lo creyeron los que
la establecieron, tendía á beneficiar á la población agrícola,
aumentando la demanda y elevando el precio de nuestros
productos agrícolas en los mercados extranjeros. Los he-
chos, sin embargo, parecen indicar de una manera incontes-
table que semejante resultado no siguió á la adopción de esa
política."
James Buchanan, el último Presidente demócrata antes de
1861, en su mensaje anual dijo respecto de aquel desdichado
período de libre-cambio : "Con extraordinaria abundancia
en todos nuestros productos y en todos los elementos de
riqueza natural, nuestras manufacturas han paralizado sus
trabajos; nuestras obras públicas están retardadas; nuestras
empresas privadas están abandonadas ; y millares de labo-
34
riosos obreros son expulsados de sus empleos y reducidos á
la indigencia. Poseemos todos los elementos de riqueza
material en gran abundancia, y á pesar de todas esas ventajas
nuestro país se encuentra en una deplorable situación eco-
nómica."
Todos los Presidentes desde Washington hasta Buchanan,
excepto Polk, y tal vez Van Burén y Pierce, estuvieron por
la protección de las industrias locales, y sus declaraciones
han sido citadas en prueba de ello. Como el proteccionismo
ha sido siempre una doctrina cardinal en los manifiestos re-
publicanos y en la política del partido, así todos los Presi-
dentes republicanos han sido enérgicos defensores del pro-
teccionismo.
Hon. Thos. B. Reed.
M Debéis asegurar al pueblo americano mercados
americanos."
Extracto de las declaraciones del Hon. Thomas B. Reed, de Maine,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, página 4668.
El argumento de la reforma de los impuestos interiores, ó
es un falso pretexto, ó es un verdadero programa político.
El proteccionismo es en su esencia un beneficio ó un castigo.
Jamás podréis convertir una maldición en una bendición.
El veneno en agua no hace menos daño que el veneno puro.
El proteccionismo incidental es un engaño. Las tarifas para
los impuestos internos solamente caen ante los mismos argu-
mentos que se emplean contra el proteccionismo. Si el pro-
teccionismo fuese un sistema sólo favorable á los manufac-
tureros, el mismo resultado darían las tarifas de los impues-
tos interiores. El proteccionismo incidental es, por otra
parte, inexcusable. Es un accidente que debe compararse á
un desastre ferrocarrilero. Si tomáis un peso del ciudadano
para el Tesoro, y cuatro para el manufacturero, ¿es acaso
menos robo que lo que llamáis tarifa de los impuestos interio-
res? — Página 4667-8.
Hoy sobre la faz de la tierra no hay más que dos clases
de gentes que creen en el libre-cambio, ya puro y simple, ya
disfrazado con la máscara de impuestos interiores, y esos dos
son la falsa mayoría del Comité de Medios y Arbitrios y sus
defensores, y el Reino Unido de la Gran Bretaña é Irlanda,
con excepción de Irlanda.
Rusia, el granero de Europa, suprimió el libre-cambio,
35
con el sorprendente resultado de que, mientras en 1876, antes
de la subida de los derechos compró ocho millones de quin-
tales de metales ingleses, pagando por ellos treinta millones
de pesos (ocho por treinta), adquirió la misma cantidad en
el año 1884, pagando solamente diez y siete millones por
ellos (ocho por diez y siete). Tres pesos setenta y cinco
centavos por quintal antes de las tarifas y dos pesos dos y
medio centavos después. Austria, Alemania, Italia, Méjico
y el Dominio del Canadá, ese hijo de la Gran Bretaña, se han
decidido por el proteccionismo. Es el instinto de humanidad
contra las pretensiones de los teóricos. Es la sabiduría de
la raza contra la sabiduría de los menos. — Página 4Ó6g.
No hay más que un medio para conseguir el mejor trabajo
de los hombres, y es el de dar á cada uno el trabajo que
mejor sepa hacer. Esto no lo podréis conseguir sino diver-
sificando las industrias. Para poner al pueblo americano en
condiciones de suplir á todas sus necesidades debéis dar y
asegurar al pueblo americano los mercados americanos.
¿Qué significa esto en la vida práctica? Significa que noso-
tros, la nación, decimos al capital : "Dedícate á la manufac-
tura de tal ó cual artículo, y tendrás un mercado tan grande
como el pueblo americano."
Entonces el capital le dice al trabajo: "Ven conmigo á
este nuevo campo, si quieres trabajar, y repartiremos las utili-
dades." Así principia una nueva industria. Multiplicad
esto por cien, y tendréis una comunidad en la que cada hom-
bre de buena voluntad obtendrá lo que mejor le plazca, y la
nación obtendrá el mayor producto de las fuerzas siempre
generosas de la naturaleza.
Las Tarifas Proteccionistas no han Interrum-
pido nuestro Comercio de Exportación.
Este ha aumentado con ellas.
Extracto de las declaraciones del Hon. William McKinley, de
Ohio, en la Cámara de Representantes, publicadas en el Diario
de Sesiones del Congreso, Mayo 7 de 1890.
Las tarifas proteccionistas no han interrumpido nuestro
comercio de exportación, antes bien este ha aumentado con
ellas. En el año 1843, primer año transcurrido desde la im-
plantación de las tarifas proteccionistas de 1842, nuestras
exportaciones excedieron á las importaciones en 40,392,229
pesos, y el año siguiente excedieron á las importaciones en
36
3,i4 I > 22 6 pesos; en los dos años siguientes el exceso de las
importaciones sobre las exportaciones fué de 15,475,000
pesos. El último año de regir estas tarifas el exceso de ex-
portaciones sobre importaciones fué de 34,317,249 pesos.
Asi pues, durante los cinco años en que rigieron las tarifas
de 1842, el exceso de importaciones sobre exportaciones fué
de 62,375,000 pesos. Bajo la ley de tarifas de 1846 ocurrió
lo contrario, y con la sola excepción del año 1848, las impor-
taciones excedieron á las exportaciones (durante un período
de 14 años) en $465,553,625. Durante la guerra y después
hasta 1875, las importaciones, con dos excepciones, exce-
dieron á las exportaciones. Desde 1876 hasta 1889 inclu-
sives (durante un período de 14 años) hubo solamente dos
años en que nuestras importaciones excedieron á las expor-
taciones, y el exceso total de las exportaciones sobre las im-
portaciones fué de 1,581,906,861 pesos de productos de nues-
tro pueblo más de lo que importamos en los Estados Unidos.
El balance comercial ha sido casi constantemente en nuestro
favor durante el período de tarifas proteccionistas de nuestra
historia, y en contra nuestra, con raras excepciones, durante
los períodos de los impuestos interiores. Esto parecería indi-
car una buena situación económica con el resto del mundo,
resultante del sistema económico republicano, y una deplora-
ble situación, toda vez que tuvimos que enviar dinero fuera
del país para cubrir los balances efectuados bajo el sistema
democrático. El principal cargo contra este proyecto de ley
viene de los importadores y consignatarios de aquí por un
lado, y de los remitentes extranjeros por otro. ¿Por qué
se quejan ? Sin duda porque de algún modo este proyecto de
ley dificulta sus negocios aquí y facilita los negocios de nues-
tros manufactureros y productores, y porque disminuye la
importación de artículos similares extranjeros y aumenta el
consumo de los manufacturados en el país. Esta podría ser
una buena razón para que los extranjeros se opusieran á su
aprobación ; pero de ninguna manera lo sería para que los
americanos lo combatieran.
Si el proyecto de ley perjudica la importación de artículos
similares á los nuestros, en cambio aumentará nuestra pro-
ducción, y por consiguiente aumentará también la demanda
de trabajo en nuestras fábricas. Esta podrá ser una buena
razón para que el pequeño jornal de otros países se muestre
contrario al proyecto de ley ; pero ofrece las mejores razones
para que los obreros americanos lo apoyen, como lo hacen.
37
No tratamos de ocultar el objeto del proyecto de ley; quere-
mos, por lo contrario, que lo conozcan nuestros compatrio-
tas y todo el género humano. Su objeto no es otro que au-
mentar nuestra producción, diversificar nuestras industrias
productivas, desarrollar la agricultura y acrecentar la de-
manda de obreros americanos.
¿Qué pueden oponer los americanos á estos laudables y
patrióticos fines? Los no americanos tendrían razón al ha-
cerlo. Este proyecto de ley es exclusivamente americano.
Se hace para el pueblo americano y para los intereses ameri-
canos.
Importancia del Mercado Interior.
Nuestro mercado interior iguala á todo el comercio
internacional del mundo.
Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Febrero i
de 1904.
Sr. Presidente: pido autorización para incluir en el Acta
un meditado é imparcial estudio sobre nuestro comercio ex-
terior é interior, hecho por el Hon. O. P. Austin, de la Ofi-
cina de Estadística del Departamento de Comercio.
( Informe presentado ante la Cámara de Comercio de Roch-
ester (N. Y.) por O. P. Austin, jefe de la Oficina de Esta-
dísticas del Departamento de Comercio, Jueves, Enero 7.)
Antes de estudiar las cuestiones que se refieren á los mer-
cados de otras partes del mundo, permitidme llamaros la
atención sobre, la importancia de nuestro mercado interior.
Antes de establecer las cifras del valor de nuestro comercio
interior, quiero daros un cálculo estimativo, un resumen
completo de su importancia y de su desarrollo. El comercio
internacional del mundo, todo el comercio extranjero de
todas las naciones y colonias de la tierra, hasta donde es
posible apreciarlo, llegó en el año 1900 á cerca de 20,000
millones de pesos. Ese es el total de las importaciones y
exportaciones combinadas de todos los Estados y colonias de
bastante importancia para que se tenga en cuenta su movi-
miento comercial.
Hace un tercio de siglo, el año 1870, el comercio inter-
nacional del mundo fué de 1 1,000 millones de pesos; pero el
desarrollo y empleo del vapor, del acero y de la electricidad
en los transportes comerciales, por mar y por tierra, durante
38
el maravilloso período en que ha vivido esta generación, hizo
subir aquella cifra á 22,000 millones en el año 1903.
El comercio interior de los Estados Unidos fué, en 1870,
de 7,000 millones de pesos, y en 1900 subió á 20,000 millones.
Partiendo de esta base de 20,000 millones en 1900, y teniendo
en cuenta el rápido desarrollo que se ha notado en todos los
ramos del comercio y de la industria durante aquel período
de tiempo, podemos calcular con toda seguridad que el co-
mercio interior de los Estados Unidos en 1903 será de 22,000
millones de pesos, suma que iguala actualmente á todo el
comercio internacional del mundo en el citado año.
Pensad en ello, hombres de Rochester ; y vosotros, produc-
tores, manufactureros, comerciantes y banqueros. Pensad
en ello. El comercio interior de nuestra patria, nuestro
comercio doméstico, en el que transportáis vuestras mercan-
cías desde la puerta de la fábrica hasta la puerta del con-
sumidor, sin emplear más tiempo que el estrictamente nece-
sario, es igual á todo el comercio internacional del mundo.
Y no solamente es cierto que nuestro comercio interior
iguala al comercio internacional de todo el mundo, sino que
aumenta con mucha más rapidez que éste, porque, como ya
he dicho, el comercio interior de los Estados Unidos ha subi-
do de 7,000 millones de pesos en 1870, á 22,000 en 1903, en
tanto que el comercio internacional na subido de 11,000
millones en 1870, á 22,000 millones en 1903, ó en otras pala-
bras, mientras el comercio internacional del mundo es ahora
dos veces mayor que en 1870, el comercio interior de los
Estados Unidos es hoy tres veces mayor que en ese mismo
año.
Ahora veamos las consecuencias : En 1870 nuestra pro-
ducción de trigo fué de 235,000,000 de fanegas ; en 1903 fué
de 637,000,000. Cerca de tres veces mayor, en tanto que la
población solamente ha aumentado un poco más del doble.
De maíz, nuestra producción en 1870 fué de 1,000,000,000
de fanegas; en 1903 subió á 2,250,000,000. En 1870 nues-
tra producción de algodón fué de unas 3,000,000 de balas;
en 1903 subió á 10,000,000 de balas.
En 1870 nuestra producción de acero no llegó á 100,000
toneladas; en 1903 pasó de 15,000,000 de toneladas. Nues-
tra producción de hierro y acero es hoy mayor que la de
Inglaterra y Alemania juntas, y representa cerca de una
tercera parte de la de todo el mundo. En 1870 nuestra pro-
ducción de cobre no pasó de 13,000 toneladas; en 1903 llegó
39
á 280,000 toneladas, y hoy producimos la mitad del cobre
del mundo.
Veamos los resultados financieros por lo que respecta á
nuestro país. El comercio interior, como ya he dicho, ha
aumentado de 7,000 millones de pesos á 22,000 millones ; el
comercio exterior ha aumentado á su vez de 828 millones á
2,445 millones, y las exportaciones solas, de 392 millones á
1,420 millones. Con ese aumento de producción y comercio
ha coincidido un aumento de riqueza y de acumulación mone-
taria. El total del dinero en circulación en 1870 era de 675
millones de pesos: en 1903 era de 2,466 millones, ó sea cua-
tro veces mayor. El dinero en circulación en 1903 represen-
taba unos 30 pesos por cabeza, mientras que en 1870 sólo
representaba unos 17.50 por cabeza.
La riqueza total del país, según el censo de 1870, era de
30,000 millones de pesos; en 1900 se calculó en 94,000 millo-
nes, y hoy puede asegurarse que pasa de 100,000 millones
de pesos.
La riqueza media por cabeza, según las anteriores cifras,
era en 1870 de $780, y en 1903 $1,250, ó sea un aumento de
60 por ciento. Él total de los depósitos en todos los bancos
del país era en 1875, y en números redondos, de $2,000,000,-
000. En 1902 alcanzó la enorme cifra de 9,000 millones,
habiéndose cuadruplicado en el espacio de veinte y siete años.
Pero la cifra más elocuente que encontramos en esta esta-
dística bancaria, porque evidencia la excelente situación eco-
nómica del pueblo americano, es la que nos ofrecen los bancos
y cajas de ahorro, instituciones que guardan las economías
de los obreros, de las viudas y de los huérfanos del país.
Esa cifra ha aumentado de $550,000,000 en 1870 á 2,935
millones en el año de 1902.
¿ Qué pensáis, hombres de negocios, del porvenir de un país
cuyos obreros y obreras y niños tienen cerca de TRES MIL
MILLONES DE PESOS ahorrados para "un caso de apu-
ro?"
La Gran Bretaña se Prepara para Adoptar
las Tarifas Proteccionistas Republicanas.
Extracto de las declaraciones del Hon. Charles Dick. de Ohio,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 5 de
1004.
Sr. Presidente: en el debate habido en esta Cámara du-
rante los últimos días, en el cual se han tratado múltiples
4-0
asuntos, hemos tenido ocasión de oír á algunos representan-
tes del propio partido demócrata afirmar que la tarifa pro-
teccionista es la madre de los trusts, que el consumidor paga
el impuesto de la tarifa y que el pueblo viene siendo robado
en muchos millones con injustos impuestos para acumular
un enorme sobrante que el Secretario del Tesoro manipula
en beneficio de los bancos y de los políticos.
Sabemos que no hay razón para semejantes cargos. El
pueblo americano ha encontrado injustas esas acusaciones y
las ha despreciado. En 1896 combatieron la ley de tarifas
Wilson y en 1900 propusieron las tarifas Dingley. A pesar
de eso, el partido demócrata no aprendió nada de la experien-
cia. Las lecciones del pasado han sido inútiles para ellos.
Olvidan las "soup houses" de 1893 á. 1896, las chimeneas sin
humo, las factorías cerradas, los obreros sin trabajo, los
sufrimientos y las necesidades que marcaron aquel período
de depresión, resultantes de la última revisión de las tarifas
democráticas. Es más evidente cada día que las tarifas se
imponen para 1904.
El debate que hemos presenciado aquí esta semana no es
otra cosa que la primera escaramuza de la campaña presiden-
cial. Aunque el partido demócrata marcha bajo la bandera de
los impuestos interiores solamente, ó bajo la nueva bandera
de la reforma de las tarifas, la campaña se hará contra la polí-
tica proteccionista del partido republicano. Los asaltos del
enemigo se dirigirán contra el grandioso edificio industrial
levantado por el sistema de tarifas republicano. Celosos de
la gran prosperidad de los manufactureros americanos que
los coloca en condición de invadir los mercados del mundo
y competir con éxito con los manufactureros del extranjero
en su propio país, los demócratas se proponen ya reducir
esas tarifas proteccionistas que han producido el maravi-
lloso desarrollo de nuestro comercio interior y exterior.
Las últimas cifras oficiales demuestran que no ha habido
disminución en esa gran cantidad de productos alimenticios
y artículos manufacturados que salen de nuestros puertos
para ir á abastecer los mercados extranjeros. El informe
de la Tesorería en Octubre de 1903 demuestra que los Esta-
dos Unidos exportaron en ese mes mercancías por la enorme
suma de $160,370,059, cantidad que sólo ha sido sobrepasada
una vez en nuestra historia. El mejor año para nuestro
comercio de exportación fué el de 1900, y en aquel mes de
Octubre las exportaciones excedieron á las del de este año en
4i
unos $16,000,000. Mientras nuestras exportaciones aumen-
taron el mes pasado, las importaciones disminuyeron, dán-
donos un balance comercial en nuestro favor de $78,493,094,
ó sea un exceso respecto del balance del mismo mes en el
último año de $21,535,696. Las exportaciones de Noviembre
escasamente excedieron á las de Octubre, mientras que las
importaciones bajaron, resultando un balance en nuestro
favor de $83,000,000, ó séase $5,000,000 de más que en las
entradas de Octubre. El ventajoso balance comercial de los
Estados Unidos durante los diez primeros meses del co-
rriente año es próximamente de $309,000,000 contra el ba-
lance del mismo período del año 1902, que ascendió á $298,-
000,000.
Estas alentadoras cifras demuestran cuan resbaladizo es el
terreno para los que censuran la actual situación de nuestro
comercio. Mientras los acaudalados de Wall Street han
andado á través de un período de depresión industrial, el
país, entregado á sus propias fuerzas, continúa su creciente
progreso en la paz de la prosperidad y el desarrollo de los
negocios.
Mientras que la reforma de las tarifas es patrocinada en
este país por el partido demócrata, uno de los grandes par-
tidos políticos de la Gran Bretaña aboga también por la re-
forma de las tarifas y hace propaganda entre los electores
para un llamamiento al país en ese sentido. Pero la reforma
de las tarifas en la Gran Bretaña significa exactamente lo
contrario de lo que significa en los Estados Unidos. En
este país la reforma de las tarifas significa la rebaja de los
derechos de aduanas. En la Gran Bretaña, bajo la jefatura
de algunos de sus más grandes estadistas, la reforma de las
tarifas significa la implantación de derechos de aduanas en
sustitución del libre-cambio. Los libre-cambistas de los Es-
tados Unidos y los defensores de los impuestos interiores
únicamente han citado siempre con cierto orgullo á la Gran
Bretaña como una defensora de las bellezas del sistema libre-
cambista. Los jefes del partido conservador atacan actual-
mente ese sistema y hacen constar que retrasará al país en
vez de ayudarlo en la gran contienda que actualmente sostie-
nen las naciones por la supremacía comercial.
42
Los Países que han Adoptado el Sistema
Proteccionista.
Han progresado en mayor escala y más rápidamente
que nosotros.
Extracto de un discurso del Hon. Joseph Chamberlain pronunciado
en Liverpool, publicado en el Diario de Sesiones del Congreso,
Enero 5 de 1904.
(Del hondón Daily Telegraph.)
Discurso de Joseph Chamberlain en Liverpool.
Mr. Chamberlain, á quien se hizo una entusiasta recepción,
dijo :
"Deseo expresaros las más sinceras gracias de Mrs. Cham-
berlain y las mías propias por la cordial bienvenida que se
nos ha hecho en Liverpool (Atención! Atención!) y deciros
que al venir aquí con sumo gusto á hablaros acerca de lo que
considero el asunto más importante del dia, me congratulo
al creer que vengo á ruegos de una gran asociación de obre-
ros. (Aplausos.)
Ante todo os diré que deseo presentar ante vosotros un
cuadro completo de la situación á que hemos llegado. ¿ Qué
actitud es la mía? ¿Con qué argumentos la sostengo?
¿Cuáles son las objeciones de mis adversarios? Pues bien; mi
opinión es que el comercio de este país calculado (y creo que
fácilmente se le puede calcular) por las exportaciones á los
países extranjeros y á las colonias Británicas, ha permane-
cido estacionario durante los últimos veinte ó treinta años;
que nuestro comercio de exportación con todos aquellos
países que han establecido tarifas contra nosotros, ha au-
mentado de una manera enorme.
También conviene hacer notar que aquellos países extran-
jeros que han adoptado el proteccionismo, han progresado
en mayor escala y más rápidamente que nosotros mismos;
y asimismo afirmaré que esta tendencia, que se ha hecho
más manifiesta en estos últimos años, es considerada por los
hombres habituados á los negocios como llamada á mani-
festarse más marcadamente á medida que pase el tiempo.
Cualesquiera que sean hoy nuestras pérdidas comerciales,
puedo aseguraros que serán mucho mayores algún día si con-
tinuamos con nuestro actual sistema. (Aplausos.) Y la
43
razón es obvia. No sólo subsisten las viejas causas, sino
que otras nuevas han venido á actuar.
Hay un proceso cuyo nombre hemos tomado de los Estados
Unidos y que vosotros conocéis por "dumping." ¿Qué es
"dumping?" "Dumping" es la colocación del exceso de cual-
quier manufactura en cualquier país que está en condiciones
de tomarlo. El "dumping" se realiza cuando el país que lo
adopta tiene una producción mayor que su propia demanda.
No estando en condiciones de disponer de ese exceso en casa
lo envía á cualquier otra parte. (Risas.)
Ahora bien; Inglaterra, el Reino Unido, es el único país
donde ese procedimiento puede emplearse con éxito, porque
es el único país que tiene puertos francos.
Los demás países — es decir, los grandes países — donde
se efectúa el "dumping," adoptan una tarifa, grande ó pe-
queña, para impedir la entrada de esos artículos.
Hay artículos sobrantes que se echan fuera á bajo precio
y que podéis encontrar en las realizaciones de los grandes
almacenes, cuyo efecto es ruinoso para los pequeños comer-
ciantes de la vecindad; así los artículos sobrantes de todos
los países productores del mundo pueden muy bien arruinar
el comercio de este país. (Aplausos.)
Es de notarse que el "dumping" se efectúa especialmente
cuando el país que lo emplea se halla en estado de postra-
ción. Siempre que un país está en condiciones de adquirir
todos sus productos para su propio uso, así lo hace. Pero
cuando el comercio decae, bien sea en Alemania, en los Es-
tados Unidos, ó en cualquiera otro país que estuviese sujeto
á nuestro sistema actual, no haría lo que nosotros en igual-
dad de circunstancias ; no cerrarían sus tiendas, ni apagarían
sus calderas, ni clausurarían sus fábricas. No; producirían
mucho al más bajo precio posible y venderían el sobrante á
cualquier precio en Inglaterra. (Aplausos.)
¿ Qué propongo yo para evitar este estado de cosas ? En
primer lugar, hacer la guerra con armas iguales. (Aplau-
sos.) Tratarlos como ellos nos tratan, hasta que nos traten
mejor. (Aplausos.) Y propongo tratar á nuestras colonias
mejor de lo que lo hemos hecho hasta ahora. Y como con-
secuencia de esto espero algo más grande en mi concepto que
el engrandecimiento del comercio ; aun más grande que la
prosperidad material. Espero dejar firme y profundo el
cimiento de ese futuro imperialismo que ensancha mi corazón
cuando miro hacia adelante en la historia del mundo.
44
¿Cuál es el problema que más afecta á las clases obreras
de este país? Está contenido todo en esta sola palabra:
Trabajo. (Aplausos.) Alimentos baratos, vida más cómo-
da, salarios más elevados, pues todas estas cosas, de suyo
tan importantes, están contenidas en la palabra trabajo.
(Aplausos.) Si esta política os proporciona más trabajo,
todas las demás serían inútiles para vosotros. Si perdéis
vuestra ocupación todas las demás no os compensarían de esa
pérdida. (Aplausos.)
Hay algo también muy interesante, y que me parece se ha
escapado á la atención de muchos de mis adversarios, y es
que cuando el libre-cambio fué establecido, las clases traba-
jadoras no estuvieron representadas, ni fueron consultadas.
(Aplausos.) No aseguro que esto hizo bueno ó malo el
libre-cambio; pero es un hecho que fué un movimiento de
los manufactureros y de la clase inedia. (Aplausos.)
Los jefes del movimiento, ó algunos de ellos confesaron
que creían posible que los salarios llegarían á lo que ellos
llamaban un nivel razonable. Creyeron que el precio de los
alimentos bajaría, y que teniendo el alimento más barato, el
obrero trabajaría por menos salario.
Y es curioso recordar que mucho después de establecido
el libre-cambio, es decir, mucho después de 1888, Mr. Bright,
escribiendo á un amigo de América, y protestando contra la
doctrina proteccionista, le indicaba que si los americanos
hacían esa política subirían mucho los salarios de las clases
obreras. (Aplausos.) Muchos salarios y pocas horas de
trabajo.
No creo que esto fuera una desventaja en ningún caso;
lo que necesito explicar es que, con razón ó sin ella, los
jefes del movimiento libre-cambista creían que el pan grande
significa jornal pequeño.
En el Reino Unido el Comercio ha Estado
Prácticamente Estancado Durante
más de Treinta Años.
Varias verdades profundas del H011. Joseph Chamberí ain
acerca de las tarifas proteccionistas.
Extracto del discurso del Hon. Joseph Chamberlain en Glasgow,
publicado en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 5 de 1904.
(Del London Daily Telegraph.)
Al empezar su discurso Mr. Chamberlain fué saludado con
grandes aplausos. La concurrencia se puso de pie agitando
45
los pañuelos y los sombreros. Restablecido el silencio dijo
el orador:
"Sir Matthew Arthur, señoras y señores : mi primer deber
es dar las gracias á esta respetable concurrencia por haberme
ofrecido la oportunidad de explicar por primera vez y de-
talladamente mis ideas sobre nuestra política fiscal. (Aplau-
sos.) No desearía mejor programa que éste. (Aplausos.)
Señoras y señores : no siento ningún tremor al venir aquí,
la patria de Adam Sniith, para combatir el libre-cambio. No
os diré que vaticino una catástrofe grande y rápida para el
comercio británico ; pero sí os digo que ya veo los signos de
la decadencia. (Aplausos.) Que ya veo grietas y hende-
duras en las paredes del gran edificio ; que los cimientos en
que descansa no son bastante anchos, ni bastante profundos
para sostenerlo. (Aplausos.)
¿Cuáles son los hechos? El año 1900 fué el mejor para el
comercio británico. Las exportaciones fueron las mayores
que jamás hemos visto. El año 1902 — último año — fué casi
tan bueno, y si comparáis el comercio en 1872, hace treinta
años, con el comercio de 1902 — el comercio de exportación —
encontraréis que ha habido un pequeño aumento de veinte
millones.
El citado aumento de veinte millones fué con nuestro libre-
cambio. En el mismo espacio de tiempo el aumento en los
JEstados Unidos de América fué de ciento diez millones, y
' el aumento en Alemania fué de cincuenta y cinco millones.
En el Reino Unido el comercio ha estado prácticamente
estancado durante más de treinta años. Vino abajo en ese
intervalo. Mientras tanto los países protegidos, como ya lo
habéis oído, han progresado en una proporción infinitamente
mayor que el nuestro.
Pero no es esto todo. El montante de nuestro comercio
ha permanecido estancado; pero en cambio el carácter de
nuestro comercio ha variado por completo. Cuando Mr.
Cobden predicaba sus doctrinas creía, y entonces tenía
muchas razones para suponerlo, que mientras los países ex-
tranjeros nos suministraran nuestros comestibles y nuestras
materias primas, seguiríamos siendo el mercado del mundo,
al que enviaríamos en cambio nuestras manufacturas.
Pero eso es precisamente lo que no hemos hecho. Por
lo contrario ; en el período á que me he referido les hemos
enviado menos y menos artículos manufacturados, y ellos nos
han enviado más y más artículos manufacturados. (Aplau-
4 6
sos.) Ahora bien; yo sé muy bien lo difícil que es para un
auditorio como este el prestar oído á cifras. Os daré el
menor número posible de ellas, pero debo daros algunas para
fijar las bases de mi argumentación. (Aplausos.)
Tengo en mi poder un cuadro comparativo, y en él basaré
todo mi razonamiento. Entresacaré algunas cifras. Así
llegaréis á conocer nuestro comercio. Nuestra existencia
como nación depende de nuestra capacidad y producción
manufactureras. No somos un pueblo agrícola. La agri-
cultura no será jamás la fuente principal de nuestra pros-
peridad. Somos un gran pueblo manufacturero. Ahora
bien; en 1872 enviamos á los países proteccionistas de Eu-
ropa y á los Estados Unidos de América £116,000,000 de
artículos manufacturados. En 1882, diez años después, ba-
jaron á ¿88,000,000. En 1892, diez años después, bajaron á
¿75,000,000.
En 1902, aunque las exportaciones aumentaron en general,
las de artículos manufacturados bajaron aún á ¿73,500,000;
y el resultado total de esto es que desde hace treinta años
estamos enviando ¿42,500,000 de manufacturas menos á los
países proteccionistas.
Durante ese período de treinta años en que nuestras ex-
portaciones de productos manufacturados bajaron ¿42,500,-
000, ¿qué ha ocurrido con sus exportaciones para Inglaterra?
Han subido de 63 millones en 1872, á 149 millones en 1902.
Han aumentado en 86 millones.
No diré por ahora si eso es bueno ó malo ; pero cuando
alguien dice que debemos tener idéntica opinión sobre cosas
que hicieron nuestros mayores, mi réplica es que eso estaría
bueno si las circunstancias continuaran siendo las mismas.
(Aplausos.)
Ahora bien ; si he logrado presentar con claridad aquellas
cifras, me queda algo que decir, y es que en la hora presente
nuestro comercio nacional nos es absolutamente necesario
para nuestra prosperidad. (Aplausos.)
Si ese comercio declina, ó si no aumenta en proporción á
nuestra población, entonces pasaremos á la categoría de
nación de quinto orden. (Aplausos.) Nuestro destino será
el destino de los imperios y reinos del pasado.
47
Irlanda Bebe hasta las Heces la Copa del
Libre- Cambio.
Extracto de las declaraciones del Hon. Wm. P. Frye, de Mame,
página 651 del Diario de Sesiones del Congreso, primera sesión.
Irlanda en un tiempo soportaba con razonable comodidad
8,000,000 de habitantes. Sus manufacturas de hilo, seda,
lana y algodón, protegidas por tarifas y estimuladas por sub-
sidios, absorbían su capital, empleaban sus obreros, vigori-
zaban una multitud de industrias y aseguraban la prosperi-
dad del país.
Inglaterra, su amiga próxima, la aconsejó, la acarició, la
aduló y la hizo creer que podía cultivar materias primas en
sus fértiles campos, vendérselas á ella, comprarle los produc-
tos manufacturados más baratos de lo que ella podía hacerlos,
y que el libre-cambio sería para ella una bendición nacional.
Engañada por Inglaterra, Irlanda consintió, su tarifa fué
gradualmente limitada, paulatinamente destruida; sus sub-
sidios suprimidos. Desde entonces ha estado sembrando
materia prima, vendiéndosela á Inglaterra, comprándole los
artículos manufacturados á precios determinados por Ingla-
terra misma, y hoy, con 5,000,000 de habitantes, es el país
más pobre, más perturbado y más devastado de la tierra.
Irlanda bebe hasta las heces la copa del libre-cambio que
Inglaterra le ha puesto en los labios. Thomas Francis Mea-
gher, el patriota irlandés, en un discurso pronunciado en
Dublin en 1847, resumió así los resultados que dio á su
desgraciado país la amistad de Inglaterra :
"La manufactura de algodón de Dublin, que empleaba
14,000 obreros, ha sido destruida ; los tres mil telares de seda
de Liberty han sido destruidos ; las manufacturas de estofa y
sarga que empleaban 1,491 operarios, han sido destruidas ;
los telares de calicó de Balbriggan han sido destruidos; la
manufactura.de franela de Rotterdam ha sido destruida; la
manufactura de mantas de Kilkenny ha sido destruida; el
comercio de camelote de Bandon, que producía £100,000 al
año, ha sido destruido; las manufacturas de estambre de
Waterford han sido destruidas ; las manufacturas de paños
de Carrick-on-Suir han sido destruidas; sólo un negocio
sobrevive, medra, florece y no está expuesto á quiebras : el de
los fabricantes de ataúdes. "
Y todavía Inglaterra espera, y el partido demócrata confía
4 8
en que los irlandeses ciudadanos americanos de esta Repú-
blica voten, en las próximas elecciones Presidenciales, por el
libre-cambio.
" El Club Cobden."
jUna organización que presagia la muerte de las
industrias irlandesas.
Extracto de las declaraciones del Hon. Wm. Woodburn, de Nevada ;
página 4002 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso.
Estoy ansioso por saber si los ciudadanos adoptivos de na-
cimiento irlandés, y sus descendientes, seguirán perpetuando
en el poder un partido cuyos principales miembros encabezan
la lista de una organización que presagia la muerte no sólo
de las industrias americanas, sino también de las irlandesas.
Cobden creía que la independencia parlamentaria de Irlanda
carecía de valor en absoluto. ¿ Tendrán valor para apoyar en
las urnas, para el alto cargo de Presidente de los Estados
Unidos, al jefe de ese partido, cuando saben por los telegra-
mas de Londres que los fondos sobrantes del Club Cobden
se destinaran á ayudar á Cleveland en sus esfuerzos por en-
tregar el control de los mercados americanos á los comer-
ciantes ingleses?
El Libre- Cambio es una Completa Farsa.
Campaña proteccionista de Mr. Balíbur.
Extracto de las declaraciones del Hon. Charles Dick, de Ohio,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 5 de
1904.
El primer ministro Balfour pronunció un discurso en Shef-
field, en defensa de las tarifas proteccionistas. Ese discurso
ha sido calificado como uno de los más importantes en la
historia de Inglaterra. Se refiere al hecho de que durante
mucho tiempo ha existido gran ansiedad en todos los parti-
dos de Inglaterra sobre la situación del comercio Británico
en relación con el comercio del mundo.
Desde hace sesenta años, dijo, se vienen refutando las pro-
fecías de Cobden y de los reformadores de las tarifas, asocia-
dos á él en el movimiento de 1846. Si bien es cierto que las
reformas llevadas á cabo en ese año fueron necesarias en
49
aquel tiempo, cada año de los últimos treinta ha echado por
tierra sus profecías. Cobden, añadió, fué un gran hombre;
pero no previo los acontecimientos de los últimos cincuenta
años que convirtieron el libre-cambio en una completa farsa.
Nuestras propias colonias, nuestra propia sangre, el verda-
dero nervio de nuestro creciente imperio, están creando vas-
tos intereses á la sombra de otros sistemas de protección, que
cuando lleguen á su lógica conclusión, las hará tan ricas y
prósperas como los Estados Unidos y otros países protec-
cionistas.
Y mientras tanto nada hemos hecho en Inglaterra para
poner término á un estado de cosas tan inconsistente como el
libre-cambio tal como lo entendía Cobden. Confieso que
cuando oigo criticar la política de los Estados Unidos y de
Alemania, que ha creado aquellas grandes naciones indus-
triales, ayudando su maravillosa expansión comercial por me-
dio de tarifas proteccionistas, se me figura que ofrecen un
argumento contra el cual no tengo ninguna réplica.
Esos países, aunque proteccionistas, han establecido un
permanente libre-cambio dentro de los límites de su propio
territorio, donde, además, se ha suprimido todo aquello que
pudiera perjudicar el desenvolvimiento de la riqueza. Y se
preguntarán si nosotros, en el imperio Británico, podemos
presentar un cuadro semejante, y si nuestro decantado libre-
cambio incluye aquellas grandes colonias autónomas que tan
orgullosamente consideramos como los grandes puntales que
sostendrán nuestro Imperio en el porvenir.
El libre-cambio, repito, es una verdadera farsa; porque es
un hecho que las naciones extranjeras están haciendo todo lo
posible para anular nuestras industrias, excluir nuestras ma-
nufacturas y limitar nuestro comercio internacional. Creo en
los remedios, no en los paliativos. El mal ha ido ya dema-
siado lejos. No conseguiréis que las grandes naciones comer-
ciales del mundo abandonen el proteccionismo. Tampoco de-
searéis, supongo, que las grandes colonias autónomas re-
trocedan en el camino que nosotros, sin cortapisas, les hemos
permitido seguir.
Cobden confiaba y creía en un libre-cambio universal. Y
lo que, en suma, hemos logrado hasta ahora es un mundo en
que las relaciones mercantiles internacionales están entera-
mente regidas por medio de tratados.
Es una insensatez pretender que nosotros, la nación más
comercial del mundo, nos adelantemos á decir : "Queremos
5°
concertar tratados con vosotras; pero no tenemos nada que
daros, ni nada que recibir de vosotras. Nos ponemos á mer-
ced de vosotras. Recordad cuánto bien hemos hecho á vues-
tro comercio, como hemos ayudado á su desarrollo y cuánto
podemos seguir haciendo en vuestro obsequio, y servios no
olvidarnos cuando celebréis vuestro próximo tratado de co-
mercio." (Risas.)
¿ Son acaso diferentes los convenios que celebran las na-
ciones con objeto de establecer derechos sobre los productos
manufacturados, y los tratados que celebran con cualesquiera
otros fines?
Nuestros antepasados lucharon para que llegáramos á la
situación actual. Yo pido hoy á la nación que siga su ejemplo
y no se deje seducir por engañosos é inútiles debates. De-
bemos mitigar en todo lo posible el daño que nos causa el
libre-cambio.
Ningún libre-cambista puede negar que Inglaterra ha su-
frido mucho en su comercio extranjero, y que su comercio y
su industria han caído en una lamentable postración. Cobden
no soñó jamás en una situación en que Inglaterra sola tuviese
libre-cambio y las demás naciones estuviesen al amparo de un
sistema proteccionista, lo que ha causado un daño inmenso
al capital y al trabajo inglés.
Los Estados Unidos han Progresado á Pasos
Agigantados.
Extracto de las declaraciones del Hon. M. E. Olmsted, de Penn-
sylvania, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio
20 de 1904.
La Comisión Industrial de Monseley, presidida por Mr.
Alfred Monseley, conocido capitalista y manufacturero
inglés, interesado en la prosperidad de las industrias y de los
obreros de su país, estaba formada por los secretarios de las
uniones mercantiles que representan los grandes centros ma-
nufactureros del Reino Unido.
Visitaron los grandes centros industriales de los Estados
Unidos, estudiaron durante los meses de Octubre, Noviem-
bre y Diciembre de 1902 las varias clases de industrias en
que, como hombres prácticos, podían encontrar algo útil, y,
de regreso en Inglaterra, presentaron un minucioso informe,
ó mejor dicho, una serie de informes.
5 1
El mismo Mr. Monseley dice lo siguiente en la primera
página del informe :
"En mis viajes alrededor del mundo, y muy particular-
mente por los Estados Unidos, he llegado á convencerme de
que, como país manufacturero, los Estados Unidos marchan
á un paso nunca igualado ni por los capitalistas, ni por los
obreros ingleses. Por consiguiente, he llegado á la conclu-
sión de que sería muy necesario á los mismos obreros el in-
teresarse personalmente en ese desarrollo extraordinario,, y
he decidido invitar á los secretarios de las asociaciones que
representan las principales industrias del Reino Unido á que
me acompañen en un viaje de estudio de la situación indus-
trial al otro lado del Atlántico.
En mis anteriores viajes á los Estados Unidos quedé fa-
vorablemente impresionado por los excelentes métodos de
protección que allí existen, no sólo en lo que respecta al
desenvolvimiento de los negocios, sino también al buen orden
y conveniente dirección de las fábricas. Allí los manufactu-
reros no vacilan en introducir las mejores máquinas á cual-
quier costo, y de vez en cuando sacrificar grandes sumas en
modificar los antiguos aparatos y procedimientos.
La maquinaria es usada en rodas partes, y su empleo es
bien acogido por los obreros; porque la experiencia les ha
demostrado que la máquina es su mejor amigo. Ella libra
al obrero de muchas miserias, hace subir los salarios, tiende
al mejoramiento de la vida, y más bien crea nuevos medios
de subsistencia que reduce el número de los traba-j adores.
En los Estados Unidos los manufactureros prefieren más
bien pagar crecidos salarios á pocos obreros que reducidos
jornales á muchos, fundándose en la razón de que cada hom-
bre ocupa mucho lugar en la fábrica, que esto representa
mucho capital empleado, y que, por otra parte, cuanto mejor
pagado está el obrero, más produce, y cuanto más produce,
más utilidad deja su trabajo.
Los Estados Unidos han progresado á pasos agigantados.
Ello es el resultado de los beneficiosos efectos de la educación
de las masas, y del enorme territorio que les proporciona to-
dos los recursos necesarios para su desarrollo moral y mate-
rial. Actualmente el mercado interior de los Estados Unidos
está tan completamente ocupado en su propio desarrollo, que
el comercio de exportación ha sido hasta ahora comparativa-
mente pequeño. Pero pasará el tiempo, y las numerosas
fábricas que hoy se están levantando empezarán á funcionar,
y entonces los Estados Unidos llegarán á ser el más formi-
dable concurrente en los mercados del mundo.
¿Cómo es que los manufactureros americanos pueden pa-
gar salarios elevados y al mismo tiempo competir victoriosa-
mente en los mercados extranjeros? La respuesta pudiera
encontrarse en esas pequeñas economías que se escapan á una
vista poco práctica. Que el obrero americano gana mayor
salario que el europeo es cosa que está fuera de duda. Como
consecuencia de ello la mayoría de los hombres casados son
dueños de la casa en que viven, lo que no solamente les hace
propietarios en su patria, sino que les ahorra el pago de al-
quileres, poniéndolos en condición de aumentar sus econo-
mías, ó de proporcionarse mayores comodidades.
Los artículos alimenticios son tan baratos (si no más bara-
tos) en los Estados Unidos como en Inglaterra, en tanto que
las necesidades pueden ponerse, según creo, al mismo nivel.
Generalmente se admite que el obrero americano, como con-
secuencia de la frecuente aplicación de las máquinas y la ex-
celente organización de las fábricas, no necesita emplear un
exceso de trabajo, como sucede aquí. Está infinitamente
mejor pagado, por consiguiente, mejor alojado, alimentado
y vestido, y es, en fin, en su inmensa mayoría, mucho más
sobrio. En semejantes condiciones es natural que sea más
saludable.
El combustible y la materia prima tienen casi el mismo
precio en los Estados Unidos que en Europa, y en esto no nos
llevan mucho ventaja. Pero los medios de transporte, tanto
por tierra como agua, son seguramente mejores y más bara-
tos.
En los Estados Unidos se oye con frecuencia hablar contra
los trusts; pero personalmente me inclino más bien á recono-
cer las ventajas de esas empresas ; porque las grandes organi-
zaciones comerciales que emplean mucho capital están en me-
jores condiciones para competir en toda clase de manufac-
turas, pueden sin riesgo subir los jornales, están en posición
de combatir contra cualquier competencia, pueden emplear
excelente y abundante maquinaria, pueden construir fábricas
amplias y bien ventiladas, y velar mejor por la comodidad y
bienestar de los obreros que las pequeñas manufacturas indi-
viduales que luchan con máquinas viejas y con pequeño
capital.
Creo que en la organización del capital por una parte, y
en una completa organización del trabajo por otra, es en
53
donde únicamente puede encontrarse la solución de los gran-
des problemas económicos que actualmente ocupan la aten-
ción de los hombres de Estado.
Los Beneficios del Proteccionismo Alcanzan
Ante Todo a los Hombres que Ganan
el Pan con el Sudor de
sus Frentes.
Extracto de la réplica del Hon. James G. Blaine, de Maine, al
Hon. William E. Gladstone, publicada en la "North American
Review" de Enero de 1890 y reproducida en el Diario de Sesiones
del Congreso, Junio 10 de 1896.
Mr. Gladstone da como cierto que si las manufacturas pro-
tegidas en los Estados Unidos florecen y prosperan, lo hacen
á expensas del agricultor, que de todas maneras, y según
opinión de los libre-cambistas, es la víctima propiciatora del
proteccionismo. Tanto Mr. Gladstone como los libre-cam-
bistas de los Estados Unidos están en el deber de explicar
por qué los Estados agrícolas del Oeste han aumentado en
riqueza, durante el largo período de proteccionismo, más
rápidamente que los Estados manufactureros del Este. La
afirmación de los libre-cambistas puede contestarse conclu-
yentcmente con sólo citar el censo de los Estados Unidos del
año 1860 y también el del año 1880.
En 1860 ocho Estados manufactureros del Este (los seis
de Nueva Inglaterra, juntos con los de Nueva York y Penn-
sylvania) acusaban una riqueza de $5,123,000,000. Veinte
años más tarde, según el censo de 1880 (con el proteccionis-
mo en todo su vigor), esos mismos Estados acusaban una ri-
queza de $16,228,000,000. El aumento, por consiguiente,
en esos veinte años, fué poco más de un 216 por ciento.
Veamos cómo adelantaron los Estados agrícolas durante
ese período. Según el censo de 1860. ocho Estados agrícolas
del Oeste (Illinois, Indiana, Iowa, Kansas, Michigan, Min-
nesota, Nebraska y Wisconsin) acusaron una riqueza de
$2,271,000,000. Veinte años más tarde, según el censo de
i88o(con el proteccionismo en todo su vigor), esos mismos
Estados acusaron una riqueza de $11,268,000,000. El au-
mento en esos veinte años fué de un 396 por ciento, ó séase
un 180 por ciento mayor que el aumento de los ocho Estados
manufactureros del Este.
54
El caso se repite si observamos los quince Estados del Sur
en que existía la esclavitud en 1860. Según el censo de
aquel año, su riqueza era de $6,792,000,000. Pero $2,000,-
000,000 representaba el valor de los esclavos. Deducidos
estos, el valor de la propiedad subía á $4,792,000,000. La ri-
queza, según el censo de 1880, era de $8,633,000,000. El au-
mento en esos veinte años fué de un 80 por ciento. Hay que
tener en cuenta que durante ese período siete Estados del Sur
se empobrecieron por consecuencia de la guerra civil, en un
grado mayor que lo fué ningún otro país en las guerras de la
Europa moderna. Hay que considerar también que el sis-
tema de trabajo por medio del cual se habían adquirido aque-
llas riquezas, sufrió una completa transformación. Y, sin
embargo, al final de esos veinte años, los Estados del Sur
habían reparado todas sus enormes pérdidas y tenían cerca
del doble de la riqueza que antes poseían. ¿ No demuestran
esas cifras incontestablemente que la parte agrícola del país,
Oeste y Sur, prosperó tanto ó más que la parte manufactu-
rera Este y Norte? Pues ese no se debe á otra cosa que al
proteccionismo.
Como Mr. Gladstone considera inmoral el proteccionismo,
califica su acción como "robo," y por consecuencia, á nues-
tros manufactureros como "señores ladrones." La intención
de la frase no es otra cosa que fomentar odios populares con-
tra los manufactureros americanos que, según ellos, se enri-
quecen á expensas del pueblo. Esa acusación se repite con
tanta persistencia que sin duda sus autores la miran como de
suma importancia para su causa.
No dejará de sorprender á Mr. Gladstone el saber que
entre las cincuenta mayores fortunas de los Estados Unidos
— las que más han llamado la atención en estos últimos diez
años — con seguridad que una sola procede de manufacturas
protegidas; y esa fué hecha por un caballero de la misma
sangre escocesa que Mr. Gladstone.- Las otras cuarenta y
nueve fueron adquiridas en empresas ferrocarrileras y tele-
gráficas, en inversiones urbanas, exportando y vendiendo
mercancías extranjeras, en empresas bancarias, en especula-
ciones de bolsa, en explotaciones de minas, en invenciones y
más de una en medicinas patentadas.
Casi puede asegurarse que de cien grandes fortunas hechas
en estos últimos diez años, ni aun cinco han sido hechas con
los productos de manufacturas protegidas. Su verdadero
origen hay que buscarlo en el campo ó en las especulaciones
55
arriba citadas. Además, el temor al mal que ocasionan las
grandes fortunas es exagerado. Las fortunas cambian con
rapidez. Entre nosotros rara vez pasan de dos generaciones.
No hay más que una familia en los Estados Unidos que posee
una fortuna anterior á cuatro generaciones.
Cuando Mr. Jefferson dio el golpe que echó abajo el de-
recho de primogenitura y destruyó el privilegio del vínculo,
varió la única base en que se fundaba la riqueza para per-
manecer en poder de una sola familia por mucho espacio de
tiempo. El aumento del número de herederos en sucesivas
generaciones, la legítima afirmación Je igualdad entre hijos
de los mismos padres, y, sobre todo, la incertidumbre y los
accidentes de los negocios, lanzaron las fortunas al aire, so-
metiéndolas á la suerte que en este mundo tienen todas las
cosas humanas.
Los beneficios del proteccionismo alcanzan, ante todo, á los
hombres que ganan el pan con el sudor de sus frentes. El
feliz y maravilloso resultado es que jamás en la historia del
mundo se ha gozado de tanta comodidad, se ha adquirido
tanta instrucción ni se ha tenido tanta independencia como en
los Estados Unidos de América.
Los Tipos de Derecho de la Gran Bretaña
son Sumamente más Altos que los
de los Estados Unidos.
Extracto de las observaciones del Hon. J. T. McCleary, de Minne-
sota, en la Cámara Representativa, é impresas en el Diario de
Sesiones del Congreso, en Junio 20 de 1904.
Desde 1846 la Gran Bretaña ha recaudado sus derechos de
importación bajo la política defendida por el partido demo-
crático. Veamos cómo esa política se ha administrado allí y
cuáles son sus resultados :
Para el conocimiento de los que quizás no tenga acceso
conveniente para ojear el Libro Anual del Estadista, someto
la siguiente tabla demostrando los orígenes de las con-
tribuciones del Gobierno de la Gran Bretaña para objetos
nacionales correspondiendo al año fiscal que terminó en
Marzo 31 de 1903, siendo los últimos datos que han podido
obtenerse. (En el Libro Anual los montantes están expre-
sados en libras esterlinas. Una libra esterlina vale unos
centavos menos de $5.00. Por conveniencia de computación
56
lo aprecio exactamente $5.00 al reducir la moneda inglesa á
la americana, para los designios de esta tabla.)
Derechos de exportación :
Carbón $9>958,835
Derechos de importación :
Tabaco 62,257,365
Té .••••. 29,877,410
Azúcar, glucosa, etc 22,393,535
Granos, etc 1 1,733,980
Ron 11,149,365
Vino 7,619,280
Brandy 6,405,575
Otros espiritus 6,143,965
Pasas 1,024,555
Café 893,140
Cacao 774,605
Pasas de Corinto 577,620
Otros artículos 1,495,120
Total de rentas aduaneras $172,304,350
Impuestos :
Espiritus $90,821,795
Cerveza 66,319,450
Otros arbitrios 3.598,115
Total de rentas por impuestos. . . $160,739,360
Derechos del estado, etc. :
Derechos de propiedades $48,501,810
Derechos por legados 15,008,965
Derechos de sucesión 4,828,365
Derechos de corporación 219,235
Total de rentas del estado $68,558,375
57
Sellos (excluyendo los sellos de
honorarios, etc.) :
Escrituras $19,499,915
Recibos . . .' 7,642,315
Letras de Cambio 3,498,545
Derechos sobre capital de las com-
pañías 3> I2 3>795
Medicinas de patente 1,666,855
Compañías de seguros 1,437,745
Bonos al portador 1,051,145
Licencias, etc 858,685
Otros arbitrios 2,319,015
Total de impuestos $41,093,015
Impuestos sobre tierra $3,808,770
Derechos sobre casas 9,168,855
Contribución interna 193,229,230
Total de impuestos $648,966,455
Considerando solamente la contribución nacional (omi-
tiendo los pagos directos al Gobierno por servicios directos,
tales como las rentas postales y otros semejantes), los im-
puestos totales de la Gran Bretaña montaron el último año
á la cifra redonda de $648,000,000, ó sea casi $16 por cabeza,
mientras que en los Estados Unidos montaron á $284,479,582
por derechos de Aduana, $230,810.124 por contribuciones,
y casi á $3,000,000 de otros arbitrios, haciendo un total alre-
dedor de $518,000,000, ó menos de $6.50 por cabeza. Es
decir, que con dos veces más población hemos recaudado para
las atenciones de la nación $130,000,000 menos que la Gran
Bretaña. En otras palabras, nuestros impuestos para las
atenciones de la nación son considerablemente menos de la
mitad onerosos, en proporción á la población, que los del
libre-cambio en Inglaterra.
En estos hechos indisputables hay muy poco consuelo para
los que tienen cierta vaga noción de que el libre-cambio, co-
mo queda demostrado en la Gran Bretaña, significaría en
cierto modo la libertad del impuesto para designios naciona-
5»
les. Como es natural, la investigación demuestra que el costo
por cabeza para el sostenimiento de nuestro Gobierno Na-
cional es más pequeño que el de otras naciones civilizadas
del mundo.
En segundo lugar, los derechos de Aduana en la Gran
Bretaña, incluyendo el derecho de exportación sobre carbón
colectado, montan á alrededor de $4.39 por cabeza, mientras
que en este país el montante total de los derechos de Aduana
monta solamente á alrededor de $3.50 por cabeza.
En tercer lugar, la tabla arriba relacionada revela cuan
poco son los artículos que entran en la Gran Bretaña sobre
los cuales se recaudan los derechos de la tarifa ; es decir, cuan
poco son los artículos cuyos similares no se producen en la
Gran Bretaña, y por consiguiente el enorme montante que
debe producirse sobre cada uno de esos pocos renglones.
Como resultado el tipo de derecho es mucho más alto que el
de los Estados Unidos.
En cuarto lugar, muchos de esos artículos sobre los cuales
se imponen esos derechos, enormemente altos, son los que
pueden considerarse tan necesarios para la mesa del pobre —
como son té, azúcar, café, cacao, etc., de modo que es evidente
que el pobre siente cada día, como un gran peso, la política
Británica de "una tarifa solamente para los impuestos."
Por supuesto, nuestro pueblo no toleraría simplemente, en
tiempo de paz, tal impuesto opresivo sobre las cosas nece-
sarias á la vida.
La Independencia Política no Pnede Llegar
á ser Enteramente Segura sin la
Independencia Industrial.
Extracto de las observaciones hechas por el Hon. J. T. McCleary,
de Minnesota, en la Cámara Representativa, é impresas en el
Diario de Sesiones del Congreso, el 20 de Junio de 1904.
Un error fundamental del libre-cambio es su insuficien-
cia para comprender la verdad de que la independencia polí-
tica no puede llegar á ser enteramente segura sin la indepen-
dencia industrial.
Para mantener nuestra independencia política se hace nece-
sario que en todo tiempo nos defendamos contra ejércitos y
armadas que nos sean hostiles. Somos ahora tan poderosos
y estamos tan retirados de otras grandes naciones que pare-
59
cería haber poco peligro de que nos envolviésemos en una
guerra. Pero nadie nos puede garantizar una paz duradera.
¿ Quién se hubiera atrevido á predecir en 1898 ó 1897 que en
el transcurso de un año ó dos, estaríamos comprometidos en
una guerra extranjera? Sin embargo aconteció en 1898,
como la detonación de un trueno en un cielo sin nubes.
¿Cómo debemos prepararnos para una posibilidad? ¿De-
beremos continuar indiferentes á lo que pueda sobrevenir?
¿Deberemos confiar en comprar de paises extranjeros, en la
hora del conflicto, nuestras municiones de guerra? ¿Y si el
país del que esperamos comprarlas resultase ser nuestro an-
tagonista? ¿Deberemos comprar con anticipación y alma-
cenar las cosas que podamos necesitar? Sí fuese necesario,
¿ por valor de cuánto tendríamos que comprar, y cuánto tiem-
po pasaría sin que nuestras compras no se convirtiesen en
ce sas fuera de uso ? ¿O sería más prudente desarrollar
nuestros propios recursos é instruir nuestro pueblo en la
fabricación de lo que necesitemos ? Siendo así, ¿ por qué no
desarrollar esos recursos y adiestrar esas facultades en tiem-
po de paz ?
El "libre-cambio" hubiera sido bastante para adquirir el
artículo ; la protección exige que adquiramos el arte.
Como era natural, el año 1898 nos encontró pobremente
preparados para la guerra; pero con nuestros grandes re-
cursos materiales y nuestros hábiles mecánicos nos encon-
tramos pronto listos. No necesitamos un gran ejército per-
manente, mientras mantengamos un alto modelo entre nues-
tros trabajadores. Ellos y su habilidad "para hacer las
cosas" constituyen nuestras mejores "reservas."
Esto sugiere otro error fundamental del "libre-cambio,"
tanto como una teoría cuanto como una política. Es decir,
que realza el valor de las cosas y deprime el valor de los
hombres. Solicita el artículo pero desprecia al artista. La
protección, al contrario, se cuida, primero de todo, del artista,
comprendiendo que con él conseguirá* tanto el arte en su
forma más elevada, cuanto el artículo en los términos más
favorables.
En las elocuentes palabras del senador Jones, y en el dis-
curso á que nos referimos antes, se hallan estas frases :
"El libre-cambio desterraría esos establecimientos y nos
daría en cambio de hábiles mecánicos cuchillería barata y
productos de ínfimo valor. Sería rehusar el conocimiento de
las artes útiles para economizar de momento algunos centa-
6o
vos, algunas yardas de tela de lana ó algunos centavos en una
libra de hoja de lata. La protección asegura las artes y pro-
tege á los artistas. Transforma la ignorancia en saber, la in-
diferencia en celo, la inercia en actividad y la impotencia en
fuerza.
"En ninguno de estos trabajos nos ayudaría y estimularía
el libre-cambio, todo lo contrario, su divisa es comprar donde
quiera que pueda conseguirlo hoy barato, sin consideración al
futuro ó al país en el que compra. Está claramente fundado
en el egoísmo individual. Únicamente se fija en las ventajas
temporales del individuo, y se preocupa poco del futuro ó de
la comunidad. La política proteccionista está fundada en la
más alta manifestación del egoísmo, el egoísmo de la nación,
que es sólo otro nombre para el patriotismo."
"El libre-cambio trae el reloj, el proteccionismo al relo-
jero; el libre-cambio trae la máquina, el proteccionismo trae
al maquinista; el libre-cambio trae la máquina de vapor, el
proteccionismo el ingeniero que ia dirija. Désenos los hom-
bres y no nos faltarán las máquinas. Teniendo las artes no
necesitaremos el artículo. Poseyendo el productor no ten-
dremos necesidad del producto. Entre ambos ¿quién vaci-
lará con respecto á cuál es el más valioso para el país ? Los
hombres fundan comunidades, las máquinas no ; los hombres
constituyen una sociedad, las máquinas no."
La actitud instintiva del libre-cambista desdora su teoría
como habiendo tenido su origen en un estado de la sociedad,
cuando los productores eran considerados inferiores y no
dignos de atención.
La teoría tuvo su origen en un estado de la sociedad fun-
dado sobre la distinción de clases, donde algunos nacieron
para gobernar y otros para trabajar; donde el fin industrial
se fijaba en lo que eran géneros baratos para los que gober-
naban — los "consumidores" — y con este fin salarios bajos
para el trabajador, ó nada absolutamente. ¿ Qué más natural
entonces que los libre-cambistas estuviesen más dispuestos
para que nuestros "productores" tuviesen que hacer frente en
la "libre competencia," en términos absolutamente iguales, á
los trabajadores de corto salario en el mundo?
6i
El Partido Republicano se Mantiene al Lado
de la Antigua Doctrina Primitiva
de los Antepasados.
Extracto de las observaciones del Hon. J. T. McCleary, de Minne-
sota, en la Cámara Representativa, é impresas en el Diario de
Sesiones del Congreso de Junio 20 de 1904.
Las dos opiniones sobre la Tariía.
Nuestra última gran contienda nacional sobre la cuestión
de la tarifa fué en la elección presidencial de 1892. En sus
plataformas de ese año expusieron sus opiniones con admi-
rable claridad. Desnudo de toda materia extraña, el punto
capital de la posición, democrática fué francamente manifes-
tado en el siguiente párrafo de la sección 3 de la plataforma
nacional democrática:
"Declaramos que el principio fundamental del partido de-
mocrático, es que el Gobierno Federal no tiene ningún poder
constitucional para imponer y recaudar derechos de Aduana,
excepto para contribuciones."
Esta fué una clara y valerosa manifestación de la fe demo-
crática. Declaró lo que, desde 1832, ha sido la verdadera
posición de la gran mayoría del partido democrático, aunque
siempre no ha tenido la franqueza de fijar su posición con
claridad y sin doble mira.
Con igual candor y valor el partido republicano hizo su de-
claración en el siguiente lenguaje :
"Creemos que todos los artículos que no se pueden produ-
cir en los Estados Unidos, exceptuando los de lujo, deben ser
admitidos libre de derechos, y que sobre todos los que se
importan para hacer la competencia á los productos del tra-
bajo americano, debe imponérseles derechos iguales á la di-
ferencia entre los salarios extranjeros y los nuestros."
En otros palabras, Mr. Chairman, ambos partidos admiten
que este es un gran país, vasto en área, en población y ri-
queza. Ambos partidos admiten que, por tanto, aun con el
debido y razonable cuidado y prudencia en el manejo de los
gastos de la nación — y en proporción á la población el nues-
tro es el gobierno menos dispendioso del mundo — las rentas
del gobierno general deben elevarse necesariamente á cien-
tos de millones de pesos cada año. Además de eso, ambos
partidos admiten que, cualquiera que sea el partido que esté
62
en el poder, cerca de una mitad de la contribución necesitada
debe, según nuestro sistema de gobierno, levantarse por me-
dio de derechos impuestos á los géneros de países extran-
jeros,
Y hasta 1832 todos los partidos convinieron que al impo-
ner estos derechos,, la política debía ser, al mismo tiempo que
se levantaban las necesarias contribuciones para el sosteni-
miento del gobierno, dar "estimulo y protección" á las indus-
trias americanas. En 1832, por la primera vez en nuestra
historia, se declaró la doctrina de que el gobierno debía im-
poner derechos "por contribuciones solamente" y no debía,
aun incidentalmente, prestar "estímulo y protección"' á los
productos de nuestras tierras y de nuestras fábricas. Cómo
esta nueva doctrina vino á ponerse en práctica, lo diremos en
su oportunidad.
El partido republicano se mantiene al lado de la antigua
doctrina primitiva de los antepasados, la doctrina de los que
formularon la Constitución y la pusieron en vigor, guiando
la nación sabiamente y sin peligro á través de los peligrosos
días de su temprana carrera, la doctrina abogada por todos
los presidentes desde Washington hasta Jackson, es decir,
por George Washington, por John Adams, por Tnomas Jeí-
ferson, por James Madison, por James Monroe, por John
Quincy Adams, y por Andrew Jackson.
Durante aquellos primitivos días, el medio por el cual la
protección podía mejor darse, acudiendo á los derechos de
importación, no fué tan bien comprendido como hoy en día,
después de un siglo de experiencia ; pero el objeto de los ante-
pasados fué claramente definido y repetidamente declarado.
El partido republicano siempre se ha mantenido por una
protección adecuada á los intereses de todo el país, se man-
tiene al lado de una política que es nacional, no seccional,
en su alcance y en su acción.
El partido republicano nació para presentar una oposición
organizada en contra de la extensión de la esclavitud hu-
mana; así pues, como debía esperarse, no se mencionó la
tarifa en su primera plataforma nacional, que fué en 1856.
Pero en la plataforma nacional republicana de 1860, la plata-
forma que por primera vez eligió presidente á Abraham Lin-
coln, se encontraba la siguiente manifestación :
"Resolvemos: Que mientras estipulamos contribuciones
para el sostenimiento del gobierno general por medio de dere-
chos de importación, una sana política requiere la fijación de
63
estos impuestos de modo á estimular el desenvolvimiento de
los intereses industriales de toda la nación ; y recomendamos
aquella política de cambios nacionales que asegura al traba-
jador salarios liberales, á los agricultores precios remunera-
tivos, á los mecánicos y manufactureros una recompensa en
relación á su habilidad, trabajo é iniciativa, y á la nación
prosperidad comercial é independencia."
De esta manera se verá que la primera y la última plata-
forma republicana están enteramente conformes sobre esta
materia, y el examen demostrará que todas las plataformas
nacionales republicanas, que han mediado entre las dos, son
semejantes.
Debemos no Tocar la Tarifa.
Debemos defenderla contra todo lo que se presente para
el bien de la Nación. Thomas B. Keed.
Sobre la revisión de la Tarifa.
Extracto de las observaciones hechas por el Hon. J. T. McCleary,
de Minnesota, en la Cámara Representativa, é impresas en el
Diario de Sesiones del Congreso el 20 de Junio de 1904.
Uno de los más grandes hombres á quien me tocó el honor
de conocer personalmente, fué al que ya no existe, Thomas
B. Reed, de Maine, quien fué por espacio de veinte años
miembro de esta Cámara, y en tres Congresos presidió sus
sesiones. Falleció en Diciembre de 1902. Casi al mismo día
de su muerte apareció en el North American Reviezv, de
Diciembre de 1902, el último artículo de los que alguna vez
escribió sobre cuestiones políticas.
Se nos presenta como el consejo de un hombre de superior
inteligencia y absoluta honradez ; como el maduro juicio de
uno que estaba completamente ai corriente de la historia fiscal
de este y otros países.
Como un tesoro de sabiduría acumulado en tres veintenas
de años, como viniendo de uno que se había retirado volun-
tariamente de la vida pública, cuando estaba ocupando la
alta posición de presidente de esta cámara, posición en nues-
tro país hábilmente descrita por él como "habiendo única-
mente otra superior y sin igual," posición á la cual estaba
convencido hubiera sido unánimemente reelegido.
Se nos presenta ese artículo como el sabio consejo de uno
cuya sola mira y propósito eran contribuir al bienestar de su
patria.
6 4
Considero un alto honor agregar el artículo íntegro á es-
tas observaciones.
"¿ Qué dirían Uds. que fué el ideal de la condición indus-
trial de una nación? Todo el mundo al trabajo; precisa-
mente tenemos ahora á todo el mundo trabajando, y no obs-
tante creemos que necesitamos algo más. Si continuamos
pretenciosos, lo conseguiremos. Con el mundo entero, ex-
cepto Inglaterra, incluyendo sus colonias, que opinen como
nosotros, con la palabra 'éxito,' tejida en nuestra bandera,
estamos llamados á renunciar nuestras miras y ceder el pues-
to á un mundo vencido.
"¿Por qué? Simplemente por esa inquietud humana que
es parte de la historia de la raza. Siendo también nosotros
de limitados conocimientos, estamos muy propensos á ser
seducidos por puerilidades. Hé aquí una de ellas. ¿Es la
tarifa Dingley el fin de la sabiduría? Si no lo es, entonces,
puede ser mejorada. La ley de la tarifa podía ser preparada
de forma á estar libre de todos los errores de ese celebrado
bilí, y conservar todas sus virtudes. ¿Dónde pondría Ud. en
vigor ese bilí? En vuestra propia imaginación, naturalmente.
Desgraciadamente un bilí puesto en ejecución en vuestra
imaginación no tendría vigor fuera del territorio. Un bilí
dictado por el Congreso, como el progreso del mundo, es el
resultado de un fiero conflicto de los humanos intereses en
oposición, y tiene que ser así. Cuando los hombres hablan
con indiferencia sobre la revisión de la tarifa, hablan de una
tarifa jamás todavía establecida y de una que jamás puede
serlo. Sueñan en una tarifa que les conviene individualmente,
mientras que una ley sobre una tarifa efectiva es una que en
todos conceptos satisfaga al país en general."
Tenemos una tarifa cuidadosamente redactada, que nos
ha sido de utilidad. Esa tarifa tiene únicamente cinco años
de promulgada. Nos ha conducido á la cima de la prosperi-
dad. No tiene conexión alguna con las grandes corpora-
ciones, excepción de las que tiene con las pequeñas y con los
individuos. Ningún ataque para repudiar la tarifa Dingley
puede causar daño á uno sin causarlo á todos. Cualquiera
perturbación de esta clase desorganizaría el comercio en los
medios que nos son á todos muy familiares.
Una ley de tarifa no puede ser en cualquier tiempo, y no
lo es, la creación de una imaginación. Significa el resultado
de una contienda de todos los intereses y de todas las opinio-
nes. De aquí que, cuando cualquier individuo piensa en una
65
tarifa que él haría, siempre piensa en una tarifa que jamás
sería puesta en vigor.
Hubo una vez en los Estados Unidos un presidente de
gran poder y mucha influencia, que por cuatro años no tenía
tras de él ningún Congreso, y soñó en una ley para la refor-
ma de la tarifa que fuese de su agrado. No tardó en tener un
Congreso de su propio partido, y dio principio á formular
una ley tal que agradase tanto á los dioses como á los hom-
bres. Hay algunos que recuerdan las tristes miradas de los
miembros de la Cámara cuando se doblegaron al Senado, y
las desviadas miradas del presidente mientras permitía el
bilí que pasase, sin ser firmado y sin adeptos. Aquellos hom-
bres quedaron convencidos, como quedaría todo el mundo,
de que la tarifa puesta en vigor es siempre diferente á como
obra la imaginación.
Lo mejor que haríamos sería recordar dónde estamos y
cuáles son nuestros peligros. Las empresas de negocios no
surgen atropelladamente, sino que son el resultado del cál-
culo. Una de las primeras indagaciones del promovedor ó
emprendedor es ¿ cuántas de las actuales condiciones queda-
rán vigentes? Si el futuro se presenta inseguro, no se
atreverá á obrar. ¿Qué puede imaginarse que sería suscep-
tible de desalentar un hombre de negocios más que el verse
llamado á adivinar cuál sería la nueva tarifa que se promul-
garía ? El instinto profetice en la criatura humana está más
allá de sus límites.
Debemos no tocar la tarifa, debemos defenderla contra
todo lo que se presente, para el bien de la nación. Continua-
mos más que bien, y no tenemos necesidad de ir en busca del
desastre. Eso vendrá á su debido tiempo.
La Cuestión no es Entre el Libre -Cambio
y la Tarifa.
La cuestión es, si la Tarifa deberá ser impuesta para
producir únicamente rentas, ó para también "
estimular y proteger las industrias
americanas.
Extracto de las observaciones hechas por el Hon. J. T. McCleary,
de Minnesota, en la Cámara Representativa, é impresas en el
Diario de Sesiones del Congreso el 20 de Junio de 1904.
No hace mucho tiempo que recibí una carta de un inteli-
gente constituyente mío, preguntando cuánto del dinero pa-
gado por el pueblo de su condado al tesorero del condado, se
66
dedica al sostenimiento de los Estados Unidos. Manifiesta que
ha habido justamente una disputa en su vecindad con respecto
al caso. Naturalmente la respuesta á tal pregunta es que ni un
centavo pagado al tesorero del condado, ciudad ó pueblo, ó
á quien pueda ser el recaudador de rentas locales, entra en el
tesoro de los Estados Unidos. Que todo ingresa para el Es-
tado y las instituciones conducidas bajo la autoridad del Es-
tado. Va á sostener las escuelas locales, á edificar los cami-
nos de las localidades, á construir los puentes de la localidad,
á ayudar á los pobres de las mismas, á hacer frente á los
gastos de las escuelas del distrito, ciudad, villa, condado y
Estado.
Ni un céntimo de dicho dinero ingresa en las arcas de los
Estados Unidos.
Según nuestra Constitución, es el Estado, y no la Nación,
el que proteje sus habitantes en sus personas y en sus propie-
dades; y de ese modo es el Estado y no la Nación el que
tiene el derecho moral y constitucional de imponer contribu-
ciones á sus personas y propiedades. Por el contrario, es la
Nación, y nó el Estado, el que provee para la común defensa
y levanta y mantiene ejércitos y marina. Es la Nación y no
el Estado la que regida el comercio internacional. ¿ Qué más
natural, pues, que la Nación derive sus rentas para su sosteni-
miento principalmente del campo en el que trabaja, y de ese
modo surge su derecho moral para imponer á todos contribu-
ciones ? Es decir, teniendo por su campo de servicio la regu-
lación y protección de todo nuestro comercio internacional, el
Gobierno General naturalmente deriva sus impuestos de las
contribuciones aplicadas al comercio extranjero. Mas
nuestra Constitución prohibe aplicar derechos de exporta-
ción, no pudiendo, pues, imponerlos sino á las importaciones.
Por esta causa es que los Estados Unidos siempre han de-
rivado, derivan hoy y siempre derivarán, sus principales
rentas de las contribuciones impuestas á los géneros importa-
dos en el país. En la plataforma nacional del partido demo-
crático se encuentran estas frases : "Desde la fundación de
este gobierno las contribuciones recaudadas en las aduanas
han sido la principal fuente de las rentas de la Federación.
Del mismo modo tendrán que continuar." De lo que acabo
de decir se desprende que la cuestión tarifa no existe. ¿ Debe
haber ó no debe haber una tarifa para los artículos importa-
dos? Cuando se fundó el gobierno esta cuestión- fué arre-
glada para siempre, y arreglada de una manera afirmativa.
6 7
Para proveer á la común defensa y hacer todas las otras
cosas incidentales que nuestra Constitución autoriza y re-
quiere, el Gobierno General, para hacerlo, necesita gastar
cientos de millones de pesos anualmente. Como lo he de-
mostrado, ese dinero tiene que levantarse en su mayor parte
de los derechos de importación, no importa qué partido se
encuentre en el poder.
La cuestión tarifa, pues, no es entre el libre-cambio pro-
piamente dicho y la imposición de la tarifa. Es entre dos
métodos de imposición de la misma. La cuestión no es
"¿Deberá haber una tarifa sobre los géneros importados?"
sino "¿Cómo deberá imponerse esa tarifa?" La cuestión es,
"¿Se deberá imponer esa tarifa para producir rentas sola-
mente, ó se deberá imponer de modo que á la vez que pro-
duzca rentas, las necesarias, estimule y proteja las industrias
americanas?" Esa es la cuestión de las tarifas; todas las
otras son incidentales y secundarias.
Hon. Benjamín Harrison.
" Creo que el Sistema Proteccionista es un poderoso
instrumento para el desarrollo de nuestra riqueza
nacional, y un poderoso agente para la
protección de los hogares de
nuestros obreros."
Extracto del mensaje al Congreso por el Presidente Harrison, en
Diciembre 6 de 1892, é impreso en el Diario de Sesiones del
Congreso.
Creo que el sistema proteccionista, que hace algo más de
treinta años que prevalece en nuestra legislación, ha sido un
poderoso instrumento para el desarrollo de nuestra riqueza
nacional, y el más poderoso agente para la protección de los
hogares de nuestros obreros contra la invasión de la necesi-
dad.
El resultado de la reciente elección debe aceptarse como
la introducción de una nueva política. Debemos suponer
que la actual tarifa, formada sobre las bases de protección,
debe ser rechazada, y que hay que sustituirla con una ley
de tarifa formada expresamente con referencia á las rentas ;
que ningún derecho debe ser más elevado, porque el aumento
mantendrá abierto un molino americano, ó mantendrá alto el
salario del obrero americano, pero- que en todo caso, tal tipo
de derechos debe imponerse pues proporcionará al Tesoro
68
de los Estados Unidos los mayores resultados en las rentas.
Es de sentirse que este trabajo tenga que dilatarse por lo
menos tres meses, porque la amenaza de grandes cambios
en la tarifa introduce mucha incertidumbre, que resultará
en una inacción en los negocios y una disminución en la
producción, que no es fácil de estimarse á cuánto montará.
Aquellos que han abogado por una política proteccionista
pueden bien considerar sus desastrosas predicciones de un
cambio de política, como frustradas. Si un sistema de dere-
chos de Aduana puede formularse para poner en movimiento
las ruedas y los telares inactivos de Europa, y llenar nuestros
almacenes con géneros extranjeros, y al mismo tiempo man-
tenerse nuestros molinos ocupados, esto nos daría un aumen-
to de participación en los "mercados del mundo" de mayor
valor que nuestro mercado doméstico que abandonamos ; que
daría aumento de trabajo á los obreros extranjeros sobre
productos para ser consumidos por nuestro pueblo sin dis-
minuir el montante de trabajo aquí. . ., los autores y promo-
vedores de ese sistema tendrían derecho á las más altas
alabanzas. Tenemos en nuestra historia diversas experien-
cias de los efectos opuestos de una contribución y de una
tarifa proteccionista, pero esta generación no los ha sentido,
y las experiencias de una generación no son altamente ins-
tructivas para la siguiente. Los amigos del sistema pro-
teccionista, con la firme confianza en los principios que han
sostenido, deberán esperar los resultados del nuevo experi-
mento.
Grover Cleveland fué Elegido.
La bancarota se hizo epidémica.
Extracto de las observaciones del Hon. Charles B. Landis, de
Indiana, en el Diario de Sesiones del Congreso de Enero 27 de
1904.
En 1892 fué electo Grover Cleveland. Fué el mayor dis-
parate que cometió el partido democrático. Encontraron el
país gozando de una prosperidad doméstica sin igual. Se
comprometieron á acrecentarla. Los salarios se mantenían
altos ; y ellos prometieron elevarlos más. ¡ Trabajo ! No
había un solo hombre desocupado en los Estados Unidos
de América, á menos que no lo estuviese por su gusto, y
ya Uds. saben cuál fué el resultado. Apenas pasaron tres
meses cuando el hombre desocupado comenzó á vagar por
6 9
el país. La Bancarota se convirtió en epidemia. La hol-
ganza se convirtió en profesión y los festivales de duros
tiempos llegaron á ser funciones populares de sociedad.
Ustedes hicieron eso, Señores. Ustedes ocasionaron esa
condición en los asuntos. Ustedes, los profetas, los pro-
metedores, los que todo lo ofrecían. Ustedes amontonaron
en los desvíos de los ferrocarriles de este país los carros
vacíos. Colocaron Ustedes tan bajo el precio del maíz, que
se utilizaba como combustible. El labrador alimentaba los
puercos con trigo que valía 30 centavos ; no valía la pena con-
servarlos durante el invierno, y las ovejas temblaban y mo-
rían en el campo, porque no valía la pena darles abrigo, y
hasta cientos de hombres se encontraban vagando por el
país en busca de trabajo.
A la terminación de cuatro anos todo el mundo en los
Estados Unidos confesaba que todo marchaba mal, y que era
simplemente cuestión de adoptar una mejor política para
traer de nuevo al país donde estaba cuando Benjamín Harri-
son era Presidente de los Estados Unidos.
El Comercio Libre Americano Resultaría en
Provecho de los " Trusts " j en Perjuicio
del Trabajador Americano.
Extracto de las observaciones hechas por el Hon. E. L. Hamilton,
de Michigan, del Archivo Diario del Congreso, Abril 14 de 1904.
La suspensión de la Tarifa no es el remedio contra los
" Trusts."
Pero los Señores insisten en que los trusts se nutren de la
política proteccionista, y que el medio de hacerlos desapare-
cer es suspendiendo la tarifa.
No es cierto que los trusts se nutren de la protección,
excepto en el sentido de que la protección origine buenos
tiempos, y cuando los tiempos son buenos, son en provecho
de todos. Si es verdad que cuando los tiempos son buenos
son buenos para todos, lo contrario debe ser verdad tam-
bién, es decir, que cuando son malos, deben ser malos para
todo el mundo, y si para disciplinar los trusts es necesario
preparar malos tiempos para todo el mundo, no tiene nada
de improbable que., los que se encuentren en condiciones de
menos poderlos soportar, sufrirían más.
7°
Prescindiendo del hecho de que los trusts están organi-
zados bajo la protección del comercio libre inglés, del mismo
modo que la protección americana, alemana y austríaca
es susceptible de absoluta demostración que la protección
americana resultaría en provecho de los trusts y en perjuicio
del trabajador americano.
Según el duodécimo Censo, aparece que de los productos
manufacturados en los Estados Unidos, únicamente 12.8 poi
ciento del total está hecho por los trusts; que solamente 8.13
por ciento de los artículos de alimentación está en manos
de los trusts y que 7.5 por ciento del trabajo que exigen las
fábricas está en ejercicio para los trusts, siendo la palabra
trusts como se emplea aquí — para significar todas las cor-
poraciones organizadas en los últimos años.
Desde que se formó el último Censo, aparece, sin embargo,
que la capitalización de combinaciones que predominaron en
el año 1 90 1 está decayendo rápidamente.
Si es verdad, pues, que únicamente el 12.8 por ciento del
producto manufacturado en los Estados Unidos es debido
al trusts, resulta que el 87.2 por ciento ha sido el resultado de
industrias rivales independientes.
Y si fuese verdad que solamente 7.5 por ciento del trabajo
empleado en las industrias manufactureras es utilizado por
los trusts, entonces el 92.5 por ciento restante de trabajo
empleado en manufacturas corresponde á las industrias in-
dependientes. (Aplausos en los bancos republicanos.)
Por tanto, si se libra de derechos al 12.8 por ciento de los
productos fabricados por los trusts, se libra asimismo de
ellos al 87.2 por ciento de los correspondientes á las indus-
trias rivales independientes, que emplean 92.5 por ciento de
los brazos que se consagran á las industrias fabriles de los
Estados Unidos ; y puesto que el de menos recursos probable-
mente será el que primeramente se arruinará, entonces los
trusts, que se verán beneficiados con la importación libre de
la materia prima, continuarán, y no solamente dictarán con-
diciones al trabajador que se encontraría entonces buscando
empleo en un mercado donde el trabajo abundaba, sino que
dictarían condiciones al consumidor, siempre que aun ellos
mismos pudiesen sobrevivir á la competencia que les harían
los trusts europeos.
Esto sería al menos una solución momentánea, entre el
capital y el trabajo, pero vendría á ser lo mismo que cons-
tituir un desierto y en el que reinaba la paz.
7i
La protección, lógicamente considerada, sería limitar la
acción de los trusts.
Detrás de ello, los productores independientes, con capi-
tales acumulados sobre una base sana, compitiendo con las
fuertes combinaciones con un capital superabundante, de-
bieran tener su participación, en el natural orden de las
cosas, del mercado doméstico que consume 90 por ciento de
nuestro producto, el cual está constantemente aumentando
por la prosperidad del trabajo americano.
¿ Por qué, pues, cederlo ?
Al considerarse la cuestión tarifa, no debe echarse en
olvido que las naciones de Europa, con excepción de la Gran
Bretaña, que está hoy considerando la conveniencia de aban-
donar el comercio libre, protegen sus propios mercados de la
invasión extranjera.
No solamente esto, sino que cuanto más avanzan comer-
cialmente las naciones de Europa, más sus industrias se coali-
gan, y en Alemania y en Austria las Cortes sancionan y los
Gobiernos apoyan los trusts.
No solamente esto, sino que las naciones de Europa se
coaligan entre ellas para resistir la invasión comercial ameri-
cana, mientras que en Inglaterra, Mr. Balfour y Mr. Cham-
berlain, aunque difiriendo con respecto á la conveniencia de
la protección en Inglaterra, convienen en abogar por la
unión del comercio colonial.
Detrás de la protección podemos regularizar los trusts
americanos á medida que el tiempo adelanta — y hemos dado
un gran paso en este sentido por la decisión en el caso de las
Compañías de Seguridad del Norte — pero no podemos regu-
larizar los trusts internacionales con sus oficinas principales
al otro lado de los mares. Ayudados por el libre tráfico,
ellos serían los que nos dictarían leyes.
Retiremos la protección, é inmediatamente empezaríamos
á dividir nuestro mercado doméstico con los productores
extranjeros, pagando más bajos salarios que los que pagamos
hoy aquí, y por cuyo motivo nuestros salarios forzosamente
descenderían, y el estímulo ó iniciativa del pueblo americano
se debilitaría.
7 2
Reciprocidad Republicana.
Extracto de las observaciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio,
en el Diario de Sesiones del Congreso, el 9 de Abril de 1904.
"¡Germina reciprocidad!" ¿Qué es eso? Yo les diré lo
que nosotros, los de este lado, llamamos genuina reciproci-
dad. Se lo diré á Ustedes en mi propio lenguaje, y lo diré
en' el lenguaje de William McKinley, el gran campeón del
proteccionismo en este país. La reciprocidad republicana
es el arreglo de las escalas de la tarifa con relación á los
productos de nuestro país y los países con los cuales hacemos
tratados, de modo que los productos de países extranjeros,
aquellos que no producimos, entran en este país á un bajo
tipo de la tarifa, si se les ha impuesto derecho, para de este
modo compensar al país extranjero que nos da ventajas
especiales en su legislación aduanera para los productos de
nuestro país. Esa es la reciprocidad republicana, y basada
sobre una substancial adherencia á estos principios, que es
hasta donde yo estoy dispuesto á ir.
Mr. Clark: ¿Y dónde Mr. McKinley alguna vez usó ese
lenguaje?
Mr. Grosvenor : Lo usó en su discurso que pronunció en
la Exposición de Búffalo. Ningún hombre ha sido jamás
más mal conceptuado. Después de haber atacado la posición
de Mr. McKinley sobre la cuestión de la tarifa, mientras él
vivió, el partido democrático en su marcha usual, se ampara-
ron de él y torturaron su lenguaje y mutilaron su discurso,
para demostrar que estaba á favor de la reducción de los
derechos en el bilí de Dingley. Envió un mensaje sobre la
tarifa al Congreso. ¿ Dijo él alguna vez algo, ó pensó algu-
na vez en tal semejante cosa? Al contrario, permaneció
siempre fijo sobre la proposición de que nunca, nunca con-
sentiría en la reducción de la tarifa sobre artículos de nuestra
producción, que pudiera hacer peligrar el mercado doméstico
con la introducción de artículos de un país extranjero, y es
donde justamente el partido republicano se mantiene hoy.
El Presidente McKinley dijo en su discurso de Búffalo tan
á menudo citado :
"El aislamiento no es posible por más tiempo, ó deseable."
Esa es la pura verdad, y ciertamente no estamos por más
tiempo aislados como lo demuestran los tremendos progresos
73
que estamos haciendo en el comercio universal. Además
volvió á decir :
"Lo que producimos más allá de nuestro consumo domés-
tico debe tener salida al exterior. El exceso debe ser aliviado
por medio de una salida al extranjero, y debemos vender
en todas partes que podamos, y comprar en cualquier parte
en que la compra acreciente nuestras ventas y producción,
y por ese medio causar mayor demanda para el trabajo
doméstico."
Esa es la prueba verdadera, en comprar donde la compra
y legislar donde la legislación no reduzca el valor de nuestro
trabajo doméstico y la solicitud para ese mismo trabajo por
injusta competencia del exterior. En seguida dijo :
"El período del exclusivismo ha pasado."
Fijémonos en nuestro comercio exterior y veamos si él no
tenía razón.
"La expansión de nuestro comercio es el problema ur-
gente."
Esa es la verdad, tanto mejor para nosotros cuanto más
expansión le demos.
"Las guerras comerciales no son provechosas. Una po-
lítica de buena voluntad y relaciones de amistad comerciales,
evitarán las represalias. Los tratados de reciprocidad están
en armonía con el espíritu de los tiempos; las medidas de
represalias no lo están."
Ahora viene el lenguaje sobre el cual nuestros amigos
demócratas han tropezado y caído tan á menudo :
"Si por casualidad algunas de nuestras tarifas no se
necesitan por más tiempo para contribuciones, ó para es-
timular y proteger nuestras industrias ¿por qué no deberían
emplearse para extender y promover nuestros mercados en
el exterior?"
Hé aquí todo el punto. "Si algunas de nuestras tarifas
no se necesitan para contribuciones ó estimular y proteger
nuestras industrias domésticas," entonces ¿por qué no de-
berían usarse como materia de reciprocidad? Así dijo Wil-
liam McKinley. Así digo yo. Así dicen todos los repu-
blicanos que yo conozco.
Después dijo que nosotros tenemos un servicio de vapores
insuficiente, y habló fuertemente en favor de una legislación
para fomentar la marina mercante. Se expresó así:
"Debemos fomentar nuestra marina mercante. Debemos
tener más buques. Debe flotar sobre ellos la bandera ameri-
74
cana. Deben ser construidos y tripulados por americanos
y ser propiedad de los mismos. Esto no solamente será de
utilidad en el sentido comercial, sino que serán mensajeros
de paz y amistad donde quiera que vayan."
Y sin embargo, desde la apertura de este Congreso ninguna
oportunidad dejaron pasar que no fuese aprovechada por
algún demócrata para denunciar toda medida posible, todo
plan posible, tendiendo en el más mínimo grado á la cons-
trucción de la marina mercante americana. Hé aquí una
breve cita, que es todo el espíritu, á la luz de una recta in-
terpretación, del discurso de Mr. McKinley en BúfTalo :
"Debemos tomar de nuestros parroquianos aquellos de
sus artículos que podamos usar sin causar daño á nuestras
industrias y á nuestro trabajo."
Así decimos todos nosotros. Cuando estemos preparados
para la revisión de la tarifa ó reducción de los derechos,
no enviaremos por el caballero de Missouri, sino que se-
guiremos adelante y la haremos nosotros mismos, sin ninguna
indicación de él ó de cualquiera otro opuesto á nuestras
opiniones sobre la tarifa y que favorece el libre-cambio ó la
tarifa de contribuciones.
¿ Es la Tarifa un Robo ?
Extracto de las observaciones hechas por el Hon. J. P. Jones, de
Nevada, en el Senado de los Estados Unidos, en Septiembre de
1890, y publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso.
Los libre-cambistas y los reformadores de las rentas
aseguran que la tarifa es un "robo." ¿ Puede ser un robo el
asegurar al pueblo de este país la oportunidad de proveer á
sus necesidades nacionales por medio de las manos de nues-
tros, mismos compatriotas? Esto es todo lo que la tarifa
más alta que pueda concebirse puede lograr.
En épocas de un conflicto armado se les exige á nuestros
ciudadanos abandonar sus hogares y familias para tomar las
armas, y con riesgo de su vida defender el país contra una
invasión armada. ¿Por qué no debe el país en tiempos de
paz proteger el trabajo de esos hombres de una invasión
industrial no menos destructiva?
Si la tarifa fuese un robo debe tomarse en cuenta, lo
primero, que todas las clases del pueblo, el robado como el
que roba, están mejor alimentados, mejor vestidos y abriga-
dos en mejor techo que el pueblo de cualquier otro país del
75
mundo. Esta es la prueba decisiva de las economías polí-
ticas.
Es innegable que la más perfecta conveniencia de las ocu-
paciones para las varias aptitudes de todos los miembros de
la comunidad se producirá ejerciéndose la mayor variedad
de industrias.
¿ No es entonces el deber de un país mantener aquella
política industrial que asegure la mayor extensión, así como
la mayor variedad de producción, dejando á la natural
competencia entre individuos la función de evitar beneficios
indebidos de la parte de cualquiera de ellos? Hay en este
país 23,000,000 de trabajadores en activo servicio. Entre
este gran número de los que están dedicados á los mismos
negocios, debe confiarse la competencia y la contienda para
a justar los precios, de modo que ninguno pueda hacer mayor
beneficio que el beneficio equitativo de la comunidad.
Mas veamos si hay algún robo que efectúe una tarifa.
Con respecto á tal porción del dinero recaudado, que se
paga al Gobierno, éste entra en el tesoro público y ayuda á
sufragar los gastos de la nación, y no puede esa porción
considerarse un robo cuanto que el pueblo participa de sus
beneficios.
Difícil se haría asegurar que al manufacturero extranjero
se le roba, al exigirle nosotros que deposite una suma en
nuestro tesoro en concepto de una recompensa, por el privi-
legio de vender sus mercancías en este país.
El "robo," por tanto, debe consistir en la diferencia entre
un precio razonable y el precio ahora cargado por el manu-
facturero. Si tal diferencia existe, debe constituir un mar-
gen tan amplio de modo á llegar á ser un fuerte incentivo
para el pueblo de cualquiera sección que se queje de que se
le roba por ello, para organizar por ellos mismos estableci-
mientos de competencia, y así protegerse enteramente contra
la exacción del expoliador. La tarifa los protege contra el
extranjero, y todo lo que se necesita para protegerlos contra
el ladrón del país, corresponde á ellos mismos hacer el tra-
bajo, producir el artículo. ¿Por qué no lo producen? Si
no tienen la habilidad, pueden emplearla. Hay amplia capa-
cidad en este país pronta á ir donde quiera que se ofrezca
estímulo suficiente.
Ejerciéndose la ley imparcial y equitativamente en todas
las secciones de la Unión, el pueblo de cualquiera sección que
se queja de que se le roba, rehusando ó descuidando, sin em-
7 6
bargo, el erigir establecimientos para la fabricación del arti-
culo por medio del cual se efectúa el robo, confiesa, por tal
rehusación ó negligencia, que á pesar de sus quejas obtienen
el artículo por menos de lo que ellos están dispuestos á pro-
ducirlo para ellos mismos. Si por la adopción de funestas
políticas los manufactureros domésticos se viesen obligados
á abandonar sus negocios, entonces, tanto ellos, como los que
se quejan ahora del robo, se encontrarían igualmente desam-
parados contra las exigencias del fabricante extranjero,
quien perteneciéndole todo el campo, continuarían, y á su
gusto, se engrandecerían sobre el "robo." Si el "robo" no es
suficiente para inducir la competencia de la parte de los que
se quejan, que sufren por su causa, no puede ser muy grande,
no puede existir del todo sino en la imaginación de los que
creen que las exigencias de un partido político deben consul-
tarse más que los intereses del país.
Bajo una ruda competencia en todas las industrias ¿cómo
puede robársele á nadie?
A fin de que podamos llegar á la creencia de la posibilidad
del robo por nuestros fabricantes, pasemos á indagar lo que
se relaciona con el carácter de la competencia que existe.
Como los números del censo de este año no pueden utili-
zarse todavía, los números de que podemos servirnos supo-
nen una población, no de 65,000,000, sino de 50,000,000. No
dudo que sea un 40 por ciento mayor ahora que en 1880, pero
los consideraré tal como entonces aparecen.
Según el censo de 1880 había 17,000 manufacturas de cal-
zado en los Estados Unidos. ¿ Tiene alguien, pues, un mono-
polio en la fabricación de calzado? Con la ruda compe-
tencia mantenida por casi 18,000 establecimientos ¿es pro-
bable que á los compradores de calzado se les pueda robar?
Es probable que el número de establecimientos sea ahora de
25,000, v ninguno de ellos, si mantienen negocio y lo con-
servan, pueden cargar más por el calzado que lo que cargan
sus competidores.
El censo de 1880 demuestra también* que teníamos 3,841
fábricas de wagones y carruajes. ¿ No es este número bas-
tante para garantizar al comprador de carruajes y wagones
amplia protección contra el exceso de precio, contra el
"robo?""
Teníamos 1,943 fábricas de instrumentos de agricultura,
siendo un término medio de cincuenta fábricas por cada
Estado de la Unión. ¿Es del todo probable que con una
77
activa competencia de negocios entre tantos establecimientos,
ninguno de ellos pudiese por ningún tiempo lograr el robar á
sus parroquianos?
Existían 1,005 fábricas de tejidos de algodón, haciendo
funcionar 230,223 telares y 10,921,147 husos. ¿No es este
número bastante para mantener suficiente competencia en la
fabricación de géneros de algodón ?
Contábamos con 4,958 talleres de maquinaria. ¿No es
este número bastante para sostener una buena competencia
en la producción y precio de la maquinaria ?
Había 6,008 fábricas de muebles y tapicería, y seguramente
este número de competidores haría imposible para cualquiera
de estas fábricas hacer más de un beneficio moderado en la
fabricación de muebles.
Se contaban 1,005 establecimientos para la fabricación de
hierro y acero. Considerando la actividad de la competencia
en este ramo de negocios y la gran suma de capital empleado
(el que ascendía en 1880 á $230,000,000), demuestra por los
esfuerzos de cada establecimiento para conseguir negocios,
haciendo frente á sus competidores, que los beneficios del
negocio deben mantenerse á un tipo normal y al alcance gene-
ral de los beneficios en todo el país.
Cuando la competencia es libre entre una población tan
vasta como la nuestra, no puede haber robo en la tarifa, no
importa lo elevada que sea.
Variedad de Industrias Necesarias para la
Defensa Nacional.
Extracto de las observaciones hechas por el Hon. J. P. Jones, de
Nevada, en el Senado de los Estados Unidos, en Septiembre 10
de 1890, é impresas en el Diario de Sesiones del Congreso.
En un siglo fecundo en inventivas, ¿cómo debe proveerse
á la "defensa común ?" ¿deberemos acumular enorme provi-
sión de cañones y pertrechos militares, de las clases mejor
aceptadas? dentro de pocos años serían de ningún valor.
¿Deberemos construir grandes flotas de buques blindados
que los cañones de hoy en día no pudiesen penetrarlos ? Su
blindaje sería para los cañones del futuro á semejanza de
una hoja de papel de estaño. Y si compramos cañones y
buques del modelo más reciente, ¿cuántos deberemos tener?
¿Por cuánto tiempo para una guerra y cuan grande podrá
ser que debamos prepararnos?
7»
Es evidente que el más poderoso de todos los medios para
promover la común defensa es el desarrollo y mantenimiento
de las más alta y más variada habilidad mecánica é inven-
tiva entre nuestro pueblo. Si tuviésemos suficiente número
de armamentos de los últimos modelos con que armar todos
los hombres hábiles en los Estados' Unidos, estos armamen-
tos, faltándonos trabajadores expertos y grandes fábricas,
constantemente trabajando, serían comparativamente de nin-
gún valor en corto tiempo. Mientras que este país podría
poseer el artículo, otros países poseerían el arte. Poseerían
no solamente grandes é indispensables plantas sino además
el obrero experto é ingenioso, que cuando la ocasión se pre-
sentase, como nuestra misma experiencia lo ha demostrado,
inventaría nuevas armas de destrucción poderosas, sobrepu-
jando infinitamente á las viejas.
La posesión de hábiles obreros que puedan hacer cañones
es de mayor consecuencia que ia posesión de los mismos ca-
ñones.
Pero aparte de la fabricación de armas, ¿ qué instrumentos
más efectivos puede tener una nación para proveer á la
"común defensa" que ciudadanos que puedan fabricar hierro
para edificios, erigir puentes, construir máquinas de vapor,
y edificar buques de todas clases, incluyendo buques blinda-
dos de los tipos más altos, y no solamente quienes puedan
construir todo esto, sino que puedan inventar nuevos y me-
jorados modelos en cada uno de los departamentos?
Y si los fabricantes de hierro son necesarios para la "co-
mún defensa," ¿por qué no de la misma manera los tejedores
de telas, los fabricantes de pieles, los de cobre y bronce, los de
acero y lata, y todos los que se dedican á los otros materiales
de arte é industria ?
Cuanto más grande es la nación, más indispensable tales
artesanos son para su seguridad y defensa. No pueden ob-
tenerse en gran número sin la existencia de extensos estable-
cimientos manufactureros, y aun habiendo estos, no pueden
contar con trabajo constante — indispensable requisito pre-
vio de habilidad y por consiguiente de invención — sin el
estímulo y apoyo material que dimanan del abastecimiento
de todas las necesidades de su propio país. Los trabajadores
del país tienen derecho á la seguridad de este apoyo. Con
esta seguridad y este apoyo, no nos faltarán artesanos há-
biles sobre quienes, en estos días, absolutamente tanto como
sobre los soldados en el campo, depende la existencia de las
79
naciones. Esta seguridad y apoyo no puede extenderse sino
por la permanente adopción de la política de protección.
Creciente Importancia de la Mecánica como
un Factor en la Guerra.
A medida que el tiempo pasa, llegará á ser de mayor im-
portancia el obrero en su taller que el soldado en el campo de
batalla. A medida que los inventos se desarrollen, dependerá
menos y menos el éxito de la guerra en el hombre que lleva
el arma ; y más y más en el arma misma, como de igual ma-
nera en el que la inventa y construye. Hubo un tiempo en
que la guerra consistía en el manejo de mazas, dependiendo
totalmente el éxito en la energía física desplegada en el uso
de ellas. Pero "los tiempos cambian y con ellos los hom-
bres." La fuerza del brazo se ha transferido á los dedos, y
la bala sobrepuja á la maza. Lá fuerza se ha movido del
campo á la factoría ; del músculo solo al músculo y á la inte-
ligencia combinados. Los ejércitos que no tienen mecáni-
cos á sus espaldas, que no disponen de los últimos productos
del cerebro ingeniador y de la incansable mano del activo y
ambicioso mecánico, pueden lucir muy bien en el papel y en
uniforme de parada, pero no ganarán batallas.
Para que podamos, pues, tener y mantener constantemente
en el más alto grado de instrucción eficaz un cuerpo nume-
roso de hombres peritos en las artes mecánicas, debemos es-
timular el crecimiento y desarrollo de plantas extensas, no
con un solo objeto ó en un solo departamento, no tampoco
en una sola sección simplemente de la Unión, sino en todas
direcciones y departamentos de las artes, y en todas las sec-
ciones de nuestra patria común. Tales empresas no son
ofrecimientos espontáneos de la naturaleza ; pues ellos no
crecerán mientras dormimos, ni vendrán con esperarlos. Ni
tampoco, cuando no se les espere, podían obtenerse por obra
del Congreso,
Una gran planta manufacturera no es un artículo ya pre-
parado, que á semejanza de una propiedad puede obtenerse
al instante, gastándose el dinero suficiente. Una gran orga-
nización mecánica es el crecimiento, desarrollo y resultado
de la evolución. En todas los nuevos campos de la indus-
tria y mayormente en los antiguos, se encuentra su naci-
miento en el taller de la sola máquina, á la cual, á medida
8o
que los negocios aumentan, se agrega una segunda y una
tercera. Así como el hombre llega á la edad madura por el
natural crecimiento de cada día que se agrega, así el taller
crece de las más pequeñas proporciones á las más grandes,
por períodos casi imperceptibles. Pero así como los hombres
con pensarlo no les es dable añadir un pie á su estatura,
tampoco pueden con la resolución efectuar inmediatamente
lo que el tiempo solo y la inteligente aplicación de medios
para los fines pueden alcanzar.
Aun suponiendo que las grandes plantas pudiesen, en un
caso imprevisto, obtenerse en el exterior, nos encontraría-
mos sin el obrero experimentado para utilizarlas y sin el
talento para organizar y dirigir el trabajo con inteligencia.
Nuestras Leyes no Deberán Conceder Ventajas
en Ningún Caso en Nuestro Mercado á
las Industrias Extranjeras.
Extracto de las observaciones hechas por el Hon. John F. Lacey,
de Iowa, del Diario de Sesiones del Congreso, en Enero 25 de
1904.
Deseo dejar aquí esta referencia, pues alguna controversia
parece existir con respecto á la opinión del Presidente sobre
la revisión de la tarifa, para insertar un extracto del discurso
pronunciado por él en Abril 4 del pasado año en Minneápolis.
Extracto del discurso del Presidente Roosevelt.
Estamos en un estado de prosperidad sin paralelo, no sim-
plemente en nuestra historia, sino en la historia de cualquiera
otra nación. Esta prosperidad está bien arraigada y perma-
nece sobre base firme, debido al hecho de que la mayoría del
ciudadano americano tiene dentro del mismo la materia de
que se obtienen las victorias en las grandes contiendas in-
dustriales del presente, y puede ahora usar y desarrollar sus
cualidades del mejor modo, bajo nuestro bien establecido
sistema económico.
Estamos ganando delantera entre las naciones del mundo,
porque nuestro pueblo es capaz de mantener su alto término
medio de ciudadanía individual, y demostrar su destreza en
la vida ruda, compleja y propuisiva del siglo. Podrá haber
fluctuaciones, de vez en cuando, en nuestra prosperidad, pero
continuará creciendo mientras conservemos este alto térmi-
8i
no medio de ciudadanía individual y le permitamos resolver
su propia salvación bajo una verdadera legislación econó-
mica. La fenomenal prosperidad de hoy día ha sido ganada
bajo una tarifa que fué hecha de acuerdo con ciertos prin-
cipios fijos y definidos, siendo el más importante de ellos
una declarada determinación de proteger los intereses del
productor americano, asi como también los del hombre de
negocios, del obrero asalariado y del labrador.
Con respecto á cambios en detalles de nuestra politica en la
tarifa, creo que este país está irrevocablemente comprometi-
do, estando basada fundadamente sobre un amplio reconoci-
miento de la diferencia entre el costo de producción — esto
es, el costo del trabajo — aquí y en el exterior y de la nece-
sidad de velar porque nuestras leyes no concedan en ningún
caso ventajas en nuestro mercado á las industrias extran-
jeras sobre las americanas, al capital extranjero sobre el
americano, al trabajo extranjero sobre nuestro propio tra-
bajo.
Necesita alto tipo de trabajo.
Este país tiene y necesita trabajadores mejor pagados,
mejor educados, mejor alimentados y mejor vestidos, de más
altas condiciones que los que puedan encontrarse en cual-
quier país extranjero. Tiene y necesita que los que labren
la tierra sean más vigorosos y más prósperos que los que
pueda poseer cualquiera otro país. Que los hombres de
negocios, los comerciantes y manufactureros, los directores
de transportes, demuestren la misma superioridad cuando se
les compare con hombres de sus mismas condiciones en el
extranjero.
Los acontecimientos de estos últimos años han demostrado
cuánta habilidad los directores de la industria americana
usan en la competencia de negocios internacionales, en las
poderosas armas industriales forjadas por ellos mismos con
los recursos de nuestro país, la sabiduría de nuestras leyes,
el genio inventivo y sagaz, así como la capacidad adminis-
trativa de nuestro pueblo.
Es naturalmente una simple verdad el decir que necesita-
mos emplear todo lo que está á nuestro alcance para conser-
var el bienestar de nuestro entero cuerpo político. En otras
palabras, necesitamos tratar de la tarifa como una proposi-
ción de negocio, desde el punto de vista de los intereses del
país en general, y no con referencia á las necesidades tempo-
82
rales de cualquier partido político. Casi es tan necesario que
nuestra política sea estable como que deba ser sabia.
Cambio de la Tarifa.
Una nación como la nuestra no podría soportar por largo
tiempo la ruinosa política de ajustar de nuevo sus negocios
á los cambios radicales de la tarifa en cortos intervalos, es-
pecialmente cuando, como ahora, debido á la inmensa exten-
sión y variedad de nuestros productos, las escalas de la tarifa
comprenden diferentes tipos de derechos en miles de artí-
culos también diferentes.
Cambios violentos y radicales en una tarifa tal, rozándose
tan vitalmente con los intereses de todos nosotros, abrazan-
do la agricultura, el trabajo, la manufactura y el comercio,
serían desastrosos en todos conceptos y serían fatales para
nuestro presente bienestar si se aproximasen á la teoría de
que el principio de la política proteccionista debería ser aban-
donada.
El mundo de los negocios — es decir, el mundo americano
todo — no podría, si tiene alguna consideración á su propio
bienestar, ni aun considerar la conveniencia de abandonar el
actual sistema.
Sin embargo, donde las condiciones industriales tan fre-
cuentemente cambian, como con nosotros puede de necesidad
llegar el caso, es objeto de primordial importancia que pu-
diésemos de cuando en cuando adaptar nuestra política á los
cambios de condiciones.
Nuestro objeto debe ser, conservar la política de una tarifa
proteccionista en la cual la nación en general ha asentido, y
no obstante en donde quiera y cualquier tiempo que fuere
necesario cambiar los derechos, en particular párrafos y es-
calas como materias de detalle legislativo, si tal cambio es
exigido por los intereses de la nación en general.
Al hacer nuevos arreglos hay ciertas consideraciones im-
portantes que no pueden desatenderse. Si una ley de tarifa
ha resultado satisfactoria y los negocios han prosperado y
prosperan con ella, sería quizás preferible soportar algunas
inconveniencias y desigualdades por algún tiempo, que no
exponerse al hacer cambios, causar trastornos, y quizás la
paralización en las industrias y negocios del país.
«3
Los " Trusts."
Un punto que debemos siempre conservar en la mente
La cuestión de la revisión de la tarifa, hablando en términos
generales, se mantiene completamente separada de la cues-
tión referente á los trusts. Ningún cambio en los derechos
de la tarifa puede tener un efecto substancial en resolver el
llamado problema de los trusts.
Ciertos grandes trusts, ó corporaciones, no han sido de
ningún modo afectadas por la tarifa ; prácticamente todas las
otras de alguna importancia tienen, como es natural, un nú-
mero de competidores americanos, y por supuesto un cambio
en la tarifa que causaría perjuicio á las grandes corpora-
ciones, causaría no solamente perjuicio, pero destruiría los
pequeños competidores, y tal cambio significaría igualmente
un desastre para los que ganan un salario y que estuviesen
en conexión tanto con las grandes como con las pequeñas
corporaciones.
Podemos Llenar los Mercados del Mundo con
Nuestros Productos Conservando el
Precio de Nuestros Salarios.
Extracto de las declaraciones del Hon. M. A. Hanna, en Chillicothe,
Ohio, el 19 de Septiembre de 1903, publicadas en el Diario de
Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904, como parte de las de-
claraciones del Hon. M. E. Olmsted, de Pennsylvania.
Había llegado la hora, y con ella el derecho y el deber de
nuestro ilustre y querido William McKinley, de marchar ade-
lante con la confianza del pueblo que lo seguía, y de tomar las
riendas del gobierno á su debido tiempo, no sólo por su vida
ejemplar, no sólo como resultado de los principios que lo
guiaron en su existencia, sino principalmente porque durante
su vida pública se conservó siempre amigo de los obreros y les
enseñó los principios que llenan sus mentes y sus corazones
de gratitud y confianza, hasta el punto de seguirlo como lo
siguieron en 1896 y 1900.
Aquellos principios viven todavía, aunque él nos haya
abandonado para siempre. (Aplausos.) Pero dejó tras sí un
recuerdo que todo hombre de Ohio debe conservar como
una herencia suya. Dejó tras sí un ejemplo para estas
clases á quienes habló, y si él pudiera hablar hoy diría á
8 4
todos los hombres del Estado de Ohio que trabajan con sus
manos : "Recordad todo lo que habéis pasado en los años
transcurridos ; recordad cómo, paso á paso, aprendisteis
aquellas lecciones que han traído prosperidad y dicha á
vuestros hogares, y, al recordarlo, recordad al partido y á
los directores de su política, que han sido vuestros amigos en
el pasado y están hoy donde estuvieron en 1896. (Grandes
aplausos.)
El único peligro que puede venir al pueblo de este país
está en sus propios actos, en su propia voluntad, en el poder
que tiene de cambiar esa política que nos ha hecho lo que
somos hoy.
Si fuese posible que los herederos de Tom Johnson y sus
partidarios pudieran hacer alguna impresión sobre el pueblo
hasta cambiar sus condiciones políticas actuales, voy á de-
ciros lo que sucedería. Los hombres que manejan estas
grandes industrias, los hombres cuyo poder y dinero mueven
todo este enorme comercio, los hombres que están unidos á
ellos como socios, juntos con los hombres que trabajan con sus
manos en este gran movimiento de negocios, serían los pri-
meros en advertir el cambio si fuese inminente, y procede-
rían según la hipótesis de que es mejor esperar y saber la
verdad que sospecharla y especular con ella.
El resultado sería, yo os lo aseguro, que si una sola nube
viniese á cubrir el cielo comercial de este país que teme cual-
quier cambio de política distinta de la que ha tenido en estos
últimos seis ó siete años ; si ese cambio ocurriera, las ruedas
de la industria se detendrían, y sobrevendría una política
de expectación — expectación por saber qué resultado daría,
expectación por saber si el pueblo americano se había cansado
de la política que le había traído riqueza y prosperidad.
No hay una razón para que no tengamos largos y continuos
períodos de prosperidad en este país, porque nuestros recur-
sos naturales son mayores que los de ningún otro pueblo del
mundo. Este gran pueblo cosmopolita ha demostrado más
habilidad, industrial, comercial y políticamente hablando, que
ninguna otra nación de la tierra. (Grandes aplausos.)
Hemos llegado á esa posición por nuestro propio mérito,
y ese mérito está demostrado con el hecho de que bajo aque-
llas influencias y durante los tiempos de paz, hemos hecho
tan rápidos progresos industriales que podemos llenar los
mercados del mundo con nuestros productos conservando el
precio de nuestros salarios. (Grandes aplausos.) No; en
«5
tanto que vuestros intereses estén de acuerdo con los intere-
ses de la nación, lo repito, la cuestión no ha cambiado, los
principios no han cambiado, los resultados no han cambiado,
y estáis aquí hoy exactamente donde estuvisteis hace años,
cuando, bajo la jefatura del hombre ilustre que confiaba en
la política proteccionista, lo seguísteis á las urnas, y un año
tras otro disteis vuestro veredicto en pro de una política que
ha sido siempre la política de las clases trabajadoras de este
Estado y de esta Nación.
Voy á dar un aviso no solamente á mis amigos los republi-
canos, sino á todos aquellos que posean un hogar propio. Si
las doctrinas socialistas defendidas por esa nueva clase de
demócratas llegasen por cualquier contingencia á ser ley, es
decir, si esa política, por cualquier contingencia, llegara á
establecerse, entonces Dios tenga piedad de nosotros. Si esa
doctrina socialista, anarquista ó populista llega á apoderarse
del pensamiento del pueblo de este ó de cualquiera otro Es-
tado, hasta dominar su razón y su juicio, arrastrándolo á
cometer lo que yo llamaría un acto de suicidio político, en-
tonces que Dios tenga piedad de nosotros. Porque todo lo
que hemos trabajado en el pasado, todo lo que hemos ganado
con nuestro esfuerzo y con nuestra inteligencia, todas las
batallas que hemos librado por la libertad del hombre, todos
los esfuerzos que hemos hecho para hacer de este país lo
que es, para crear un gobierno que pertenece al pueblo, todo,
absolutamente todo se habrá perdido si, para desgracia nues-
tra, prevalecieran esas funestas doctrinas. Es un serio pro-
blema que merece un estudio especial. Republicanos ó demó-
cratas, acostaos esta noche pensando en ello.
¿ Estará Dispuesto el Partido Republicano á
Abrir la Mano, Sabiendo que una Vez
Abierta, toda Esperanza está
Perdida ?
Extracto de un artículo del Hon. Thomas B. Reed, publicado en el
Diario de Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904.
Digámoslo en pocas palabras y en una forma práctica.
Tenemos una tarifa sabiamente redactada, que nos ha da-
do un excelente resultado. Esa tarifa tiene solamente cinco
años. Ella nos ha conducido al éxito más sorprendente. No
tiene relación con ninguna gran corporación, y sí sólo con
86
las pequeñas corporaciones y con los individuos. Ningún
ataque para abrogar la ley Dingley podría dañar á uno sin
dañarlos á todos.
Cualquier alteración en este sentido alteraría la situación
de una manera profunda. Una ley de tarifas no es el pro-
ducto de un solo cerebro. Es el resultado de un acuerdo
entre todos los intereses y todos los cerebros. Por eso cada
vez que un hombre ha discurrido una ley de tarifas, se ha
visto que esa ley no ha sido aprobada.
Hubo una vez un presidente de los Estados Unidos de
gran poder é influencia. Durante cuatro años no tuvo Con-
greso tras sí, y soñó en una reforma de la ley de tarifas que
fuese, obra suya exclusivamente. Más tarde tuvo un Con-
greso de su propio partido, y no se atrevió á enviar á él su
proyecto.
¿Estará el partido republicano dispuesto á abrir la mano,
sabiendo que una vez abierta toda esperanza está perdida ?
Los Obreros Americanos deben ser Protegidos
á Todo Trance.
Extracto de declaraciones hechas por el Presidente Roosevelt, pu-
blicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904.
Nuestra única mira sería seguir la política de una tarifa
proteccionista aceptada por toda la nación; pero en la que,
sin embargo, pudieran introducirse ciertos cambios, especial-
mente en algunos capítulos de materia legislativa, siempre
que esos cambios fuesen exigidos por los intereses de toda la
nación. (Minneápolis, Minn., 4 de Abril de 19x34.)
La política general de tarifas que, presciendo de ciertos
cambios de detalle, quisiera ver aceptada por toda la nación,
está fundamentalmente basada en un amplio conocimiento de
las diferencias que existen en el costo del trabajo aquí y en el
extranjero. En otras palabras, el conocimiento de las nece-
sidades intelectuales del obrero, de su confort, de su aspira-
ción á vivir una vida de progreso y cultura, y del genio in-
ventivo del trabajador americano comparado con el trabaja-
dor de cualquier otro país de la tierra. (Nueva York, 11 de
Noviembre de 1902.)
En todo caso, y cualesquiera que fueren las alteraciones
introducidas en las tarifas, el obrero americano debe ser pro-
tegido en sus salarios — esto es, en su género de vida — y
«7
deben asegurársele las mayores oportunidades de empleó.
(Loganspot, Ind., Septiembre de 1902.)
Una nación como la nuestra puede a justar sus negocios á
cualquier clase y forma de tarifas. Pero ni nuestra nación,
ni ninguna otra, puede resistir la ruinosa politica de someter
sus negocios á cambios radicales y frecuentes de sus tarifas.
(Logansport, Ind., 23 de Septiembre de 1902.)
Si una ley de tarifas da buen resultado, y los negocios
prosperan con ella, vale más aceptar sus pequeños errores y
deficiencias por algún tiempo que hacerle cambios radicales
que ocasionarían perturbaciones y acaso parálisis en las in-
dustrias y en todos los negocios del país. (Minneápolis,
Minn., 4 de Abril de 1903.)
Ninguno de los males relacionados con los trusts puede
remediarse por medio de cambios en las leyes de tarifas. Los
trusts pueden ser perjudicados privándolos de los beneficios
de una tarifa proteccionista, y ese perjuicio se extendería á
los pequeños competidores, y sobre todo, á los salarios de los
obreros empleados en las industrias. (Cincinnati, 20 de
Septiembre de 1902.)
Las tarifas afectan á los trusts lo mismo que afectan á los
demás intereses. Hacen que estos intereses sean más ó
menos productivos. Las tarifas deben aceptarse como un
sistema de política nacional. El principal requisito de nues-
tra prosperidad es la continuación y estabilidad de esta polí-
tica económica. Nada tan imprudente en los momentos ac-
tuales como llevar la perturbación á todos los negocios del
país con un cambio radical de sus tarifas. La duda, el temor,
la incertidumbre caerían sobre todos los negocios, compro-
metiendo seriamente nuestro bienestar moral y material. La
experiencia del pasado nos enseña que toda alteración más ó
menos radical de las tarifas ha traído consigo un estado de
cosas muy semejante al pánico en el mundo de los negocios.
Sin embargo, no sólo es posible, sino eminentemente desea-
ble, el combinar con la estabilidad de nuestro sistema econó-
mico un sistema suplementario de recíproco beneficio con las
demás naciones. Esa reciprocidad es un incidente, y resulta
de la firme estabilidad y conservación de nuestra actual
política económica. Fué especialmente indicada en la pre-
sente ley de tarifas.
La reciprocidad debe ser considerada como una consecuen-
cia del proteccionismo. Nuestro primer deber es ver ese
proteccionismo perfectamente garantizado por las tarifas, sin
88
perjuicio de hacer todas aquellas concesiones que no re-
dunden en menoscabo de nuestras industrias domésticas.
Pero ello habría de hacerse en muy determinados casos, re-
cordando siempre que toda aplicación de nuestra ley de
tarifas, de acuerdo con nuestras necesidades nacionales, debe
posponerse al hecho de que los impuestos no deben reducirse
nunca hasta el punto de que no cubran la diferencia entre el
costo del trabajo aqui y en el extranjero. El bienestar del
jornalero es la principal consideración de toda nuestra polí-
tica económica. (Mensaje anual al Congreso, primera Se-
sión.)
Fuertes .de corazón, vemos á través de los peligros el por-
venir que se abre á lo lejos, y nos sentimos alegres como el
luchador que se dispone al combate, y saltamos á la arena
donde las naciones luchan por la existencia, nuestros cora-
zones henchidos con la fe de que á nosotros y á nuestros hijos
y á los hijos de nuestros hijos nos será dado hacer de esta
República el más poderoso entre los pueblos de la tierra.
Ninguna nación ha prosperado como nosotros hemos pros-
perado, y debemos evitar que una ligereza nos haga perder
nuestra inmensa prosperidad.
Siempre que un americano realiza un acto que redunda en
prestigio de nuestra patria, podemos por ello andar con la
cabeza algo levantada, y siempre que alguno de nosotros co-
mete una falta, el descrédito cae más ó menos sobre todos.
Los " Trusts."
Revisión de las Tarifas. — El Presidente en Minneapolis.
Extracto de las declaraciones del Hon. John F. Lacey, de Iowa,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 25 de
1904.
Extracto de un discurso del Presidente Koosevelt.
Los " Trusts."
En vista de las discusiones que se sostienen acerca de la
opinión del Presidente sobre la revisión de las tarifas, paré-
cerne oportuno hacer un extracto del discurso pronunciado
por él en Minneapolis el 4 'de Abril último.
El extracto dice asi :
"No debéis olvidar una cosa. La cuestión de la revisión
de las tarifas, hablando en tesis general, debe tratarse sepa-
radamente de la cuestión de los trusts. Ningún cambio en
8 9
las tarifas podría tener substancial influencia en la solución
del llamado problema de los trusts.
Puede asegurarse que los grandes trusts, ó grandes cor-
poraciones, son completamente ágenos á las tarifas. Hablo
de un gran número de ellos ; porque los hay también que
tienen muchos pequeños competidores americanos, y por
consiguiente, un cambio en las tarifas perjudicaría á las
grandes corporaciones, y de seguro arruinaría á esos peque-
ños competidores. Del mismo modo el cambio significaría
un desastre para todos los obreros que dependen de esas
grandes ó pequeñas corporaciones. Desde el punto de vista
de la solución del problema de los trusts, semejante cambio
significaría también que algunos de ellos se verían libres de
la competencia de los pequeños concurrentes americanos, y
entrarían entonces en competencia con los concurrentes ex-
tranjeros, y el esfuerzo para vencerlos empezaría por la re-
baja de los salarios, resultando el obrero la primera y acaso
única víctima de ese estado de cosas.
En el caso de algunos de nuestros grandes trusts, el cam-
bio redundaría en un positivo beneficio para ellos. En gene-
ral el cambio de las tarifas afectaría á los trusts de la misma
manera que afectaría á todo el país, Las tarifas afectan á
los trusts como afectan á todos los demás intereses. Por
consiguiente, debemos estudiar un asunto de tan vital inte-
rés económico única y exclusivamente desde el punto de
vista de los intereses generales.
Hemos prosperado maravillosamente en casa. Como nación
marchamos al frente en la gigantesca lucha industrial que
sostienen hoy día todas las naciones del mundo. Por un
acto de insensatez injustificable no debemos exponernos á
perder la magnífica posición en que triunfalmente nos hemos
colocado.
Cambios en las Tarifas.
Una nación como la nuestra no podría soportar mucho
tiempo la ruinosa política de someter sus negocios á cambios
radicales y frecuentes de sus tarifas ; especialmente cuando,
como ahora, á causa de la inmensa extensión y variedad de
nuestros productos, esas tarifas abarcan un número extraor-
dinario de diferentes artículos.
Un cambio en las tarifas tan violento que afectase vital-
mente los intereses de todos nosotros, comprendiendo la agri-
cultura, el trabajo, las manufacturas y el comercio, sería tan
9 o
desastrosa que destruiría por completo nuestro presente
bienestar.
El mundo de los negocios, es decir, todo el mundo ameri-
cano, está obligado á oponerse, si tiene alguna idea de lo que
son sus intereses, á que se discuta siquiera la posibilidad de
que se abandone el actual sistema.
Por otra parte, en un país donde las condiciones indus-
tríales cambian con tanta frecuencia como en el nuestro, es
cuestión de suma importancia que nos encontremos en. situa-
ción de adaptar nuestro sistema económico á las nuevas con-
diciones existentes.
La Ley Dingley.
Todo lo que en su nombre se ofreció se lia cumplido.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. T. McCleary, de Minne-
sota, en la Cámara de Representantes, publicadas en el Diario
de Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904.
En 1897, después de una experiencia con las tarifas demo-
cráticas — experiencia que aún vive en la memoria de todos
— - el partido republicano volvió al poder, siendo elegido
Presidente William McKinley, el más esforzado defensor de
las tarifas proteccionistas. Poco después de su inauguración,
el Presidente McKinley convocó al Congreso para una se-
sión extraordinaria con objeto de revisar las tarifas. El re-
sultado fué la ley Dingley. Sus resultados han sido tales que
los reconocen hasta los mismos que se opusieron á su aproba-
ción.
Todo lo que se ofreció en su nombre se ha cumplido. Las
industrias americanas, que languidecían, han revivido y flo-
recen. Nuevas empresas han surgido y prosperan. El trabajo
abunda y los salarios son buenos. Los agricultores casi han
olvidado lo que es una hipoteca.
Todo está admitido. Y todavía hay quienes intentan destruir
todo eso por una teoría, cuya insensatez ha sido repetidas
veces comprobada por la experiencia aquí y fuera de aquí.
¿Son sagradas las cláusulas de las tarifas? No; pero el
bienestar de nuestro pueblo debe ser sagrado para aquellos
cuyos actos pudieran aumentarlo ó disminuirlo. ¿No serán
revisadas jamás nuestras leyes de tarifas? Cierto que lo
serán. ¿Cuándo? Siempre que esté demostrado hasta la,
evidencia que en la revisión hay más ganancia que pérdida
para el pueblo americano.
9*
¿Cómo sabremos que ha llegado la hora de la revisión?
A esta pregunta no se podría contestar con vanas palabras
sobre "cambio de condiciones." Sería preciso que los que
piden la revisión de las tarifas con tanta persistencia nos
dijeran terminantemente cómo "han cambiado esas condicio-
nes" y qué es lo que la prudencia aconseja hacer.
Sr. Presidente: tengo una fe inquebrantable en la fuerza
de la razón y en el sentido común del pueblo; por lo que
respecta á mí, escogeré sin vacilar el camino del deber para
con mi país, y bajo ningún concepto estoy dispuesto á sacri-
ficar sus intereses á mis ambiciones.
Desde hace cuarenta y tres años en que el partido repu-
blicano vino al poder por la primera vez, cuatro veces ha
hecho una revisión general de las tarifas. Dos de esas re-
visiones fueron de cláusulas democráticas, las de 1861 y 1897.
Las otras dos, de 1883 y 1890, fueron de cláusulas republi-
canas.
Inútil me parece decir que cuando llegue el momento opor-
tuno de revisar la actual ley de tarifas, la revisión se hará
por los amigos y no por los enemigos de la protección á las
industrias americanas.
Por qué no se Puede Confiar en las Promesas
Democráticas.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. T. McCleary, de Minne-
sota, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 20
de 1904.
Como tuve oportunidad de decir al principio de este debate,
la cuestión de las tarifas es, en primer lugar una cuestión
económica, y en segundo lugar una cuestión política. Es
probable que el aspecto político de esa cuestión aparezca tan
pronto como empiece la campaña presidencial.
El partido demócrata pone hoy una gran parte de sus
esperanzas de victoria en la existencia de lo que ha dado en
llamarse "el sólido Sur."
Es importante que tengamos, si es posible, un exacto
concepto de lo que eso significa. El partido demócrata sabe
por adelantado que puede contar con absoluta seguridad
con los votos electorales de los Estados del Sur.
Así pues, en una convención no es necesario considerar
seriamente los deseos del Sur, ni respecto del candidato, ni
9 2
respecto de su programa. El problema para los directores
del partido demócrata será conseguir el remanente de votos
necesario para una elección. Esto hay que conseguirlo en el
Norte.
Una gran ciudad ofrece el mejor terreno para ciertos
procedimientos democráticos ; por eso los directores del par-
tido rastrean el Estado de Nueva York, con su gran ciudad
metropolitana, y el de Illinois, con su Chicago, y por añadi-
dura, uno ó dos Estados del tamaño de Indiana, New Jersey
y Wisconsin.
En general, el problema para los directores de la campaña
democrática es cómo conseguir los Estados del Norte.
La ciudad de Nueva York puede suministrar una amplia
mayoría; pero en estos días de publicidad tienen un limite
esas posibilidades. Los republicanos serán derrotados por
una gran mayoría más abajo del Harlem; pero debe esco-
gerse un candidato y confeccionar un programa que atraiga
al pueblo de arriba del Estado.
Pero el programa debe ser tal que logre atraerse aquellos
dos Estados. Debe estar redactado de manera que haga
referencia á los Estados del Norte especialmente.
Estos Estados del Norte tienen intereses y negocios cuyos
propietarios deben ser atraídos con toda clase de promesas.
Por consiguiente, el programa debe ser lo más conservador
que se pueda.
Un programa democrático podrá ser un programa de par-
tido, jamás un programa nacional.
La Reciprocidad Republicana Mantiene Siem-
pre Presente la Conservación del Mer-
cado Doméstico y el Bienestar
de los Asalariados.
Extracto de las observaciones del Hon. John Dalzell, de Penn-
sylvania, en el Diario de Sesiones del Congreso, el i de Marzo
de 1904.
La reciprocidad republicana es la reciprocidad en artícu-
los sin competencia y en ninguna otra cosa más. (Aplausos
en los bancos republicanos.) No conozco ninguna mejor
definición de ella que la dada por el ex-Director General de
Correos Charles Emory Smith. Se expresa así : Cuando
se entiende correctamente el principio es axiomático. El
93
Brasil produce café, pero no fabrica maquinaria. Nosotros
fabricamos maquinaria, pero no producimos café. El
necesita los productos de nuestras fábricas y de nuestras
fraguas, y nosotros necesitamos los frutos de su suelo tro-
pical. Convenimos en hacerle concesiones para su café, y
él conviene en hacer concesiones á nuestra maquinaria. Eso
es la reciprocidad.
Y no conozco mejor definición para demostrarla que la
dada por el Presidente McKinley en su discurso de inaugu-
ración.
El propósito siempre presente, dice él, de tener nuevos
mercados abiertos para los productos de nuestro país, hacien-
do concesiones á los de otras tierras que necesitemos y no
podamos producir, y que no envuelvan ninguna pérdida de
trabajo para nuestro pueblo, sino que tiendan á aumentar
su empleo.
Expresado en otra forma, la reciprocidad republicana, así
como la protección, mantiene siempre presente la conserva-
ción del mercado doméstico, la primacía de nuestros manu-
factureros y el bienestar de los que ganan un salario.
Si el comité se mostrase indulgente conmigo, yo propon-
dría que inmediatamente y con toda brevedad revisásemos
nuestras experiencias nacionales con respecto á esta materia.
Refiérame á la reciprocidad con el Canadá, porque se han
hecho argumentos en el lado democrático de esta Cámara,
tendentes á la renovación de arreglos comerciales recíprocos
con el Canadá, y porque se han hecho argumentos en alguna
otra parte con igual objeto, de carácter sensacional, por
hombres que no podemos considerar de otra manera, sino
como encubiertos enemigos de la protección, no obstante de
dirigirse á los oyentes republicanos.
Nuestro tratado de reciprocidad con el Canadá fué hecho
en 1854 y abrogado en 1866. Con respecto á los efectos
del tratado, permitidme citar al Senador Morril, de Ver-
mont, que estaba completamente familiarizado con esta ma-
teria.
Nuestras exportaciones al Canadá en 1855 fueron $20,-
828,676, pero bajo la acción del tradado de reciprocidad, que
entonces comenzó, descendieron en doce años á $15,243,834,
mientras que las exportaciones del Canadá para los Estados
Unidos aumentaron de $12,000,000 á $46,000,000. Cuando el
tratado comenzó, el balance comercial había sido de $8,000,-
000 anuales, á nuestro favor, y esa suma se pagó en dinero,
94
pero al terminarse el tratado el balance contra nosotros en
un solo año fué de $30,000,000, que tuvimos que satisfacer
en metálico. Fué para este país una pérdida segura anual
de $5,000,000 de nuestro comercio de exportación y de $38,-
000,000 en metálico, yendo todo á enriquecer al Canadá á
nuestras expensas.
De modo que, la reciprocidad de Arthur, Harrison y
Blaine, y Dingley y McKinley, sigue siendo la reciprocidad
del partido republicano.
Sé de ciertos señores, enemigos de la protección, que han
sostenido que el Presidente McKinley, en su último discurso
en Búrlalo, la víspera de su trágico fin, había abandonado la
doctrina por la que había abogado toda su vida y que le con-
quistó fama. Creo que no le hicieron justicia. En ese dis-
curso se encuentran sentencias sueltas, que consideradas
aisladamente, pueden interpretarse como queriendo significar
casi algo; pero que tomados en conjunto, con todo el cuerpo
del discurso, era un discurso de los de McKinley. Fué un
discurso abogando por el comercio extranjero, pero al mismo
tiempo resonaba, como nota maestra, la suprema y dominante
cuestión del comercio doméstico, siendo una protesta contra
cualquiera medida restrictiva dentro de ella, que perjudicase
las industrias y causase daño á los que ganaban un salario.
Observad lo que él dice :
"Con arreglos comerciales prudentes que no perjudiquen
nuestra producción, extenderemos la salida de nuestro cre-
ciente exceso."
Y agrega además :
"Tomaríamos de aquellos con quienes tratásemos aquellos
productos que pudiésemos usar sin daño á nuestras indus-
trias y á nuestro trabajo."
Y en medio de todo ese discurso, en que glorificaba
nuestra prosperidad, atribuye su existencia á la política
proteccionista. Ya sea eso así, ó no, la fé del partido repu-
blicano permanece hoy lo mismo, con respecto á este punto,
que cuando se declaró en 1900 en Philadelphia.
Favorecemos la política de asociación, dirigida de modo
á abrir nuestros mercados, en términos favorables, por lo
que no producimos, en cambio de los mercados libres ex-
tranjeros.
Entonces ¿por qué cambiar esta política del todo? ¿Por
qué no mantenerse firmes en la política de recíprocas rela-
ciones con respecto simplemente á artículos que no nos hacen
95
la competencia, y de ese modo garantizar nuestros intereses
domésticos ? Oh, dicen ellos, porque necesitamos conseguir
el comercio extranjero. Bien, ¿qué le pasa á nuestro comer-
cio extranjero? Nada hay ciertamente que pueda criticarse
de su actual status, y no me preocupa el temor de que algunos
Señores se expresen con relación á su futuro. Creo que en
el arreglo de las condiciones universales se cuidará de sí
mismo en el futuro, como lo ha hecho en el pasado. Porque
durante los treinta últimos años nuestro comercio extranjero
ha aumentado más que el de la Gran Bretaña, más que el
de Alemania, más que el de Francia, más que el de Rusia
y más que el de ninguna nación del mundo.
¿ Quién Arriaría la Bandera ?
Extracto de las observaciones del Hon. J. C. Sibley, de Pennsyl-
vania, en el Diario de Sesiones del Congreso, Febrero de 1900.
I Deberemos conservar las Filipinas y la isla de Pto. Rico ?
hasta la última pulgada. Ninguna nación en el Globo tiene
más altos derechos ó mejores títulos á cualquier pedazo de
esos territorios. Los tenemos por doble derecho : el de con-
quista y el de compra. Mi opinión es que en donde nuestra
bandera ha extendido su sombra, surgirá una raza de hom-
bres libres.
Y otra vez me hago eco de la pregunta del Presidente.
"¿Quién arriaría la bandera?" ¿Quién la plantó allí? ¿Qué
Consejo de Gabinete, qué guerrero, qué estadista, qué Sena-
dor ó Representante, qué cuerpo de hombres formuló el plan
de conquista? Los gritos de la humanidad doliente, ahoga-
dos por el talón de la opresión, resonaron en nuestros oídos
y los ensordecieron. Oimos sus lamentos, pero no respondi-
mos á ellos. Los vimos desposeídos y heridos en nuestro
camino á Jericó, y como el Levita, cruzar al lado opuesto.
No fueron sus lamentos y oraciones desoídas ante el trono
Celestial.
Como para despertarnos de nuestra apatía y casi criminal
indiferencia, el Todopoderoso permitió que los enemigos de
su cólera lanzasen sus rayos sobre la proa del Maine, fon-
deado pacíficamente en la había de la Habana. Ni el más
penetrante estadista, ni el más osado guerrero había con-
templado ó supuesto la posibilidad de la ventaja, acrecenta-
miento y grandeza para nosotros como nación, al salir de la
9 6
guerra en que la primera declaración fué la voladura del
Maine.
Esas tierras y esos pueblos, indignamente gobernados,
debían, en la sabiduría del Altísimo, pasar de la casa de
Saúl á la de David.
Dios y el valor de las armas americanas nos dio este
territorio, no porque seamos una nación completamente libre,
pura y sin mancha ; sino porque trabajando por el bien de la
humanidad, lo concedió al más atrevido, al más libre, al más
progresista y más ilustrado y más cristiano de todas las
naciones del presente siglo.
Señor, yo soy un optimista, y mi creencia es que Dios ha
querido implantar un pueblo que deberá llevar las artes de
la paz y la historia de la Cruz á todas las naciones de la
tierra. No aborrecen Uds. más que yo la guerra ; pero se-
ñor, en ciertos casos la guerra es para el cuerpo político lo
que la reja del arado en el maduro musgo es para el labra-
dor; nociva vegetación, espinas y malezas deben ser exter-
minadas y arrancadas de raíz, para que el dulce fruto pueda
desarrollarse. En el seno de nuestro suelo el Todopoderoso
ha almacenado, á través de innumerables siglos, los tesoros
minerales. En su seno cubierto de bosques y dorado con la
madurez de las cosechas, El ha abrigado y alimentado una
raza que acelerará la aurora de ese mañana, cuando á través
de los siglos la guerra será desterrada, las espadas conver-
tidas en arados y las lanzas en instrumentos de poda, y los
hombres se mirarán unos á otros para reconocer los lazos
de la fraternidad. Vamos adelante como una nación, no
para enseñar la doctrina de la supervivencia de los más
aptos, sino para hacer á los hombres aptos para sobrevivir.
; Reconocen los señores el hecho, de que dentro de cien años
de la fecha ésta será una nación de 400,000,000 de almas?
Con tal suelo, con tales recursos materiales y con tal pueblo
¿ quién arriaría la bandera de tan extensos dominios ? ¿ Quién
cercaría v ahogaría entre dos océanos las energías de una
civilización tal cómo esa? Encerraríamos sus fuerzas den-
tro de los confines de un continente.
97
La Gloria y Triunfo del Proteccionismo.
Extracto del artículo titulado "POR QUE LOS PRIMEROS VO-
TANTES DEBERÍAN SER PROTECCIONISTAS," impreso
en el Diario de Sesiones del Congreso, el 12 de Enero de 1904.
Mucho después que la producción de los artículos manu-
facturados en este país excediese á la de los Estados Unidos,
y aun cuando llegó en volumen igual á la producción com-
binada de la Gran Bretaña y Alemania, escritores de la pren-
sa inglesa y autores de libros publicados en Inglaterra es-
taban acostumbrados á hablar de los Estados Unidos como
una nación agrícola. Y cuando usaban la expresión, estaban
todavía bajo la opinión de Cobden, de que los americanos
habían sido creados por la Providencia para cavar, usar de
la azada y arar en provecho de la Gran Bretaña.
Se confirmaban en esta extraña creencia por la vasta
cantidad de utensilios de labranza que se descargaban en sus
playas. Contemplaban tantos productos de su suelo, que im-
pensadamente concluyeron por creer que nos consagrába-
mos totalmente á la agricultura. Sus maestros les habían
enseñado que hubiera sido fatal, ó al menos altamente per-
judicial, á nuestros propios intereses como cultivadores, de
desviar cualquiera porción de nuestro capital del cultivo del
suelo, y no se les ocurrió que podríamos mantener á la vez
varios hierros en el fuego y mantenerlos todos ellos siempre
rojos.
Y los mantuvimos, é hicimos buena la pretensión protec-
cionista de que el hombre puede prosperar mejor cuando
depende de sus propios esfuerzos. Demostramos que la in-
experiencia y la ineptitud no son términos sinónimos, y hemos
probado concluyentcmente que no hay una sola industria es-
tablecida en Inglaterra que no tengamos esperanzas de ejer-
cerla con igual ó mayor éxito que en aquel país..
Es la gloria y triunfo del proteccionismo haber demos-
trado que se puede hacer del mundo entero un taller, que la
humanidad no necesita depender de un pequeño rincón del
mismo. El mayor resultado del proteccionismo es el hecho
de haber prácticamente enseñado al mundo occidental, que
el progreso nacional recibe su mayor impulso cuando el
pueblo de un país se decide á cuidarse á sí mismo.
Durante los años en que el proteccionismo ha estado más
tenazmente adherido al país, éste ha hecho sus mayores
adelantos en su fuerza productiva. En estos años se han
9 8
levantado sus enormes industrias, cuya existencia es una
refutación á la vana suposición del libre-cambista de que el
proteccionismo resulta un entorpecimiento para el adelanto.
En los pasados treinta años, mientras los libre-cambistas
de la Gran Bretaña y los Estados Unidos han estado pro-
clamando que la industria manufacturera no podía progresar
en un país entorpecido con derechos prohibitivos, se ha desa-
rrollado de tal manera el volumen de su producción que
excede al de Alemania y la Gran Bretaña combinadas. En
1870, el valor de los productos manufacturados en los Es-
tados Unidos era de $4,232,325,442; en 1900, se alcanzó el
colosal montante de $13,039,279,566. No se alcanzó esta
enorme producción á expensas de la agricultura. El libre-
cambista aseguraba que cualquier estímulo artificial aplicado
al desenvolvimiento de las manufacturas entorpecería el pro-
vechoso de nuestro suelo, pero hemos visto mutuamente á la
par del crecimiento tal en las operaciones de la labranza
dentro de nuestras fronteras como jamás se ha presenciado
en ningún país del globo.
Si la protección hubiera dado por resultado la paraliza-
ción de la agricultura en los Estados Unidos, como lo ha
causado el libre-cambio en la industria de la Gran Bretaña,
los americanos defensores del engrandecimiento de la pro-
ducción podrían haber vacilado. Pero cuando vieron frus-
tradas las predicciones de los partidarios de Cobden ; cuando
vieron la agricultura americana extenderse año tras año, la
proporción de aumento entorpecido solamente por la incapa-
cidad del mundo consumir los productos de nuestras tierras
á un precio que recompensase el cultivarlos, los proteccio-
nistas se convencerían profundamente que cualquiera que
pudiera ser el resultado de la política de diversidad de apli-
caciones, no podrían hacer daño á la agricultura.
Esa convicción no puede ser alterada, mientras que el
censo presente un permanente aumento en el valor de la
propiedad agrícola, y en el de los productos, como ha suce-
dido década tras década, desde que el proteccionismo ha sido
la política de la nación. En 1870 las propiedades agrícolas
de los Estados Unidos fueron valuadas en $8,944,857,749;
en 1900, en $20,514,001,838; en los mismos años el valor
anual de sus productos subió de $1,958,038,927 á $3,764,-
177,706.
Cuando penetramos en los detalles de la industria agrícola
americana, nos encontramos con un estado de cosas entera-
99
mente contrarío á las predicciones de los partidarios de Cob-
den y exactamente lo opuesto de lo que produjo el libre-
cambio en el Reino Unido. En este último país el trabajador
está abandonando el suelo ; en los Estados Unidos el número
de tierras dedicadas á la labranza aumenta constantemente,
así como el de labradores. En 1870 había 2,659,985 here-
dades en este país ; en 1900 se contaban 5,735,372. Treinta
años hace el Reino Unido tenía seis ó siete millones más de
ganado lanar que el que posee hoy, mientras que aumentó
en los Estados Unidos de 40,853,000 á 62,039,091 durante
el mismo período.
En los treinta años, durante cuyo período nuestra indus-
tria manufacturera ha hecho tales enormes progresos, hasta
asombrar el mundo, la agricultura también ha seguido el
mismo derrotero. Hemos aumentado nuestra producción de
hierro en lingotes de 1,665,179 toneladas en 1870 á más de
17,000,000 de toneladas en 1902; y mientras las fundiciones
y fábricas estaban alcanzando este resultado, los agricul-
tores presentaban á la vez un "record" sorprendente. En
1870 teníamos 25,484,100 cabezas de ganado; en 1902 el
número ascendía á 61,424,599. En 1870 el número de ca-
ballos montaba á 8,248,800; en 1902, á pesar del trolley, de
la bicicleta y el automóvil, el número se ha elevado á 16,531,-
224. Cultivamos bastante ganado de cerda para el apro-
visionamiento del' mundo en jamones y tocino, habiendo en
1870 26,751,400 y en 1901 56,981,142, Nuestra producción
de lana durante el período aumentó de 162,000,000 de libras
á la cifra de 316,341,032 libras; la de trigo de 235,884,700
fanegas á 670,063,008 fanegas; la de maíz de 1,094,255,000
fanegas á 2,523,648,312 fanegas, y la de algodón de 4,347,006
pacas á 10,680,600 pacas.
Ninguna otra nación puede hacer una demostración tal.
Si hubiéramos prestado atención al libre-cambista, no estaría-
mos en condiciones de hacerla. Nuestro desenvolvimiento
agrícola ha sido impulsado por la inmensa variedad de nues-
tros recursos.
Hon. William McKinley.
" Una sabia ciencia de gobernación nos ordena que no
perturbemos el bienestar."
Extracto de las observaciones del Hon. Wm. McKinley, de Ohio,
en la Cámara Representativa, é impresas en el Diario de Sesiones
del Congreso (50 o Congreso, primera Sesión, página 4751).
¿Qué otro país puede ofrecer como el nuestro tal tráfico,
tal comercio, tales inmensas líneas de transporte, tal volumen
de cambios y tal producción maravillosa, desde la materia
prima hasta el producto acabado? Su hoja de balanza no
tiene paralelo en la historia del mundo — la más rica en agri-
cultura, la mayor en el tráfico y comercio doméstico, y á la
cabeza de cualquiera nación de Europa en manufacturas.
Por qué abandonar una política que puede señalar tales ade-
lantos y trofeos que se ven en todas partes. El comercio
interior de los Estados Unidos es mayor que todo el comercio
extranjero de la Gran Bretaña, Francia, Alemania, Rusia,
Holanda, Bélgica y Austria-Hungría. Una sola Empresa
ferroviaria (la Compañía del ferrocarril de Pennsylvania)
conduce más tonelaje y tráfico en un solo año que todos los
buques mercantes de la Gran Bretaña. Toda la Europa no
ha construido tantas millas de ferrocarril como este país
durante los últimos años, y en 1880 el mundo entero no cons-
truyó tantas millas de vías como las que cruzaban este país.
El comercio extranjero de la Gran Bretaña se iguala á cerca
de una sexta parte de nuestro comercio doméstico. ¿Po-
demos llegar á tal altura bajo ninguna otra política fiscal?
Nuestra propia historia viene en apoyo de nuestras pregun-
tas. Una sabia ciencia de gobernación nos ordena que no
perturbemos el bienestar.
Página 4749.
El libre-cambio en los Estados Unidos está fundado en
comunidad de igualdades y reciprocidades. Es semejante
á la no constreñida libertad y recíprocas relaciones y obli-
gaciones de una familia. Aquí tenemos una sola patria, un
solo idioma, una sola obediencia, una sola clase de ciuda-
danos, una bandera, una Constitución, una nación, un destino.
Es diferente con las naciones extranjeras, teniendo cada una
distinto organismo, una sociedad política distinta é indepen-
dientemente organizada para ellas mismas, para protegerse y
labrar su propio destino. Negamos á esas naciones extran-
jeras el libre-cambio con nosotros sobre iguales condiciones
con nuestros productos. El productor extranjero no tiene
ningún derecho ó privilegio á la igualdad con nosotros mis-
mos. No está sometido á nuestra jurisdicción, no descansan
sobre él ninguna de las obligaciones del ciudadano, no paga
ninguna contribución, no desempeña ningunos deberes civi-
les y no está sujeto á las exigencias del servicio militar.
Está exento de las obligaciones del Estado, condado y muni-
cipalidad. No contribuye en nada al apoyo, progreso y glo-
ria de la nación. ¿Por qué, entonces, debe él disfrutar de
iguales é ilimitados privilegios y ventajas en nuestros mer-
cados, al igual de nuestros productores, nuestros jornaleros
y nuestros contribuyentes? Que se sirva contestarme el
caballero que me seguirá.
Ponemos una carga sobre sus producciones, hacemos dis-
tinción en contra de sus mercaderes, porque es un extraño
para nosotros y para nuestros intereses, y lo hacemos para
protegernos, para defendernos, para mantener nuestra seguri-
dad, para los que están siempre cop, nosotros tanto en la
adversidad cómo en la prosperidad, en simpatía y en pro-
pósitos, y si fuere necesario, en el sacriñcio.
Página 4J52.
Durante el año fiscal se importaron en los Estados Unidos,
en mercancías extranjeras, libre de derechos, por valor de
más de $233,000,000 y además $450,000,000 que pagaron
derechos. ¿No es esto bastante? Resumiendo estas cifras,
se hubieran necesitado 9,580 hombres, trabajando 300 días,
para producir los $50,000,000 que importaron el hierro y el
acero, que importamos el año pasado. ¿Quieren Uds. que
aumente ese volumen? Dos millones ochocientos setenta y
cuatro mil es el número total de días de trabajo de que se
privó al trabajador americano, habiendo podido desempeñar
cada día de trabajo, y que estaban listos para desempeñar.
Este Gobierno se ha formado para los americanos, nacidos
aquí, y los naturalizados ; y cada libra, cada fanega, cada
tonelada, cada yarda de producción extranjera que entra en
este país para competir con los nuestros, priva al trabajo
americano de lo que en justicia le pertenece.
102
Los Productores Extranjeros ^Deben Pagar
Todos ó Casi Todos los Impuestos
Sobre las Mercancías que
Mandan Aquí.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. T. McCleary, publicadas
en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904.
¿ Quién paga los Derechos ?
Con frecuencia se ha preguntado quién paga el dinero que
el Gobierno recauda en las aduanas. El ex-Presidente Cleve-
land declaró una vez que las tarifas representan un impuesto
cuya suma se carga al precio del artículo y por consiguiente,
la paga el consumidor.
Si eso fuera absolutamente exacto, no habría argumento
sólido en favor del libre-cambio. Los impuestos se recaudan
para sostener al Gobierno, y no sería demasiado pedir si se
pidiese á cada ciudadano que pagase su parte correspondiente
de esos impuestos. Sin embargo, las tarifas, cualquiera que
sea el sistema en que se funden, están impuestas sobre mer-
cancías extranjeras introducidas aquí. Así pues, aun con el
criterio de Mr. Cleveland, cada individuo, hasta cierto punto,
puede determinar por sí mismo la ascendencia de los impues-
tos que paga.
Pero con unas tarifas de impuestos interiores solamente;
esto es, unas tarifas aplicadas á mercancías cuyos similares
no producimos en el país, la política sostenida por los demó-
cratas es, por dos conceptos, digna de atención :
Primero. — Con ese sistema de tarifas basadas en impuestos
interiores solamente, la opinión de Mr. Cleveland de que los
impuestos los paga el consumidor, sería prácticamente co-
rrecta. Esto es, no habiendo artículos similares producidos
en los Estados Unidos, los importadores no tendrían que
temer la competencia americana. Limitados á una competen-
cia entre ellos solamente, cargarían algo más del valor de los
impuestos al precio del artículo, resultando que el consumi-
dor sería quien al cabo lo pagaría todo.
Segundo. — Los artículos sobre los cuales pesarían las ta-
rifas son de consumo general, como té, café, especias y dro-
gas. Estos artículos son usados por todo el mundo, tanto
por los pobres como por los ricos, razón por la cual los im-
puestos pesarían necesariamente más sobre el pobre que
io 3
sobre el rico, toda vez que éste tiene más aptitud que aquél
para pagarlos.
Ahora estudiemos la cuestión por lo que respecta, no á las
tarifas basadas, no en impuestos interiores solamente, sino
en las que se fundan en impuestos proteccionistas.
Cuando la tarifa proteccionista se aplicó por primera vez
á un artículo no producido en los Estados Unidos, pero
capaz de ser producido aquí económicamente y en cantidad
bastante para dar cumplimiento, si no á toda, á una gran
parte de la demanda del pueblo americano, el primer efecto
de la tarifa fué aumentar el precio del artículo sobre el cual
pesaba.
Los productores extranjeros, no teniendo competencia aquí,
dominaban el mercado y determinaban los precios. Al im-
portar sus mercancías en este país, deben, por supuesto, pagar
los derechos de aduanas ; pero como no encuentran competi-
dores., fijan á los artículos el precio que les place, añadién-
doles el costo de los derechos correspondientes.
La protección contra la competencia destructora del capital
extranjero dio bien pronto por resultado que el capital
americano se emplease en la producción de artículos de con-
sumo en el país. Una tras otra se establecieron fábricas de
una multitud de artículos que antes se importaban del ex-
tranjero, y la competencia entre esos industriales trajo con-
sigo una notable reducción en los precios de la mayoría de
los artículos, con gran beneficio del pueblo consumidor.
Como las fábricas aumentan en número y los operarios
adquieren cada día más habilidad, se produce mucho y más
barato, viéndose por ello obligados los fa.bricantes extranje-
ros á reducir el precio de sus artículos, contentándose con
obtener utilidades más reducidas.
!Las Naciones bien Gobernadas no Adquieren
Mercados con Perjuicio de sus Pueblos.
Extracto de las declaraciones del Hon. E. L. Hamilton, de Michi-
gan, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 14
de 1904.
Reciprocidad.
Cuando se establezcan leyes internacionales y todos los
países nos abran sus mercados libremente ; cuando todas
las naciones suban á nuestro nivel, no cuando nosotros baje-
mos al suyo ; entonces habrá llegado la hora de que les abra-
104
mos nuestros puertos también libremente : antes de ningún
modo.
Esa será la reciprocidad del comercio libre.
Pero el comercio libre que rechaza nuestros mercados
y no nos da en cambio ninguna compensación, podrá ser
todo menos reciprocidad.
En su último discurso de Búrlalo, en el que está conden-
sada toda su carrera política, dijo William McKinley lo
siguiente :
"Los tratados de reciprocidad están en armonía con el es-
píritu de los tiempos. Si alguna de nuestras tarifas no es
va necesaria para aumentar los ingresos, ó para alentar y
proteger nuestras industrias domésticas, ¿por qué no han de
emplearse en extender y desarrollar nuestros mercados ex-
tranjeros?"
La reciprocidad es un cambio de mercados. Ni los hom-
bres ni las naciones negocian sin una esperanza de lucro.
El mercado americano pertenece á capitales y .obreros
americanos, á productores y consumidores americanos, á
compradores y vendedores americanos ; y un gobierno de todo
el pueblo no tiene derecho para desalojar las industrias ame-
ricanas, que dan empleo á capital y obreros americanos, que
proporciona mercados á nuestros agricultores y que edifican
hogares americanos, para sustituirlas con industrias extran-
jeras, que emplean capital y obreros extranjeros y qué sus-
traen capital de las arcas del comercio americano.
Reciprocidad Republicana para Abrir Nuestros
Mercados en Términos Favorables para
Todo Aquello que Nosotros no
Producimos.
En cambio de mercados libres extranjeros.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. T. McCleary, de Minne-
sota, en la Cámara 'de Representantes, publicadas en el Diario de
Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904.
¿Cuál es la actitud del partido republicano respecto de
la reciprocidad? Se presenta claramente en la plataforma
nacional republicana de 1900 en la forma siguiente :
Nosotros favorecemos la política de reciprocidad de tal
modo dirigida que abra nuestros mercados en términos venta-
josos para todos los artículos que nosotros no producimos á
cambio de mercados libres extranjeros.
io 5
Un ejemplo de reciprocidad republicana se ha visto en
nuestros tratados con el Brasil, bajo la ley McKinley.
El Brasil produce café que nosotros no podemos producir
económicamente y en suficiente cantidad para satisfacer las
necesidades de nuestro pueblo. Así pues, dijimos al Brasil :
Admisión en el gran mercado de los Estados Unidos de sus
exportaciones más importantes es una cosa de gran valor
para ustedes. Garantizar á nuestros productos agrícolas
condiciones que nuestro Presidente considere recíproca-
mente iguales, ó nosotros le autorizamos para que ponga á
su café, por decreto del Gobierno, un derecho de 3 centavos
por libra. Por consiguiente, con el café de otros países que
lo producen, admitidos aquí libres de derechos, de acuerdo
con nuestra política general, los productores de café brasi-
leños no podrán con esa competencia cargar los derechos á
los consumidores, sino que tendrán que pagarlos ustedes
mismos, reduciendo por consiguiente las utilidades.
Ante tales proposiciones el Brasil se apresuró á entrar en
negociaciones con este país, que prometían ser mutuamente
favorables. Con ese contrato nuestro trigo y harina de
trigo, maíz y harina de maíz, centeno y harina de centeno,
papas, judías, guisantes, heno, cebada, carne de cerdo y
varias otras cosas, fueron admitidas en el Brasil sin pagar
derechos, mientras la manteca, mantequilla, queso, carnes
conservadas en latas, frutas y legumbres y otras muchas
cosas fueron admitidas conforme á una reducción de un 25
por ciento de los derechos regulares. Ante este contrato
nuestro pueblo iba aumentando sus ventas en el Brasil, y el
resultado fué que el contrato dio pruebas satisfactorias para
ambos países.
Arreglos de ese mismoí género fueron hechos con la
América Central y con la América del Sur, los mismos países
que James Blaine tenía tanto interés en atraerse á nuestro
comercio, como prometedores de grandes ventajas para él.
Cierto es que siendo él Secretario de Estado se celebraron
esos tratados.
Pero en 1893, por un cambio rápido del pueblo, el partido
democrático subió al poder, y sin tener la cortesía de avisarlo
de antemano con una frase de explicación, de pronto y
violentamente anuló aquellos tratados de reciprocidad.
Con ese motivo no me parece que sea oportuno hablarles
de reciprocidades á aquellos países.
io6
Esos tratados acreditan la reciprocidad que defiende eí
partido republicano.
Debemos tomar de nuestros proveedores aquellos produc-
tos que podemos utilizar sin perjudicar nuestro trabajo ni
nuestra industria.
La reciprocidad es, por consiguiente, la causa del mara-
villoso desarrollo de nuestras industrias, adquirido bajo la
política interior firmemente establecida hoy.
Pero ninguna convención nacional republicana ha aceptado
la reciprocidad para productos no similares, ni tampoco nin-
gún jefe autorizado del partido ha defendido jamás seme-
jante cosa. Hacer eso sería sacrificar los intereses de una
parte de nuestro pueblo, á los de otra parte del mismo, lo cual
estaría en desacuerdo con el espíritu y propósitos de una
tarifa proteccionista.
La Ley Sherman Contra los " Trusts."
El medio más positivo para suprimir los "Trusts"
ilegales y perjudiciales.
Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 9 de
1904.
La primera cosa hecha por Teodoro Roosevelt digna de
elogio fué el haber cumplido pronta y eficazmente con su
deber en tiempo de la huelga del carbón. Bien sé yo, se-
ñores, que muchos de vosotros lo censuran desde el punto
de .vista legal y filosófico, que se dice que no había una ley
que lo autorizara para ello, y esa es precisamente la razón
por la que apruebo su conducta.
Roosevelt no hizo nada que otro no hubiera hecho en sus
circunstancias. Sabéis que no existía ninguna garantía en la
Constitución. Pero voy á deciros lo que había. Había una
situación en el país, desde el primero de Octubre de 1902,
más crítica y más peligrosa para la vida del país y para el
mantenimiento y seguridad de sus libres instituciones como
no había habido otra desde el tiempo de Appomattox.
Creo que no habrá ningún ciudadano americano con bas-
tante inteligencia que no crea exactamente como yo y no
apruebe lo que digo.
Ahora viene la cuestión de si habrá entre vosotros alguno
que combata la elección de un candidato á la Presidencia que
107
tuvo el valor, la habilidad, el talento de sacar al país de un
peligro tan grave, cuyas consecuencias sufríamos todos, que
restableció el orden, la paz y la prosperidad, y condenen al
Presidente por un acto que el país y nosotros aplaudimos.
No tengo ahora tiempo para ocuparme más extensamente
de este asunto. No ha sido ese el primer acto notable reali-
zado por Teodoro Roosevelt, desde que ofreció en Búffalo
que ejecutaría fielmente la política de McKinley. Ha cum-
plido su promesa. Sabía lo que tenía que hacer y sabía
cómo hacerlo. Y lo hizo. El próximo Noviembre 250,000
mineros de carbón de los Estados Unidos pagarán la deuda
contraída con él por haber hecho lo que hizo en aquella hora
terrible para ellos. (Aplausos en el lado republicano.)
Más tarde encontró una situación — y no entraré en muchos
detalles [sobre ella — que conozco perfectamente. Yo era
miembro del Congreso cuando se aprobó la ley Sherman con-
tra los trusts, y digo ahora, y desafío á que me contradigan,
que no se encontrará en los anales del Congreso, ni en nin-
gún periódico democrático, ni en ningún mensaje Presiden-'
cial, ni en ninguna resolución de ninguna Convención demo-
crática, una sola palabra de elogio ó de aprobación para la
ley Sherman contra los trusts.
Y diré más; diré que el Attorney General bajo el gobierno
de Mr. Grover Cleveland, á quien hoy muchos de vosotros
desearíais elegir Presidente; un grande hombre, un hombre
puro, perfectamente identificado con los principos democrá-
ticos, dijo que aquella ley era ineficaz é imposible de ejecu-
tarse. Eso dijo Mr. Olney. No podréis negarlo. Consta
en las actas del Senado.
Recuerdo no sin cierto orgullo, que fui duramente censu-
rado por lo del carbón por muchos de mis colegas de todos
lados de la Cámara, porque dije que no había lenguaje hu-
mano que pudiera hacer una ley más efectiva para destruir
los trusts que la ley Sherman.
Es bastante para Teodoro Roosevelt saber que tiene á su
disposición una ley que ha sido condenada por el partido
democrático, calificada por éste de ineficaz é imposible de
ejecutarse, y que, sin embargo, es el arma más terrible, el
medio más positivo para suprimir los trusts ilegales y per-
judiciales.
La piedra que estos arquitectos demócratas han conside-
rado inútil, es hoy, y los hechos lo han demostrado palmaria-
mente, la piedra angular del edificio legal que oponemos á
io8
los trusts ilegales y á las combinaciones perjudiciales para
el país.
El Presidente ha Vigorizado con más Eficacia
la Ley Contra los " Trusts " que Ningún
Otro de sus Predecesores.
Extracto de las declaraciones del Hon. John C. Spooner, de Wiscon-
sin, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 18
de 1904.
El Presidente ha vigorizado con más eficacia la ley contra
los trusts que ningún otro de sus predecesores. Ha reco-
mendado un gran número de medidas, que han sido aproba-
das, tendentes á dar mayor amplitud á dicha ley. Promovió
el juicio contra la Northern Securities. Me ocuparé breve-
mente de ese asunto.
La iniciación de ese juicio se ha usado mucho contra él,
y proporcionádole muchos enemigos en su partido y entre
ciertos elementos financieros. El Presidente no necesita de-
fensa por lo que hizo. Cumplió con su deber sencillamente.
El asunto llamó su atención por los actos de los goberna-
dores de varios Estados del Oeste, y por las protestas hechas
ante él por el Attorney general de Minnesota, que aseguraba
que era una violación de la ley Sherman contra los trusts.
Promovió el juicio como era su deber y lo siguió hasta
el final. La Corte de Apelaciones del Circuito sostuvo unáni-
memente el juicio. La Corte Suprema de los Estados Uni-
dos aprobó por mayoría el caso.
Dudo mucho que en aquel tiempo hubiera 10,000 millas de
ferrocarriles en los Estados Unidos que no estuvieran en
manos de compañías hipotecarias, con un número de acciones
muy superior á su responsabilidad legal.
La cuestión de que se trata ha sido planteada varias veces ;
pero en aquellas circunstancias, una declaración judicial de
invalidación hubiera causado en el país un pánico como nunca
se había visto otro igual.
¿ Por qué se censura al Presidente por lo que hizo ? ¿En
qué se fundaban los senadores que dijeron que él no está
seguro de los negocios del país? ¿ Se referían á su interven-
ción en el conflicto de la huelga del carbón ? Si no es á eso
¿ á qué se referían entonces ?
Todo Presidente es solícito por la prosperidad del país,
1 09
y en consecuencia por la conservación de todos los intereses
legítimos de la Nación. Para todos esos intereses, y para
los intereses del público en general, el Presidente Roosevelt
es un gobernante celoso y enérgico. Para aquellos negocios
cuya prosperidad depende de la violación de las leyes fede-
rales, el Presidente Roosevelt es un gobernante inexorable.
Un senador ha dicho que nos van á dar una reñida batalla.
Que lo hagan. Estaremos en nuestro puesto cuando vengan.
Tengo la completa seguridad de que el pueblo de los Estados
Unidos elegirá al Presidente Roosevelt. Ellos lo saben tam-
bién. Roosevelt no necesita testigos en favor de sus actos
políticos. Ellos saben que es un hombre honrado. Saben
que es enérgico. Saben que es un ardiente defensor de la
ley. Saben que no tiene más que una ambición, y es dar al
pueblo y al país una fuerte, hábil y honrada administración
de justicia y de gobierno. Saben que aspira al imperio ab-
soluto de las leyes, y que no quiere que en este país haya
clases ricas ó pobres, altas ó bajas, que estén huérfanas de la
protección de esas leyes.
El pueblo no hace caso de vosotros cuando -decís que
Roosevelt es un zar, ó un violador de leyes. El pueblo os
contesta diciéndoos : "Conocemos á Roosevelt, y creemos
en él."
El Problema de las Filipinas.
Extracto del discurso pronunciado por el Secretario Wm. H. Taft,
é impreso en el Diario de Sesiones del Congreso el 28 de Abril
de 1904.
(Discurso del Secretario de la Guerra W. H. Taft sobre
las Filipinas, ante la Cámara de Comercio de la ciudad de
New York, en Abril 21 de 1904.)
El pueblo de los Estados Unidos tiene bajo su guía y au-
toridad el archipiélago Filipino', compuesto de 3,000 islas,
con una problación de alrededor de 7,600,000 habitantes. De
estos, 7,000,000 son cristianos y los 600,000 son moros ó
de otras tribus paganas. El problema de la gobernación de
los moros es el mismo que el que ha tenido Inglaterra en el
gobierno de los establecimientos del Estrecho ó de la India.
El gobierno de los 7,000,000 de cristianos Filipinos es un
problema muy diferente, y uno que ha caído en suerte á los
Estados Unidos solamente, para resolverlo.
La actitud del pueblo americano hacia las islas Filipinas
IIO
puede describirse del modo siguiente: Hay unos que creen
que la Declaración de Independencia nos prohibe aceptar ó
mantener soberanía sobre ellos; otros hay que creen, sin
consideración á la Declaración de Independencia, que las
posesiones coloniales pueden irrogar gastos y crear la co-
rrupción y desmoralización ; esos tienen poca fe en la solución
del problema de enseñar al filipino el arte del "self-govern-
ment" y están ansiosos por deshacerse de las islas, antes que
ellas causen algún daño á los Estados Unidos.
Hay después otros que sostienen que el destino deparó á
esas islas que viniesen bajo nuestro dominio, y que de esa
manera se nos impuso el deber de velar por ellas para que
no fuesen molestadas por el que nos las traspasó. Como
un amigo que soy de las Filipinas, es mi deseo ansioso el au-
mentar esa clase de americanos que tienen un interés ver-
dadero en el bienester de las islas, y que creen que los Es-
tados Unidos no tienen más alto ejercicio ni deber que ayu-
dar al pueblo de las islas en su prosperidad y desenvolvi-
miento político, que los ponga en condiciones de poder ob-
tener para ellos mismos el goce de la libertad civil» (Aplau-
sos.)
El 90 por ciento de los habitantes de las islas Filipinas se
encuentra todavía en la más completa ignorancia y faltos
completamente de inteligencia para manejarse políticamente.
Están sujetos, como las olas del mar. á la influencia del mo-
mento, y cualquier filipino educado los puede manejar fácil-
mente, como la oportunidad y la ocasión lo permitan. El 10
por ciento de los filipinos que son educados, han demostrado
por lo que han hecho y por lo que han aspirado y por lo que
son, que pueden aprender las lecciones del "self-govern-
ment," y que sus hermanos, con más educación, pueden ser
elevados á la condición de seres inteligentes que los pongan
en capacidad de hacer un poderoso y ventajoso uso de la
opinión pública. Pero que esto exigirá más de una genera-
ción para alcanzarlo, lo comprenderá cualquiera que esté
familiarizado con los acontecimientos.
Mi opinión, con respecto á la misión de los Estados Uni-
dos en las Islas Filipinas, es que deben ser mantenidas y
fomentadas por el pueblo de lus Estados Unidos, sin tomar
en consideración su costo ó sus resultados provechosos bajo
el punto de vista comercial ó financiero.
Las islas dan señales evidentes de proporcionar las rentas
suficientes, para establecer los planes que los Estados Uni-
III
dos pueden propiamente llevar á cabo en el desenvolvi-
miento material é intelectual del país y sus habitantes.
El Archipiélago Filipino es el único país que puede pro-
ducir lo que se conoce con el nombre de. "cáñamo de Manila,"
ó lo que se llama en el idioma español "abacá." Es una
fibra de extraordinaria fuerza, variando desde seis á quince
pies de largo, que se arranca del tronco de la mata del plátano,
no la ordinariamente conocida con ese nombre, sino de una
planta de la misma familia que no produce fruto. Muchos
lugares de la isla son ricos en palmas de cocos. Los palma-
res se plantan 200 por hectárea, es decir, 200 por 2.\ acres.
Las palmas de coco necesitan de cuatro á cinco años para
producir fruto, pero después están produciendo por 100 años,
y $40 oro es una renta anual que se le calcula por acre.
Las industrias del azúcar y el tabaco son susceptibles de
considerable aumento. La isla de Negros encierra tierras
para azúcar, tan ricas como cualesquiera del mundo, y las
provincias de Cagayán, Isabela y Unión poseen tierras para
tabaco, las que, después de Cuba, producen el mejor tabaco
del mundo; pero el inconveniente es que los mercados para
el azúcar y tabaco se han reducido mucho, debido á las tarifas
impuestas en varios países. Si se abriesen los mercados de
los Estados Unidos para las Filipinas, es seguro que tanto
la industria del azúcar como la del tabaco, llegarían á pros-
perar, y aunque el montante total de la producción de cada
una de ellas probablemente no afectaría en nada el mercado
americano, tan extensa es la demanda aquí de ambos ren-
glones, que significaría para aquellas islas la diferencia entre
la pobreza y la prosperidad.
Conozco que la reducción de la tarifa con este objeto es
muy combatida por los intereses que representan el azúcar
de remolacha y el tabaco ; pero creo que la gran mayoría del
pueblo de los Estados Unidos favorece la apertura de los
mercados á las Islas Filipinas, en la seguridad que no des-
truirá ni la industria del azúcar de remolacha ni la del tabaco
de este país ; opinando que mientras mantengamos la asocia-
ción que actualmente tenemos con las Islas Filipinas, es
nuestro deber darles el beneficio de los mercados de los Esta-
dos Unidos, y acercarlos cuanto sea posible á nuestro pueblo
y á nuestro comercio.
Hay 7,600,000 filipinos. De estos, los 7,000,000 que hay
cristianos son imitadores ansiosos de buenas ideas, dispuestos
á aceptarlas y pronto á seguir ios estilos, las diversiones, el
112
traje y costumbres americanas. Una gran cantidad de géne-
ros de algodón se importa anualmente en aquellas islas ; pero
principalmente de Inglaterra y Alemania. No hay razón
por que estos géneros de algodón no debieran proceder de
América.
Lo primero que se requiere para la prosperidad de las Islas
Filipinas es tranquilidad, y ésta puede alcanzarse con un sis-
tema de gobierno bien ordenado. Los filipinos aprenderían
entonces del gobierno que se les diese las desventajas que se
originan, á todos los que residan en el país, de la agitación
política por un cambio en la forma de gobierno en el por-
venir. Este es el motivo por qué me he aventurado, con
todos los argumentos que puedo aportar, á oponerme á la
petición de las dos convenciones políticas, pidiendo que se
les prometa á los filipinos la independencia. No es que esté
yo opuesto á la independencia de las islas, si el pueblo de las
Filipinas lo desease cuando se encuentren aptos para ella;
pero en el actual estado de cosas lo que necesitan las islas es
tranquilidad.
Todo Embarcado para Allí Bajo el ék Bill "
de la Tarifa Dingley.
Extractos de las observaciones del Hon. E. J. Hill, de Connecticut,
en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 21 de 1904.
Sr. Presidente: Deseo disculparme ante la Cámara por to-
marme algún tiempo más, pero el caballero de Minnesota
hizo una pregunta que yo desearía contestar. Es la siguiente :
"¿CreeUd. que sería para nuestro mayor interés llevar á
cabo la política de Chamberlain?" Contestaré á eso, rela-
tando un caso. Hace dos años me encontraba sobre la cu-
bierta de un vapor japonés en el puerto de Vladivostock,
Siberia. En la bodega de ese buque había 700 toneladas de
instrumentos de agricultura americanos, que habían cruzado
el Océano Pacífico, desde América, ¡Dará el uso de los labra-
dores de la Siberia. Llegaron bajo el bilí de la tarifa Ding-
ley.
Justamente al mismo tiempo y al otro lado del puerto había
un vapor mercante inglés cargado de rieles de acero ameri-
cano, procedentes de Pennsylvania, que habían sido embar-
cados para el uso del ferrocarril de la Siberia y embarcados
bajo el bilí de la tarifa Dingley.
IJ 3
Ese día fui á tierra, y aquella misma noche fui presentado,
en el hotel de Vladivostock, á un caballero que me dijo que
representaba los Talleres de Locomotoras de Baldwin, de
Philadelphia, y había terminado un contrato por el cual
había puesto en operación en el ferrocarril Siberiano 150
locomotoras, embarcadas para allá bajo el bilí de la tarifa
Dingley.
Al siguiente día recorrí 500 millas, hasta el río Amour,
sobre rieles de acero americano, embarcados bajo el bilí de
la tarifa Dingley. El día después me embarqué en un vapor
de acero y llevaba á remolque dos lanchones de acero hechos
en Pittsburg, Pa., enviados allí — 12,000 millas al otro lado
del mundo — y embarcados para allí bajo el bilí de la tarifa
Dingley.
La primera noche de nuestia partida hicimos naufragar
uno de estos lanchones, y la carga tuvo que descargarse.
Había toda clase de productos americanos. Diez mil leguas
de aquí en la pequeña villa de Gorbitza, Siberia, que se com-
pone de una docena de casas hechas con troncos de árboles,
en una pequeña tienda no más de 8x10, compramos paquetes
de candy envueltos en papel en el cual estaba impreso el
retrato de Wm. McKinley para popularizar ese candy entre
los labradores de la Siberia, y todo esto embarcado bajo el
bilí de la tarifa Dingley. (Aplausos en los bancos republi-
canos.)
Todo el viaje al través del Asia lo efectué con toda seguri-
dad y contento; pues los carros estaban provistos de frenos
neumáticos fabricados en Pittsburg, Pa., por la Westing-
house y embarcados por el bilí de la tarifa Dingley.
En los más hermosos almacenes de Europa — en Viena,
en Berlín, en París y en Londres — se venden los zapatos
americanos embarcados bajo el bilí de la tarifa Dingley, y
puedo decir, por el conocimiento personal de mi propio pue-
blo, que los están vendiendo á precios que son más altos que
los que obtienen en los Estados Unidos de América, y todo
embarcado bajo el bilí de la tarifa Dingley.
Estuve en Londres y visité á un amigo, un caballero inglés
que había estado al frente de una compañía de transportes
en este país, por espacio de trece años. Le pregunté, ¿ cómo
están los negocios?
— Están malos.
— ; Qué es lo que pasa?
— Bastante pasa.
ii4
— ¿Y qué es lo que pasa ?
— Nuestros puertos — me replicó — -están abiertos de par
en par para Uds. y los de Uds. están cerrados para nosotros.
Si estuviera en mis manos hacer lo que yo quisiera, impon-
dría un derecho sobre todo lo que se introduce en la Gran
Bretaña de su país, y entonces tendríamos algo que dar á
Uds. en cambio de igual concesiones de parte de Uds.
Hé aquí la política de Chamberlain, y deseo preguntar á
mi amigo de Minnesota (Mr. Lind) ¿si cuando él entra en
batalla se desnuda de su armadura y la entrega á su ene-
migo? ¿Podrían Uds. con la política democrática colocar á
este país en la misma posición en que Inglaterra está, tra-
tando de deshacerse de él á fin de protegerse ella misma?
(Aplausos en los bancos republicanos.)
Los Filipinos Jamás Pueden Tener una Comu-
nidad Libre a Menos que no Permanez-
camos Allí y los Preparemos
para ello.
Extractos de las observaciones del Hon. Henry A. Cooper, de Wis-
consin, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 6 de Mayo de
1904.
Todos los testigos competentes y desinteresados convienen
que los filipinos no son capaces por ahora de mantener un
gobierno, representativo libre. Podría citar muchos testimo-
nios irrecusables sobre ese punto ; pero me contentaré con
leer lo que á este respecto encuentro en el informe de la
Comisión Schurman, compuesta del Presidente Schurman de
la Universidad de Cornell, Admiral Dewey, General Otis,
Hon. Charles Denby y el Profesor Worcester, cinco hombres
elegidos por el Presidente McKinley para examinar y pre-
sentar un informe referente á las condiciones de las Filipinas.
Esta comisión de distinguidos hombres, después de una com-
pleta investigación personal, sometieron al Presidente Mc-
Kinley un informe voluminoso y de habilidad excepcional,
abrazando todas las faces del problema filipino. En este
informe dicen ellos, leo de la página 103 :
"Primero : Es imposible, aun aproximadamente, fijar un
tiempo para la retirada de la soberanía americana sobre" el
archipiélago, pues nadie puede predecir cuándo los diversos
pueblos de las Islas Filipinas puedan amoldarse juntos en
"5
una nacionalidad capaz de ejercer todas las funciones de un
gobierno autónomo independiente. De tal trabajo son cier-
tamente incapaces hoy, y el futuro solamente podrá revelar
si dentro de una ó dos generaciones se encuentran educados
bastante para ello. Y, segundo, si la soberanía americana
sobre el archipiélago debiera alguna vez abandonarse, si
toda la autoridad americana sobre el pueblo debiera cesar
para siempre, y determinar entonces si los Estados Unidos
deberían renunciar todas las obligaciones á las naciones ex-
tranjeras para la buena dirección de las Islas Filipinas. El
haber enarbolado la bandera americana en las Islas Filipinas
ha traído grandes responsabilidades sobre nosotros ; pero
garantizar la protección exterior renunciando al dominio in-
terior, no es el medio de librarnos de ellas ; antes al contrario
al arriar la bandera amontonaríamos dificultades. "
Sigue diciendo la comisión en su informe, página 183, si
nuestro poder por alguna fatalidad se retirase :
"¡ Fatalidad ! ¿ Fatal á qué ? ¿ Fatal para quién ? No
para la gran República de los Estados Unidos ; no para la
Rusia, que desearía poseer las islas, no para el Japón, que
necesita las islas ; no para la Alemania, que necesita las islas ;
no fatal para ninguna de estas naciones, pero fatal, señor —
completamente fatal — para las Filipinas en su esperanza de
gobierno representativo libre.' ,
Hé aquí la opinión de Schurman, Otis, Denby, Worcester
y Almirante Dewey :
"Si nuestro poder por alguna fatalidad se retirase, la comi-
sión cree que el gobierno de las Filipinas se sumiría rápida-
mente en la anarquía, que disculparía, sí no fuese acaso de
necesidad, la intervención de otros poderes en la división
definitiva de las islas entre ellos."
Ahora sigue un dictamen preñado de significación :
"Por tanto, solamente por la ocupación americana es con-
cevible la idea de un gobierno autónomo libre y una comu-
nidad filipina unida.
"Sr. Presidente, los filipinos jamás pueden tener una co-
munidad libre, á menos que no permanezcamos allí y los
preparemos para ello.
"Y la indispensable necesidad, bajo el punto de vista fili-
pino, de mantener la soberanía americana es reconocida por
todos los filipinos inteligentes y aun por los insurrectos que
desean un protectorado americano. Los últimos, es verdad,
se ampararían de las rentas y nos dejarían las responsabili-
n6
dades. Sin embargo, reconocen la indisputable realidad de
que los filipinos no pueden permanecer solos. De modo que
el bienestar de los filipinos coincide con los dictados del honor
nacional, que nos prohibe abandonar el archipiélago. No
podemos, bajo ningún punto de vista, escaparnos de la res-
ponsabilidad de gobierno que nuestra soberanía implica, y la
comisión abriga la persuasión íntima que el desempeño de
nuestro deber nacional resultará la mayor bendición para el
pueblo de las Islas Filipinas."
Dos años há, en el gran debate sobre el bilí de gobernación
civil para las Filipinas, algunos señores del otro lado de la
Cámara declararon con mucha vehemencia que esa legisla-
ción se estaba decretando con el expreso propósito de explo-
tar el archipiélago. Dos años se han deslizado y ahora, Sr.,
es el momento para que cualquiera de los de ese lado de la
Cámara señale un solo caso de explotación en las Islas Fili-
pinas. Se nos ha dicho que ha habido quienes han ido allá,
de los Estados Unidos, para acaparar los bosques, las minas
y las tierras agrícolas por medio de grandes franquicias, y
que la riqueza de las islas estaba concentrada en unos pocos
monopolizadores voraces.
Se servirá algún caballero de los presentes aquí, ó en cual-
quier otro lugar, decir á la Cámara y al pueblo americano,
¿dónde ha habido aún un caso de explotación en las Fili-
pinas? Ni uno siquiera. Al contrario, se quejan en las islas,
actualmente, de que el Congreso de los Estados Unidos creyó
conveniente en su sabiduría decretar una ley. de franquicias
que es demasiado restrictiva, la que entorpece también la
inversión de capital, y que por tanto perjudica los verdaderos
intereses del pueblo de las Islas Filipinas.
El Pueblo Americano Necesita una Marina
Mercante Americana para Nuestro
Transporte Extranjero»
Extracto de las observaciones del Hon. Wm. S. Greene, de Massa-
chusetts, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 28 de Abril
de 1904.
Sr. Presidente : La cuestión de la marina mercante ameri-
cana es muy sencilla. Sin embargo ; es bastante extraño que
se la haya rodeado de un cierto grado de misterio y de
falsedad, que de tal manera confunde y complica la cuestión,
II 7
que muchos abandonan su solución por desconfianza. La
cuestión marina es enteramente una cuestión de trabajo.
El pueblo americano necesita una marina mercante ameri-
cana para su transporte extranjero. Lo que necesita es ver
astilleros americanos empleados en la construcción de buques
que se necesiten para el transporte al través del Océano.
Sabe que tenemos abundancia de materiales de construcción
para hacer frente á todas las necesidades ; que tenemos un
suelo fecundo en mineral de nierro y de carbón, los dos
principales factores en la moderna construcción de buques.
Desearía ver ocupados nuestros medios de comunicación,
así ferroviarios como pluviales, como también el trabajo ame-
ricano que utilizan, en conducir las materias primas á los
molinos y factorías, que son necesarias para la construcción
de buques, y después que hayan sido preparadas en debida
forma, en esos molinos y factorías, por el trabajo americano,
le sería también satisfactorio verlas conducidas á nuestros
astilleros para allí emplear el trabajo americano en reunir las
diferentes partes y convertirlas en buques completamente
acabados.
Los demócratas querrían que comprásemos nuestros bu-
ques en el exterior y los tripulásemos con extranjeros para
resolver de ese modo el problema de una marina mercante ( ?)
americana. La diferencia sería que todas las ganancias
netas de los buques, después de cubiertos todos los gastos —
es decir, 5 por ciento — entraría en los Estados Unidos ; los
extranjeros tendrían el 95 por ciento restante de las ganan-
cias brutas de los buques, según el plan democrático para la
rehabilitación de la marina mercante americana. ¿ Qué bene-
ficio positivo, por tanto, resultaría para el pueblo americano y
para los Estados Unidos como nación, hacer construir sus
buques en el exterior y que sus oficiales y tripulación fuesen
extranjeros? Con esta política democrática, . el capitalista
solamente obtendría beneficio, y el trabajador americano nin-
guno absolutamente .
n8
La Importancia del Trabajo con Respecto á la
Navegación.
Defensa para la protección de la Marina Americana de
alto bordo, para qne se les dé empleo á 30,000
trabajadores en los Astilleros Americanos.
(Por John McNeil, Presidente de la Hermandad de Caldereros y
Constructores de Buques de Hierro de América.)
Soy el presidente de una organización de trabajadores
americanos, dependiendo todos ellos de la construcción de
buques para su subsistencia. Tenemos una comunidad de
30,000, desparramados en el país en 500 diferentes parajes.
Estamos mayormente interesados en lograr trabajo para
nuestros oficios. Jamás se han visto tantos de nuestros
miembros buscando empleo, como se ven hoy.
Nos encontramos en un país donde los jornales son más
altos que en ningún otro. No deseamos reducción alguna
en los precios medios de los salarios americanos.
Considerando los salarios que se pagan á nuestros hombres
en los talleres de construcción, los precios de los materiales
y otros gastos que se relacionan con la construcción de bu-
ques, es imposible construir un buque en este país tan barato
como puede lograrse en otros países. Si estuviésemos cons-
tantemente empleados todo el a.ño, uno tras otro, como los
constructores de locomotoras y puentes, debido á la gran
solicitud de nuestro producto, entonces no dudaríamos que
podríamos construir buques tan barato y quizás más barato
que los extranjeros; del mismo modo que se construyen
nuestros puentes y locomotoras más barato que los puentes
y locomotoras extranjeros.
Lo que necesitamos es una grande y permanente demanda
de buques para el comercio exterior. El problema es, cómo
conseguirla. Precisamente tal situación existía en este país
hace catorce años con* respecto á la industria de la hoja de
lata. Sabíamos cómo hacerla, teníamos para ello todas las
facilidades, la habilidad, los materiales y la solicitud para la
misma. El obstáculo era el precio. Los americanos no
podíamos fabricarla tan barata como los extranjeros.
El Congreso impuso entonces un alto derecho de importa-
ción sobre la Jhoja de lata, y todos sabemos que en los catorce
años que han pasado desde que el derecho se impuso, que no
II 9
solamente fabricamos toda la hoja de lata que necesitamos
para nosotros mismos, sino que la exportamos en grandes
cantidades.
Si los altos derechos protectores se retirasen, es indudable
que pronto perderíamos la manufactura de la hoja de lata.
Por ese acto del Congreso americano valió la pena que el
capital americano se invirtiese en este país en la fabricación
de hoja de lata. Los salarios de los empleados en dicha
manufactura no se redujeron al nivel de los extranjeros ; pero
el costo del producto extranjero aumentó tanto, que pusieron
á los americanos en condiciones de poderlo fabricar, y aun
pagar los tipos de salarios que actualmente ganan en los
Estados Unidos los trabajadores ocupados en la fabricación
de la hoja de lata.
Venimos á pedir al Congreso que haga para la industria
constructora de buques, lo mismo precisamente que hizo
para la de la hoja de lata. Primeramente, penetrarse de que
los buques no se - construirán aquí al mismo precio que en el
extranjero, y después hacer que sea beneficioso para el capi-
tal americano poderse invertir en la construcción de buques
americanos. Y pedimos al Congreso que proceda así, en
beneficio de nuestros buques empleados en la navegación de
alta mar, del mismo modo que lo que ha hecho por la indus-
tria de la hoja de lata, por medio de la protección. Hemos
probado el libre-cambio en el transporte á través del Océano
por tanto tiempo, que los resultados de la prueba son mani-
fiestos para todo el mundo. Tenemos ahora un tonelaje que
asciende á 800,000 que se dedica á esa navegación ; mientras
que hace más de una generación que contábamos con 2,500,-
000 toneladas.
La negativa de protección, á los buques americanos, en la
navegación de alta mar, significa negar empleo á los hombres
que se ejercitan en nuestro oficio en los Estados Unidos,
recayendo el daño sobre el trabajador americano y no sobre
el capital americano. Está demás decir que podemos pros-
perar aceptando los tipos extranjeros para los salarios : no
podríamos si quisiéramos, y si no quisiéramos si podríamos.
Queremos ser tan bien considerados como cualesquiera de
los otros trabajadores americanos en todos conceptos; nece-
sitamos ganar buenos salarios, queremos gozar de las como-
didades de lo necesario para vivir, tanto como de ellas gozan
nuestros compañeros, los otros trabajadores; y puesto que
los actos del Congreso han creado y mantenido hace tiempo
I20
un alto tipo de salarios para los trabajadores americanos en
todos los otros oficios, abrigamos todavía la esperanza, tanto
tiempo aplazada, que el Congreso todavía considerará y en-
tonces rectificará la injusticia que hace á los trabajadores
americanos empleados en la construcción de buques, á causa
de su persistente negativa en proteger los buques americanos
que hacen la competencia á los buques extranjeros en nuestra
navegación de alta mar.
La Mayor Calamidad para la Raza Humana.
Extracto de las declaraciones del Hon. Eben W. Martin, de South
Dakota, en el Diario de Sesiones del Congreso, en Noviembre
27 de 1903.
Me he tomado el trabajo de examinar algunos cálculos ofi-
ciales, y puedo asegurar al caballero de Missouri (Mr.
Clark) que su manifestación en este recinto de la Cámara,
en Febrero de 1902, era correcta científica é históricamente,
al decir que la segunda elección de Grover Cleveland fué la
mayor calamidad que ha recaído sobre la raza humana desde
la caída de Adán.
Los dos y medio años últimos de la administración de Ben-
jamín Hárrison estuvieron bajo el régimen de la tarifa
McKinley, y durante toda su administración los ingresos ex-
cedieron á los egresos de una Cámara republicana y un Sena-
do en $205,000,000, y durante la administración de Hárrison
los republicanos pudieron reducir la deuda nacional en la
suma de $259,000,000. Los primeros diez y ocho meses de la
administración de Cleveland estuvieron únicamente bajo la
ley de la tarifa de McKinley. Durante esos meses es verdad
que los egresos excedieron á los ingresos en varios millones
de dollars, pero la discrepancia en el Tesoro durante ese
período fué debido menos á la tarifa McKinley que á la gran
disparidad en las entradas y los gastos del presupuesto demo-
crático.
Si los gastos del primer año y medio de la administración
de Cleveland no hubieran sido mayores que los de igual pe-
ríodo de la administración de Hárrison, hubiera habido un
exceso de algunos $30,000,000 durante la administración de
Cleveland bajo la tarifa de McKinley. Los hechos están
patentes en la historia, de que á la adopción de la tarifa de
Wilson-Gorman, en Agosto de 1894, i as entradas empezaron
121
á reducirse sistemáticamente. No hubo reducción en los
gastos, sino aumento. No hubo siquiera un año durante la
administración de Cleveland en que los gastos no fuesen
mucho mayores á las entradas, y considerando los cuatro años
de gastos en conjunto, fueron de $187,000,000 más que las
entradas bajo el presupuesto de Cleveland.
Las cifras exactas son como sigue :
Marzo 1, 1893, á Marzo 1, 1894: Ingresos, $323,463,100.-
75; egresos, $371,269,576.28; déficit, $47,806,475.52.
Marzo 1, 1894, á Marzo 1, 1895: Ingresos, $308,725,956.-
58; egresos, $366,650,441.79; déficit, $57,924,485.21.
Marzo 1, 1895, á Marzo 1, 1896: Ingresos, $325,254,-
564.51 ; egresos, $351,094,307.53; déficit, $25,839,743.02.
Marzo 1, 1896, á Marzo 1, 1897: Ingresos, $308,481,-
047.69; egresos, $364,559,067.55; déficit, $56,078,019.86.
Por los cuatro años: Ingresos, $1,265,924,669.54; egresos,
$1453,573,393-15 : déficit, $187,648,723.61.
La tarifa McKinley se puso en vigor en Octubre 6 de 1890,
y la Wilson-Gorman en Agosto 28 de 1894.
Durante el período de la tarifa McKinley, bajo la ad-
ministración de Harrison, hubo un sobrante en los ingresos
de $54,504,288.80 sobre los egresos. Durante el período de
la tarifa Wilson-Gorman, bajo la administración de Cleve-
land, que fué prácticamente en los dos y medio últimos años
de esa administración, los gastos excedieron á las contribu-
ciones en $110,879,005.48. Es evidente, por tanto, que las
dificultades con la administración de Cleveland no fué de-
bido á la tarifa de McKinley. Las din cuitad es con la ad-
ministración fueron las inadecuadas contribuciones de la
tarifa Wilson-Gorman y los extravagantes gastos en un pe-
ríodo de profunda paz.
Queda, además, la siguiente consideración : No obstante la
guerra con España, y los inmensos gastos inherentes á ella,
y la inmensa responsabilidad que nuestro gobierno ha asumi-
do, hemos sistemáticamente reducido la deuda nacional; y
hasta el interés anual de $33,000,000 que nos legó la adminis-
tración de Cleveland ha sido reducido á un interés anual de
$24,000,000. Durante ese período hemos emitido como $445,-
000,000 en bonos del 2 por ciento, con los cuales hemos redi-
mido una gran parte de los bonos del 4 y 5 por ciento de la
administración de Cleveland y otros bonos pendientes del 3
por ciento. Nuestros bonos del 2 por ciento están á interés,
de modo que el tipo de interés más alto que se puede realizar
122
sobre un bono "del gobierno, comprado hoy en el mercado,
es de. i. 7 por ciento.
Un Hombre es Libre- Cambista ó Proteccio-
nista. No hay Término Medio.
Extracto de las declaraciones del Hon. Wm. D. Owen, de Indiana,
página 5545 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso,
primera Sesión.
Sr. Presidente : No hay término medio sobre esta cues-
tión. Tal pretensión es una mera suposición. Un hombre es
libre-cambista ó proteccionista. Si es libre-cambista, mien-
tras que las contribuciones sean colectadas por la tarifa, las
quiere impuestas sin referencia á las industrias protectoras ;
si es un proteccionista las quiere impuestas con especial refe-
rencia á los beneficios industriales ; y cuando una industria
puede sostenerse por sí misma, ó los experimentos han de-
mostrado que es capaz de desarrollo, le retira la protección.
Las líneas que lo separan están tan grandemente alejadas
como los polos y tan claramente definidas como cualesquiera
de las diferentes políticas de la gobernación. El reformador
político es un político que no está ligado á ningún principio
gubernamental. Es un especulador en los cambios de la po-
lítica. Es un vividor industrial, el que, cuando le rascáis
las espaldas, encontráis un hombre que reforma todos los
otros, pero necesita que protejáis las industrias de su distrito.
En mi concepto, defender y proteger una industria en mi
distrito, y apoyar la política del libre-cambio contra otras
industrias de otras partes, me demuestra un verdadero cono-
cimiento del mérito de la protección, pero como sé es un
hombre político, se está dispuesto á unirse á su partido en una
cruzada contra los otros. Es de semillas como ésta que se
le causan entorpecimientos á los gobiernos.
La Política Democrática es Libre- Cambio
y Nada Menos que Eso.
Extracto de las declaraciones del Hon. S. L. Milliken, de Maine,
página 4255 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso,
primera Sesión.
Mas para concluir, permitidme decir que el punto está clara
y completamente definido por los dos grandes partidos del
país, el libre-cambista democrático y el proteccionista repu-
123
blicano, y me alegro que así sea. No vemos más esa es-
trategia de la cuestión en la parte de nuestros amigos demó-
cratas como hasta aquí la habían ensayado con tal éxito, para
que su habilidad obtenida por larga experiencia les hiciese
merecedor á ella. El mensaje del Presidente, el bilí Mills, y
la cuestión de la tarifa en esta Cámara han hecho un bien
si no otro. Han demostrado al país que la política demo-
crática es el libre-cambio y no otra cosa; y si el presente bilí
no va tan lejos, sus defensores van, puesto que está sostenido
bajo el principio del libre-cambio y no de otra cosa, y que
el partido democrático sólo espera una oportunidad para
salir de su yá rota concha para convertirse en un campeón
lleno de plumas, defensor del libre-cambio, como el más ar-
diente de sus leaders ó el más radical de los miembros in-
gleses del club Cobden, para el cual ha contribuido con
tantos partidarios en este país, como pudiera desear.
La Tarifa Construye las Fábricas y Establece
la Maquinaria.
Extracto de las declaraciones del Hon. Thomas B. Reed, de Maine,
página 4671 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso,
primera Sesión.
Estimulado por la teoría del "libre-costo/' el Presidente
de la cámara ordenó una investigación en las manufacturas
más antiguas de la Nueva Inglaterra. ¿ Qué industrias eli-
gió? Géneros de algodón para sábana y pintados de algo-
dón ; géneros de algodón, precisamente los artículos y quizás
los únicos artículos que han gozado de continua é inalterable
protección efectiva desde 1824.
Excoge industrias que, bajo todas las tarifas, han tenido
sesenta años de constante protección, demuestra por ellas los
salarios más altos para la mano de obra y los precios más
bajos para los consumidores, y entonces se envuelve atrevida-
mente en la bandera del "libre-costo" y. proclama á la faz
del mundo, que lo oye con extrañeza, que la tarifa nada tiene
que ver con los salarios. Me siento con curiosidad por
saber qué pensó Edward Atkinson de su nuevo discípulo en
ese momento.
Oh, no; las tarifas nada tienen que ver con los salarios.
Es el carbón, el vapor y la maquinaria. Pero ¿ qué es lo que
erige las maquinarias? ¿qué es lo que hace que las fábricas
124
de algodón se construyan? nada, la tarifa. Entonces, pues,
la tarifa construyó la fábrica, erigió la maquinaria, la ma-
quinaria construyó los salarios; pero la tarifa no lo hizo.
¿No es muy semejante esto á decir, que vuestro padre es
vuestro progenitor, pero que vuestro abuelo no lo fué?
¿ Cómo podéis mejorar la máquina que no poseíais ? ¿ Cómo
aumentar la eficacia de la máquina que no existía ?
La Protección.
La que desarrollará nuestros recursos naturales ;
I¿a que proporcionará trabajo á nuestros hombres.
Extracto de las declaraciones del Hon. M. M. Boothmann, de Ohio,
página 6751 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso,
primera Sesión.
La teoría de protección, Sr. Presidente, propiamente apli-
cada, no resulta en una posición tan absurda é insostenible.
Limita el lugar de abastecimiento para los Estados Unidos
á las cosas que podemos producir en suficientes cantidades,
para hacer frente á la demanda de nuestro pueblo. Al hacer
esto, no limita sus benéficos efectos á una industria ó á unas
pocas favorecidas empresas, sino que declara que con res-
pecto á todas las industrias que están ó pueden ser estableci-
das y que puedan suplir cuando sea necesario la demanda de
nuestro pueblo limitaremos las compras de las cosas por
nuestros ciudadanos á nuestros propios mercados hasta donde
la tarifa razonablemente pueda hacerlo, y de esta manera
conservaremos nuestro dinero en casa para invertirlo en
nuestras empresas domésticas. Se desarrollarán nuestros
naturales recursos en todas direcciones, se diversificarán los
empleos del pueblo, proporcionará trabajo al obrero, y bajo
este sistema nuestros trabajadores no tendrán que ser todos
labradores ó cualquiera otra cosa, sino que pueden consa-
grarse entre nosotros con provecho á casi, si no á todas las
empresas de negocios é industrias conocidas.
125
Únicamente por^Medio de una Tarifa Protec-
tora es que se Pueden Conservar
los Mercados Domésticos.
Extracto de las declaraciones del Hon. M. E. Olmsted, de Penn-
slvania, en el Diario de Sesiones del Congreso, en Junio 6 de
1904.
Beneficio de la Tarifa Protectora Republicana.
Uno por uno los países del mundo, que mantenían una
tarifa baja, han reconocido las ventajas de la protección y
han adoptado sus principios, y ahora la fortaleza del libre-
cambio, la Gran Bretaña, parece estar á punto de rendirse
á la demanda popular por la protección.
Con la prosperidad que han obtenido los Estados Unidos,
Francia, Alemania, debido al sistema proteccionista, los
principales países de Europa, con excepción de los Países
Bajos y el Reino Unido, lo han aceptado.
Recientemente, además, el Japón, India y China han au-,
mentado los derechos de su tarifa, siendo el aumento en
muchos artículos grande ; y con ese motivo los dos restantes
países, los Países Bajos é Inglaterra, se encaminan respec-
tivamente hacia la protección. En los Países Bajos se ha
propuesto recientemente una nueva tarifa por el Gobierno,
especialmente sobre muchos artículos, y como es bien sabido,
se está haciendo una fuerte petición en el Reino Unido para
la adopción de un sistema protector.
El principal argumento que se aduce en el Reino Unido
en favor del abandono del libre-cambio y la adopción del
proteccionismo, es de que únicamente con una tarifa protec-
tora pueden conservarse los mercados domésticos para los
manufactureros del país. Los alemanes, con salarios bajos,
hábiles mecánicos, gran abundancia de materias primas y una
gran educación técnica, reconocida por el mundo manufactu-
rero, han invadido el mercado británico por un lado, mien-
tras que por el otro las manufacturas de los Estados Unidos,
producidas con salarios altos, pero con maquinaria eficiente,
gran abundancia de materias primas, combustible á bajo
precio, transporte barato y las economías que resultan de
la gran organización, se están también declarando un serio
competidor en los mercados de la Gran Bretaña y sus colo-
nias.
I2Ó
Este descontento está basado en el hecho de que bajo el
sistema del libre-cambio, la importación de manufacturas en
el Reino Unido, de los Estados Unidos, Alemania, Países
Bajos, Bélgica, y Francia, siendo países protectores ha au-
mentado de $250,000,000 en 1875 á $580,000,000 en 1902, y
justificado además por el hecho de que las exportaciones de
manufacturas para los mismos países protegidos bajó de
$355,000,000 en 1875 á $285,000,000 en 1902.
Estos dos grandes datos, de que los países cuyos sistemas
manufactureros se han desarrollado bajo una tarifa pro-
teccionista, están amparándose de los mercados del Reino
Unido y al mismo tiempo excluyendo sus manufacturas de
sus propios mercados, como queda demostrado por las cifras
oficiales publicadas por el Gobierno Británico, son probable-
mente los motivos de la rigurosa petición que se está ahora
haciendo en Inglaterra para la adopción del sistema protec-
cionista.
La Verdadera Esencia para la Defensa de
Nuestro Comercio es la Marina.
Extracto de las declaraciones del Hon. A. G. Dayton, de West
Virginia, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 20 de Febrero
de 1904.
Hasta hace cerca de catorce años no hemos venido á tra-
bajar sistemática y seriamente para formarnos una flota en
los mares, que fuese un honor y crédito para nuestro país y
nuestra bandera. Como consecuencia de ello, estos gastos
han aumentado; pero hemos podido soportarlos, sin que el
país los haya jamás sentido; y que el extraño estado de
cosas exista hoy de que el sentimiento más fuerte en favor de
la marina de los Estados Unidos está en aquellas secciones
alejadas del mar — en el gran Nordeste, en los países monta-
ñosos como mi Estado — mientras que la única protesta que
aparece es la un caballero que representa el Estado de New
York.
Con respecto al costo de ella, el Secretario de Marina, en
su informe anual, ha aprovechado la oportunidad de facili-
tarnos algunas cifras referentes á lo que los gastos navales
han aumentado.
Sr. Presidente : con su permiso, pido al Oficial que me
lea el pasaje de este informe que he marcado, incluyendo
la tabla dada por él, con objeto de que los miembros del
127
comité pueden ver, después de todo, que aunque es un bilí
de asignación de $ 100,000,00o 1 , es enteramente para el pro-
pósito de defender nuestro honor, nuestro país y nuestra
bandera y mantener nuestra paz. Espero que estos señores
atenderán á la lectura de la tabla, á fin de que puedan ver
cuan pequeño es el actual tipo de aseguro comparado con la
riqueza y el valor de este país.
El oficial lee lo siguiente :
"El costo de la protección militar se ha comparado con
frecuencia con el de los aseguros sobre la propiedad. La
comparación no es impropia y tiene una significación es-
pecial al considerar los gastos navales. He ordenado hacer
una comparación entre la valuación nacional y los gastos
navales. La valuación de la propiedad total se obtuvo to-
mando las cifras de Mulhall hasta el censo de 1850 y después
las cifras del censo. Esto da solamente la valuación de
cada diez años, empezando en 1800. La valuación de los
años intermedios se ha obtenido aproximadamente añadiendo
á cada año una igual proporción de aumento decenal. De
este modo se ha obtenido fácilmente el término medio de cada
período decenal. Los gastos navales pueden obtenerse con ab-
soluta exactitud. Los gastos expresados no incluyen el costo
del establecimiento del poder ejecutivo. La tabla siguiente,
computada de esta manera, demuestra el tanto por ciento de
la propiedad total de los Estados Unidos consagrada al
sostenimiento de la marina, por períodos de diez años, en el
último siglo. El período total demuestra un gasto anual
por término medio de $0.00123 por cada peso de valuación.
Promedio Promedio de
del valor los gastos Por
Años. (computado). navales. ciento.
1801-1810 $1,321,245,000 $1,636,723 O.OOI23
1811-1820 1,732,470,000 4,675,502 .00269
1821-1830 2,335,930,000 3,295,086 .OOI41
1831-1840, 3,301,915,000 5,041,751 .00152
1841-1850 5,637,199,000 7,237,696 .OOI29
1851-1860 12,198,889,800 11,996,977 .OOO98
1861-1870 23,718,414,100 46,848,730 .OOI97
T871-T880 36,983,933, IOO 19,658,796 .OOO53
1881-1890 54,959,300,050 16,867,629 .OOO30
1890-1900. ; 81,131,690,950 38,635,164 .00047
Término medio general, $0.00123.
128
Los gastos para el año fiscal de 19x33 fueron $82,618,034.
Por una razonable aproximación, la valuación para ese año
fué $106,239,266,872.
De modo que se gastó en dicho año por cada peso de la
valuación nacional $0.00077. Si el término medio del último
siglo se hubiera alcanzado, los gastos hubieran sido $130,-
674,298.55."
Mr. Dayton. Así, pues, Sr. Presidente, para la común de-
fensa y la paz de este país, exclusivamente pagamos menos de
una milésima de 1 por ciento sobre la valuación de la actual
propiedad de este país. Supongamos que lo consideremos
desde el punto de vista comercial ; no hay uno solo en la
Cámara que no reconozca que lo esencial para la defensa
de nuestro comercio es la marina de los Estados Unidos ;
que es una triste cosa la de intentar extendar el comercio
y protegerlo, á menos que no lo hagamos con el poderoso
brazo del Gobierno, ejercido por medio de nuestros buques
de guerra. Pasemos á considerarlo bajo el punto de vista
de un premio de seguro sobre el comercio del país. Conside-
rándolo en esa forma, los gastos navales serían solamente
de veinte y dos milésimas de un centavo, y cuando se tome
en consideración el costo de asegurar las empresas indus-
triales de este país, los miembros del Comité pueden ver '
cuan pequeño y cuan insignificante es este tipo.
Hon. Justin S. Morril, de Vermont.
.Remiendo de la Tarifa por el Partido Democrático.
Extracto de las declaraciones del Hon. Justin S. Morrill, de Ver-
mont, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso (50 o
Congreso, primera Sesión, página 3018).
La tarifa de 1846. permaneció sin alteración hasta 1857,
cuando á consecuencia del exceso momentáneo de las con-
tribuciones experimentó algunas reducciones más, resultando
insuficiente para el sostenimiento anual del Gobierno. La
condición del país fue gráficamente descrita por el Presi-
dente Buchanan en su mensaje de Diciembre 8 de 1857, como
sigue :
"En medio de la excesiva abundancia en todas las pro-
duciones y elementos de la riqueza nacional, encontramos
nuestras fábricas interrumpidas, nuestras obras públicas re-
tardadas, nuestras empresas privadas, de diferentes clases,
129
abandonadas, y miles de trabajadores útiles fuera de empleo
y reducidos á la necesidad. "
Se recordará que, por falta de una tarifa protectora, casi
la totalidad de los seiscientos cuarenta millones de oro que
produjo California, desde 1849 á 1860, tuvieron que ser
en seguida exportados á países extranjeros, donde maravillo-
samente desarrollaron y fertilizaron las industrias extran-
jeras en lugar de las nuestras.
Lo.s trastornos financieros de T837, 1847, I 857 y el general
quebrantamiento de los negocios, atribuidos con justicia á
las imprudentes reducciones y á los remiendos de la tarifa
por el partido entonces en el poder, están tan imborrables
en los archivos de la histeria, como las revoluciones políticas
que se siguieron á la caída y derrota del partido democrático.
Página JO JO.
Las limas, antes de establecerse la tarifa de 1861, eran casi
todas importadas, y las del tamaño ordinario se vendían
desde seis á siete pesos la docena. Mr. Nicholson, de Rhode
Island, inventó una máquina para su fabricación, que dio
éxito, y hoy tenemos ciento cincuenta fábricas de limas es-
tablecidas, debido enteramente á la tarifa proteccionista, y
encontramos que las limas de igual mérito se venden desde
$2 á $2.30 por docena. En 1857 se importaron limas única-
mente por el montante de $40 ; pero ahora encuentran empleo
en su manufactura miles de trabajadores americanos.
Página JOIQ.
El maravilloso incremento de la riqueza de nuestro país
en una veintena de años es un inagotable manantial de pú-
blica felicitación y me refiero á esto simplemente para decir
que aun las autoridades del libre-cambio convienen en ello.
"En proporción al aumento de capital, la participación del
producto total que corresponde al capitalista se disminuye,
mientras, al contrario, la parte del labrador se aumenta." —
Bastiat.
Un hecho adicional puede manifestarse, y es, que los de-
pósitos de las Cajas de Ahorro de los Estados Unidos, donde
se efectúan los depósitos principalmente en pequeñas canti-
dades todos los meses por los trabajadores y trabajadoras,
y que se encuentran aquí bajo una tarifa protectora, mon-
taron en 1872 á $669,329,917, y aumentaron en 1886 á la
i 3 o
suma de $1,235,736,069. Mientras esta suma se acumulaba,
se pagaba por nuestro país del principal de la deuda, hasta
Marzo 1 de 1888, $947,325,816, además de los grandes in-
tereses. De esto se desprende que estos trabajadores y tra-
bajadoras tienen en depósito en las cajas de ahorro un mon-
tante suficiente para haber pagado en dicha fecha toda nues-
tra deuda nacional de $1,202,454,714, y todavía quedar un
excedente de $33,000,000.
Esto ilustra el hecho que, mientras los productos domés-
ticos han aumentado grandemente bajo el régimen de la
tarifa protectora, la distribución en la parte correspondiente
al obrero, comparada con la del capitalista, relativamente
siempre ha aumentado más.
La América ha Tenido un Aumento en sus
Ventas á Nosotros de cerca de 45 por
ciento, y ha Dejado de Comprarnos
por más de 40 por ciento.
Extracto del London Daily Telegraph, publicado en el Diario de
Sesiones del Congreso de Enero 5 de 1904.
Cómo el Acta de McKinley perjudicó á la Gran Bretaña.
Hasta la adopción del acta de McKinley nuestras expor-
taciones para el vasto y creciente pueblo, para quien éramos
de tanto valor, como casi todos los otros clientes reunidos,
habían demostrado su natural aumento. Abrimos de par en
par nuestros puertos al comercio americano. La política de
la gran tarifa que lleva el nombre del difunto Presidente
significó la clausura de los nuestros, y lo ha logrado con
tolerable eficacia. Los números de la Junta de Comercio
también lo pregonan ; y aunque la comparación que ellos
sugieren no es del todo tan negra como aparece, debido al
hecho de que los fletes incluidos en el costo de los productos
americanos han sido principalmente ganados por buques
británicos, las estadísticas demuestran con perfecta exactitud
cómo nuestras exportaciones á América han sido combatidas
por el proteccionismo, y cómo sus ventas han aumentado de
este lado de una manera sorprendente favorecidas por el
libre-cambio. El año antes de que el acta de McKinley se
pusiese en vigor, el cómputo era el siguiente :
i3i
Año 1890.
Importaciones de los Estados Unidos £97,280,000
Exportaciones de productos ingleses 32,060,000
Considerad ahora el reverso de la medalla después que el
incondicional Cobdenismo ha sido combatido por doce años
por el consistente McKinleyismo.
Año 1891.
Importaciones de los Estados Unidos £141,000,000
Exportaciones de productos ingleses 18,390,000
En otras palabras, la América ha tenido un aumento en
sus ventas á nosotros de 45 por ciento y ha dejado de com-
prarnos por más de 40 por ciento, á pesar del inmenso acre-
centamiento de su población é industria.
No da esto mucho pábulo para los que mantienen que la
protección ahoga el comercio de los países que adoptan tal
herejía, y que el libre-cambio solamente es bastante para
promover los intereses de los que suavemente se chupan la
pura significación de esa palabra. Y si estas cosas se hacen
en el árbol verde, ¿ qué deberá hacerse en el seco ? La pers-
pectiva de un cambio radical en la tarifa americana, en la
forma indicada en el último memorable discurso de Mr.
McKinley, ha desaparecido con la tragedia de Búrlalo. Al
poder de la tarifa se ha agregado el de los trusts. La or-
ganización más tremenda que se ha conocido en la esfera de
la competencia internacional se ha hecho invencible por una
defensa blindada contra los esfuerzos de todos los rivales del
exterior. Está desarrollando un inmenso material con el
cual atacar en lo futuro á sus rivales en su propio mercado.
Y de este lado no hay obstáculo alguno que oponer á sus
operaciones. Su base estratégica en el otro lado del Atlán-
tico es inexpugnable, y en este lado puede atacar, en cualquier
tiempo que le agrade, nuestro centro.
L<a Gran Bretaña teme grandemente á nuestros "Trusts."
La política del trust de acero ha sido repetidamente mani-
festada por Mr. Schwab. Más tarde, ó más temprano, será
puesta en práctica y tendremos que hacerle frente.
En ese día aquellos espíritus que ignoran la significación
de la advertencia de Mr. Chamberlain, quizás la consideren
132
bajo otro punto de vista. El monopolio del acero, que cuenta
con un capital de más de ¿300,000,000, ha estado ocupado
desde su fundación con la demanda doméstica. Esa de- '
manda sigue aumentando, á todavía más amenazadoras di-
mensiones, su formidable poder. Cuando el dique ameri-
cano se rompa, como necesariamente debe ser, la inmensa
cantidad de producción acumulada sobre la cual se basa toda
la posición del trust del acero no podrá suspenderse.
No habrá ninguna suspensión. La producción tiene que
mantenerse y tiene que encontrarse mercado para ella. Si
no existe en el país tiene que crearse á toda costa en el ex-
terior. Mr. Schwab jamás ha ocultado cuál es la intención
de sus directores cuando esta emergencia se- presente. Tiene
que descender sobre los mercados extranjeros, y principal-
mente sobre el mercado británico, con todo el peso de su
poder industrial, que se acumula detrás del sistema pro-
teccionista americano como el agua detrás de una esclusa.
El especial proyecto de formar una liga entre Inglaterra y
sus colonias y suspender nuestra exportación, como lo ex-
presó una vez, al Canadá, África del Sur, Australia y á la
misma India. Algún día al trust de acero seguirá un trust
de algodón. La América está manufacturando más y más
en sus fábricas su mismo algodón. Todos los otros países
tienen su garantía contra la absorción por los trusts de sus
mercados domésticos y extranjeros. Nosotros no tenemos
ninguna, y si seguimos sin tener ninguna, cuando el dique se
quiebre en la América misma, es probable que nos encontre-
mos sorprendidos en la lucha por el comercio, y que esas
sorpresas no sean menos extraordinarias que nuestras sor-
presas militares al comienzo de la guerra Boer.
Esta situación nos trae á la vez al fondo del argumento.
¿ Qué significa el libre-cambio ? Cuando Cobden y sus com-
pañeros introdujeron ese sistema se imaginaron que todo el
mundo seguiría nuestro ejemplo. Por libre-comercio querían
significar libre-cambio — el derrumbamiento de las barreras
en todos lados. Este es el único estado de cosas bajo el
cual el comercio podía ser libre.
En aqual sentido el comercio libre no existe, y jamás ha
existido. No hay tal cosa. Lo tínico que tenemos son im-
portaciones libres. No decimos que este sistema sea necesa-
riamente malo en sí mismo; pero llamemos al sistema por
el nombre que le corresponde por sus hechos. Tenemos una
libre importación de productos extranjeros; pero los pro-
*33
ductos ingleses no tienen ningún mercado extranjero de im-
portancia que sea libre. Importamos de los Estados Unidos
en 1901 por el enorme total de £108,000,000. En cambio
los Estados Unidos importaron del Reino Unido solamente
por algo más de £18,000,000. Compramos de nuestro gran
competidor proteccionista exactamente seis veces lo que
compraron de nosotros. Dudamos que haya habido alguna
vez tanta disparidad en el comercio de las naciones.
Una Exposición Sobre el Trabajo, de Teodoro
Roosevelt.
Extractos de las observaciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio,
en el Diario de Sesiones del Congreso, en Abril 4 de 1904.
Proporcionamos hoy aquí la exposición del caballero que
será el candidato republicano para Presidente. Suministra
buena lectura para la campaña en la cual nos estamos mo-
viendo rápidamente. Facilitará á nuestros amigos demo-
cráticos alimento para el espíritu, é inspirará al hombre tra-
bajador del país la satisfactoria persuasión de que el an-
tiguo partido republicano, el partido de Lincoln, de Grant,
de McKinley, de Hanna, está presentando para la Presiden-
cia á un hombre digno sucesor de todos ellos, y que per-
manece invencible en su lealtad hacia los más altos intereses
que se relacionan con el hombre trabajador de los Estados
Unidos.
Una Exposición sobre el trabajo, de Teodoro Roosevelt.
"El problema más vital en el cual este país, y por con-
siguiente todo el mundo civilizado, tiene que intervenir,"
así se expreso el Presidente Roosevelt en su primer men-
saje al Congreso, "es el problema que presenta por un lado
el mejoramiento de las condiciones sociales, morales y físicas
en las grandes ciudades, y por el otro el esfuerzo de afrontar
esa confusión de cuestiones de gran importancia que agrupa-
mos cuando hablamos de "el trabajo."
Sumario de la favorable influencia sobre la legislación
del trabajo, de Teodoro Roosevelt.
Como miembro de la asamblea de New York votó por los
bilis.
Abolición de la fabricación de tabacos en las habitaciones
de* familia, en la ciudad de New York.
i34
Restricción del trabajo del niño en fábricas y talleres.
Reglamentación de las horas del trabajo de los menores y
mujeres en las fábricas.
Seguridad para las vidas y miembros de los obreros de
las fábricas.
Reglamentación de los tipos de salarios de los operarios
empleados por las municipalidades.
Disponer que los empleados sean acreedores de preferencia.
Disposición en favor de los derechos de los mecánicos
constructores.
Prescribiendo los derechos de las trabajadoras.
Protección para los mecánicos y trabajadores ocupados en
perforar pozos de aceite ó gas.
Abolición del contrato del trabajo del niño en las institu-
ciones de corrección.
Creación de una comisión para el examen del procedi-
miento del sistema de contrato para los presidiarios em-
pleados.
Establecimiento de la oficina de ias estadísticas del tra-
bajo.
Promoción de la paz industrial.
Incorporación de la librería de Circulación Libre de New
York.
Creación de baños públicos libres en New York.
Como Gobernador de New York aprobó estas medidas : —
Creación de una comisión para las casas habitaciones.
Reglamentación del trabajo en los talleres de costura.
Autorizando al inspector de fábricas á poner en vigor la
ley sobre andamios. Ordenando al inspector de fábricas de
poner en vigor el acta, reglamentando las horas de trabajo
en los ferrocarriles, haciendo efectivas las leyes de las ocho
horas y del tipo de los salarios vigentes.
Reformando el acta de las fábricas :
(i) Protegiendo los empleados que trabajan en edificios.
(2) Reglamentación de las horas de trabajo de las em-
pleadas.
(3) Disponiendo que las escaleras deben estar bien ilumi-
nadas.
(4) Prohibiendo el manejo de maquinaria peligrosa por
niños.
(5) Prohibiendo á las mujeres y menores de trabajar en
ruedas de pulir.
!35
(6) Disponiendo que haya sillas en hoteles y restaurants
para las sirvientas.
Acortando las horas de trabajo á los dependientes de dro-
guerías.
Aumentando los salarios de los maestros de escuela de
New York.
Extendiendo á otros ingenieros 1?. ley licenciando á los
ingenieros de New York, y conceptuándolo como un delito
la violación de la misma.
Licenciando los ingenieros de máquinas fijas de Búrlalo.
Disponiendo el examen y registro de los herradores de
caballos en las ciudades.
Registro de los trabajadores para el empleo en los muni-
cipios.
Preferencia sobre la retrancas de aire en los trenes de
carga.
Disponiendo los medios para la publicación de boletines
quincenales por la oficina estadística del trabajo.
Además de lo precedente, cuando fué Gobernador de New
York recomendó la legislación con respecto á la responsa-
bilidad de los empleados, que la legislatura no aceptó.
Poder del Estado en las oficinas de empleos.
Propiedad del Estado de las imprentas.
Creando medios por los cuales los mecánicos libres no
sean puestos en competencia con el trabajo del prisionero.
Como Presidente de los Estados Unidos ha firmado
" Bills."
Renovando el acta de exclusión de los chinos, y exten-
diendo sus disposiciones á la isla territorio de los Estados
Unidos.
Prohibiendo el empleo del trabajo mongolo en los trabajos
de irrigación, y disponiendo que las ocho horas deberán cons-
tituir el trabajo de un día en tales provectos.
Aboliendo la esclavitud y la servidumbre involuntaria,
siendo la violación del acta castigable con la anulación de
los contratos y una multa que no bajará de $10,000.
Protección de las vidas de los empleados en las minas de
carbón en los Territorios, regulando el montante de ven-
tilación y disponiendo que las entradas, etc., deberán ser bien
mantenidas húmedas con agua para aplacar el polvo del
carbón.
Eximiendo de contribuciones en el Distrito de Colombia á
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las pertenencias domésticas por valor de $1,000, efectos de
uso, librería, libros de escuelas, retratos de familia y bienes
muebles vinculados.
Exigiendo á los propietarios de oficinas en el Distrito de
Colombia el pago de $10 al año por contribución de licencia.
Creando el Departamento del Comercio y Trabajo y ha-
ciendo su jefe miembro del Gabinete.
Mejorando el acta relativa á los aparatos de seguridad en
los ferrocarriles.
Aumentando las restricciones sobre la inmigración del
trabajo barato extranjero, y prohibiendo el desembarque de
anarquistas de otros países.
Nuestro Deber en las Filipinas.
Sostengámonos en las islas y asumamos la responsabili-
dad de su futuro.
Extractos de las observaciones del Hon. Charles Dick, de Ohio.
en el Diario de Sesiones del Congreso el 9 de Julio de 1900.
No podemos cambiar — dicen los obispos Potter y Tho-
burn hablando respecto á nuestros deberes en las Filipinas —
las condiciones de las islas examinadas profundamente por
uno que no tiene política de prevención y sí un informe
convincente hecho de las razones para que el pueblo ameri-
cano siga adelante en la obra de establecer la paz.
Sr. Presidente : Se ha criticado mucho el curso que ha
seguido la actual administración en las Filipinas. Deseo
presentar informes de dos eminentes hombres, cuya posición
para el pueblo de los Estados Unidos es tal, que ningún
hombre pondría en duda la integridad de ellos; mientras
que el mero hecho de que hacen sus manifestaciones después
de un estudio personal del país y del pueblo á que se refieren,
prestará igual seguridad de la habilidad de que están reves-
tidos para llegar á conclusiones justas y exactas.
Los dos distinguidos hombres á que me refiero son el
obispo Potter y el obispo Thoburn, hombres bien conocidos
del público, y hombres á quienes dos de nuestras grandes
organizaciones religiosas han conferido los más altos honores
y las más altas pruebas de confianza.
Opiniones del Obispo Potter.
Estos dos hombres hablan después de un estudio personal
del pueblo y situación de las Filipinas; y el obispo Potter
i37
dice con franqueza que ha llegado á sus conclusiones, á la
faz de le que fué al principio una opinión adversa sobre esta
materia. Su primera opinión era que el curso seguido por
este Gobierno en las Filipinas era de dudosa sabiduría ; pero
que después de una visita á esas islas y un estudio de la
situación, regresó á los Estados Unidos, y en un interview
dijo :
"Hay únicamente una cosa que debemos hacer ahora; y
esa es, que sostengamos las islas y asumamos la responsa-
bilidad de su futuro."
Opiniones del Obispo Thoburn.
El obispo J. M. Thoburn, de la Iglesia Metodista, es
también un hombre de alta posición en esta gran religiosa
organización, y si su nombre es menos conocido del pueblo
de los Estados Unidos que el del obispo Potter, es á causa
de su larga ausencia en el Oriente, donde ha estado por
muchos años ocupado en el trabajo de las misiones, y donde
tuvo especial oportunidad de estudiar las Filipinas y al
filipino. Fué á la India como misionero en 1859, y fué
elegido obispo misionero de la India y la Maladia en 1888.
Ha visitado las Filipinas un número de veces en los pasados
quince años, y ha consagrado mucho tiempo al estudio de los
filipinos. Su última visita fué precisamente antes de su
regreso á los Estados Unidos.
El obispo Thoburn es un hombre tranquilo y discreto, pene-
trante observador y escolar, asi como tolerante en sus opi-
niones religiosas. La familia Thoburn está orgullosa de su
lealtad á la bandera. El Coronel Joseph Thoburn, hermano
del obispo, fué muerto en la guerra civil, en la batalla de
Cedar Creek, cuando mandaba una división. Por consi-
guiente el obispo Thoburn tiene conocimiento de lo que habla.
En respuesta á una pregunta, el obispo dijo :
"Dejar al pueblo de las Islas Filipinas entregado á sí mis-
mo, sería proclamar la general anarquía por años y por
generaciones venideras, y si se hubiera atentado á tal cosa,
la confusión que hubiera resultado, con todos sus acompaña-
mientos de derramamiento de sangre y miseria, hubiera
creado tal espectáculo, que todo el mundo civilizado nos
hubiera execrado."
"Muchos grandes y extraordinarios errores se han come-
tido por escritores y oradores al discutir este punto, debido
al muy limitado conocimiento que el mundo exterior posee
i3*
referente al actual "status" del pueblo de las islas. Parece
imposible para muchos hombres inteligentes penetrarse del
hecho de que hay lo menos ochenta diferentes tribus ó razas
de pueblos habitando las Filipinas. Las islas, en un todo,
no han sido jamás subyugadas por España. Su titulo á
muchas de las islas situadas más al Sur ha sido solamente
nominal.
"La clase de personas conocidas como los filipinos, pertene-
cen casi exclusivamente á la isla de Luzón. No son en
ningún concepto populares entre las otras islas, ni pudieron
jamás Aguinaldo, ó cualquier otro hombre lograr ganarse
la confianza de los isleños."
"Como todos los malayos mahometanos, el pueblo que
habita las porciones del sur del Archipiélago es traidor, gue-
rrero y turbulento. En las islas más civilizadas, habitadas
por la raza visaya, los filipinos constituyen una muy pequeña
minoría, y si se les dejase entregados á ellos mismos, en
corto tiempo se manifestaría un odio encarnizado, aun entre
las porciones más civilizadas de las islas centrales y del
Xorte. A cualquier riesgo, se hace el deber del pueblo
americano, deber del cual el mundo civilizado jamás lo ab-
solverá, de dominar cualquiera oposición guerrera y dar paz
á la isla de Luzón, y también conceder una buena goberna-
ción en todo el archipiélago.
"De ningún modo debe hacerse mención de que nos re-
tiremos del campo. Nosotros no buscamos esta gran res-
ponsabilidad, sino que se nos echó sobre nuestros hombros.
Retirarse ahora sería retroceder ante un manifiesto deber,
hacer confesión de timidez nacional y atraer sobre nosotros
como nación el ridículo y el desprecio, si no fuese, en verdad,
la execración del mundo civilizado. Hemos tomado sobre
nuestros hombros la carga, y tenemos que llevarla paciente-
mente y cumplir la tarea que la Providencia, como creo
realmente, nos ha confiado. De aquí á algunos años la situa-
ción total ofrecerá diferente aspecto. La paz se habrá res-
taurado en esas islas perturbadas, y una nueva carrera pre-
sentada ante un pueblo que ha estado soportando pesadas
cargas y sufriendo errores inauditos por más de trescientos
años.
!39
No Casas de Moneda Abiertas, pero sí Molinos.
Extracto de la carta de aceptación de Mr. McKinley, en 1896, im-
presa en la página 415, apéndice para ser encuadernado con el
Diario de Sesiones del Congreso, primera Sesión, 55 o Congreso ;
partes de las observaciones del Hon. C. H. Grosvenor, en la
Cámara Representativa, Julio 19 de 1897.
Nuestros talleres están cerrados, ó funcionan únicamente
la mitad del tiempo con salario reducido y pequeños benefi-
cios, si no es que sufren pérdida decidida. Nuestros hom-
bres en casa están desocupados, y mientras que ellos
están desocupados en el exterior están empleados en
proveernos con sus géneros. Nuestro mercado doméstico
sin rival para el labrador, ha sufrido también grandemente,
porque aquellos que lo constituyen — ese gran ejército de
asalariados americanos — están sin el trabajo y los salarios
que antes tenían. Si ellos no pueden ganar salarios no
pueden comprar producto. No pueden ganar si no tienen
empleo, y cuando ellos no ganan, el mercado domestico del
labrador se disminuye y se arruina, la pérdida se siente tanto
por el productor como por el consumidor. La pérdida de
salario solamente en este país, en los tres años pasados, es
suficiente para haber producido nuestra desgraciada situación
mercantil. Si nuestro trabajador se emplease bien, y em-
pleado con salarios remunerativos, como en 1892, en pocos
meses cada labrador de este país sentiría el satisfactorio cam-
bio en el aumento de solicitud para sus productos, así como
en los mejores precios que obtendría.
No Casas de Moneda abiertas, pero sí Molinos.
No es un aumento en el volumen de la moneda lo que
constituye la necesidad de la época, sino un aumento en el
volumen de los negocios. No un aumento en moneda
acuñada, pero sí un aumento de confianza. No más acuña-
ción de moneda, sino más activo uso de la ya acuñada. No
casas de moneda para la acuñación sin límites de la plata
del mundo, sino más molinos ó fábricas para el amplio tra-
bajo sin restricción de los trabajadores americanos. El em-
pleo de nuestras casas de moneda para la acuñación de la
plata del mundo, no nos devolvería las comodidades y las
cosas necesarias á la vida. Esto sólo se lograría con el
empleo de las masas y tal empleo indudablemente traería el
140
restablecimiento de una sabia política protectora que reani-
maría la fabricación doméstica. La protección no ha per-
dido ninguna de sus virtudes é importancia. El primer de-
ber del partido republicano, si se restituye en el poder, será
la promulgación de una ley de tarifa que levantará todo el
dinero necesario para guiar al Gobierno, económica y hones-
tamente administrada y de tal manera ajustada, que dé prefe-
rencia á las manufacturas del país y adecuada protección al
mercado y al trabajo doméstico. No estamos adheridos á
ninguna escala especial ó tipos de derecho. Ellos están y
estarán siempre sujetos á cambios para hacer frente á nuevas
circunstancias; pero el principio sobre el cual los tipos de
derecho se impongan quedarán los mismos. Nuestros de-
rechos deberán siempre ser bastante altos para medir la
diferencia entre los salarios pagados en el país y los en países
competidores, y para proteger en justa proporción las in-
versiones americanas en las empresas americanas.
Nuestros Labradores y la Tariía.
Nuestros labradores han sido siempre perjudicados por
los cambios en nuestra legislación sobre la tarifa, y tan
severamente como nuestros trabajadores y manufactureros
que han sufrido grandemente. La plataforma republicana
se declara sabiamente en favor de una medida tal, que esti-
mule los intereses azucareros, á fin de que se pueda producir
en el suelo americano, todo el azúcar que el pueblo americano
consume. Ofrece á nuestra lana y á los intereses con ella
enlazados "la más amplia protección," una garantía que de-
bía recomendarla á todo ciudadano patriótico. Jamás se
causó un daño más lastimoso á los labradores de nuestro
país que el que se infirió durante los tres pasados años sobre
los cultivadores de la lana en América.
Aunque los intereses de los más útiles é industriosos ciu-
dadanos han sido prácticamente destruidos y sus fábricas
de lana envueltos en igual desastre, en ningún tiempo, dentro
de los treinta y seis años pasados, y quizás jamás durante
ningún período anterior, se han suspendido tantas de nues-
tras manufacturas de lana como ahora. El partido repu-
blicano es de quien se puede esperar que corregirá estos
grandes errores, si otra vez se le confía la dirección del
Congreso.
I 4 I
La Reciprocidad y sus Efectos.
Otra declaración de la plataforma republicana que tiene
mi mayor cordial apoyo, es la que favorece la reciprocidad.
Los resultados brillantes de los convenios recíprocos, que se
hicieron autorizados por la ley de la tarifa de 1890, son
sorprendentes. En el breve período en que estuvieron en
vigor, en muchos casos solamente fres años, lo que no fué
bastante tiempo para probar su gran importancia; pero la
prueba fué suficiente para demostrar concluyentcmente la
sabiduría de su adopción. En 1892 el comercio de expor-
tación alcanzó en los Estados Unidas el más alto punto en
nuestra historia, siendo el montante de las exportaciones,
ese año, la inmensa suma de $1,030,278,148, suma mayor por
$100,000,000 que las exportaciones de cualquier año anterior.
En 1893, debido á la amenaza de una legislación de una
tarifa perjudicial, el total de las exportaciones bajó á $847,-
665,194. Las exportaciones de mercancías domésticas dis-
minuyó $189,000,000; pero la reciprocidad todavía nos ase-
guró un gran comercio en la América del Sur y la Central,
y un mayor comercio con las Indias Occidentales que el que
antes jamás habíamos gozado. El aumento de comercio con
los países con los cuales teníamos convenios de reciprocidad
fué de $3,560,515 sobre el de 1892 y de $16,440,721 sobre
el de 1891. Los únicos países con los cuales los Estados
Unidos comerciaron y para los cuales las exportaciones de-
mostraron aumento en 1892, fueron prácticamente aquellos
con los que teníamos convenios de reciprocidad.
El tratado de reciprocidad entre España y este país, re-
ferente á los mercados de Cuba y Puerto Rico, se anunció
en Septiembre i° de 1891. El aumento de nuestro comercio
con Cuba fué fenomenal. En 1891 vendimos á ese país úni-
camente 114,441 barriles de trigo; en 1892, 366,175 ; en 1893,
616,406 y en 1894, 662,248. Esto representa un aumento
de 500 por ciento, mientras que nuestras exportaciones de
harina de trigo á Cuba en el año que terminó en Junio 30
de 1895, el año que siguió á la anulación del tratado de
reciprocidad, bajaron á 379,856 barriles, que representa
casi la pérdida de una mitad de nuestro comercio con ese
país. El valor total de las mercancías exportadas de los
Estados Uñidos á Cuba en 1891, el año anterior á la negocia-
ción del tratado de reciprocidad, fué de $12,224,888;. en
1892 de $17,953.579; en 1893, de $24,157,698; en 1894, de
142
$20,125,321, pero en 1895, después de la anulación del con-
venio de reciprocidad, disminuyó $12,887,661. Muchos
ejemplos semejantes podrían darse del acrecentamiento de
nuestro comercio con otras naciones, bajo el sistema de re-
ciprocidad.
Las Mujeres Americanas Hechas Indepen-
dientes.
En esta diversidad de empleos, resultado de la Tarifa
Proteccionista, las mujeres americanas han
sido elevadas y hechas mucho
más independientes.
Extracto de las observaciones del Hon. J. S. Morrill, de Vermont,
página 3020 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso,
primera Sesión.
En esta diversidad de empleos, resultado de la tarifa pro-
teccionista, las mujeres americanas han sido elevadas y he-
chas mucho más independientes ; y participando grandemente
en el trabajo útil del mundo, jamás fueron más encantadoras
que hoy en día. Hay mucho trabajo fino y liviano, conecta-
do con la manipulación de la maquinaria, en dondo el tacto
y la aptitud se han hallado superiores á los del hombre, ex-
cediendo ahora los salarios semanales de la mujer con mucha
frecuencia á los que anteriormente se les pagaba mensual-
mente. Mucho más que la de los hombres, la fortuna de
las mujeres sería desgraciadamente afectada por cualquier
paso dado hacia el objetivo británico del libre-cambio.
Extractos de las observaciones del Hon. B. Butterworth, de Ohio,
página 4394 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso,
primera Sesión.
Me comprometo, Sr. Presidente, á ir con Ud. á cualquier
establecimiento ó fábrica de mi distrito, donde están emplea-
dos los trabajadores á que aludo, y escoger uno al azar, y no
encontrará Ud. uno que no sepa leer la Constitución de su
país en uno ó dos idiomas, ó que no entienda los derechos
que otorga y las obligaciones que impone. Id con él á su
casa, y en esa casa encontraréis no simplemente las comodi-
dades ordinarias y conveniencias de la vida, sino que también
143
la prueba incontestable de educación y refinamiento. Libros
y música encontraréis allí. La hija de esa familia, no sola-
mente la hallaréis igual en el desempeño de los deberes que
pertenecen á la economía doméstica, sino que también se
sentará al piano y discurrirá sobre las piezas de música más
raras que escribió Wagner, Beethoven y otros maestros en la
ciencia.
Extracto de las observaciones del Hon. J. H. Gallinger, de New
Hampshire, página 3688 del Diario de Sesiones del Congreso,
50 o Congreso, primera Sesión.
En una localidad siete millas de Birmingham, diez y seis
mil mujeres ingleses — mujeres, madres é hijas — trabajan
día y noche haciendo clavos y remaches. Un escritor del
London Standard se expresa de este modo respecto á su
remuneración :
"La remuneración que ellas reciben es increíblemente pe-
queña. No es una cosa rara, es precisamente la usual cos-
tumbre, para una familia de tres ó cuatro personas, ganar
$5 en una semana, después de trabajar catorce horas al día,
de cuyo escaso montante se hacen recucciones para el com-
bustible, reparación de maquinaria, etc., que hace el pago
efectivo de $4.18 semanales para tres personas, comenzando
el trabajo á las 7.30 de la mañana, continuando todo el fati-
goso día hasta tarde en la noche, sin ningún alimento subs-
tancial.
Extracto de las observaciones del Hon. Thomas Ryan, de Kansas,
página 4825 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso,
primera Sesión.
En la manufactura del paño, en el distrito de Potsdam-
Frankfort, sobre el Oder, se dice que hay cerca de 26,000
manos empleadas, contándose cerca de 14,000 mujeres á un
salario semanal de 10 á 12 marcos ($2.50 á $3.00).
El inspector del distrito de Dresden da la siguiente lista,
como el término medio de los salarios pagados en su distrito :
Trabajadores por hora, 3! á 5 centavos.
Operarios de fábrica 5 á *¡\
Mujeres . . . . 2.\ á 3I
Jóvenes, desde 14 á 15 años. . . ij á 2
Niños, de 12 á 14 años | á 1
144
Nuestras Futuras Miras para el Desarrollo de
Nuestro Comercio en el Pacífico.
Extracto de las declaraciones del Hon. T. H. Cárter, de Montana,
en el Diario de Sesiones del Congreso, en Junio 6 de 1900.
Los labradores, encontrando un nuevo mercado para sus
granos y productos en el Océano Pacífico, empezarán á sen-
tir los beneficios del gran comercio oriental. Ellos tienen
claridad de percepción. Comprenden que el levantar un ex-
ceso de producción en este país es de poca utilidad, á menos
que no se procure un mercado para el excedente. Está re-
conocido que los mercados de Europa sumamente abasteci-
dos por la fuerte competencia de todas partes, no pueden
menos que ser deprimidos por mayores aumentos de nuestros
campos nuevamente abiertos.
Debemos encontrar un mercado en el Oriente para los
productos de nuestras heredades, ó abandonar el cultivo en
este país. Ese mercado es conseguihle. Yendo á través del
Canal de Suez á una distancia de 11,000 millas nos encontra-
mos al Emperador de Alemania esforzándose en conseguir
un paraje en el Oriente. ¿Y para qué? Para la venta de
los productos alemanes. Enoontramc c la República Francesa
entrando en el gran campo Asiático con el designio de abrir
nuevos mercados para sus géneros y los productos de sus
industrias. Encontramos á la Inglaterra, y aun á la Italia,
esforzándose en participar de este campo nuevamente desa-
rrollado y que sigue desarrollándose. La "Rusia, con su pode-
roso sistema ferroviario, extendiéndolo á través de la Siberia
y hasta el interior de la China, está haciendo esfuerzos para
lograr ese mercado.
Es el propósito del pueblo de los Estados Unidos, en mi
humilde juicio, insistir que este gobierno nuestro no debe
permanecer inactivo y permitir que se les escape la oportuni-
dad del momento. El deber del Gobierno en este particular
es, en mi opinión, muy claro. El pueblo individualmente no
puede contender con todos los gobiernos del mundo. Debe-
mos enviar una fuerza de policía en el Océano Pacífico, para
proteger nuestro comercio que flota en todos los mares y se
abriga en cada puerto.
Debemos hacer comprender que en donde quiera que un
comerciante americano ó un naviero haga un contrato, ese
contrato debe ser robustecido por el fuerte brazo de este
H5
Gobierno, y de aquí en adelante ningún comerciante ameri-
cano ó marinero se encuentre humillado al verse obligado á
pasar por delante del consulado americano é ir á buscar pro-
tección para su derecho al consulado británico, alemán,
francés ó algún otro, como desgraciadamente ha ocurrido.
Sr." Presidente, estamos en los umbrales de grandes espe-
ranzas. Tenemos recursos sin límites en los Estados Unidos.
Nuestros recursos agrícolas apenas se han desarrollado para
abarcar una insignificante fracción, con millones de acres de
tierra todavía abandonados, con un pueblo de superior inteli-
gencia, con un número mínimo que no sabe leer y escribir,
comparados con otros pueblos del globo, con nuestros ferro-
carriles construidos en tal extensión que alcanzan cada cen-
tro de la industria y cada centro donde las materias primas
se pueden utilizar, estamos en aptitud de impulsar nuestros
productos vendibles á la mayor altura con la menos dilación
posible.
Lo que necesitamos es el transporte por mar, y ese trans-
porte por mar nos será de poca utilidad á menos que no
tengamos la fuerza naval para protegerlo y apoyar á nuestros
comerciantes en sus justas demandas en cualquiera parte.
No podemos proteger la fuerza naval á la vez, si no tenemos
estaciones carboneras y lugares de desembarque donde nues-
tros buques navales y mercantes puedan conseguir carbón,
hacer reparaciones, y encontrar abrigo.
Esto exige, pues, el establecimiento de nuestra marina
mercante, para el desenvolvimiento de nuestra escuadra, no
para combatir las naciones de otras tierras, no para insidiar
al débil ni tampoco para provocar al fuerte; pero sí para
vigilar los mares y proteger los derechos americanos.
Nuestro porvenir se inclina á nuestro desenvolvimiento
del comercio en el Océano Pacífico, y eso también en asom-
broso grado durante el próximo cuarto de un siglo. El pri-
mer año de ese cuarto de un siglo está cercano, y se está
abriendo un comercio que eclipsará en el Pacífico el comer-
cio de cualquiera océano del globo, comercio que además
hará insignificante el del Atlántico.
Hay 250,000,000 de habitantes al otro lado del Atlántico.
Producen grandemente la misma clase de artículos que pro-
ducimos. Les vendemos únicamente bastante para llenar las
deficiencias allá y acullá. En el lado oeste del Pacífico, á
2,000 millas de Manila, más de la mitad de la población del
globo reside. China, Japón, Corea, las Filipinas y todas las
146
islas y pequeños estados reunidos, prometen un tráfico que
no se escapa á la vista de cualquiera nación emprendedora de
Europa, así como tampoco de cualquier comerciante em-
prendedor. Nuestro pueblo no se muestra ciego á la opor-
tunidad que se presenta. Por la dirección que siguen las
cosas en el comercio oriental, éste nos pertenece principal-
mente.
Las Terribles Experiencias del Comercio
Libre.
Extracto de las declaraciones del Hon. Charles Dick, de Ohio,
en el Diario de Sesiones del Congreso, en Junio de 1900.
"Por temor de que nos olvidemos/' — Algunos hechos
acerca -de 1893-1896, que los trabajadores recordarían en
1900.
Sr. Presidente : Los votantes de los Estados Unidos están
á punto de ser llamados para determinar qué partido mane-
jará los asuntos del Gobierno durante los próximos cuatro
años. Parece casi imposible que las terribles experiencias
del libre-cambio puedan ser tan pronto olvidadas; pero como
parece ser la única suposición sobre la cual sus votos puedan
otra vez ser solicitados para estas pi oposiciones peligrosas,
yo indico someter á la consideración algunos extractos de la
Enciclopedia Americana, esa autoridad siempre exacta y
generalmente aceptada, exponiendo las condiciones que exis-
tían durante el período democrático de 1893- 1896, en el
que el actual experimento del Ubre-cambio se llevó á efecto.
(De la Enciclopedia Anual de Appleton, 1893, 1894 y 1895.)
Julio 18, 1893. — Denver, Coló. ; cuatro bancos cerraron
sus puertas y hay presiones para pagos sobre otras institu-
ciones financieras. •
Julio 19. — Más bancos cierran sus puertas.
Julio 22. — Dos bancos quiebran en Milwaukee y presio-
nes sobre los bancos en otros parajes.
Julio 24. — Más bancos quiebran en el Oeste.
Julio 26. — New York ; dos bolsas de acciones quiebran.
Julio 27. — Diez bancos suspenden sus pagos, la mayor
parte de ellos del Nor-Oeste. Se anuncian otras quiebras.
Julio 28. — Más quiebras y suspensiones, incluyendo
nueve bancos en el Oeste y uno en Kentucky.
Agosto 1. — Decaimiento del comercio de provisiones.
i47
Muchas quiebras de casas de comisión. Gran excitación en
la Cámara de Comercio.
Agosto 8. — El Chemical Bank, uno de los más fuertes
del país, imposibilitado de cubrir sus órdenes semanales por
numerario pequeño.
Agosto ?. — Madison Square Bank suspende sus pagos.
Agosto 17. -¿- Mucha excitación en la parte este de New
York entre los trabajadores hebreos. La policía ha tenido
que intervenir.
Agosto 22. — Encuentro entre anarquistas y socialistas,
evitado por la policía de New York.
Agosto 23. — Meeting de anarquistas disuelto por la poli-
cía.
Agosto 30 — La huelga de los mineros de las minas de
carbón en Kansas terminada sin haberse obtenido ningún
beneficio.
Enero 15, 1894. — El Secretario del Tesoro Carlisle anun-
cia su intención de emitir bonos.
Enero 17. — El Secretario del Tesoro ofrece un emprés-
tito de $50,000,000 por subscripciones públicas, de acuerdo
con sus anunciadas intenciones.
Enero 24. — Huelga en Ohio de 10.000 mineros.
Enero 27. — Una turba de mineros extranjeros destruye
la propiedad de Brantville, Pa., y de otras partes.
Febrero 16. — Muchas fábricas de seda en New York-
cierran, á causa de la huelga.
Febrero 18. — Todas las minas deí distrito de Massillon,
en Ohio, cerradas por causa de la huelga.
Febrero 20. — Una asamblea tumultuosa de trabajadores
sin empleo fué dispersada en Boston por la policía.
Marzo 2. — Seis mil mineros en Jackson County, Ohio,
sin empleo.
Paterson, N. J. — Huelga general entre los tejedores de
las fábricas de seda.
Marzo 3. — En West Virginia los huelguistas mineros que-
man el puente del ferrocarril y cometen otras depredaciones.
Marzo 13. — -En Paterson, N. J., un atentado tumultuoso
de parte de los huelguistas de las fábricas de seda.
Marzo 17. — El gobernador de Colorado, Mr. Waite, or-
dena las tropas del Estado que marchen á Cripple Creek
para sofocar los disturbios mineros.
Marzo 20. — En Boston un gran cuerpo de trabajadores
sin empleo marchan al Capitolio en demanda de trabajo.
148
Marzo 24. — Un movimiento inaugurado en varias partes
de los Estados del Norte, conocido como el Ejército de la
Comunidad, Coxeyitas, etc., proponiéndose marchar á Wash-
ington y exigir amparo del Congreso.
Marzo 31. — Los Coxeyitas son un motivo de terror en
ciertas ciudades del Oeste en las cuales buscaron acuartela-
miento.
Abril 1. — En Carolina del Sur se despacha un gran
cuerpo de la milicia del Estado al teatro de la guerra del
whisky, en Darlington y Florence.
En Ohio una turba de huelguistas en East Liverpool cau-
saron un tumulto y varias personas fueron heridas.
Abril 2. ■ — En Chicago cinco mil plomeros, pintores, etc.,
se declararon en huelga. En Connesville, Pa., 5,000 traba-
jadores del coke se declaran en huelga.
Abril 8. — En Carolina del Sur el gobernador asume la
dirección de la policía y declara la ley marcial en todas las
ciudades del Estado.
Abril 4. — En Pennsylvania resultaron seis hombres muer-
tes y uno herido en el tumulto de los trabajadores del coke.
En Alabama el Concejo general de Trabajadores Unidos de
las Minas ordena una huelga que afecta 8,000 hombres.
Abril 16. — La huelga en el Great Northern se extiende
al Northern Pacific.
Abril 20. — En Omaha una turba se apodera de un carro
de cajas y atenta deportar al ejército industrial de Kelly,
pero el ejército rehusa irse.
Abril 21. — Cerca de 150,000 mineros suspenden el tra-
bajo en simpatía con los huelguistas de coke de Pennsyl-
vania.
Abril 28. — Llegada de una división del ejército de Coxey
á Washington. Una división de los Coxeyitas arrestada en
Mount Sterling por detener un tren de ferrocarril.
Se ordena á las tropas de los Estados Unidos prestar ayuda
á las autoridades civiles en la parte lejana del Oeste.
En los establecimientos del ferrocarril Great Northern
se llama á los Caballeros del Trabajo á declararse en huelga.
Abril 29. — El ejército de Kelly, compuesto de 1,200 hom-
bres, en Des Moines.
Abril 30. — Huelga declarada de 2,000 pintores en la ciu-
dad de Chicago.
Mayo 1. — Demostraciones de atentado del ejército de
Coxey en las gradas del Capitolio.
149
¿ Qué es una Tarifa Proteccionista ?
Extiacto de las observaciones del Hon. William McKinley, de
Ohio, página 4748 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Con-
greso, primera Sesión.
¿Qué es una tarifa proteccionista? Es una tarifa sobre
las importaciones extranjeras ajustada de manera á asegurar
las rentas necesarias, y prudentemente impuesta sobre los
productos extranjeros cuyos similares se producen aquí ó
somos susceptibles de producirlos. Es la que impone dere-
chos sobre los productos extranjeros de competencia; la
que hace sobrellevar la carga ó derechos, y, hasta donde sea
posible, exceptuando los efectos de lujo, y no permite la
competencia del producto extranjero que entre libre de dere-
chos. Los artículos de uso ordinario, comodidad y necesi-
dad que no podemos producir aquí, los envía al pueblo sin
impuestos y libre de las exacciones de la Aduana. Esos artí-
culos son el té, el café, las especias y drogas, y bajo nuestro
sistema están en la lista de los exentos de derechos. Es la
que dice al competidor extranjero : si Ud. desea traer sus
mercancías aquí, sus productos agrícolas, su carbón y mine-
ral de hierro, su lana, su sal, su potería, sus géneros de
vidrio, de algodón y lana, y venderlos al lado de nuestros
productos en nuestros mercados, haremos sus productos so-
portar un derecho, en resumen pagar el privilegio de poderlo
hacer. Nuestra clase de tarifa hace al artículo de competen-
cia extranjero sobrellevar el peso, aliviar la carga, proveer á
las contribuciones, y al desempeñar este esencial papel, esti-
mula al mismo tiempo nuestras industrias y protege nuestro
pueblo en sus empleos predilectos.
La Protección nos Salva Nuestro Mercado.
Extracto de las observaciones del Hon. O. H. Platt, de Connecti-
cut, página 1016 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Con-
greso, primera Sesión.
La protección hace otra cosa más — nos conserva nuestro
mercado. El promueve la solicitud para el trabajo en este
país, y esto es, después de todo, lo que verdaderamente re-
sulta en los salarios altos. Haced desaparecer el derecho
proteccionista, abrid nuestros puertos á las manufacturas ex-
tranjeras, bajo la consideración que debemos comprar donde
podamos comprar lo más barato, y por lo tanto habrá Ud.
1 S°
destruido el mercado doméstico y disminuido la solicitud
para el trabajo, y lo habrá hecho imposible para que los altos
salarios prevalezcan en este país.
Para Utilizar Todo el Trabajo que Hay en los
Hombres.
Extracto de las observaciones del Hon. Thomas B. Reed, de Maine,
página 4669 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso,
primera Sesión.
Para que una nación obtenga de ella misma ó de la tierra
toda la riqueza que hay en ambos, no es necesario para la
nación comprar barato y vender caro. Esto concierne á los
individuos. Lo que concierne á la nación es, cómo utilizar
todo el trabajo que hay en los hombres, tanto de músculos
como de cerebro y alma, en la gran empresa de poner en
movimiento las fuerzas que graciosamente nos ofrece la Na-
turaleza.
¿Cómo obtener del pueblo de uní nación sus completas
fuerzas ? Aquí precisamente está la línea divisoria. La doc-
trina del "dejar hacer" deja al hombre individual á sus pro-
pios esfuerzos. La escuela proteccionista dice : "estimulemos
combinado y en conjunto al hombre para el esfuerzo unido. "
La asociación es el instinto de la humanidad que crece con
su crecimiento. Primero la familia, después la tribu y en se-
guida la nación; la raza vendrá luego. La fidelidad para
cada uno en su orden es el verdadero camino para lo que
venga después.
Estos son los Resultados de la Legislación
Republicana.
Extracto de las declaraciones del Hon. James E. Watson, de In-
diana, del Diario de Sesiones del Congreso, en Noviembre 14 de
1903.
Mis amigos demócratas ¿qué habéis hecho á fin de justifi-
car al pueblo de este país para que os dé la dirección del
Gobierno? ¿Qué grande acto de este pais, que haya aña-
dido gloria á la bandera, ú ofrecido prosperidad á nuestro
pueblo ha brotado del estéril cerebro de la democracia?
I Cuántos en los últimos cuarenta años ? ¿ Podéis nombrar-
los ? Bien, el partido republicano se hizo cargo de este país
en 1860; lo hemos tenido á nuestro cargo desde entonces,
con excepción de los cuatro años, desde 1893 hasta 1897.
t5i
Todos los actos que han hecho á este país grande, han brotado
en absoluto del luminoso genio de la gobernación republicana.
La única acta que pasó durante Mr. Cleveland, fué la tarifa
que extendió el temor y desaliento por todas partes, y nos
dejó desmantelados y quebrantados. ¿No esto la verdad?
Bien, mis amigos, esta fué la única acta nacional que pasó
durante el gobierno del Mr. Cleveland. ¿Condujo, por ven-
tura, á la prosperidad de la nación ? ¿ No retardó, más bien,
nuestro desenvolvimiento por muchos años ? Todas las actas
que han conducido á esa tremenda prosperidad han dimanado
solamente del partido republicano, y ¿deberé yo ir más ade-
lante en estos detalles? Pues bien, como mis amigos han
dicho ya, nuestra riqueza era entonces de $16,000,000,000
y ahora representa $95,000,000,000.
Nuestros amigos, los demócratas, acostumbraban decirnos
que no les dimos bastante dinero para hacer los negocios de
este país. ¿ Cuál es la verdad con respecto á esto ? En 1860 el
oro en circulación era $228,000,000; ahora es $630,000,000'.
Entonces no había ninguna plata en circulación, y ahora hay
$164,000,000; no había certificados de oro; hoy hay $379,-
000,000 ; no había tampoco certificados de plata, y hay ahora
$455,000,000. Entonces la circulación total era $435,000,-
000 ; hoy hay en circulación $2,376,000,000 y cada peso vale
cien centavos en cualquiera mercado monetario del mundo.
Entonces la circulación, per capita, era de $13.85 ; ahora es de
$29.57. Entonces no había bancos nacionales en el país;
ahora tenemos 4,939. Entonces no teníamos, naturalmente,
capital de ningún banco nacional ; ahora tenemos $743,000,-
000 de ese capital. Los préstamos y descuentos eran nulos,
ahora ascienden á $3,415,000,000. Entonces los balances de
los bancos subían á $7,231,000,000; ahora suben á $76,000,-
000,000. Entonces no había depósitos en los bancos nacio-
nales ; ahora se elevan á $3,200,000,000. Entonces los depó-
sitos en las Cajas de Ahorro eran de $149,277,000; actual-
mente son de $2,750,000,000. El total entonces de los de-
pósitos era ninguno; ahora montan á $9,258,000,000, colo-
cándonos fácilmente la primera entre toda las naciones del
mundo, con respecto á nuestra presente condición financiera
y nuestra prosperidad industrial. Entonces los recibos to-
tales para todas las aplicaciones eran de $109,000,000; ahora
son de $1,097,000,000. El total de las importaciones era
entonces $353,000,000; ahora son $1,025,000,000, un aumen-
to en las importaciones de $736,000,000. El total de las
152
exportaciones era $334,000,000 y el último año fueron $1,-
420,000,000, ó sea un aumento de $1,087,000,000. El ex-
ceso de las importaciones sobre las exportaciones fué de
$20,000,000. El exceso ahora de las exportaciones sobre
las importaciones es de $395,000,000. Esa es la diferencia
desde que tomamos á nuestro cuidado este país. Había
veinte millones más de importaciones que de exportaciones,
y en el último año enviamos ai exterior $396,000,000 más
de lo que recibimos, y el flujo amarillo del oro se derrama
dentro de este país para pagar el balance del comercio á
nuestro favor. Estos son los resultados de la legislación
republicana. (Ruidosos aplausos en los bancos republicanos.)
Y ¿ qué, con respecto á la fabricación ? Entonces el número
de establecimientos era de 140,000; ahora es de 512,300. En-
tonces el número de brazos empleados era de 1,311,000; ahora
es de 5,719,000. Entonces los sueldos y salarios pagados
montaban á $378,800,000 ; ahora montan á $13,200,000,000,
que es mayor que la producción combinada de tres naciones
del mundo cualesquiera, y nos coloca con orgullo como la
primera entre las naciones manufactureras del mundo.
Mientras que se han pagado sueldos y salarios por $378,-
000,000 en aquel tiempo, ahora se pagan $2,735,000,000;
llamo la atención sobre este hecho más, que entonces el sala-
rio por cabeza que se pagaba á los hombres era de $288,-
mientras ahora es de $474, una mitad mayor que el término
medio de toda Europa. (Aplausos en los bancos republi-
canos.)
¿No es este un precedente del cual podemos considerarnos
orgullosos? ¿No es un precedente del que podemos jactar-
nos con justicia? Y contra esto el partido democrático se
revela y quiere destruir el agente que ha realizado esta mara-
villosa prosperidad que es hoy día la extrañeza y admiración
del mundo.
Nuestra Política es Mantener Nuestro Mercado.
Extracto de las declaraciones del Hon. Joseph H. Walker, de Mas-
sachusetts, en la Cámara Representativa, Marzo 31 de 1891, y
publicadas en el Apéndice para unirse al Diario de Sesiones,
volumen 30, página 215.
Una comparación de los resultados de la tarifa Gorman-
Wilson, que no fué una mitad tan desastrosa como hubiera
sido la tarifa Wilson, pura y simple, queda demostrado por
el siguiente estado, tomado del Compendio estadístico de
'53
1896, que prueba á cualquier hombre candido que la política
de este país es conservar, proteger y mantener para nosotros
nuestro mercado doméstico, que una tarifa libre-cambista
entregaría al extranjero, en detrimento de nuestro pueblo.
Efecto de la Tarifa Wilson-Gorman sobre el Labrador.
Y el labrador está igualmente interesado á la vez que el
mecánico en el mercado doméstico. El valor del mercado
doméstico para el labrador en ninguna parte se demuestra
más concluyentcmente, así como las aserciones del libre-
cambio más terminantemente da su falsedad, que por el Com-
pendio estadístico de los Estados Unidos. El consumo de
nuestros productos agrícolas por nuestro pueblo alcanzó su
máximum en 1892. Pasando sobre 1893, el año del pánico,
y tomando el 1894 se demuestra que más de un 51% de más
libras de algodón en rama se consumieron por nuestro pueblo
en 1892 bajo la tarifa republicana, que en el año 1894 bajo
la amenaza de una tarifa de libre-cambio democrática ; que
más del 73% más de trigo se consumió por nuestro pueblo en
1892 que en 1894; que más del 33% más de maíz se con-
sumió por nuestro propio pueblo en 1892 que en 1894; que
más del 32% más de libras de lana se consumieron en 1892
que en 1894.
Encima de esta disminución de nuestro mercado al reducir
el poder de nuestro pueblo para comprar y consumir los
productos de la agricultura, á causa de la amenaza del libre-
cambio en vías de promulgarse el GORMAN-WILSON
tarifa de libre-cambio en 1894, nuestras exportaciones totales
para cada hombre, mujer y niño en el país eran de 22 por
ciento más, bajo la tarifa protectora republicana en 1892,
que bajo la tarifa del libre-cambio democrática de 1894. No
únicamente esto, pero nuestras importaciones totales fueron
de 33! por ciento más en 1892 también que en 1894.
De ese modo la simple amenaza de la promulgación de una
tarifa libre-cambista destruye nuestro mercado, cerrando las
fábricas, dejando al pueblo desocupado de modo que no pueda
ganar salarios para comprar ya sea los productos domésticos
ó los importados.
Las estadísticas de este país demuestran á cualquier hombre
que no esté completamente ciego por el libre-cambio, que
para aumentar nuestro comercio extranjero tenemos que
tener una tarifa proteccionista, á fin de hacer á nuestro pueblo
*54
próspero y en condiciones de ganar el dinero para comprar
los efectos importados del mismo modo que los domésticos.
Así grande como fué la caída del consumo de los produc-
tos agrícolas, mucho más fué la de los productos manufactu-
rados bajo la amenaza de la tarifa democrática de 1894, que
la caída en el consumo de los productos del agricultor en
1892. Los mercados están en el total volumen de los sala-
rios pagados, y no en los números del pueblo. La pérdida
del empleo de los artesanos y del trabajador perjudica á los
labradores primero, y á la mayor parte de todas las clases
de la comunidad.
Extensión del Mercado Americano.
En las condiciones normales de la tarifa de protección, tal
como en 1892, Mulhall manifiesta que la producción y con-
sumo de los productos manufacturados en los Estados Uni-
dos es una tercera parte de la del mundo.
Los habitantes del globo se calculan de 1,400,000,000 á
1,500,000,000, teniendo nuestro país como 70,000,000. Este
hecho demuestra que el mercado de los 70,000,000 de habi-
tantes de este país, en sus altos salarios y entradas, el pro-
medio que reciben es igual á una mitad del resto de la pobla-
ción del mundo, ó sean 700,000,000 término medio. De
trigo, maíz, algodón y lana, consumimos 47% más en 1892
que en 1894. En 1892 nuestro mercado se igualó á 700,-
000,000 bajo la tarifa proteccionista republicana. La tarifa
del libre-cambio democrática prácticamente redujo nuestro
mercado en 1894 al equivalente de 371,000,000 del término
medio de los habitantes del mundo.
Prosperidad Republicana.
La prosperidad es general ; Distribuida por todo el país ;
Común á todas las clases.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. B. Foraker, de Ohio, pu-
blicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Febrero 4 de
1904.
En los años que han pasado desde que empezó la adminis-
tración de McKinley hasta hoy, nuestro comercio exterior
ha crecido tanto, y crecido en nuestro favor, el balance anual
de nuestras exportaciones da una promedio de más de $500,-
000,000, con la circunstancia de que cada peso que nos han
i55
pagado las naciones con quienes comerciamos tiene un valor
de loo centavos en todo el mundo. En esas transacciones
no ha mediado ningún peso de 50 centavos de Bryan.
Como resultado de esto tenemos hoy en la Tesorería de
este país más dinero propiedad de los Estados Unidos, que
el que jamás ha logrado reunir ningún gobierno en la his-
toria del mundo.
No solamente ha crecido nuestro comercio exterior de una
manera tan considerable, sino que la prosperidad es general ;
está repartida por todo el país ; es común á todas las clases,
y muy especialmente en los Estados del Sur.
Hace pocos días, en la otra sección del Congreso se pro-
nunció un brillante discurso durante el cual el orador citó
varios periódicos, los principales de todos los Estados del
Sur, con objeto de presentar el verdadero estado de la situa-
ción allí. Él primero de Enero último. Debo hacer cons-
tar de paso que casi todos los periódicos citados eran demó-
cratas.
Mr. Patterson. — Si la prosperidad es tan grande como
se dice, si no ha disminuido ni disminuye, ¿ qué me dice el
senador por Ohio de los jornales rebajados á veinte y cinco
ó treinta mil obreros y obreras empleados en las manufactu-
ras de tejidos de Nueva Inglaterra, y de la convención que
actualmente se reúne en Indianápolis, de mineros de carbón
bituminoso, para tratar de una huelga nacional, porque se
les ha notificado que dentro de muy poco los jornales que
ahora reciben serán rebajados casi á la mitad?
Mr. Foraker. — No tengo ninguna dificultad en contestar
al senador que me hace esa pregunta. No le contestaré de-
talladamente á cada una de las cuestiones que cita, porque al
contestarle á una me parece que le he contestado á las demás.
Cita el caso de las manufacturas de algodón. Es el precio
del algodón, el cual ha subido tanto — no importa si por
consecuencia de la excesiva demanda, ó por las manipula-
ciones de los agentes de bolsa — que ha subido tanto, digo,
que se ha producido una crisis en la industria, que se han
cerrado varias fábricas, quedando por lo tanto muchos obre-
ros sin trabajo.
Por otras causas que nada tienen que ver con la política
general del país, pero que han tenido origen y han producido
sus efectos á despecho de esa política, la industria del acero
se ha afecta-do pasajeramente, así como también la de mi-
nería de carbón.
'56
No me es posible contestar con hechos detallados á todas
las cuestiones planteadas por el Senador Patterson; pero
•todos sabemos que no es cosa rara el ver á los representantes
del trabajo y á los representantes del capital runirse en con-
vención nacional con objeto de estudiar y tomar acuerdos
sobre la cuestión de jornales y sobre otros asuntos análogos.
A todos consta, porque es un hecho, que cuando el par-
tido republicano está en el poder, y el pueblo de este país
está satisfecho con la legislación industrial, jamás ha habido
una huelga, excepto por diferencias de jornales y horas de
trabajo. Las huelgas del trabajo reconocen por causa en la
mayoría de los casos la pequenez de los jornales ó el exceso
de trabajo, y todas acaban por arreglarse satisfactoriamente
para todos. Las huelgas del capital se realizan cuando se
establece una política en la que el pueblo que produce no
tiene una completa confianza. Esa es la diferencia entre las
huelgas bajo el partido democrático y las huelgas bajo el
partido republicano.
IiOS Tiempos Buenos y los Tiempos Malos.
Extracto de las declaraciones del Hon. E. L. Hamilton, de Michi-
gan, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 14
de 1904.
Durante siete años, bajo las administraciones de William
McKinley y de Teodoro Roosevelt, el trabajo y el capital han
marchado prósperamente, sin más interrupción que las de
sus mutuas diferencias.
Hace ocho años el partido republicano dirigió sus huestes
en medio de una sombría depresión industrial, en medio de
fábricas cerradas y de bancos en quiebra.
Entonces ningún hombre confiaba en su vecino, si este
necesitaba de él. Todo el que tenía dinero en efectivo se
negaba á prestárselo á otro ni siquiera en primera hipoteca ;
primero porque temía que lo calificaran de plutócrata; se
gundo, porque tenía miedo de que el deudor le pagara en
moneda depreciada; y por último, porque tenía miedo de que
su dinero volara como el humo.
Sobre estas ruinas nosotros levantamos el grandioso edifi-
cio de la presente prosperidad.
No es posible hacer más en tan poco tiempo. Hoy desde
las oficinas de las casas comerciales hasta las oficinas de la
157
administración pública, en todas partes se ve la prosperidad
aumentar de día en día.
Los señores del otro lado de la Cámara expresan distinta
opinión sobre las causas que han producido este estado de
cosas.
Algunos ni siquiera se toman el trabajo de dar razones de
su negativa. Otros lo atribuyen á la natural reacción de los
tiempos malos en tiempos buenos ; pero es una singular coin-
cidencia la de que nosotros tengamos siempre una reacción
de malos á buenos tiempos cada vez que el partido repu-
blicano sube al poder.
Otros más prácticos, sin dejar de negar esa prosperidad, se
aprovechan de ella, la explotan de la mejor manera que
pueden; y, por último, no faltan quienes más modestos que
la mosca de Esopo, afirmen que á esa prosperidad han con-
tribuido ellos indirectamente.
Algunos aseguran que nuestra prosperidad es tan sólo
aparente. Si esto es cierto, entonces el promedio de nuestro
balance anual de comercio en los tres últimos años de $513,-
000,000 es sólo un balance de comercio aparente, y el depó-
sito de $2,935,264,845 en los bancos de ahorro del país, 1
mayor parte hechos por obreros, son por lo vista depósitos
aparentes ; y los $3,000,000,000 que se pagan á 6,000,000 de
ciudadanos empleados en 513,000 fábricas es simplemente
un pago aparente, un sueño de los optimistas que creen que
el país progresa, como no progresa ningún otro en el mundo.
(Aplausos en el lado republicano.)
Refutación de las Profecías de Mr. Bryan.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. W. Babcock, de Wisconsin,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 7 de
1900.
Al terminar el tercer año deí último período presidencial
de Mr. Cleveland el dinero en circulación era, en números
redondos, $1,500,000,000. Al terminar el primer año del
período presidencial de Mr. McKinlev era de $2,000,000,000.
En el tercer año de Cleveland el dinero en circulación era
$21.53 P or cada habitante. En el íercer año de McKinley
era 26.12 por habitante. Esto demuestra que el dinero no
disminuyó.
Al terminar el tercer año del Presidente Cleveland la cir-
i58
dilación de oro era $490,000,000, y al terminar el tercer
año de McKinley era $786,000,000.
Las dos terceras partes del aumento de circulación ha sido
en oro, el metal que Mr. Bryan dice que hará escasear el
dinero y que sumirá al país en la decadencia y en la miseria.
Para completar la refutación de las profecías de Mr. Bryan
diré que había $75,000,000 más de plata en circulación al
final del tercer año de McKinley que al final del tercer año
de Cleveland.
Veamos la predicción de Mr. Bryan sobre el estanca-
miento de la industria en el caso de que su política de 16 á 1
no fuese aceptada por el pueblo. Las cifras totales de nues-
tra industria no son accesibles. Tampoco son necesarias,
pues cualquiera sabe cuando el trabajo es mucho, cuando
los jornales son buenos y cuando los precios de los productos
agrícolas han subido.
Para nuestro comercio exterior también hay cifras elo-
cuentes. Durante los primeros tres años de la segunda ad-
ministración de Cleveland nuestras importaciones llegaron á
$2,898,000,000. Durante los primeros tres años de la ad-
ministración de McKinley nuestras importaciones fueron
$2,296,000,000; ó séase bajo la ley de tarifas Dingley, durante
tiempos prósperos y de gran actividad, nuestras importa-
ciones fueron $602,000,000 menos que durante el mismo
período de la administración de Cleveland, cuando el país
estaba decaído y lleno de necesidades.
Ahora echemos una mirada á nuestras exportaciones.
Durante los tres primeros años de la segunda administración
de Cleveland nuestras exportaciones llegaron á $3,578,000,-
000; y durante los primeros tres años de la administración
de McKinley nuestras exportaciones subieron á $3,828,000,-
000, — una diferencia de $250,000,000 en favor de nuestras
exportaciones, y una diferencia de $602,000,000 en favor de
nuestras importaciones ; lo que hace un total de $852,000,000
en nuestro favor durante los tres años de -gobierno repu-
blicano.
Durante los tres primeros años de la segunda adminis-
tración de Cleveland nuestro exceso de exportaciones sobre
importaciones fué de $679,000,000. Durante los primeros
tres años de la administración de McKinley nuestro exceso
de exportaciones sobre importaciones fué de $1,531,000,000;
á séase un aumento de $852,000,000.
Esta situación es el resultado de una sabia ley de tarifas
iS9
y de la enérgica actitud del partido republicano en la cues-
tión de la moneda, que ha inspirado confianza á todas nues-
tras grandes empresas manufactureras.
Pero aún no he dicho nada sobre la parte más importante
de la cuestión. Esta parte es la concerniente á nuestra ex-
portación de manufacturas. Las manufacturas implican
habilidad en el trabajo ; habilidad en el trabajo significa altos
jornales, y altos jornales significan una buena demanda de
todos los artículos de la agricultura.
En los tres años del Presidente Cleveland, á que con
frecuencia me he referido, nuestras exportaciones de manu-
facturas fueron $568,000,000 ; pero en los tres años del Presi-
dente McKinley subieron á $998,000,000; ó séase un pro-
medio de aumento de $143,000,000 por año.
El Republicano es un Partido de Hechos.
Extracto de las declaraciones del Hon. Charles Dick, de Ohio,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 5 de
1904.
El partido republicano merece confianza y apoyo porque
ha cumplido todas las promesas que hizo en 1896 y en 1900;
porque ha asegurado para los Estados Unidos la "puerta
abierta" en China ; porque ha puesto fin con éxito á las re-
clamaciones del Canadá sobre las fronteras de Alaska; por-
que ha realizado una brillante obra comercial y de educación
en Puerto Rico.
El partido republicano debe continuar en el poder porque
ha dominado la insurrección de Filipinas (desgraciadamente
estimulada por los anti-imperialistas y sus aliados) con la
menor cantidad posible de pérdidas de vidas y de propieda-
des; porque en sus filas tiene hombres como el Presidente
Roosevelt, el Secretario Hay, el Secretario Root, el Gober-
nador Taft, el Gobernador Hunt, y otros muchos que han
contribuido con su talento y energía á pacificar y organizar
los países lejanos que hemos adquirido ; porque obtuvo un
glorioso triunfo en nuestra guerra con España por la liber-
tad de Cuba; porque su pasajera ocupación militar de Cuba
fué un éxito bajo todos conceptos ; porque ha hecho respetar
la bandera americana, como emblema de libertad y progreso,
por todo el mundo.
El partido republicano es el partido de los hechos. En el
caso de Venezuela mantuvo con brillante resultado la doc-
1 6o
trina de Monroe contra las potencias europeas, promulgó
y puso en ejecución la doctrina de "protección para las
industrias americanas."
El partido republicano ha ganado el derecho de estar
cuatro años más en el poder, porque ha dado al país lo que
William McKinley pedía en Niles, Ohio, en Junio '20 de
1896, cuando dijo : "Lo que quiero para este país es una
política que dé á todos los obreros americanos mucho trabajo
á precios americanos;" porque ha conservado el valor del
dollar americano ; porque ha impedido los ataques á la ma-
jestad de la Corte Suprema de los Estados Unidos; porque
ha pagado los gastos de la guerra con España sin más carga
para el pueblo que unos pequeños sellos de correo ; porque
nuestras relaciones con España son ahora más cordiales que
antes de la guerra, y el comercio entre las dos naciones ha
aumentado por ambas partes.
El partido republicano es digno de los votos y del apoyo*
de todos los ciudadanos porque ha aumentado el número
de las fábricas en los Estados Unidos de menos de 350,000
en 1896, á más de 600,000 en 1903 ; porque ha aumentado
el número de los obreros industriales de menos de 4,000,000
en 1896 á más de 7,000,000 en 1903 ; porque ha aumentado
el producto anual de nuestras fábricas de menos de 10,000,-
000,000 de pesos en 1896 á más de 15,000,000,000 de pesos
en 1903.
El partido republicano ha aumentado nuestras exporta-
ciones anuales de $882,000,000 en 1896 á $1,420,000,000 en
1903; ha aumentado nuestras importaciones de $778,000,000
en 1896 á $1,025,000,000 en 1903 ; ha aumentado los ingresos
de nuestro Gobierno de $326,000,000 en 1896 á $558,000,000
en 1903, no obstante haberse suprimido todos los impuestos
de guerra.
Con esta hoja de servicios se presentará en la arena -el
partido republicano.
Estoy Cansado de Votar Contra la Prosperidad.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. H. Gallinger, de New
Hampshire, en el Senado de los Estados Unidos.
He descrito con brevedad muchos de los beneficios' ma-
teriales que, como nación y como pueblo, hemos obtenido
con la implantación de la tarifa Dingley. Pero no he des-
crito todas sus consecuencias. Podemos hacer un cálculo
de la producción y consumo de los artículos de primera ne-
cesidad y de lujo; pero las comodidades, la satisfacción y la
felicidad de los hogares americanos son incalculables. ¿ Cómo
calcular la alegría del agricultor ó del mecánico al verse en
condiciones de poder dar á sus hijos una educación de colegio
ó de universidad ?
¿ Cómo calcular el placer de llevar á la casa el último
libro ; de llevar á la esposa ó á la amada al teatro ó al con-
cierto; de comprarle un piano á la hija; de llevar á casa
dulces y juguetes para los pequeñuelos? En Navidad en-
tran millones de pesos en ragalos en los hogares americanos.
El cumpleaños es un día de regocijo. Los viajes veraniegos
á las montañas, á las playas y al campo, en tiempo de vaca-
ciones no pueden calcularse por pesos y centavos en la felici-
dad y salud que proporcionan á millones de esposas y de
niños.
No, no es posible calcular los beneficios del proteccionismo.
No podemos medir la felicidad por yardas, por libras ni por
centavos de peso ; pero podemos producirla, aumentarla y
continuarla por medio de un constante proteccionismo y una
creciente prosperidad.
Recientemente he hablado con un granjero, un rudo viejo
que votó por Franklin Pierce, y ha seguido votando siempre
por todos los candidatos democráticos. — ¿ Cómo está la gran-
ja? — le pregunté. Sin contestarme me dijo: — Senador, voy
á decirle una cosa. Pienso votar por la candidatura repu-
blicana en las próximas elecciones, y seguiré votando por ella
mientras viva. — ¿Por qué? — le pregunté, y me contestó: —
Sencillamente porque estoy cansado de votar contra la pros-
peridad.
La vida americana, el ciudadano americano, el hogar ame-
ricano, gozan de los beneficiosos resultados ele la legislación
republicana, de las consecuencias de una tarifa proteccionista
que nos ha traído y continuará dándonos una era nunca vista
de bienandanza, una era incomparable de prosperidad.
El Partido Democrático va Siempre Acompa-
ñado de Calamidades.
Extracto de las declaraciones del Hon. W. E. Humphrey, de Wa-
shington, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso,
Abril 23 de 1904.
Si hay alguna cosa que caracteriza al partido democrático
es su desmesurado afán por censurar y su eterno desacierto
IÓ2
en reformar. Como día tras día vengo sentándome en esta
Cámara, y he oído las frecuentes, interminables y gratuitas
censuras que salen del otro lado de la Cámara, me maravillo
de que esos señores tengan tanta sabiduría en la oposición y
tan poca suerte en el poder.
¿Dónde está el hombre que esté seguro de saberlo todo?
¿Por qué ese partido que trajo sobre nosotros los horrores
de la última administración democrática, que ideó la locura
de la libre acuñación de la plata, ese partido que no ha
aprendido nada en cuarenta años, que no ha olvidado nada
en cuarenta años, un partido que no ha cumplido nada en
cuarenta años, que no ha tenido razón en cuarenta años ;
¿ por qué ese partido cree que con él la sabiduría desaparecerá
de la faz de la tierra?
Solamente una vez en cuarenta años el pueblo americano
oyó las promesas y siguió los consejos del partido democrá-
tico, y lo elevó al poder. Entonces ese partido reformó las
tarifas ; aprobó la ley Wilson, que tan elocuentemente cen-
suró el representante por New York Mr. Cockran, y esa
ley secó nuestra prosperidad como el viento del desierto seca
los arbustos florecientes.
Ese partido aplicó á la tierra la doctrina que ahora de-
fiende para el mar. Durante la administración democrática
la deuda nacional aumentó en más de medio millón de pesos
diarios. Cada día perdíamos otro medio millón en el co-
mercio exterior. Durante esa administración el valor de los
productos agrícolas disminuyó en mas de $500,000,000. Los
negocios de la nación, en los dos meses que siguieron á la
aprobación de la ley Wilson, bajaron un 6 por ciento. In-
mediatamente después de la aprobación de esa ley la duda,
la desconfianza y el pánico paralizaron el gran sistema in-
dustrial de este país. Los bancos cerraron sus puertas ; las
casas de comercio redujeron sus operaciones; el balance co-
mercial se cerró en contra nuestra; se lanzaron bonos; el
trabajo quedó reducido á la última expresión.
Tuvimos ladrones y mendigos, y mujeres y niños ham-
brientos. Dos millones de hombres estaban sin trabajo,
pidiendo ocupación, mendigando una oportunidad para com-
prar pan con que satisfacer el hambre de los seres amados
William McKinley fué electo, el proteccionismo fué restable-
cido y en ocho meses un millón de hombres en la indigencia
encontraron ocupación.
¿Qué ha hecho el partido democrático para inspirar una
l6 3
confianza que le dé derecho á aconsejar al pueblo americano?
El partido democrático pide que se le juzgue por el porvenir,
no por el pasado. Quiere que se le juzgue por sus promesas,
no por sus obras.
Ese partido, en cincuenta años, no ha hecho nada por el
progreso, nada por la humana felicidad, nada por la causa de
la libertad, nada por la gloria de su país. Va siempre acom-
pañado de calamidades. Se alimenta con el desastre y en-
gorda con la desesperación.
La única vez que tuvo el gobierno del país durante esta
generación cerró las puertas de la industria, y vistió al
obrero de harapos.
El partido democrático tiene siempre la cara al pasado
y la espalda al porvenir. Jamás ve una oportunidad sino
cuando ya ha pasado.
Esa es la historia de ese titulado defensor del país, de ese
desorganizado, infeliz, dividido, decrépito partido democrá-
tico.
Hoy vive sin una idea,- sin un principio, sin una política,
sin un programa, sin un jefe, sin una esperanza. El mejor
elogio que puede hacer el partido democrático de este pro-
yecto de ley es oponerse á él.
Grover Cleveland fué Elegido.
La bancarota se hizo epidémica.
Extracto de las declaraciones del Hon. Charles B. Landis, de In-
diana, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero
27 de 1904.
Grover Cleveland fué elegido en 1892. Asegurasteis el
dominio en ambos ramos del Gobierno, y os aseguro que
ese fué el mayor error que cometió jamás el partido demo-
crático.
Se encontraron ante el pueblo de los Estados Unidos que
vivía en medio de una prosperidad doméstica sin precedente.
Estaban obligados á mejorarla. El capital estaba empleado ;
ellos ofrecieron emplearlo mejor. Los salarios eran altos;
ellos prometieron subirlos. No había indigentes en el país.
Ya sabéis lo que ocurrió; escasamente habían pasado tres
meses y la indigencia empezó á extenderse por todo el país.
Las bancarotas se hicieron epidémicas. La mendicidad
se convirtió en profesión. Eso hicisteis, señores. Tales
164
cosas tragísteis, vosotros los profetas, los prometedores, los
reformadores.
Bajasteis de tal modo el precio del maíz que llegó á em-
plearse como combustible. Los granjeros daban 30 centa-
vos de harina por 2 centavos de carne.
Al cabo de cuatro años todo el mundo en los Estados
Unidos reconocía que todo estaba desquiciado y que lo mejor
que podía hacerse con vosotros era enviaros adonde esta-
bais cuando Benjamín Harrison era Presidente.
Nadie podrá señalar un solo artículo manufacturado en
este país bajo las tarifas proteccionistas que no sea más
barato hoy que cuando esas tarifas no estaban en vigor.
Veamos algunos datos en apoyo del proteccionismo.
En 1883 no se fabricaban clavos de alambre en el país.
Entonces se vendían á $6 el cuñete. Al final de ese año
manufacturamos 50,000 cuñetes, cuando se impuso un dere-
cho de $4 por cada cuñete importado. En 1884 manufac-
turamos 75,000 cuñetes y el precio bajó á $5 el cuñete. En
1885 manufacturamos 200,000 cuñetes, y el precio bajó á $4,
es decir, el precio exacto de la tarifa. En 1886 fabricamos
500,000 cuñetes, y el precio bajó á $3.40. En 1887 fabrica-
mos 700,000 cuñetes, y el precio bajó á $3.30. En 1888 fa-
bricamos 2,000,000 de cuñetes, y el precio bajó á $2.60. El
promedio del precio en 1902 fué de $2.15.
Este es el resultado de las tarifas proteccionistas.
Lo mismo puede decirse de las demás industrias que hoy
constituyen la principal riqueza de este país.
Veamos lo que Hizo el Partido Democrático.
Paralizó el Comercio.
Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio,
publicadas en el Apéndice del Diario de Sesiones del Congreso,
Vol. 30.
¿Dónde está y cuál es el mercado para el carbón bitumi-
noso de Ohio, Pennsylvania, Indiana é Illinois ? Estos mer-
cados están en las grandes y pequeñas ciudades, en los gran-
des y pequeños pueblos del Oeste, de las orillas del Lago
Salado y de la frontera del Canadá. Esto contesta á la pri-
mera de las preguntas.
Ahora ¿cuál es el mercado? El mercado es el hogar, la
factoría, el telar, la fragua, la fundición, la planta de alum-
i6 S
brado eléctrico, la fábrica de gas, los ferrocarriles, los vapores
y, en fin, toda industria puesta en movimiento por medio del
vapor ó la electricidad.
El gran poder del progreso, la gran fuerza motriz de la
civilización es el fuego. Todo el mundo sabe bien que la
gran diferencia que existe entre el bruto y el hombre es que
éste puede hacer fuego y utilizarlo, y aquél no.
. Sabido ya cuál es y dónde está el mercado, veamos lo que
hizo el partido democrático. Destruyó de un golpe esos
mercados rechazando la ley McKinley y aprobando la ley
Wilson. Cerró las fábricas de vidrio, cerró las manufacturas
de hierro y acero, disminuyó la producción de gas y electrici-
dad, redujo el movimiento ferrocarrilero; los telares cesaron
de moverse, las chimeneas dejaron de lanzar columnas de
humo/ que probaban que debajo de ellas había fuego y con-
sumo de carbón.
Eso fué lo que hizo el partido democrático. No es pre-
ciso explicar cómo. Todos vosotros lo sabéis. Se parali-
zaron los negocios y el precio del carbón bajó.
¿Por qué bajó? Bajó porque no había mercado para él;
bajó porque la producción era mayor que el consumo; bajó
porque, aparte de los mercados que he descrito estaban los
agentes de los propietarios de mina^ proponiendo sus pro-
ductos. No había demanda para él, y al poco tiempo dejó
de moverse el pico del minero en casi todo el país.
Hablo con interés de este caso porque lo he visto ; porque
lo he observado. He visto al minero que en 1893 y 1894
extraía el carbón de los valles dond*: vivo á 75 centavos la
tonelada, rogar para que le dieran trabajo á 45 centavos.
El minero de carbón puede afirmarlo. Es inteligente. Su
interés descansa en el vasto desenvolvimiento de nuestro
sistema industrial, y sabe perfectamente que el desarrollo de
las minas de carbón depende del desarrollo de las industrias
del país, y sabe bien que el partido que trata de introducir la
mano de obra y la producción obrera del extranjero en este
país es su enemigo, y sabe del mismo modo que el partido
que pide el mercado americano para el. productor americano
es el partido que abrirá las fábricas y encenderá el fuego de
la industria y la prosperidad.
Y como miembro del partido republicano, celoso de su
porvenir, orgulloso de su historia y confiado en su presente
situación, estoy dispuesto á someter el caso á los obreros de
los Estados Unidos.
66
La Ley Wilson-Gorman Produjo un Estanca-
miento de Todas las Industrias del País.
Extracto de las declaraciones del Hon. W. P. Brovvnlow, de Ten-
nessee, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Marzo
25 de 1897.
En 1866, la deuda de los Estados Unidos, como consecuen-
cia de la guerra civil, era de $2,333,331,208. Desde ese
tiempo hasta 1892, cuando el pueblo cambió el rumbo de
la administración de republicana en democrática, compren-
diendo un período de veinte y siete años, prevaleció la protec-
ción al trabajo americano.
Bajo aquella política republicana bajó la deuda por el
pago de la respetable suma de $1,747,301,330. El balance
de la deuda en 1892 era de $535,029,330. En 1893, año de
la segunda inauguración de Cleveland, la deuda era de $583,-
034,260, y en Marzo de 1896 subió á $822,625,263, bajo la
vigencia de la ley Gorman.
Los representantes financieros del Presidente libre-cam-
bista, que dirigían todos los negocios del Departamento del
Tesoro, no pagaron un solo peso de esa deuda ; pero Cleve-
land, y sus consejeros libre-cambistas, autores de la destruc-
ción de los ingresos y de la prosperidad del país, la aumen-
taron en $237,580,910.
El término medio de disminución de esa deuda durante los
veinte y siete años de proteccionismo fué de $64,714,884, y
el término medio del aumento anual de esa deuda durante
el período libre-cambista, en que Cleveland dirigió los des-
tinos de este gran país, fué de $79,193,637. El promedio de
la disminución de la deuda desde 1866 hasta 1893, durante
la administración republicana, fué de $5,701,114.77. El pro-
medio del aumento de la deuda desde 1893 hasta 1896 men-
sualmente, durante la administración democrática, fué de
$7,502,921.28.
Mr. Harrison, con su administración proteccionista, dis-
minuyó la deuda en $224,819,730.
Mr. Cleveland, con su administración libre-cambista, la
aumentó en $237,580,910.
La ley Wilson-Gorman, la obra más perfecta que se ha
construido sobre la base del libre-cambio, produjo un rápida
paralización del trabajo. Trajo consigo un estancamiento
de todas las industrias del país.
167
Cubrió con su manto fatal todas las empresas útiles para
la nación. Traspasó el trabajo del país de las manos de los
despojados obreros americanos á las menos de los mendigos
de Jos países extranjeros. Envió la prosperidad americana
á regiones desconocidas con la orden de no volver.
Bajo la administración de McKinley el grito general era
pidiendo brazos. Escaseaban los brazos, porque el estable-
cimiento de nuevas industrias aumentó la población obrera.
Bajo el imperio de la ley Gorman, la mitad de la pobla-
ción obrera fué echada de las tiendas, de las fábricas, de los
ferrocarriles y de las obras públicas.
El Pánico de 1893 Empezó el Día Siguiente
de la Elección de 1892.
Extracto de las declaraciones del Hqn. J. B. Foraker, de Ohio, pu-
blicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Febrero 4 de
1904.
¿Oué sucesos siguieron á la elección en Noviembre de
1892, y cuál fué la causa de ellos? Para contestar exacta-
mente á esta pregunta debemos examinar el sentido del pro-
grama con que Mr. Cleveland subió al poder.
Debe recordarse que en el programa de 1892 el partido
democrático denunció la ley de tarifas de McKinley como
una tremenda atrocidad — creo que esa fué la frase que se
usó — pidió su inmediata abolición, y ofreció al país que si
triunfaba en las elecciones, el partido democrático la su-
primiría sustituyéndola por una tarifa de impuestos interiores
solamente, que no viene á ser otra cosa que un nuevo nombre
dado al libre-cambio.
Triunfaron. A la mañana siguiente de la elección se
anunció al país no sólo que Mr. Cleveland había sido elegido
por segunda vez Presidente, sino que el Congreso sería de-
mocrático en ambas Cámaras.
El anuncio de esa elección fué un aviso de que íbamos
á tener, no sólo un Presidente democrático y un Congreso
democrático, sino también un Presidente y un Congreso
democráticos comprometidos á abolir la ley McKinley, á
cambiar la política industrial del país, y á sustituir la política
proteccionista con Ja política del libre -cambio, ó su hermana
gemela la tarifa de impuestos interiores solamente.
.•Cuáles fueron las consecuencias? Todo hombre de ne-
gocios dotado de alguna prudencia comprendió que si la
i68
política industrial iba á ser tan radicalmente cambiada, las
consecuencias las sufriría él en primer término.
Todos recordamos el pánico que se produjo en el país el
año 1893. Se le conoce en la historia financiera de este país
con el nombre de "pánico de 1893."
Aquel pánico tan repentino de 1893 comenzó al día si-
guiente de la elección de 1892.
Aquel pánico comenzó tan pronto como los hombres de
negocios leyeron el resultado de la elección y calcularon sus
consecuencias. •
Los banqueros sospecharon que un cambio tan radical en
nuestra política industrial los obligaba á considerar qué
efectos traería sobre ellos, y no conociendo el alcance de
esos efectos, ni si serían buenos ó malos, determinaron, cuan-
do fueron por la mañana á sus oficinas, apresurar el cobro
de sus créditos y suspender provisionalmente toda operación
importante; y los manufactureros, cuando fueron á sus fá-
bricas, pensaron si sería ó no prudente disminuir su presu-
puesto de gastos, y los que habían dado órdenes para la fa-
bricación de artículos empezaron á considerar si debían sus-
pender las órdenes ó modificarlas.
Durante dos años de la administración de Cleveland el
balance comercial se cerró en contra nuestra. Durante dos
años cerró en nuestro favor; pero la diferencia fué casi in-
significante.
Desde el momento en que el partido republicano triunfó
en las elecciones de 1896, los negocios mejoraron, y con la
derogación de la ley Gorman y la aprobación de la ley Ding-
ley renació la confianza y se inició el período de maravillosa
prosperidad por que actualmente atraviesa el país.
Los Precios han Bajado. Los Salarios han
Subido.
Extracto de las declaraciones del Hon. Benj. Butterworth, de
Ohio, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, pri-
mera Sesión.
Los obreros encuentran oportunidad para aumentar las
comodidades de la vida por el hecho de que los artículos de
primera necesidad han bajado constantemente, mientras que
el precio de los jornales ha ido subiendo un 25, un 50, un
75, un 100, y en muchos casos un 300 por ciento sobre lo que
se pagaba en tiempos de la administración democrática.
169
Puedo asegurar que la inmensa mayoría de las cartas que
recibo de mis electores refiriéndose al actual mejoramiento
de las industrias, lo atribuyen á la diferencia de costo de pro-
ducción entre sus artículos y el de los similares importados
de países extranjeros, debida al aumento de los derechos que
estos pagan á su entrada en los Estados Unidos.
Desafío al que quiera acompañarme á las tiendas y fábricas
de mi distrito, donde esos hombres trabajan, á que encuentre
uno solo que no lea la Constitución de su país en uno ó en
dos idiomas, y que no se dé cuenta exacta de los derechos y
deberes que ella impone á todos los ciudadanos.
Acompañadlos á sus casas. En ellas encontraréis no sólo
las comodidades ordinarias para la vida, sino las no indis-
pensables que evidencian un grado poco común de educa-
ción y refinamiento. Los libros y la música abundan en
esas casas.
Las muchachas no sólo desempeñan todos los trabajos do-
mésticos con verdadera actividad é inteligencia, sino que,
sentándose al piano, interpretan con habilidad la música de
Wagner, de Beethoven y de otros grandes maestros.
En las paredas encontraréis cuadros que muchas veces son
obra de esas muchachas ó de sus hermanos.
Se ve buen ejemplo por parte de ios padres y profundo
amor filial por parte de los hijos.
Mutuos Intereses Entre el Capital y el Trabajo.
Extracto de las declaraciones del Hon. Presidente Roosevelt, en
Syracuse, N. Y., publicadas en el Diario de Sesiones del Con-
greso, Abril 4 de 1904.
Al hablar el día del Trabajo en la Asociación de Agriculto-
res del Estado de Nueva York, es natural tener en cuenta los
dos elementos que componen la mayoría de nuestro pueblo y
de cuyo bienestar depende el bienestar de todo el Estado.
Si las circunstancias son tales que la actividad, la inteli-
gencia y la energía del agricultor por una parte, y las del
jornalero por otra, les permiten mantener á sus esposas é
hijos con relativa comodidad, entonces el Estado marcha bien
y puede asegurarse que las demás clases de la sociedad gozan
de los mismos beneficios.
En otras palabras; si la prosperidad reina en esos dos
elementos que he citado, necesariamente se extenderá tam-
170
bien á todos los demás elementos que constituyen el pueblo
americano.
Ha sido una fortuna para nosotros y para la nación el
que hasta ahora, prescindiendo de períodos excepcionales
de depresión y de inevitables fluctuaciones, haya habido,
desde que el partido republicano subió al poder, un me-
joramiento progresivo, no sólo por parte del agricultor, sino
de todos los que con su trabajo personal se sostienen á sí
mismos y á sus familias.
Ha habido, naturalmente, excepciones; pero en la inmensa
mayoría de los casos la situación de los agricultores ha ido
mejorando de generación en generación, y la riqueza que re-
presentan las granjas ha aumentado enormemente, mientras
que á su vez han subido los salarios, proporcionando más
dinero á ambos elementos, y con el dinero el poder que éste
representa.
Junto este aumento de prosperidad del jornalero y del
agricultor, ha habido también otro aumento de prosperidad
entre los hombres de negocios y entre las clases profesionales,
y la prosperidad de estos ha sido en parte la causa y en parte
la consecuencia de la prosperidad de los agricultores y de
los jornaleros.
Nunca se repetirá demasiado que en este país, á la larga,
todos prosperaremos ó nos arruinaremos juntos. Si el pro-
medio del bienestar es elevado, puede asegurarse que el pro-
medio de los agricultores, de los obreros y de los hombres
de negocios marcha bien.
Si el promedio decrece no habrá una sola clase de la so-
ciedad que no sufra las consecuencias.
Desgraciadamente en este mundo los inocentes tienen con
frecuencia que pagar algo de las faltas de los culpables ; por
consiguiente si vienen tiempos malos como consecuencia de
perturbaciones en el mundo del capital y de los negocios —
perturbaciones que las leyes no pueden evitar — ó como con-
secuencia de la falta de prudencia y sensatez de una parte
ñH elemento del trabajo, en ambos casos las consecuencias
las sufrimos igualmente los culpables y los inocentes.
Es indispensable para la continuación de la prosperidad
nacional que reconozcamos esa comunidad de intereses entre
nuestro pueblo. El bienestar de cada uno depende del bie-
nestar de todos. Por consiguiente, en la vida pública, un
hombre representará tanto mejor los intereses de cada uno
iyi
cuanto más interés se tome en la defensa de los intereses de
todos.
En otras palabras ; su misión no es representar los intereses
de una clase determinada, ni propender á su particular de-
sarrollo; sino representar á todos los hombres honrados,
porque al defenderlos, defenderá los intereses de la patria
común.
Podemos conservar nuestro Gobierno sobre una amplia y
sólida base solamente con juzgar á cada hombre, no como
individuo de una clase, sino por su labor como hombre.
Sería una insensatez en nuestra vida americana, y un acto
fundamentalmente peligroso para nuestras instituciones, es-
tablecer distinciones entre los hombres y entre las clases,
salvo las diferencias de conducta, las diferencias que deben
existir entre el hombre que procede bien y el hombre que
procede mal.
Hay ciudadanos buenos y ciudadanos malos en todas las
clases y en todas las localidades, y la actidud de las personas
decentes hacia el público en general y hacia las cuestiones
sociales, debe ser determinada, no por razones accidentales
de posición y lugar, sino por aquellos respetables principios
que representan lo más profundo del alma humana.
Un buen gobierno republicano debe descansar sobre in-
dividuos, no sobre clases. Tan pronto como se convierta en
un gobierno de clases se apartará de los viejos ideales
americanos.
Los hombres sinceramente interesados en la debida pro-
tección de la propiedad, y los hombres sinceramente intere-
sados en ver garantidos los justos derechos del trabajo, deben
recordar siempre que á la larga, ni los capitalistas ni los
obreros pueden ser auxiliados en sus crisis económicas de
una manera individual y exclusiva ; sino que es necesario
ayudar á la vez á los unos y á los otros con el mismo interés
y sin ninguna distinción.
No hay peor enemigo del obrero que aquel que predica
la violencia y el odio.
Un ligero estudio de nuestra historia industrial nos en-
señará bien clara y rápidamente que los tiempos más cala-
mitosos para el pueblo en general, los tiempos en que los
negocios estaban paralizados y el capital sufría una crisis
ruinosa, eran precisamente los tiempos de exaltación de las
pasiones, de rencores, de violencia entre las clases obreras.
El obrero progresa cuando progresa el país, y tanto más
172
contribuirá al bienestar general, cuanto más firme sea su
propósito de hacer justicia á los demás.
Legislación en Interés de la Humanidad.
Extracte^ de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 4 de
1904.
El trabajo de la mujer. — Después de los niños, las ma-
yores víctimas del abuso y de la codicia de los patronos,
cuando no están constreñidos por las leyes, son las mujeres.
Las investigaciones hechas demuestran que su condición es
con frecuencia digna de piedad donde el patrono goza de
completa libertad en la materia. La protección de la mujer
en interés de la humanidad y de la moral ha sido objeto de
leyes en casi todos los pueblos civilizados. En los Estados
Unidos, veinte y siete Estados han legislado sobre el par-
ticular. De esos veinte y siete Estados, veinte y dos son
republicanos y cinco democráticos.
Asiento para las mujeres en las tiendas. — La legislación
en este particular no necesita comentarios. Cualquier hom-
bre .que tenga una hija empleada en una tienda ó almacén,
y cualquier médico sabe lo duro que es para una mujer verse
obligada á permanecer todo el día en una banqueta ó detrás
de un mostrador. Afortunadamente, en treinta y un .Es-
tados se ha legislado ya sobre eso, obligando á los patronos
á proveer de asientos para las mujeres. De esos treinta y un
Estados, veinte y tres son republicanos y ocho demócratas.
Legislación sobre los sudaderos. — No hay mayor amenaza
para la salud del pueblo obrero, ni nada que tienda más á
rebajar y degradar á seres humanos, que hacinarlos juntos
en un estrecho y malsano taller, donde con frecuencia se ven
obligados á trabajar, comer y dormir, sin preocuparse de la
salud ni de la moral, y donde las horas de trabajo son á
menudo tan largas, que las víctimas, casi siempre extranjeros
ignorantes de nuestro idioma, están eternamente condena-
das á no tener oportunidad de instruirse ni de mejorar de
suerte. Las escenas observadas en esos "sudaderos" por
los delegados oficiales se rebelan á toda descripción. Desde
hace tiempo se trata de dictar leyes que regulen esos llamados
"sudaderos," y doce Estados han aprobado reglamentos con
ese objeto. De esos doce Estados, once son republicanos y
uno demócrata.
J 73
Sistemas de pagos. — Las leyes prohiben á los patronos que
paguen los salarios á sus empleados con boletos ú órdenes
contra sus propios establecimientos y que no son redimibles
al contado. Hasta ahora veinte y tres Estados tienen en
vigor esas leyes, de los cuales catorce son republicanos y
nueve demócratas.
Mediación y arbitraje.— -En quince Estados se han esta-
blecido oficinas especiales de mediación y arbitraje que tienen
por objeto propender al arreglo de todas las disputas entre
industriales y trabajadores. De esos quince Estados once
son republicanos y sólo cuatro demócratas.
Oücinas de colocaciones. — Una de las grandes necesidades
del trabajador que se coloca por una semana ó por pocos días,
es una agencia que lo ayude á obtener un empleo cuando
está sin trabajo. Las agencias privadas han explotado con
tanta frecuencia su pobreza con promesas de empleos que
nunca llegan, que las iglesias y sociedades filantrópicas des-
empeñan gratis las agencias de colocaciones en muchas ciu-
dades grandes. Hace algunos años los Estados y los Muni-
cipios tomaron cartas en el asunto, y hoy hay oficinas pú-
blicas de colocaciones (gratis) en catorce Estados, de los
cuales doce son republicanos y dos demócratas.
Leyes de seguros para los empleados. — Desde la introduc-
ción del vapor y las máquinas los trabajadores están ex-
puestos á tan gran número de riesgos de muerte y lesiones,
que celosos Estados han dictado leyes que obligan á los pa-
tronos á evitar toda clase de peligros, haciéndolos responsa-
bles de daños y perjuicios por cualquier lesión que sufra un
empleado por negligencia del dueño. Veinte y siete Estados
tienen leyes de seguridad para los trabajadores, muchas de
ellas relativas á ferrocarriles. De esos veinte y siete Esta-
dos quince son republicanos y once demócratas.
El Sistema de los Sudaderos.
Opinión del Gobernador Roosevelt sobre este asunto.
Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 4 de
1904.
La opinión del gobernador Roosevelt acerca de los "su-
daderos," formada durante el tiempo que perteneció á la
asamblea, como resultado de sus personales observaciones en
el interior de los talleres de fabricación de tabacos, no ha
J 74
sufrido cambio en los diez y siete años transcurridos desde
1882, en que se hizo la investigación, hasta 1899.
Estas eran sus ideas en 1899, tales como las expuso en su
mensaje anual :
Otra importantísima fase de esta cuestión es el sistema
de los sudaderos, donde las clases más pobres se reúnen y
viven en malsanos, estrechos y lóbregos talleres.
La legislatura ha aprobado leyes encaminadas á suprimir
esa vil fase de la vida industrial en nuestras grandes ciu-
dades, prohibiendo el uso de viviendas para fines manufac-
tureros.
Aunque la ley es explícita y la intención de los legisla-
dores muy clara, se ha tropezado con grandes dificultades
para hacerla cumplir.
Todo el mundo está de acuerdo en que esos sudaderos
degradan á los infortunados que en ellos trabajan, y dañan
moral y socialmente la vida de la comunidad en que existen.
Cómo aplicar la ley en este caso, ha sido el problema para
los gobernantes de otros países y Estados y para el nuestro.
Hasta ahora el sistema más práctico para la solución de
ese problema es el que se ha adoptado en Massachusetts,
disponiendo que los edificios que se destinen á fines manu-
factureros deberán tener un permiso ó licencia, que en nin-
gún caso se concederá á menos que el edificio no reúna todos
los requisitos y condiciones exigidos por la ley. Esos per-
misos ó licencias serán concedidos solamente por la oficina
de inspección de fábricas, que al mismo tiempo se cuidará
de su inspección y del cumplimiento de la ley.
Hay varias razones para suponer que este sencillo método
puede dar resultados prácticos.
Por lo pronto clasifica los edificios destinados á manufac-
turas ; por consiguiente el que se emplee sin permiso habrá
violado la ley.
Evitará perjuicios á los dueños de fábricas; porque los
preceptos de la ley se aplicarán antes de que el edificio sea
ocupado. Esto facilitará la construcción de edificios nuevos,
con todos los requisitos, incluyendo fáciles escaleras de es-
cape en casos de incendio, elevadores amplios y seguros y
otros requisitos de fácil aplicación cuando los edificios se
construyen de nuevo, ó cuando los viejos se transforman
para fines manufactureros.
Esto no supone una innovación radical. Sencillamente
reconoce el principio de que las oficinas de sanidad puedan
175
exigir que los planos de los edificios que se construyan de
nuevo y las alteraciones de los viejos sean sometidos á la
aprobación de la oficina de inspección de fábricas, la que
concederá el permiso para las obras con arreglo á la ley.
Los manufactureros honrados no pondrán ninguna difi-
cultad á esto ; porque estarán deseosos de facilitar toda clase
de comodidades á sus operarios. Solamente aquellos que
intenten evadir la ley y desatender las exigencias de la de-
cencia y de la higiene serán los que pondrán objeciones, y
sobre ellos caerá el peso de la ley.
Someto lo anteriormente expuesto á la consideración de
la legislatura, y recomiendo que se adopte una ley parecida,
á fin de que el anti-económico, anti-higiénico y anti-america-
no sistema de los sudaderos desaparezca de la vida industrial
del Estado.
Jornales Pagados en los Estados Unidos Com-
parados con los Pagados en la
Gran Bretaña.
Extracto de las declaraciones del Hon. I. F. Fisher, de New York,
en la Cámara de Representantes, Marzo 23 de 1897.
Deseo leer aquí un estado comparativo hecho por Mr.
Nathaniel McKay, en Agosto de 1896, exponiendo los jor-
nales que se pagan en los Estados Unidos con relación á
los que se pagan en la Gran Bretaña.
Mr. McKay es un caballero que ha dedicado mucho tiempo
y energía á la investigación de asuntos de esa índole, y como
lo conozco personalmente, no vacilo en afirmar la absoluta
veracidad de sus datos.
En los Estados Unidos un herrero recibe un 102 por cien-
to más que en Inglaterra.
En los Estados Unidos un albañil recibe un 125 por ciento
más que en Inglaterra.
En los Estados Unidos un carpintero recibe un 165 por
ciento más que en Inglaterra.
En los Estados Unidos un calafate recibe un 126 por
ciento más que en Inglaterra.
En los Estados .Unidos un conductor (express) recibe un
349 por ciento más que en Inglaterra.
En los Estados Unidos un carretonero recibe un 38 por
ciento más que en Inglaterra.
176
En los Estados Unidos un maquinista (locomotoras) re-
cibe un 191 por ciento más que en Inglaterra.
En los Estados Unidos un bombero recibe un 188 por
ciento más que en Inglaterra.
En los Estados Unidos un estucador recibe un 111 por
ciento más que en Inglaterra.
En los Estados Unidos un hojalatero recibe un 143 por
ciento más que en Inglaterra.
En los Estados Unidos un telegrafista recibe un 103 por
ciento más que en Inglaterra.
Trabajadores en Londres 1,912,000
Uniones mercantiles 1,000,000
Promedio que se paga al obrero inglés. . . $1.80
Promedio que se paga al obrero americano $3.88
La Actual Escala de Jornales era Desconocida
Durante la Administración Democrática,
Extracto de las declaraciones del Hon. Charles E. Fuller, de
Illinois, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Fe-
brero 8 de 1904.
He observado en el distrito., que represento, que es uno de
los distritos agrícolas y manufactureros más grandes del
Oeste, que durante los tiempos democráticos, cuando Cleve-
land fué Presidente y el partido democrático dominaba am-
bos ramos del Congreso, muchas fábricas se cerraron ó redu-
jeron á la mitad el número de sus operarios.
Centenares y miles de obreros se quedaron sin trabajo ;
pero cuando Mr. McKinley fué elegido en 1896, cuando el
partido republicano volvió al poder, cuando la odiosa ley
Wilson fué derogada y cuando la ley Dingley rigió en el
país, restableciendo el sistema proteccionista, aquellas fábri-
cas se abrieron de nuevo, el humo volvió á salir de las chime-
neas, el pueblo retornó al trabajo, y en los días que trans-
currieron desde 1896 hasta 1897 en que McKinley tomó po-
sesión de la Presidencia, se inició un período de prosperidad
que ha continuado no sólo en aquel distrito, sino en el Esta-
do y en todo el país, en tales proporciones que superan á
todo lo visto hasta ahora en el mundo.
Mis recuerdos y mis lecturas de la historia me dicen que
durante los períodos en que ha imperado el libre-cambio,
177
Cuando la doctrina proteccionista ha sido relegada al olvido,
el país no ha prosperado de una manera visible.
Oid un momento lo que un demócrata tan autorizado como
James Buchanan decía acerca del particular :
"La tierra ha producido sus frutos abundantemente y ha
remunerado con largueza el trabajo del agricultor. Nues-
tros productos alcanzan altos precios, y en poco tiempo nues-
tras manufacturas, nuestras minas y nuestras ocupaciones
mecánicas han participado de esa general prosperidad.
"Hemos obtenido todos ios elementos de riqueza material
en abundancia, y no obstante estas ventajas, nuestro país,
desde el punto de vista financiero, se encuentra en estos mo-
mentos en deplorables condiciones.
"En medio de esta extraordinaria abundancia de todos
los productos de la agricultura y de todos los elementos ma-
teriales de riqueza, encontramos nuestras manufacturas sus-
pendidas, nuestras obras públicas retardadas, nuestras em-
presas privadas en su mayoría abandonadas y los obreros sin
trabajo, reducidos á la indigencia."
Aquellos eran los buenos tiempos democráticos, y aquella
era la situación que existía durante ellos.
Comparando los tiempos republicanos de hoy con cualquier
período democrático de los conocidos, me siento orgulloso
de la historia del partido republicano.
Creo que el alto precio de los jornales en la actualidad es
debido al hecho de que, á favor de las tarifas proteccionistas,
las manufacturas del país están en condiciones de dar traba-
jo á todos los obreros que lo solicitan.
Creo que cuando hemos tenido un sistema libre-cambista,
ó de impuestos interiores únicamente, el obrero ha carecido
de trabajo, y como consecuencia de ello se ha ofrecido á tra-
bajar por mucho menos de lo que lo hubiera hecho en otras
circunstancias.
Desde que el partido republicano restableció las tarifas
proteccionistas los jornales han subido á un nivel nunca visto
ni aquí ni en ningún otro pueblo de la tierra.
En cambio cada vez que el partido democrático ha subido
al poder y ha restablecido las teorías libre-cambistas, los jor-,
nales han bajado como consecuencia de la falta de trabajo.
Por consiguiente, el país quiere que continúe por mucho
tiempo el sistema proteccionista.
i7*
Trabajo y Capital. Supremacía de la Ley.
Extractos de varios discursos del Presidente Roosevelt, publicados
en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904.
El hombre que con su capital explota una gran mina ; el
hombre que con su capital construye un gran ferrocarril ; el
hombre que con su capital individual, ó asociado con el de
otros como él, funda una gran empresa industrial, hace un
beneficio, no un daño á la comunidad, y es acreedor á que
así se le considere. Tiene derecho á la protección de la ley,
y en cambio está obligado á obedecerla. La ley no se ha
hecho para determinadas personas. La ley no se administra
al rico como tal, ni al pobre como tal. Protege á todos los
hombres ricos y pobres, si son ciudadanos honrados y res-
petuosos de la ley, y no se aplica contra ningún hombre
rico ó pobre que la viola con arreglo á la esfera social en que
vive. (Discurso de Butte, Mont., Mayo 27 de 1903.)
Tenemos derecho á pedir á todo ciudadano honrado que
acuda en defensa de la ley cada vez que ésta es violada en
interés de un hombre rico; y tenemos el mismo derecho para
exigir á todo hombre rico que contribuya con su acatamiento
al mayor prestigio de la ley. (Spokane, Wash., Mayo 26,
I903- )
Esta es una era de grandes combinaciones de trabajo y de
capital. Bajo muchos conceptos esas combinaciones han
trabajado por algo bueno; pero deben trabajar bajo la ley,
y las leyes que les conciernen deben ser justas y sabias, ó no
producirán más que daño. Deberán aplicarse lo mismo á las
más ricas corporaciones, como á las más poderosas asocia-
ciones de obreros. Nuestras leyes deben ser sabias, justas,
saludables, inspiradas en el espíritu de aquellos que despre-
cian á los vulgares agitadores, á los vulgares incitadores de
las masas, de aquellos que desean justicia para todos los
hombres, de aquellos que reconocen la necesidad de conser-
var lo más posible la vieja doctrina americana que consiste
en ayudar en todo lo posible el libre ejercicio de la iniciativa
individual, de aquellos, en fin, que reconocen también que
después que las grandes combinaciones han alcanzado cierta
magnitud ; es indispensable para el bien general que la nación
ejerza sobre ellas, cuidadosamente y con imparcialidad, pero
al mismo tiempo con energía, un poder de supervisión y de
regulación. (Charleston, Abril 9 de 1902.)
r 79
Este no es ni lo será nunca un Gobierno de una plutocra-
cia ; este no es ni será nunca un Gobierno cié un populacho.
Es, ha sido y será, un Gobierno en el que todo hombre hon-
rado, todo hombre decente, sea dueño ó empleado, jornalero,
mecánico, banquero, abogado, granjero, sea lo que fuere, si
procede correctamente, si cumple su deber con sus vecinos
y con el Estado, recibirá toda la protección de la ley, y ten-
drá todas las garantías para el ejercicio de su profesión, para
el empleo de su actividad, solo ó en combinación con sus
amigos, si así lo desea. (Butte, Mont., Mayo 2.7 de 1903.)
Sobre todo la administración del Gobierno, el afianzamien-
to de la ley debe ser amplio y honrado. Las leyes no deben
aplicarse ni en interés del pobre ni en interés del rico. Sen-
cillamente deben aplicarse con imparcialidad — en interés de
la justicia de cada hombre, sea rico ó pobre — castigando se-
veramente á su violador, cualquiera que sea la forma en que
se lleve á cabo la violación. (Charleston, S. C., Abril 9
de 1902.)
El mecanismo de los modernos negocios es, en conjunto,
demasiado delicado y demasiado complejo para nosotros.
No debemos, pues, por un momento sancionar ninguna in-
tervención en él inspirada en un espíritu de ignorancia ó de
rencor. Algo puede hacerse y algo se hace ; pero mucho más
se haría si nuestro pueblo, resuelto pero con calma, hiciera
lo que debería hacer. Pero ciertos procedimientos acarrean
graves daños sobre nosotros, sin resolver de ningún modo el
problema, sino más bien aplazando indefinidamente su solu-
ción.
Un Funcionario Cuyo Interés en el Bienestar
del Pueblo Nunca se ha Desmentido.
Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 4 de
1904.
Mientras que el problema del trabajo en el verdadero sen-
tido de la palabra es tan antiguo como la misma raza humana,
su forma moderna es una consecuencia del vapor y de la
maquinaria, que ha reemplazado la producción local, en el
interior del hogar, para las necesidades de la familia, con
la producción de la fábrica para un mercado general.
En el curso de esta evolución el dominio de los utensilios
1 8o
y otros medios de producción pasó de sus poseedores á aque-
llos que comprendieron las necesidades del mercado, que
tenían habilidad para reunir materiales, organizar trabaja-
dores, y llevar sus productos adonde eran necesarios.
Antiguamente cada trabajador era á la vez capitalista y
obrero, y por consiguiente, él mismo regulaba las condiciones
en que trabajaba. Pero cuando el trabajador perdió el do-
minio de sus utensilios de trabajo dejó de regular las con-
diciones del mismo. Hoy lucha por reconquistar ese de-
recho de regulación y obtener un mayor reparto en el pro-
ducto unido del capital y el trabajo que constituye el mo-
derno problema obrero.
Este es el problema que el Presidente Roosevelt, en su
primer mensaje al Congreso, describía como el más vital de
los que actualmente preocupan al país.
Pocos estadistas de este ó de otros países han estudiado
ese problema tan profundamente como Mr. Roosevelt. Sus
trabajos para resolverlo se encuentran no sólo en sus discur-
sos y escritos, sino también en sus actos como funcionario
público.
Teodoro Roosevelt será recordado siempre como un fun-
cionario cuyo interés por el bienestar del pueblo no ha dis-
minuido desde el día en que comenzó su carrera pública,
como miembro de la asamblea del Estado de New York,
hasta el día de hoy.
Los principios de justicia que lo guiaron al defender la
aprobación de la ley de reforma del trabajo, cuando tomó
parte en la legislatura de Albany en 1882, 1883 y 1884,
fueron enérgicamente sostenidos cuando fué gobernador de
New York en 1899 y 1900, y han sido igualmente mante-
nidos durante el tiempo que ha sido Presidente de los Es-
tados Unidos.
Comparando el primer hecho importante de su vida po-
lítica con uno de más reciente fecha, se observará inmediata-
mente qué invariables han sido sus opiniones en todo aquello
que afecta al interés del pueblo.
Aquel primer hecho ocurrió hace más de veinte años
cuando, en interés de la salud pública, así como de la de los
jornaleros de las fábricas de tabaco, se opuso enérgica-
mente á que continuara el sistema de los "sudaderos."
El recto criterio que entonces demostró se hizo notar de
nuevo en 1902, cuando, gracias á su intervención en la
célebre huelga de los mineros de antracita, se restauró la paz,
i8i
se evitó una terrible calamidad al país y se encontró una
solución final del conflicto con el acuerdo de la comisión
nombrada por él.
No pocos problemas han tenido una solución análoga gra-
cias á la prudencia desplegada por Teodoro Roosevelt.
A él se debe la aprobación de un gran número de leyes
encaminadas á mejorar las condiciones sociales de los que
ganan el pan con el sudor de sus frentes.
Los hechos de su vida política demuestran hasta la eviden-
cia que su opinión respecto de asuntos relacionados con el
bienestar de la gran masa* del pueblo trabajador no ha va-
riado jamás.
Esos asuntos serán siempre estudiados y tratados por él
con gran interés y con profunda atención.
Con la Ley Wilson los Agricultores America-
nos Ganaron Novecientos Millones
ele Pesos Menos que con la
Ley McKinley.
Extracto de las declaraciones del Hon. W. S. Kerr, de Ohio, publi-
cadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Marzo 31 de 1897.
Durante los últimos ocho meses de la ley McKinley com-
pramos en el extranjero $16,800,000 en artículos de lana, al
precio de $20,000,000 al año. En 1895, bajo la ley Wilson,
compramos $57,559,000; un aumento de treinta millones al
año.
Al año siguiente de la ley McKinley (1893) compramos
en el extranjero 111,000,000 de libras de lana, y pagamos por
ellas $13,000,000. En 1895, bajo la ley Wilson, compramos
248,989,000 libras y pagamos por ellas $33,000,000. En
ese concepto los agricultores americanos perdieron un mer-
cado de $20,000,000.
En el último año de la ley McKinley importarnos 229,000
libras de pieles curtidas.
En 1895, bajo la ley Wilson, importamos 20,000,000 de
libras de pieles curtidas.
A medida que aumentaban nuestras compras en el extran-
jero disminuía el .mercado de nuestros productos agrícolas.
Lo que necesitamos particularmente es un mercado ex-
tranjero para nuestra harina, y así poder desembarazarnos
de nuestro exceso de trigo,
182
Bajo la reciprocidad de McKinley concertamos impor-
tantes tratados para la harina americana. En Cuba, en tres
años, hemos aumentado nuestras ventas de harina de 150,000
barriles á 662,000 barriles.
En las Antillas y Bermuda hemos hecho un comercio de
400,000 barriles de harina y dos millones de fanegas de trigo.
En el Brasil un comercio de 200,000 barriles de harina y
1,000,000 de fanegas de trigo.
En Alemania, bajo la reciprocidad, nuestro comercio de
harina subió de 8,000 barriles á. 286,000 barriles. Todo eso
fué destruido por la ley Wilson. y nuestros agricultores se
vieron obligados á competir en Liverpool con el trigo barato
del mundo.
Eos dos artículos mencionados sufrieron grandemente en
el mercado extranjero; pero mucho más sufrieron en el mer-
cado interior.
Algunos hechos demostrarán la extensión de aquella baja.
En el año 1895-96 el consumo de trigo por cabeza fué de 4
fanegas; el de 1891-92 de 5-7 por cabeza. En 1891-92 la
población no agrícola se vio obligada á pagar al agricultor
por su trigo S4.27. En 1895-96 pagó $2.16.
; Qué significa esto ?
Significa que de los cuarenta y cinco millones de individuos
que consumen pan, cada uno pagó al agricultor $2.11 menos
que en 1891-92.
Esto sólo redujo enormemente el mercado.
También se notó una gran baja en el consumo de maíz.
En 1892 el consumo de maíz por cabeza fué de 30 fanegas.
En 1895 sólo fué de 16 fanegas.
El siguiente sumario, que comprende trece principales ar-
tículos, demostrará lo que los agricultores perdieron con el
cambio de la ley de tarifas :
En 1 89 1 el trigo, el maíz, el centeno, la avena, el algodón,
el heno, las patatas, la lana, la cebada, el tabaco, el ganado
de cerda y de lana, produjeron á los agricultores de los Es-
tados Unidos $2,957,000,000.
En 1895 esos mismos artículos produjeron $2,061,000,000.
Novecientos millones de pesos menos recibidos por el agri-
cultor americano bajo la ley Wilson que bajo la ley Mc-
Kinley.
En ambos años regía la misma ley de moneda. ¿ Qué
produjo esa enorme pérdida?
La respuesta es bien sencilla : El libre-cambio.
i«3
El Tabaco es Ampliamente Protegido.
Extracto de las declaraciones del Hon. Geo. C. Perkins, de Cali-
fornia, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Di-
ciembre 5 de 1903.
En tabaco Cuba es un competidor de los Estados Unidos ;
pero nuestros agricultores están protegidos contra esa com-
petencia por una tarifa que, reducida á un 20 por ciento, aún
sería enorme.
El precio medio de nuestra cosecha de tabaco en 1902 fué
de 10 centavos por libra, protegida por una tarifa de $1.85
á $2.50 por libra de capa y de 35 á 50 centavos por libra de
tripa.
Nuestra producción principal es de tabaco propio para
tripa, y está ya protegido por una tarifa de tres á cinco veces
mayor que el promedio de su valor en el mercado.
Que los intereses tabacaleros no sufrirán con la reduc-
ción propuesta lo demuestra claramente el hecho de que ni
los cosecheros, ni los manufactureros han protestado contra
ella.
Me parece que el tabaco no sólo está ampliamente prote-
gido, sino que ninguno entrará en este país, excepto para el
consumo de aquellos que se imaginan que el tabaco cosechado
en Cuba es mucho mejor que el cosechado aquí.
No tengo duda de que el tabaco que se produce en ciertas
localidades de Cuba es mejor. California produce de casi
torio ; pero todavía no ha logrado producir tabaco.
Se dice que el riego en la Carolina del Norte y en Vir-
ginia da un aroma y sabor al tabaco que lo iguala al de Cuba.
' En Cuba hay ciertas localidades donde el tabaco es de una
calidad espléndida, por razón de la topografía general del
país, donde el sol y el rocío caen sobre él dándole un gran
valor.
Algunas veces, como muchos de mis colegas ele la Cámara,
he visitado Europa. He estado en los famosos viñedos de
Alemania, de Francia, de Italia, de España y de Portugal.
En Alemania hay un lugar llamado "Johannesberg." Vi
sus colinas y sus valles, y me dije: ''No veo en este lugar
nada que sea diferente de lo que en los Estados Unidos he
visto en centenares de millas/' En efecto, nada había allí
distinto á primera vista, y, sin embargo, los rayos del sol
caían sobre aquellos viñedos, dando un sabor especial á la
uva que luego produce un vino que vale diez veces más que
i§4
el que producen otros viñedos cultivados á mil yardas de
aquel terreno.
Lo mismo pasa con el tabaco de Cuba. No todo el tabaco
que se produce en Cuba es tan bueno. El tabaco de Virgi-
nia es, bajo muchos conceptos, superior á éste. Pero el
tabaco que se cosecha en ciertas localidades de Cuba ha lle-
gado á adquirir tal fama que todo hombre de buen gusto
paga un precio mayor para poder fumar ese tabaco de es-
peciales condiciones.
Me parece que lo dicho basta para demostrar que la pro-
puesta reducción de las tarifas de Cuba no perjudica la in-
dustria americana.
Si es asi, y la reducción reciproca de las tarifas cubanas
sobre productos americanos constituye un beneficio para no-
sotros, no veo la razón por qué no ha de aprobarse el tratado
que se discute.
En 1899 vendimos á Cuba productos por valor de $29,-
000,000 y le compramos por valor de $37,000,000 En 1901
le vendimos por valor de $25,000,000 y le compramos $49,-
000,000. Así pues, le compramos bastante más de lo que le
vendemos, lo cual no es un negocio muy bueno.
Nuestro promedio de ventas á Cuba ha bajado de un 43
á 41 por ciento, mientras que Alemania, en el mismo tiempo,
ha duplicado su promedio de ventas á Cuba, y la Gran Bre-
taña, Francia y otros países europeos han aumentado con-
siderablemente los suyos.
Esto quiere decir que somos vencidos por Alemania, In-
glaterra y Francia en un mercado que está casi á nuestras
puertas.
El Azúcar de Cuba 110 Puede Competir con
el Azúcar de Remolacha.
Extracto de las declaraciones del Hon. James E. Watson, de In-
diana, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, No-
viembre 23 de 1903.
Como el distinguido Representante por Iowa, Mr. Hep-
burn, que acaba de hacer uso de la palabra, yo también soy
un proteccionista, y al defender el proyecto pendiente no
quito un ápice á mi devoción por esa doctrina cardinal del
credo republicano; porque miro el principio de las tarifas
proteccionistas como fundamentales del partido.
Pero,. ha dicho uno de mis amigos de Michigan, ¿podemos
con nuestro propio esfuerzo producir suficiente azúcar para
satisfacer la demanda interior?
Seguramente que podemos. Hemos consumido en los
Estados Unidos este año cerca de 2,500,000 toneladas de
azúcar, de las cuales 950,000 nos han venido de Cuba.
El precio del azúcar se fija en Hamburgo, porque Alema-
nia es la mayor productora y exportadora de ese artículo.
Cualquier estudiante de economía sabe que una rebaja de
un 20 por ciento sobre el azúcar que importamos de Cuba
no alteraría el precio de ese artículo en este país ; y que como
no afectará al precio, tampoco afectará al productor.
Además, creo que el azúcar de Cuba no puede competir con
éxito con el azúcar de remolacha de Chicago y de Kansas
City, que son los principales mercados en este país ; y si
tuviera tiempo os leería algunos datos concluyentes sobre el
caso. Sin embargo presentaré unos cuantos.
El precio de 100 libras de azúcar de Cuba en la Habana
es, poco más ó menos, de $2. El flete á New York es de 9
centavos por cada 100 libras. Los derechos, después de la
rebaja, del 20 por ciento (hoy son 1,685) serían de 1.348.
El costo de refinación se sabe por todos que es de 0.625 por
cada cien libras, sin ninguna utilidad para el refinador. El
flete á Chicago es de 29 centavos.
Por consiguiente, llevar 100 libras de azúcar ya refinada al
mercado de Chicago costaría exactamente $4.35, y llevarlas
á Kansas City, siendo el flete de 36J, costaría $4.42.
Ahora voy á leer el testimonio de varios señores interesa-
dos en la producción de azúcar de remolacha en los Estados
Unidos, que demuestran que en las mismas circunstancias
cuesta algo menos poner el azúcar de remolacha en compe-
tencia con el azúcar de Cuba en los mercados de Chicago
y de Kansas City.
El costo de fabricación de azúcar en Michigan es de $5-20
por una tonelada de remolacha; $1.06, costo de acarreo, etc.,
por tonelada; $1.51 costo de elaboración; $1.09 costo de re-
paraciones; 91 centavos de intereses, seguro y contribu-
ciones; 6.3 costo de corretajes, etc. Esto hace un total de
$9.833 por tonelada de remolacha, ó séase $4.682 por 100
lmras de azúcar refinada.
Los anteriores cálculos incluyen un 5 por ciento de in-
terés sobre el capital invertido, y un 7 por ciento por de-
preciación de los aparatos.
i86
Dejando á un lado estas dos partidas, el costo de ioo
libras de azúcar de remolacha refinada queda reducido á
$4.011.
Mr. W. L. Churchil, de Bay City, dice que no tiene datos
completos respecto de este año ; pero que puede asegurar que
ha fabricado azúcar á un costo no mayor de $3.60 ó $3.75 por
cada 1 oo libras.
Teniendo en cuenta que el precio de flete es de 13 cen-
tavos por cada 100 libras, el costo de éstas no excederá $4.05,
puestas en Chicago, contra $4.35 que paga el hacendado de
Cuba.
Una diferencia en favor de nuestra producción de 30 cen-
tavos en cada 100 libras, diferencia suficiente para estimular
al agricultor de Michigan á seguir compitiendo con sus ad-
versarios de Cuba.
Lo que lia Hecho el Partido Republicano por
los Intereses de los Productores
de Azúcar del País,
Extracto de las declaraciones del Hox. Geo. C. Perkixs, de Cali-
fornia, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Di-
ciembre 15 de 1903.
Los que se oponen al tratado de reciprocidad con Cuba
me parece que no van por buen camino. Son como el ca-
pitán de un barco que lo dirige sin sujetarse á observaciones
astronómicas hacia el noroeste para llegar á un puerto de-
terminado, siendo así que el verdadero rumbo es el sudeste.
No debería extrañarse si chocara contra alguna roca.
Aseguran los que se oponen á ese tratado que perjudica
ciertos grandes intereses de los Estados Unidos, tales como
el azúcar, los limones y el tabaco.
Creo que si hubieran hecho algunas observaciones, como
las debió haber hecho el capitán del cuento, no correrían pe-
ligro de chocar contra la roca de la inexactitud.
Es cierto que Cuba compite con los productores de azúcar
americanos, tanto de remolacha como de caña ; pero nuestros
hacendados están protegidos contra ellos, según creo, por las
más altas tarifas, que ascienden á un 102 por ciento ad valo-
ran sobre nuestros productos.
El tratado con Cuba bajo ningún concepto pondrá á nues-
tros hacendados á merced de los de Cuba, puesto que les
i8 7
queda un /S por ciento sobre el azúcar crudo y un 82 por
ciento sobre el refinado, más que suficiente para estimular á
cualquiera empresa.
Ese temor parece que se inspira en la sospecha de que los
precios del azúcar bajarán. Pero esos precios no los fijamos
nosotros sino que se fijan en Hamburgo, y sólo se alterarían
en el caso de que Cuba produjera tres veces más azúcar de la
que produce.
Cuba no puede conseguir en nuestro mercado más precio
del que pagamos en los demás. No importa lo que le com-
pramos, porque ella no puede variar el. precio de su producto.
Si puede producir más barato que ningún otro país de la
tierra, toda su producción anual no afectaría al mercado
americano ; porque estamos obligados á comprar las dos ter-
ceras partes de nuestro consumo en otros mercados, y el
precio del azúcar de Cuba tiene que ajustarse al del resto del
mundo.
Aun cuando Cuba estuviera en condiciones de suministrar-
nos todo el azúcar que consumimos, el precio de su producto
estaría sometido al precio universal.
Lo que el partido republicano ha hecho por los intereses
de la producción azucarera del país, puede decirse en pocas
palabras.
En 1890 el azúcar estaba beneficiado con un 2 por ciento
en libra sobre todo el que se producía en los Estados Unidos.
La lev Wilsori-Gorman abolió esa prima y estableció un im-
puesto de 40 por ciento ad valoran sobre el azúcar impor-
tado.
Por la ley Díngley ese impuesto se aumentó á un 98 por
ciento ad valoran sobre el precio del azúcar crudo en el mer-
cado de Nueva York.
No cabe duda, pues, que la propuesta reducción de las
tarifas respecto de Cuba no perjudica ninguna industria ame-
ricana.
Y si es así, y la reducción recíproca de las tarifas cubanas
para los productos americanos nos beneficia considerable-
mente, no veo la razón para que el tratado no deba ser apro-
bado.
Nuestros Remolacheros no Tienen Nada que
Temer.
Extracto de las declaraciones del Hon.S. W. McCall, de Massa-
chusetts, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, No-
viembre 19 de 1903.
La reciprocidad se funda en la teoría de que con frecuencia
existen en las relaciones entre dos pueblos circunstancias
especiales que los obliga á hacer arreglos unos con otros.
La. posición de Cuba, sus relaciones políticas con este país,
el hecho de que allí predominan los intereses americanos, la
circunstancia de que nosotros compramos casi todo lo que
allí se produce, y vendemos una gran parte de lo que allí se
consume, hacen de este caso, á mi juicio, un poderoso argu-
mento para la aplicación del principio de la reciprocidad.
Diré algo con referencia á las especiales relaciones mer-
cantiles de este país con Cuba.
Durante el último año fiscal nos correspondió del total de
las exportaciones de Cuba cerca de un J? por ciento, y le
vendimos cerca de un 42 por ciento del total de sus compras
en el extranjero.
Hay, por consiguiente, una notable desproporción entre lo
que le compramos y lo que le vendemos, y el tratado lo reco-
noce así, toda vez que establece una reducción de un 20 por
ciento sobre los productos de Cuba á su entrada en nuestros
puertos, y reclama para nuestros productos que entran en los
puertos cubanos una reducción de derechos de un 20 á un 40
por ciento.
Los detalles del comercio de Cuba, tales como han sido
presentados al Comité, demuestran hasta la evidencia la gran
utilidad que el tratado reportará á nuestro comercio.
Refiriéndome á los artículos alimenticios — artículos de co-
mer y beber — Cuba compró en los Estados Unidos por valor
de $3,700,000, y en los demás países cerca de $13,000,000
durante el año.
Esos artículos son producto abundante de nuestra agricul-
tura y de nuestras pesquerías, y con los derechos que se esta-
blecen en este tratado los Estados Unidos absorberán casi
todo ese comercio.
Hay también el ramo de ropa, botas y zapatos, telas de al-
godón, y otros artículos similares de los cuales los Estados
Unidos vendieron á Cuba por valor de $1,127,000 mientras
i8 9
que los demás países del mundo le vendieron por valor de
$10,186,000.
Este ramo pasará en su mayoría al comercio de los Estados
Unidos.
En ganado, Cuba importó de los Estados Unidos por valor
de $3,347,000 y de los demás países $6,772,000.
Los efectos del tratado sobre la industria de azúcar de re-
molacha ha producido alarma muy natural entre los repre-
sentantes de esta Cámara que proceden de Estados interesa-
dos en esa industria.
No creo que haya un átomo de peligro para ella. La re-
ducción de un 20 por ciento en los azúcares crudos de Cuba
no alterará nuestra producción, ni mucho menos sus precios.
En el informe presentado ante el Comité de Medios y
Arbitrios, el colector de las aduanas de Cuba, Mr. Bliss, dijo
que. había examinado los resultados en ocho ingenios dife-
rentes y que encontró que el costo medio de fabricación y
conducción al puerto de embarque era en Cuba de 2.16 cen-
tavos.
Mr. Atkins, propietario de uno de los más importantes in-
genios de aquella isla, llegó substancialmente á la misma
conclusión.
Con tan valiosos testimonios fácil es comprender que los
temores de que dan muestra los fabricantes de azúcar de re-
molacha de los Estados Unidos son infundados, ó por lo
menos exagerados.
i ,-v
El Tratado con Cuba.
Extracto ele las declaraciones del Hon. F. McL. Stmmons, de North
Carolina, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Di-
ciembre 15 de 1903.
Se ha dicho que la pequeña rebaja de derechos que el tra-
tado concede á los azúcares de Cuba destruirá la industria
azucarera de este país.
Ese es un argumento trivial. Es un argumento que esta-
mos cansados de oir en esta Cámara y alrededor del Capi-
tolio, en labios de personas que sistemáticamente se han
opuesto siempre á toda reducción de las actuales tarifas.
Yo no creo que esa pequeña reducción de derechos al azú-
car de Cuba destruya ninguno de los intereses azucareros de
este país, ni siquiera que los perjudique.
190
Si lo creyera ; si pensara por un instante que la aprobación
de ese proyecto de ley pudiera destruir la industria azucarera
de Louisiana, ó la remolachera del Oeste, ó siquiera dañarlas
en lo más mínimo, me guardaría mucho de votar en su favor ;
pero estoy muy lejos de creer en semejantes efectos.
Todo el mundo admite que la aprobación de este proyecto
de ley, y la reducción de los derechos sobre el azúcar de Cuba,
no afectarán en nada el precio del azúcar en este país ; porque
todo el mundo sabe y reconoce que el precio del azúcar en
este país es el precio del azúcar en todo el mundo.
Si el tratado con Cuba es aprobado, y los derechos del azú-
car cubano se reducen como en él se previene, el precio del
azúcar en este país, á menos que no cambien las condiciones
del mercado universal, seguirá siendo el mismo que es hoy, es
decir, el precio del azúcar en Hamburgo, que es donde se
regula el precio del azúcar en el mundo.
Alemania y Francia conseguirán el mismo precio por su
azúcar en este mercado; el productor americano conseguirá
el mismo precio por su azúcar; el consumidor americano con-
seguirá su azúcar por no menor precio ; el productor cubano
conseguirá el mismo precio por su azúcar en este mercado;
pero al mismo tiempo conseguirá más provecho que sus com-
petidores extranjeros, porque no tendrá que pagar tantos
derechos por su azúcar como sus competidores extranjeros.
Pero la principal razón que tengo para votar en pro de
este proyecto de ley no es la de que ayuda á Cuba en su situa-
ción actual, aunque creo que debemos ayudarla, sino porque,
á mi juicio, ese tratado producirá grandes beneficios á todo
el pueblo americano.
En un futuro no muy lejano, acaso antes de cinco años de
regir este tratado, las importaciones en Cuba llegarán á
$100,000,000.
Nosotros representamos hoy solamente el 42 por ciento de
su comercio de importación. El resto va á los países euro-
peos, tales como Francia, Alemania, Inglaterra y España.
Si este tratado llega á ponerse en vigor, conseguiremos en
Cuba una ventaja para nuestros productos de más de un 20
á un 40 por ciento sobre nuestros competidores alemanes,
ingleses y españoles, y con esta ventaja, en vez de vender en
Cuba por valor de $25,000,000, como ahora hacemos, alcan-
zaríamos la cifra de $50,000,000, y con el tiempo llegaríamos
acaso á 80 ó 90 millones.
Cuba compró el año pasado cerca de $6,000,000 en artícu-
I 9 I
los de algodón. Antes de que este tratado expire comprará
más de $12,000,000.
Hov nuestras ventas de esos artículos no pasan de
$400,000.
Con la ventaja que este tratado nos ofrece sobre nuestros
rivales europeos (una ventaja de un 30 ó 40 por ciento) lle-
garemos á vender á Cuba casi todo el algodón que consume.
El Canal á Través del Istmo.
* El sueño de la humanidad.
Extracto de las declaraciones del Hon. Shelby M. Cullon, de Illi-
nois, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril
27 de 1904.
Las complicaciones diplomáticas que han surgido durante
muchos años con motivo de la apertura de un canal interoceá-
nico que una el Atlántico con el Pacifico, han sido por fin
terminadas durante las dos administraciones republicanas, y
los trabajos prácticos para 'la construcción del canal están
próximos á comenzar bajo la administración del Presidente
Roosevelt.
Un canal que una los dos grandes océanos en provecho del
comercio universal ha sido el sueño de la humanidad.
Durante casi tres cuartos de siglo el canal interoceánico
ha constituido parte principal del programa de casi todos los
gobiernos americanos.
En 1850 se celebró el tratado Clayton-Bulwer entre los
Estados Unidos y la Gran Bretaña. En ese tratado se con-
signaba que el canal sería construido con capital privado bajo
un mutuo protectorado de ambos gobiernos. Su intención
era evitar que los Estados Unidos lo construyeran solos y
tuvieran una exclusiva jurisdicción sobre él.
Focos años después de concertado el tratado Clayton-
Bulwer se vio que levantaba una barrera contra la construc-
ción de todo canal á través del istmo, y desde entonces casi
todos los gobiernos americanos, tanto republicanos como de-
mocráticos, trataron en vano de conseguir su pacífica abroga-
ción.
Estaba reservado á los gobiernos de McKinley y Roose-
velt, por medio de la diplomacia del Secretario Hay, el nego-
ciar con éxito el tratado Hay-Pauncefote con la Gran Bre-
taña, por el cual el tratado Clayton-Bulwer fué al fin supri-
192
mido, y los Estados Unidos quedaron en libertad para cons-
truir el canal y asumir la responsabilidad de su custodia y de
regular su neutral empleo por todas las naciones del mundo
sobre la base de una absoluta igualdad.
Quedaba el punto de saber cuál vía sería la más adecuada,
la de Panamá ó la de Nicaragua. El Congreso demostró su
preferencia por la vía de Panamá. Se celebró un tratado con
Colombia que ésta rechazó más tarde. El Estado de Panamá
logró separarse de Colombia y es hoy una república indepen-
diente. Se ha negociado un nuevo tratado con Panamá mu-
cho más ventajoso que el rechazado por Colombia, el cual
otorga á los Estados Unidos todos los privilegios y ventajas
necesarios para la construcción del canal. Se ha comprado
la propiedad de la Compañía del Canal de Panamá. Para ello
se votó un crédito especial por el Congreso y se nombró una
comisión de ingenieros que hoy se encuentra en Panamá ha-
ciendo las investigaciones preliminares.
A menos que no ocurra algo imprevisto, dentro de pocos
años el canal estará construido y funcionando.
La discusión en este Senado del tratado con Colombia y
más tarde del tratado con Panamá, así como de los hechos
relacionados con la revolución é independencia de esta Repú-
blica reconocida por nuestro Gobierno, está tan reciente y.
fresca en nuestra memoria, que no diré una palabra sobre el
particular, y sí solo que el Presidente en sus relaciones con
Colombia ha procedido con la honradez y la imparcialidad
que lo caracterizan.
Este es otro motivo de elogio para la administración del
Presidente Roosevelt, que ha logrado poner término satisfac-
torio á un asunto en que otros Presidentes hubieran fraca-
sado.
Así pues, en los tres años del gobierno del Presidente
Roosevelt se han hecho más progresos para la construcción
de un canal interoceánico que en los tres cuartos de siglo
anteriores á su subida al poder.
*93
Tarifas y Balances Coiuerciales.
Exceso de Importaciones bajo Tarifas Bajas.
Exceso de Exportaciones bajo Tarifas Protectoras.
Extracto de las declaraciones del Hon. C. H.- Gi^osvenor, de Ohio,
en el Diario de Sesiones del Congreso, en Noviembre 27 de 1903.
Tarifas y Balances Comerciales, 17 90-1900.
Años en los cítales las tarifas bajas y las proteccionistas han estado
rigiendo en los Estados Unidos, demostrando los excesos de
importación ó exportación bajo cada sistema.
(Compilados de las Memorias oficiales del Departamento de Estadísticas.)
Año
li cal.
1790.
1791.
1792 .
1793.
1791.
1795.
1796 .
1797.
1798.
1799..
1800 .
1801 .
1802.
1803.
1801.,
1805 .
1806.
1807.,
1808.
1809.
1810.
1811.
1812.
1817.
1818.
1819.
1820.
1821 .
1822.
1823.
1824.
Tarifa Baja.
Exceso de Exceso de
importación. exportación.
$2,794.844
10,187,959
10,746,902
4,990,428
1,556,275
21,766,396
22,861,539
24,084,696
7,224,280
403,626
20,280,988
18,342,998
4,376,189
8,866,633
7,300,926
25,033,979
27,873,037
30,156,850
34,559,040
7,196,767
18,642,030
38,502,764
11,578,431
28,468,867
16,982,479
4,758,331
18,521,594
4,155,328
3,197,C67
$7,916,832
75,489
Tarifa Proteccionista.
Año
fiscal.
1813..
Exceso de
importación.
Exceso de
exportación.
$5,851,017
1814. .
$6,037,559
60,483^521
65,182,948
1815..
1816..
1825..
549 023
1826. .
5,202,722
1827. .
2,977,009
1828..
1829..
16,998,873
345,736
1830..
1831..
' 23,589,527
13,601,159
13,519,211
7,144,211
4,165,409
8,949,779
1832..
1833..
1843..
1844..
1845..
40,392,225
3,141,226
1846« .
1862..
1,313,824
1863..
39,371,368
157,609,295
72,716,277
85,952,544
101,254,955
75,483,541
131,388,682
43,186,640
77,403,506
182,417,461
119,656,288
' 19,502,725
1864 . .
1865 . .
1866..
1867..
1868..
1869 .
1870. .
1871..
1872. .
1873..
1874..
1875..
18,876,698
{Continúa en la página 194.)
Año
fiscal.
1834.,
1835.,
1836.
1837.,
1838.,
1839.,
1840.,
1841.,
1842.,
18á6a ,
1847..
1848..
1849 . .
1850..
1851..
1852..
1853..
1854..
1855..
1856..
1857..
1858 . .
1859..
1860..
1861..
1895..
1896..
1897..
194
{Continuación de la página IQJ.)
Tarffa Baja.
Exceso i'e Exceso de
importación. exportación.
6,349,485
21,548,493
52,240,450
19,029,676
44,245,283
11,140,073
4,165,408
10,448,129
855,027
29,133,800
21,856,170
40,456,167
60,287,983
60,760,030
38,899,205
29,212,887
54,604,582
38,431,290
20,040,062
69,756,709
Takifa Proteccionista.
Año. Exceso de Exceso de
ñscnl. importación. exportación.
25,410,226
' '3,802,924
34,317 249
1876.
1877.
1878.
1879.
9,008,282^1880.
1881.
1882
1883.
1884.
1885.
1886.
1887.
1888.
1889.
1890.
1891.
1892.
1893.
1894.
1898.
1899.
1900.
1901.
1902.
1903.
,672,620
75,568,200
102,882,264
286,263,144
28,002,607
2,730,297
18,735,728
79,643,481
151,152,094
257,814,234
264,661,666
167,683,912
259,712,718
25,902,683
100,658,488
72,815,916
164,662,426
44,088,694
23,863,443
68,518,275
39,564,614
202,875,636
237,145,950
615,432,676
529,874,813
544,541,898
664,592.826
478,398,453
394,422,442
Total. $1,068,872,161 $553,917,230 Total. $1,371,397,064 $5,470,423,925
a Medio año.
Exceso neto de las importaciones bajo la táriía baja $514,954,93^
Exceso neto de las exportaciones bajo la tarifa protectora. 4,099,026,86 1
Nuestra Condición Bajo la Protección.
Nuestra Condición Ocho M>ses más Tarde.
Extracto de la carta de aceptación de McKinley en 1896, publicada
en la página 415, apéndice unido al Diario de Sesiones del Con-
greso, primera Sesión, 55 o Congreso ; parte de las declaraciones
del Hon. C. H. Grosvenor, en la Cámara Representativa, en
Julio 19 de 1897.
Nuestra condición bíijo el Sistema Proteccionista.
En Diciembre de 1892 el Presidente Harrison envió su
último mensaje al Congreso. Fué una hábil y explícita re-
*95
vista de las condiciones y recursos del país. Patentizó nues-
tra situación tan exactamente, que estoy seguro de que no
está de más el recitar su testimonio oficial y valioso:
"Jamás ha habido una época en nuestra historia, dijo, en
que el trabajo estuviese tan abundante, ó en el que los
salarios estuviesen tan altos ya fuesen considerados por la
moneda en que se pagaron ó por el poder para hacer frente
á las necesidades de la vida y sus comodidades. El término
medio general de los precios ha sido tal, que ha dado al
agricultor una justa participación en la general prosperidad.
Las nuevas plantas industriales que se han establecido desde
Octubre 6 de 1890 hasta Octubre 22 de 1892, montan á 345
y la extensión de las existentes á 108. El nuevo capital
invertido asciende á $40,446,060, y el número de empleados
agregados á 37.285. Durante los primeros seis meses de
este año se han construido 135 fábricas, de las cuales 40
fueron para tejidos de algodón, 48 para tejidos de punto, 26
para paños, 15 para artículos de seda, 4 para felpas y 2 para
géneros de hilo. De las 40 fábricas, 21 han sido levantadas
en los Estados del Sur. Esto describe claramente la prós-
pera condición del país en Diciembre de 1892. ¿Qué ha sido
desde entonces y qué es ahora ?
Nuestra condición ocho meses más tarde.
Los mensajes del Presidente Cleveland desde el comienzo
de su segunda administración hasta el presente abundan en
descripciones de la deplorable situación industrial y financiera
del país. Aunque no se necesita apelar á la historia, ni
ninguna memoria oficial se necesita para informarnos de la
presente condición y de la que ha prevalecido durante los
tres años pasados, me aventuro á citar del primer mensaje
del Presidente Cleveland, en Agosto 8 de 1893, dirigido al
53 o Congreso, que había convocado en sesión extraordinaria.
La existencia de una situación alarmante y extraordinaria
de los negocios, dijo, envolviendo el bienestar y prosperidad
de nuestro pueblo, me han constreñido á convocar á los re-
presentantes del pueblo en el Congreso con el fin de que por
medio del ejercicio sabio y patriótico de sus deberes legisla-
tivos, de los cuales se hallan revestidos, los presentes males
puedan mitigarse y evitar los perjuicios que amenazan el
futuro.
Nuestra desgraciada condición financiera no es el resul-
tado de acontecimientos difíciles de vencer, ni de condiciones
relacionadas con la naturaleza de nuestros recursos. Tam-
poco puede trazarse su origen como dimanando de aquellas
calamidades que paralizan la prosperidad y engrandecimiento
nacionales. Con abundantes cosechas, con espléndida pro-
mesa de una producción y fabricación remunerativas, invita-
dos á la inversión de capitales con entera confianza, y con
seguridades satisfactorias en las empresas comerciales, surge
repentinamente por todos los ámbitos del país la desconfian-
za y el temor.
Numerosas instituciones bancarias han suspendido sus
operaciones, porque su activo no ha sido abundante en nume-
rario para poderse utilizar inmediatamente y hacer frente á
la demanda de los aterrorizados depositarios. Las corpora-
ciones y los individuos que sobreviven están satisfechos de
reservar el dinero que acostumbraban gustosos invertir en
préstamos, y aquellos ocupados en negocios legales están
sorprendidos de hallar que las seguridades que ellos ofrecen
por préstamos, aunque hasta aquí satisfactorias, no son ac-
tualmente aceptadas. Valores que se suponían fijos se están
convirtiendo rápidamente en dudosos, y la pérdida y las
quiebras se han extendido á todos los ramos de los negocios.
Un cambio sorprendente en las condiciones de los
negocios.
¡ Qué sorprendente y repentino cambio en el corto período
de ocho meses, desde Diciembre de 1892 á Agosto de 1893 !
¿ Qué ha ocurrido ? Un cambio de administración ; todos
los ramos de la gobernación han sido confiados al partido
democrático, que se ha declarado en contra de la política
proteccionista que ha prevalecido sin interrupción por más
de treinta y dos años, y ha traído al país á una prosperidad
sin ejemplo, habiendo prometido su completa anulación y la
sustitución de ella por una tarifa solamente sobre contribu-
ciones. Habiendo sido decretado el cambio en Noviembre
á causa de las elecciones, sus efectos se anticiparon y sintie-
ron en seguida. No podemos cerrar nuestros ojos ante estas
alteradas condiciones, ni sería sabio el eximirse de contem-
plar é investigar las causas que las produjeron. Hay hechos
que como pueblo no podemos mirar con indiferencia, y po-
demos únicamente tener la esperanza de mejorar nuestra
presente condición por el estudio de sus causas.
Es una simple pretensión el atribuir los duros tiempos al
hecho de que todo nuestro numerario está sobre la base oro.
Él buen dinero nunca hace los tiempos duros. Los que ase-
guran que nuestra depresión industrial y financiera es el resul-
tado del patrón oro no han leído la historia de América
correctamente, ó -no han sido cuidadosos estudiantes de los
acontecimientos de los recientes años. Jamás hemos tenido
mayor prosperidad en este pais en el campo del empleo y la
industria que en los ocupados años de 1880 á 1892, durante
cuyo tiempo este país se rigió bajo la base, oro, y empleó más
moneda de oro en sus operaciones financieras y mercantiles
que antes. Teníamos también una tarifa protectora, bajo
la cual extensas rentas se recaudaban para el gobierno, y para
acumular el fondo de reservas que constantemente se apli-
caba á la amortización de la deuda pública. Admirámosnos
fuertemente á lo que sabemos que es bueno. No es más
dinero lo que necesitamos. Lo que necesitamos es darle ocu-
pación al dinero que ya tenemos. Cuando el dinero se em-
plea los hombres logran ocupación. Tanto el uno como los
otros han estado constantemente, y durante todos los años
de tarifa proteccionista, constante y remunerativamente em-
pleados. Cuando los que tienen dinero no tienen confianza
en la estabilidad de los valores é inversiones, no se separan
de él. Los negocios se estancan y la savia que vivifica el
comercio se paraliza y se congestiona.
Nuestro Gobierno Nacional es el más Econó-
micamente Administrado de Cualquiera
de los del Mundo Civilizado.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. A. Hemenway, de Indiana,
en el Diario de Sesiones, en Abril 28 de 1904.
Los gastos de nuestro Gobierno son grandes en conjunto,
según se exhiben en las asignaciones del Congreso, y las
personas irreflexivas y especialmente los periódicos mal in-
formados los denuncian como extravagantes ; y sin embargo,
según el parecer de los más autorizados, nuestro Gobierno
Nacional es el más económicamente administrado de cual-
quiera de los del mundo civilizado.
La siguiente tabla, compilada y oficialmente publicada por
la Oficina de Estadísticas del Departamento de Comercio y
Obras Públicas, demuestra la población y los gastos por
cabeza en los más importantes países del mundo en el año
último que se ha podido obtener :
198
Por
Países. Población. Gastos. cabeza.
Nueva Zelandia 788,000 $30,241,000 $38.38
Australia 3,772,000 142,148,000 37.69
Reino Unido 41,961,000 897,790,000 21.39
Francia 38,962,000 695,250,000 ■ 17.84
Bélgica 6,694,000 116,500,000 17.40
Paraguay 636,000 11,007,000 17.30
Austria-Hungría 45,405,000 647,969,000 14.27
Argentina 4,794,000 60,757,000 12.68
Cuba 1,573,000 19,515,000 12.40
Países Bajos 5,347,000 61,468,000 n.49
Portugal 5,429,000 62,170,000 11.45
España 18,618,000 187,846,000 10.09
Suecia 5,199,000 49,593,000 9.54
Alemania 58,549,000 553,222,000 9.45
Canadcá 5,457,000 50,759,000 9.30
Estados Unidos 80,372,000 640,323,000 7.97
Comparada con los bilis ordinarios de la asignación anual
en la última sesión del Congreso, bilí que pasó, los bilis de
asignación de esta sesión no arrojan una gran disparidad,
excepto con referencia á tres de ellas. La asignación naval
demuestra un aumento de $16,128,349.51, y monta en con-
junto á $98,005,140.94, suma larga en comparación con los
montantes consagrados anualmente al establecimiento naval
durante las dos décadas que se siguieron inmediatamente
después de la guerra civil ; pero en todos sus detalles el bilí
estipula únicamente lo que es necesario para continuar la
construcción de los buques antes de ahora autorizados y
en vías de construcción ; y para el adecuado mantenimiento
de los que se encuentran ya prestando servicio. Por espacio
de veinte años el Congreso ha respondido á la manifiesta
petición del pueblo para la construcción de la marina ameri-
cana. Millones de pesos se han gastado en esta gran empresa
nacional sin gasto de extravagancia ó una acusación de frau-
de, y hoy día poseemos una marina de la cual se enorgullece
cada ciudadano.
El bilí de asignación de Correos, destinando en totalidad
$172,574,998, presenta un aumento de $19,063,449. De esta
última suma $8,180,000 es para el servicio de la entrega li-
bre de la correspondencia rural, para lo cual se ha dispuesto
la suma total de $20,180,000 para el próximo año. El ser-
vicio postal es la única función del Gobierno que afecta ínti-
mamente á cada individuo de la nación, y ninguna particu-
i 9 9
iaridad de esta gran organización de negocios es tan popular
para las masas agriculturas, ó les ha facilitado tanto y tanto
aprecian, como el servicio de la entrega rural de la correspon-
dencia, que fué inaugurado con una asignación de $50,000,
llevada á cabo por el Congreso republicano en 1897.
En esta sesión un bilí de imprevistos para ríos y puertos,
ascendiendo á $4,000,000, ha sido promulgado, para atender
al mantenimiento de los canales, de obras existentes y limi-
tando el montante que pueda expenderse á no exceder de
$50,000 para cualquier proyecto.
Pero por motivos que son manifiestamente propios, ningún
bilí general para ríos y puertos se ha pasado. Más de $37,-
000,000 de asignaciones hasta aquí hechas, para mejora-
miento de ríos y puertos, se encuentran hasta ahora sin haber-
se gastado. El gran número de proyectos que se han autori-
zado ha abrumado al Departamento de Ingenieros casi más
allá de lo que ha sido dable á los miembros de este útil cuerpo
poder ejecutar. Un aumento en el personal de ingenieros
ha sido autorizado, á fin de llevar á cabo de una manera más
expedita y eficaz los traba jps pendientes.
Por un acta del Congreso pasada en 1883, se autorizó al
Secretario del Tesoro á hacer uso de cualquier excedente de
dinero para la compra y retiro de bonos, además de los ne-
cesitados para el fondo de imprevistos.
Bajo esta autorización se han comprado y retirado bonos
montando á una suma, que si se hubiesen aplicado á las
necesidades del fondo de imprevistos, se hubieran anticipado
y excedido al mismo fondo, hasta la clausura del último año
fiscal, por $335,220,100. Durante los últimos cuatro años
fiscales 1 900- 1 903 inclusive, se han aplicado, bajo la ad-
ministración de McKinley y Roosevelt, destinados al fondo
de imprevistos, $212,790,239.75. Durante los cuatro años
fiscales, de 1893 á. 1896 inclusive, abrazando la última ad-
ministración de Cleveland, el montante total aplicado fué
de $13,400,047.98 únicamente.
Las Casas de Sopas han Desaparecido y el
Mercado las ha Substituido.
Extracto de las declaraciones del Hon. P. P. Campbell, de Kansas,
en el Diario de Sesiones de Abril 1 de 1904.
Ahora pasemos á la objección de que nuestros productos
se mantienen alejados de los mercados extranjeros, á causa
de la política proteccionista. La mas enfática respuesta a
200
esa objección es la de que eso es verdad en teoría, y que
no es en ningún sentido verdad en los hechos.
¿Cómo así, cuando hemos avanzado año tras año bajo la
política protectora, desde la nación que apenas exportaba,
hasta ocupar hoy el primer rango entre todas las de la
tierra? Nuestras exportaciones el último año eran de uno
y medio billones de pesos en números redondos, mientras
que las de Inglaterra eran de un billón cuatrocientos mi-
llones, los de Alemania un billón doscientos mil y los de
Francia ochocientos millones.
Hemos extendido no solamente el aumento sino la varie-
dad de nuestras exportaciones año tras año, y el que precisa-
mente cierra ha demostrado ser el mayor de este país, que
jamás ninguna otra nación ha alcanzado.
Aumento de las Exportaciones de los Estados Unidos.
En 1875 las exportaciones de los productos domésticos por
las más grandes naciones exportadoras del mundo son como
sigue :
Reino Unido $1,087,497,000
Francia 747,400,000
Alemania 593,052,000
Estados Unidos 497,263,737
En 1885 - as exportaciones de estos cuatro países se siguie-
ron en esta forma :.
Reino Unido $1 ,£37, 124,000
Alemania 680,551,000
Estados Unidos 673,593,596
Francia 596,000,000
En 1895 las exportaciones de estos cuatro países fueron
las siguientes :
Reino Unido $1,100,452,000
Estados Unidos 807,742,415
Alemania 789,660,000
Francia 651,100,000
En 1903 la relativa posición de las cuatro naciones en la
exportación de productos domésticos era la siguiente:
Estados Unidos $1,457^65,783
Reino Unido 1,415,617,552
Alemania 1,200,000,000
Francia 812,000,000
2ÓÍ
Pero se nos ha dicho que no podemos vender nuestros
productos en los mercados del mundo mientras rehusemos
al mundo el privilegio de vender en nuestros mercados. Sin
embargo, los vendemos. (Aplausos en los bancos repu-
blicanos.) Conocí una vez un hombre tal como el partido
democrático. Cada día que se presentaba hermoso, lo lla-
maba "un productor de tiempo." (Risas.)
Se dice que los gastos de la vida han aumentado en
mayor proporción que lo que la escala de salarios ha au-
mentado ; por tanto la tarifa debería ser modificada por el
partido democrático.
Vamos á acceder, en obsequio del argumento, que las
necesidades de la vida se han hecho más caras hoy que lo
que lo eran desde 1893 á 1896, bajo la última modificación
de la tarifa por el partido democrático. El pan y la carne
estaban más baratos en aquellos tiempos, pero el pueblo es-
taba falto de alimento. La ropa estaba más barata, pero
el pueblo se encontraba desnudo. La madera y la ferretería
estaban más baratos, pero nadie construía casas ; las tierras
estaban más baratas, pero el pueblo no compraba heredades ;
el ganado estaba más barato, pero los labradores no lo com-
praban. Todo estaba barato, pero nadie podía comprar.
El pan y la carne pueden estar más caros hoy, pero nadie
está con hambre; la ropa puede, estar más cara, pero todos
están vestidos. La madera y la ferretería pueden estar más
altos, pero por todo el país el pueblo edifica casas. Las
tierras de labranza han duplicado de valor, sin embargo
todos los campesinos compran. Muchos animales de la-
branza han subido más del doble de su valor, pero en todo
el país en general los campesinos los están comprando. Los
parajes para industrias están más altos y los materiales y el
trabajo lo mismo ; pero los hombres emprendedores los están
comprando lo mismo que los materiales y levantando indus-
trias. Los salarios son más caros ; pero los principales están
empleando hombres. Las casas de sopa han desaparecido
v el mercado las ha substituido. (Ruidosos aplausos en -los
bancos republicanos.)
202
Las Clases Trabajadoras de este País más
Prósperas Durante el Año 1903
que Jamás lo •Fueron.
Extracto ele las consideraciones del Hox. J. H. Gallixger, de New
Hampshire, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, en
Abril 23 de 1904.
Desde la promulgación ele la tarifa Dingley no solamente
han aumentado los salarios sino también los empleos. Por
cerca de siete años casi cada hombre en los Estados Unidos
que ha necesitado trabajo y ha sido digno de obtenerlo, lo
ha conseguido ; no solamente por seis dias á la semana sino
por cincuenta y dos semanas al año, y se le ha pagado pót-
ese trabajo un precio jamás antes conocido en este país ni en
ningún otro. Ha habido épocas en este periodo en que ha
sido imposible conseguir la necesaria ayuda para recoger las
cosechas, manufacturar nuestros géneros y atender al trans-
porte y distribución de los mismos.
No es de mi incumbencia ni es mi propósito en estos mo-
mentos exponer una sola palabra en pro ó en contra de las
uniones de trabajadores, ó en pro ó en contra de las muchas
huelgas que han tenido serios resultados sobre las clases
jornaleras. Deseo únicamente llamar la atención sobre el
hecho de que cuando cientos de hombres ó cientos de miles
de ellos están voluntariamente ociosos por semanas ó meses
la pérdida no se concreta á ellos solo sino que envuelve
otros cientos ú otros cientos de miles que se ven obligados
á estar ociosos con motivo de la conducta de los huelguistas.
Se ha calculado que las huelgas del año 1903 disminuye-
ron á v$ 1, 000,000,000, lo que el pueblo no estuvo en condi-
ciones de poder comprar.
Me propongo demostrar con números, á pesar de los
muchos desocupados que hubo y á pesar de la pérdida de
salarios y de la incapacidad del pueblo para efectuar com-
pras, que las clases jornaleras de este país se encontraron
más prósperas durante el año .1903 que jamás antes lo fueron
en nuestra historia.
Esto se verá en primer lugar, en números que demuestran
los ahorros del pueblo. Los depósitos en nuestras Cajas de
Ahorros. Estos depósitos ascienden á más de $3,000,000,-
000, y para demostrar el montante de dinero en las Cajas
de Ahorros durante esos pocos años que han transcurrido,
introduzco la siguiente tabla :
20 3
Depósitos en las Cajas de Ahorros.
Junio
30
Junio
30-
1893.
...$1,785,150,957
1899.
...$2,230,366,954
1894.
. . . 1,747,961,280
1900.
• •• 2,449,547,885
1895.
. . . 1,810,597,023
1901.
• • • 2,597,094,580
1 890.
. . . 1,907,156,277
1902.
. . . 2,750,177,290
1897.
••• 1,939,376,035
1903.
• • • 2,935,204,845
1808.
. . . 2,065,631,298
1904.
. . . 3,176,000,000
Fácilmente se verá que se hicieron más retiros que depósi-
tos en ¡as Cajas de Ahorros en 1894, el año de la ley de la
tarifa Wilson-Gorman, y que el aumento en los dos siguientes
años fué insignificante. Sin embargo, desde 1897, citando se
Miso en vigor la tarifa Dingley, el aumento ha sido grande
cada año y continuó.
Por los seis años pasados monta á $1,000,000,000, agregán-
dose casi doscientos millones de éstos en 1903. Esto indica que
nuestras clases trabajadoras, cuyas ganancias excedentes en
su mayor parte se encuentran en las Cajas de Ahorros, tu-
vieron todo lo que necesitaban durante el último año, y
mucho más, desvirtuando de ese modo la tan defendida pre-
tensión de los demócratas, de que la vida se hacía más cara
que lo que habían aumentado las ganancias del pueblo. Mas
estas Cajas de Ahorros representan únicamente una parte de
los sobrantes de las clases jornaleras. Hay graneles sumas
invertidas en edificios y asociaciones de préstamo; hay los
pagos parciales hechos sobre la casa, y quizás sobre el mo-
biliario, que se está adquiriendo año por año y mes por mes ;
y también deben contarse los premios pagados por las póli-
zas de seguros de vida.
El documento presentado por la compañía "Metropolitan
Life Insurance" es en verdad maravilloso. Los seguros de
esta compañía á la terminación del año 1893 eran de $353.-
ijj,2ij. Diez años después, al final de 1903, eran de $1,342,-
381,457, un excedente de casi $1,000,000,000. El excedente
de 1903, su mayor año, era de $398,889,074. . La memoria
presentada por la compañía "Prudential Life Insurance"
también demuestra un aumento muy notable, siendo el exce-
dente de 1903 de $293,208,942, de los cuales $190,386,294
correspondían al departamento industrial. Estas dos com-
pañías solas tienen existentes seguros por valor de $2,273,-
204
ooo,ooo, una gran parte en los departamentos industriales,
y efectuados durante los pasados siete años. Pero aunque
estas cifras patentizan el gran volumen de seguros el último
año y otros recientes, principalmente por las clases trabaja-
doras, el mismo sorprendente aumento de negocios se ob-
serva en las otras grandes compañías de seguros entre las
clases de nuestro pueblo. El año 1903 fué con mucho el
mayor de todos conocidos, demostrando, sin lugar á dudas,
que el pueblo americano — los labradores, los mecánicos, los
dependientes, los manufactureros y hombres de profesión —
no solamente acrecentaron grandemente sus ahorros y otros
excedentes, sino que pudieron asegurar sus vidas, siendo
la mejor forma de ahorros y precaución para el futuro.
Estas cifras de ganancias excedentes refutan muy enfática-
mente la manifestación de que cuesta más hoy la vida en
comparación á lo que han aumentado los salarios y las rentas.
El Libre -C arabio nos Colocaría en Condiciones
de no Poder Hacer Frente a 1111 a Guerra.
Extracto de las declaraciones del Hox. J. T. McCleary, de Minne-
sota, en la Cámara Representativa y publicadas en el Diario .de
Sesiones del Congreso, el 20 de Junio de 1904.
Aun los proteccionistas algunas veces dicen, que aunque
no creen en el libre-cambio como una política práctica, no
tienen inconveniente en confesar que parece buena en la
teoría. La palabra de reserva en esa manifestación es la
palabra "parece." En conclusión, el libre-cambio no es
bueno, ni aun en teoría. Prima facie, ninguna teoría es
buena si no da "resultado." Sin la demostración, lo mejor
que puede considerarse -es como una hipótesis. El Hon.
W. D. Kelly, que ya ha dejado de existir, describía atinada-
mente el libre-cambio como la ciencia de las suposiciones."
La primera y fundamental falsedad del libre-cambio como
una teoría, es su falta de patriotismo. Tiene la pretensión
de abogar por un gran sentimiento humanitario. Se enor-
gullece de sentir tanta consideración por los pueblos más re-
motos de la tierra, como la que abriga por el pueblo de su
propio país. Sr. Presidente, me inclino á dudar tanto de
la virtud y buen sentido de cualquier hombre que considera,
ó aparenta considerar á todo el mundo, con tantos títulos
á su solicitud, como á los miembros de su propia familia.
205
Por las leyes, tanto divinas como humanas, una nación es
una gran familia cuyos intereses están ligados entre sí.
Los proteccionistas toman como la base de su política el
precepto de la Escritura. "El que no cuida de los suyos
ha negado le fe y es de peor condición que un infiel."
El primer deber de una nación es estar preparada en todos
tiempos para la defensa de su existencia. El libre-cambio,
tanto como una teoría como una política, nos colocaría en
condiciones de no poder hacer frente á una guerra. El
pueblo del Sur, seguramente, hubiera sufrido una amarga
experiencia, por medio de la lección que hubiera aprendido.
Atados á la esclavitud despreciaban el trabajo. Eran "con-
sumidores/' sentían sólo desprecio por los "productores ;" de
aquí que sólo pensasen en obtener géneros manufacturados
baratos.
Ellos no tenían deseo de aceptar ó gozar de los legítimos
frutos de la . protección. Verdaderamente, por espacio de
una generación, antes que estallase la guerra civil, excep-
tuando los cuatros años desde 1842 á 1846, este país había
sido dominado por la idea de aversión del Sur á la tarifa pro-
teccionista. Cuando se estableció la Confederación del Sur
perpetuó sus ideas libre-cambistas incorporando en la Cons-
titución esta disposición :
"Ni tampoco se impodrán ningunos derechos ó contribu-
ciones sobre las importaciones de las naciones extranjeras
con el fin de promover ó fomentar cualquier ramo de in-
dustria."
Contrariamente, poco antes de estallar la guerra, el Go-
bierno Nacional había promulgado la ley de la tarifa Mor-
rill, que concedía adecuada protección á nuestras industrias.
De modo que, tenemos aquí una prueba de las dos teorías
con respecto á su utilidad en la guerra.
Con respecto á esto, quiero citar las elocuentes palabras
del anterior Senador John P, Jones, de Nevada, en su gran
discurso en el Senado de los Estados Unidos en 1890, inti-
tulado "¿Deberá hacer la República su propio trabajo ?"
que es uno de los más importantes discursos que pueden
haberse pronunciado con referencia á la tarifa.
La más instructiva lección de historia americana, en ver-
dad, la más impresiva lección económica de toda la historia,
es la que nos proporciona la de una gran crisis por la impo-
tencia industrial de los Estados del Sur, producto de su
20Ó
persistente descuido de las artes mecánicas y la variedad de
industrias.
Cuando el Sur declaró la guerra se manifestó que su
pueblo no podía crear nada de utilidad práctica. Sus ora-
dores y tribunos al aire libre, que los condujo á la guerra,
sabían "tejer hilo/*' pero no de algodón; podían entretejer
sentencias, pero no géneros de lana. Podían hacer discursos,
pero no máquinas ; podían hacer versos, pero no vestidos ;
podían aprender los derechos del hombre, pero no podían
subvenir á sus necesidades. Podían escribir inflamadoras
arengas de valor, pero no podían hacer un cañón ó una
cantimplora para la polvera; podían organizar ejércitos,
pero no levantar industrias ; podían inspirar entusiasmo á
sus tropas, pero no podían suplirlos con mantas.
Con todo su algodón no podían hacer un pañuelo; con
todo su ganado lanar y todas sus facilidades naturales para
producir lana y convertirlos en paño, no podían hacer un
vestido. Con todas las oportunidades para establecer manu-
facturas, no podían hacer una aguja, un cuchillo, una bayo-
neta ó un botón. Con todos sus amplios recursos naturales
y con oportunidades iguales á los del Norte, el pueblo del
Sur, fijándose siempre en el presente y nunca en el mañana,
dejaron permanecer inertes, en sus campos, el hierro, el car-
bón,.}' otros minerales valiosos, en cantidades sin límites.
No podían producir nada sino las materias primas de la
agricultura, y aun* estas en poca variedad. Su civilización
era una que desdeñaba ser útil y se contentaba con perma-
necer estacionaria.
Por tanto, cuando en la hora suprema de la necesidad
necesitaron vestidos, armas, municiones y medios de trans-
porte, se hallaban sin fábricas, molinos, talleres de construc-
ción ; sin ferrocarriles, instrumentos y hombres expertos.
Si no hubiera sido por sus esclavos se hubieran visto sin
alimentos. Sus soldados sufrieron por falta de vestido á pro-
pósito ; algunos murieron de frío, y muchos, especialmente
á la terminación de la guerra, usaban uniformes hechos de
pedazos de alfombra. Como los desamparados aborígenes,
tenían que esperar del enemigo todos los recursos para hacer
la "Tierra.
207
Por qué Soy Proteccionista.
Extracto del Economista Americano publicado en el Diario de Se-
siones del Congreso en Junio 20 de 1904.
(Por el Hon. Justin S. Mgrrill, anterior Senador de los
Estados Unidos por Verniont, autor de la tarifa Morrill de
1 86 1.)
Primero : Revine las industrias diferentes que nunca dejan
de aumentar la inteligencia personal, la industria y los sala-
rios del pueblo.
Segundo : Contribuye prodigiosamente al poder de aumen-
tar las necesidades de la vida, y abaratar grandemente el
costo de la subsistencia por la fuerza de la maquinaria, el
vapor y el agua.
Tercero : Facilita una oportunidad á cada persona para
hallar el empleo mejor adaptado á su genio y capacidad, que
le asegure la mayor entrada posible y la mayor felicidad.
Cuarto : Crea un mercado doméstico, sin el cual los culti-
vadores de la tierra en América se encontrarían muy poco
mejor que nuestros aborígenes.
Quinto : Es el baluarte de la independencia nacional en la
paz y en la guerra.
(Por el Hon. George F. Ploar, Senador de los Estados
Unidos por Massachnsetts.)
Soy un proteccionista porque creo que con esa política los
trabajadores de América estarán bien pagados y no ganando
bajos salarios.
Porque creo que con esa política se creará la variedad de
industrias, que harán á la América fuerte en la paz y en la
guerra.
Porque las industrias fomentadas así, desarrollarán la ha-
bilidad y el poder del cerebro de mis compatriotas, y eleva-
rán al pueblo de los Estados Unidos al primer rango, en
inteligencia, entre las naciones de la tierra.
Porque esa política nos ha hecho ya los más ricos y más
fuertes de la tierra, y por medio de una ley de inmigración,
convenientemente restrictiva, llegaremos á conseguir lo que
es de más valor para poblar nuestras tierras.
208
{Por el Hon. S. M. Cullom, Senador de Jos Estados Uni-
dos por Illinois.)
Primero: Porque como resultado del alto grado de nues-
tra tarifa proteccionista los Estados Unidos han llegado á
ser una de las principales naciones del mundo.
Segundo: Porque con la política de fomentar las indus-
trias americanas el desarrollo de nuestros intereses manufac-
tureros se ha garantido ; el genio inventivo de nuestro pueblo
ha hallado campo; el trabajo americano ha llegado á ser el
mejor pagado, y como consecuencia de esto nuestros trabaja-
dores son los que están mejor abrigados, mejor vestidos y
mejor alimentados ; y el maravilloso desarrollo y progreso
en este país, en todo lo que hace á un pueblo grande, ha
atraído la admiración del mundo civilizado.
En vista de estos hechos, que son bien conocidos, creo en
una tarifa protectora, que obtenga una protección razonable
para el trabajo y la industria de América.
{Por el Hon. WiUiam P. Frye, Senador de los Estados
Unidos por Maine.)
Porque los hechos se nos ponen de frente, no las teorías.
Yo he visto á los jornaleros de la Gran Bretaña y del Con-
tinente de Europa ; conozco cómo viven ; que están sin casa
y sin tierra por lo que á la propiedad se refiere ; que están
desamparados y sin esperanzas de un porvenir más brillante
para ellos y sus hijos; que en sus escasos salarios no hay
margen para afrontar la desgracia ó una enfermedad, siendo
el pauperismo su único refugio.
Yo sé que en esta República el trabajador prudente, so-
brio é industrioso, está seguro de una abundante remunera-
ción ; que su ambición de prosperar rara vez fracasa ; que
posee casas y tierras ; que los lujos del trabajador de Europa
son las ordinarias necesidades del americano. ¿Cómo en-
tonces podemos competir con los primeros y mantener nues-
tra superioridad en estos respectos? El vapor y la electrici-
dad han hecho del mundo una vecindad, eliminando larga-
mente "la protección una vez acordada por el tiempo, la dis-
tancia y el transporte. Hay un solo medio de resolver este
problema : La legislación para nosotros mismos y una tarifa
para la protección.
{Por el Hon. N. D. Sperry, M. C, de New Haven, Conn.)
Porque soy un ciudadano americano y deseo ver al pueblo
de este país próspero. La experiencia de más de cuarenta
años en los negocios me ha enseñado que bajo una tarifa ó
contribuciones bajas, la depresión en los negocios y la cala-
midad financiera han sido la norma, mientras que bajo la
protección los buenos negocios y la prosperidad general han
sido el resultado.
Cosas que Deben Recordarse.
Extracto de las declaraciones del Hon. Charles Dick, de Ohio, en
el Diario de Sesiones, en Junio 5 de 1904.
No puede haber prosperidad general es este país hasta que
no paremos la conspiración de los que quisieren hacer del oro
el patrón universal. Primera batalla de Bryan, p. 41.
Si somos derrotados en esta campaña, no hay otra cosa.
ante el pueblo que cuatro años más de duros tiempos y mayor
agitación y entonces la victoria vendrá. (Bryan en Balti-
more, en Septiembre 19 de 1896.)
Sabemos que la victoria no vino para Mr. Bryan en 1900,
pero á su derrota de 1896 se siguieron cuatro años más de
duros tiempos. Dejemos á las irrefutables cifras que res-
pondan.
Año fiscal. Año fiscal.
1897 1901
Exportaciones $1,050,000,000 $1,487,000,000
Importaciones 764,000,000 823,000,000
Rentas del Gobierno 347,000,000 587,000,000
Producción de las fábricas. . 10,000,000,000 14,000,000,000
Manufacturas exportadas. ... 200,000,000 450,000,000
Entradas postales 82,000,000 111,000,000
Derechos de peaje por los
ferrocarriles . . . 184,591 198,787
Producción de oro 57,000,000 78,000,000
Producción de plata . 69,000,000 77,000,000
Intereses de la deuda pública . 34,000,000 29,000,000
Oro en el Tesoro 696,000,000 1,124,000,000
Depósitos, Bancos Nacionales 1,613,000,000 3,044,000,000
Depósitos, Cajas de Ahorros, 1,935,000,000 2,650,000,000
Ganancias netas de los ferro-
carriles 369,000,000 558,000,000
Mr. Bryan predijo cuatro años más de duros tiempos, al
menos que el país no se inclinase á los demócratas ; pero
se inclinó á los republicanos, y en lugar de cuatro años de
210
daros tiempos, las cosas marcharon mejor cada año, n©
resultando disminuciones (excepto 5,000,000 de disminución
en la deuda pública) pero sí aumentos en toda la linea. Dan-
do á su predicción los cuatro años completos para llegar á
ser efectiva, el análisis de los números arriba expuestos de-
muestra aumentos en el cuarto año como sigue, bajo la po-
lítica y manejos republicanos.
Aumento en 1901 sobre 1897,
Exportaciones $437,000,000
Importaciones 59,000,000
Rentas del Gobierno 240,000,000
Producción de las fábricas ....... 4,000,000,000
Entradas postales 29,000)000
Producción de oro 21,000,000
Producción de plata 8,000,000
Oro en el Tesoro 428,000,000
Depósitos, Bancos Nacionales. . . . • 1,431,000,000
Depósitos, Cajas de Ahorros 715,000,000
Ganancias netas de los ferrocarriles 180,000,000
Total de aumentos republicanos, $7,557,000,000
Y la lista de aumentos podría ser largamente extendida.
Estos resultados prueban que las falsas profecías de Mr.
Brvan y sus disparatadas aserciones hicieron más daño que
bien á la causa democrática en 1896, y repitieron sus per-
juicios con peores resultados para el partido de Bryan en
1900.
Cosas que deben recordarse.
Recuérdese 1893-1896 y los días de malestar industrial.
Recuérdese 1893-1896 y los miles de mecánicos aptos bus-
cando en vano trabajo.
Recuérdese 1893-1896 y los cientos de miles de trabaja-
dores vagando por las calles desde la salida del sol hasta su
puesta, buscando trabajo que no podían encontrar.
Recuérdese. 1893-1896 y el sinnúmero de mujeres y niños,
esperando, desmayados y hambrientos, por el pan que jamás
llegaba.
Recuérdese 1893- 1896 y los apesadumbrados, los preocupa-
dos, las deudas no pagadas é impagables, y el cortejo de
males que acompañan al hombre que no tiene trabajo.
211
Recuérdese 1893- 1896 y el propietario esperando á la puer-
ta por el dinero de los alquileres que no podían ser propor-
cionados.
Recuérdese 1893- 1896 cuando el silbato de la fábrica dejó
de resonar para otro día de trabajo y otro día de paga.
Recuérdese 1893-1896 y á las viudas y niños necesitados
de ropa.
Recuérdese 1893- 1896 y las casas de sopa no americanas
y otras formas de caridad pública necesarias para ayudar á
los que necesitaban algún amparo cuando no podían obtener
trabajo.
Recuérdese 1893- 1896 y las ilusorias promesas hechas por
el partido democrático en la campaña de 1892.
Recuérdese 1893-1896 y las promesas cumplidas, hechas
por el partido republicano en la campaña de 1896.
Recordando estas promesas republicanas y su cumpli-
miento en los años después trayendo á la memoria las pro-
mesas no cumplidas del partido demócrata y los amargos
años de 1893- 1896, ¿que se ganaría al votar la candidatura
democrática de 1904?
La Llamada Reforma de la Tarifa no lia
Resultado Satisfactoria.
Extracto de las declaraciones del Hon. John F. Laceyde, de Iowa,
en la Cámara Representativa, en Marzo 23 de 1897, y publicadas
en apéndice, para ser unido al Diario de Sesiones, Vol. 30, pá-
gina 70.
No es necesario en este debate tratar de probar que el re-
ciente experimento de la llamada reforma de la tarifa no ha
resultado satisfactorio. Las quiebras en los negocios ocu-
rrirán, y las desgracias se presentarán bajo cualquiera sis-
tema ; pero la evidencia indica sin disputa, que los mejores
tiempos han reinado cuando el sistema proteccionista ha sido
completamente reconocido, que cuando la política opuesta ha
prevalecido. No me internaré en una historia remota, pero
he compilado una memoria de los pasivos de los deudores
quebrados durante los cuatro años que acaban de terminar,
y también durante los cuatro anteriores años de la adminis-
tración del General Harrison.
Por los cuatro últimos años el montante aumentó casi al
50%, comparado con el del período de Harrison,
212
Pasivos totales de los deudores quebrados en los Estados
Unidos durante las administraciones de Cleveland y Harri-
son:
La de Harrison.
1889 $148,784,337
1890 189,856,964
1891 189,868,638
1892 1 14,044,167
Total $649,564,106
La de Cleveland.
1893 $346,779,889
1894 • 172,992,856
1895 173,196,060
1896 226,096,834
Total '. $919,065,639
Pero no obstante nuestras últimas experiencias, se nos ob-
sequia otra vez con las viejas sierras del pasado.
Se nos ha dicho seriamente que nos proponemos "hacer
al pueblo rico y feliz imponiéndole contribuciones." Esta
vieja frase ha prestado servicios en muchas campañas del li-
bre-cambio.
Se nos ha dicho también que el propuesto bilí aumentará
inmediatamente el precio de todas las cosas y que por tanto
será un perjuicio para el pueblo.
Los mismos oradores que en el último otoño se estaban
proponiendo doblar *eí precio de todas las cosas cambiando el
patrón de valor, están ahora ocupados en prevenirnos de que
un aumento en los precios es una cosa peligrosa.
La controversia entre los dos partidos es muy simple como
también muy antigua.
Nuestros antepasados en 1789 pusieron en movimiento las
ruedas de la gobernación. El primer bilí que pasaron fué
un acta definiendo la clase de juramento que los oficiales del
Gobierno debían prestar, y dispuso que los hombres del Con-
greso y los otros oficiales federales deberían jurar apoyar la
Constitución. Muchos de los miembros de este primer Con-
greso se habían sentado como miembros que redactaron la
Constitución. La segunda acta del primer Congreso fué
un bul de tarifa proteccionista, y se leía en el preámbulo ;
2I 3
Considerando que es necesario para el sostenimiento del
Gobierno, para la descarga de la deuda de los Estados Uni-
dos y el estímulo y protección de las industrias, que se im-
pongan derechos sobre los géneros, artículos y mercancías
que se importen, Resolvemos, etc.
Y sin embargo durante el presente debate, hay señores que
han discutido el poder constitutional del Gobierno para poner
en vigor una tarifa sobre la base protectora.
Es sorprendente que el primer Congreso que se reunió
pasase un bilí como su primera ley, exigiendo un juramento
para sostener la Constitución de los Estados Unidos, y des-
pués, en el próximo bilí proceda á violarla pasando una ley
para una tarifa protectora. Mas el Presidente Washington
celebró en 4 de Julio de 1879 firmando la primera ley de la
tarifa promulgada bajo la base de la política de Alejandro
Hamilton.
Los Forniuladores de la Constitución Conside-
raron la Protección como la Inspiración
de Nuestras Libres Instituciones.
Extracto de las declaraciones del Hon. W. P. Brownlowde, de Ten-
nessee, en la Cámara Representativa, en Marzo 25 de 1897, y
publicadas en el apéndice para agregarse á las Sesiones del Con-
greso, Vol. 30, página 66.
Los sabios formuladores de la Constitución, inspirados por
el cielo, ese documento inmortal, círculo de oro de la unión,
consideraba la protección como la inspiración de nuestras
libres instituciones y el lecho de roca del desenvolvimiento
y prosperidad de nuestra nación.
Al referirse á nuestra nación "como pueblo libre" se le
ocurre al Presidente Washington este significante párrafo
en su primer mensaje :
"Su seguridad é interés exigen que promuevan aquellas
manufacturas que tiendan á hacerlos independientes de otros
para las cosas esenciales."
Thomas JefTerson, el supuesto fundador del presente par-
tido democrático, cuya memoria los libre-cambistas aparecen
reverenciar tan grande y agradecidamente, usa este sencillo
y animador lenguaje con referencia á la protección.
La pregunta general es : Deberemos proporcionarnos
nuestras propias comodidades ó prescindir de ellas á la vo~
214
luntad de una nación extranjera? El que está, por tanto,
contra las manufacturas domésticas, debe ser para reducirnos
á la dependencia de otra nación ó para vestirnos de pieles
y vivir en cavernas ó antros. Me enorgullezco en decir
que no soy uno de ellos. La experiencia me ha enseñado que
las manufacturas son tan necesarias para nuestra indepen-
dencia como para nuestras comodidades.
Los derechos prohibitivos que imponemos sobre artículos
extranjeros, que la prudencia nos exige establezcamos en
casa con la patriótica determinación de todo buen ciudadano
de no usar artículo extranjero que puede ser hecho dentro
de nosotros mismos, sin consideración á la diferencia de pre-
cio, nos garantiza contra la recaída dentro de la dependencia
extranjera.
Mi opinión es que debemos estimular nuestras manufactu-
ras domésticas a la par de la extensión de nuestro consumo,
de los cuales cultivamos la materia prima.
James G. Blaine, el famoso autor de la reciprocidad, una
pieza diplomática que ha salvado al país millones de dollars,
y que fué de los estadistas más estudiosos, observadores y
de claro talento de su época, dijo refiriéndose á la tarifa Mc-
Kinley ;
El beneficio de la protección ia, primero y después, al
hombre que gana el pan con el sudor de su frente. El re-
sultado propicio y de importancia es que jamás antes en la
historia del mundo, se había gozado de más comodidad, se
había adquirido mayor educación, y la independencia asegu-
rada por una mayoría tan grande de la población total como
en los Estados Unidos de América.
En 1816 John C. Calhoun, ese verdadero y probado demó-
crata, que la democracia del Sur siguió con la misma devo-
ción con que las tropas francesas siguieron á Napoleón, en
un vigoroso discurso á favor del proteccionismo dijo en el
curso de su invencible argumento á favor de esta política :
"Cuando nuestras manufacturas hayan crecido hasta cierto
grado de perfección, como sucederá bajo el esmerado cui-
dado del Gobierno, el labrador encontrará un fácil mercado
para su producto excedente, y lo que será casi de igual con-
secuencia; un abastecimiento barato y positivo de todas sus
necesidades. Su prosperidad se difundirá entre todas las
clases de la comunidad. Una tarifa protectora es calculada
para atar junto y más estrechamente nuestra extensa Repú-
blica y dar mayor nervio al brazo del Gobierno.
Andrew Johnson, el autócrata, y ahora el santo patrón
del partido democrático, en 1824, entonces senador de los
Estados Unidos, declaró :
"La Providencia ha llenado nuestros llanos y montañas
de minerales de plomo, hierro y cobre — y nos ha dado un
clima y un suelo para el cultivo del henequén y la lana.
Siendo estos los grandes materiales de nuestra defensa na-
cional, debían haber extendido para ellos adecuada y justa
protección, para que nuestros manufactureros y labradores
puedan ser colocados en justa y adecuada competencia con
los de Europa, y para que podamos tener dentro de nuestro
país un abastecimiento de los principales y más importantes
artículos para la guerra. Hemos estado mucho tiempo su-
jetos á la política de los comerciantes británicos. Es tiempo
de que lleguemos á ser un poco más americanizados, y en
lugar de alimentar á los indigentes y trabajadores de Europa,
alimentemos los nuestros ; ó dentro de poco tiempo, conti-
nuando nuestra presente política (la tarifa para contribu-
ciones solamente, de 1816) nos convertiremos todos en indi-
gentes. Es mi opinión, por tanto, de que una cuidadosa y
juiciosa tarifa es muy necesaria. "
La Tarifa Significa el Máximum de Seguridad
para el Capital y el Máximum
de Incentivo.
Extracto del hondón Daily Telegraph publicado en el Diario de Se-
siones del Congreso el 5 de Enero de 1904.
La llave del poder de la competencia en la edad moderna es
el estímulo del capital. Por tanto, es claro que las tarifas
en países como América, Alemania y Francia signifiquen el
máximum de seguridad para el capital y el máximum de in-
centivo. Las importaciones libres, convirtiendo un país en
el lugar de descarga para todo el excedente de todos los
demás y exponiendo al manufacturero de casa á los ataques
de los rivales extranjeros, quienes están todos protegidos
por sus contra operaciones; las importaciones libres, decimos,
significan necesariamente bajo estas circunstancias el míni-
mum de seguridad para el capital y el mínimum de estímulo.
Esta es verdaderamente nuestro verdadera enfermedad in-
dustrial.
Un corresponsal nos suplica que establezcamos el caso de-
2l6
mostrando en detalle en qué comercios nuestro progreso ha
sido paralizado, y en qué artículos las importaciones de ma-
nufacturas extranjeras han aumentado. Miraos en este es-
pejo. Demostración:
EXPORTACIONES MANUFACTURADAS EX INGLATERRA, EX
DIEZ RENGLONES PRINCIPALES.
( Montantes en millones de libras esterlinas.)
1S90 1902
Hierro y acero 315 29.0
Máquinas de vapor y maquinaria.... 16.4 18.7
Ferretería y cuchillería 2.7 21
Géneros de algodón 62.0 65.0
ídem de lino 5.7 54
ídem de paños 20.4 15.2
Vestidos 5.6 6.2
Agujas, hilos, cintas, alfileres, etc.. 2.1 1.7
Obras de barro 2.5 20
Drogas y efectos químicos 8.9 9.5
Total 158.8 155.8
Y mirad el cuadro opuesto :
IMPORTACIONES EX EL REIXO UNIDO, MANUFACTURADAS
EX DIEZ RENGLONES PRINCIPALES.
(Montante en millones de libras esterlinas.)
1890 190?
Géneros de algodón
Manufacturas de vidrio
Manufacturas de hierro y acero
Artículos de pieles
Sedas
Lanas
Manufacturas de papel y cartón
Relojes de mesa y bolsillo
Zinc .4 .5
Misceláneas 19.6 28.0
Total 61.3 87.7
2-3
4-7
2
3-2
3 1
8-3
8,4
11. 1
i-3
14.2
1. 1
11.4
i-9
44
1.2
1-9
2I 7
Estos, repetimos, son cifras espantosas. ¿Qué hubiera
Cobden pensado si él hubiera previsto el tiempo en que se-
ríamos compradores de algodones como también de maíz,
compradores de metales así como de carnes ; y cuando nues-
tras importaciones de textiles y hierro demostrarían en una
década un aumento en absoluto mayor, un aumento relativo,
inmensamente mayor que nuestras exportaciones de todas
clases de mercancías ? Ni es un misterio con respecto al cur-
so por el cual nuestro comercio, aparte de las colonias, es
lanzado á la circunferencia y atacado en su base. Los ame-
ricanos tienen su mercado propio de 80,000,000 de almas y
el nuestro de 40,000,000.
Los alemanes tienen su mercado propio de cerca de
60,000,000 de almas y el nuestro de 40,000,000. El manu-
facturero británico tiene que compartir, su mercado libre con
todos sus rivales. No es posible para el capital insular, bajo
estas condiciones, competir, ó que las empresas insulares
sobrevivan.
Es tan cierto que el capital está desanimado, las empresas
reprimidas y el empleo restringido bajo las importaciones
libres en este país, como que todos los tres han sido estimu-
lados durante la última década en las grandes naciones com-
petidoras.
Panamá.
Otro glorioso capítulo en la historia fie la República.
Extracto de las declaraciones del Hon. George F. Hoar, de Massa-
chusetts, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Fe-
brero 22 de 1904.
El 9 de Diciembre presenté una proposición suplicando al
Presidente que diera todos los informes, no incompatibles
con el interés público, sobre todo lo que se ha hecho respecto
de Colombia y de la nueva república de Panamá, en lo to-
cante al tratado sobre el canal.
Ocurre algo muy particular en este caso. Una gran parte
de la prensa americana, tanto democrática como la llamada
independiente, ha dirigido severas acusaciones al Presidente.
El eco de esas acusaciones ha llegado hasta nosotros desde
los países extranjeros.
Se acusa al Presidente de haber fomentado la revolución
de Panamá. Estos cargos son, en mi concepto, falsos y mal-
2l8
vados. Por lo que á mí respecta, afirmo y sostengo que no
he creído una palabra de ellos.
Si tuve ó no razón, el Presidente y el Secretario de Estado
lo han decidido. Pocos días después de presentada mi pro-
posición enviaron al Congreso dos mensajes conteniendo to-
da la historia de la transacción y de nuestras relaciones con
Colombia y Nueva Granada, acompañados de un enérgico
mentís de todas las imputaciones á que me he referido.
Por el contenido del tratado de 1846 los Estados Unidos
garantizaban positiva y eficazmente á Nueva Granada, como
especial compensación por el derecho de vía y las ventajas
y favores del tratado, la perfecta neutralidad del mencionado
istmo, con objeto de que el tránsito de uno á otro mar no se
interrumpiera en ningún tiempo.
Pero aquella obligación estaba á mi juicio limitada bajo
toda razón y derecho por la absoluta necesidad de proteger
y garantizar aquella soberanía.
Creo que, aunque en mi opinión, el tratado de 1846 nos
obligaba á proteger la soberanía de Colombia contra todo
evento, ó contra todo ataque así extranjero como doméstico,
aquella obligación no tenía otro fin que la protección del
istmo.
Desde el momento en que Panamá se hizo independiente
y estableció su gobierno, nuestra obligación de defender el
istmo, que pasó de Nueva Granada á Colombia, ha pasado
ahora de Colombia á Panamá.
Esta República tiene derecho á reclamar las ventajas con-
tenidas en el tratado de 1846, así como tiene derecho para
exigir el cumplimiento de las obligaciones contenidas en el
tratado Hay-Herran con Colombia.
Todos estos hechos, toda la historia relacionada con ese
tratado eran bien conocidos del Presidente cuando procedió.
Había razones poderosas para dejar determinada la situa-
ción futura del istmo y la pronta construcción del canal.
Yo apruebo la celebración de ese tratado. Yo celebraré
que cuanto antes empiece la construcción del canal por la
única nación de la tierra capaz de terminarlo. Ese será otro
glorioso capítulo en la historia del mundo, y otra gloriosa
página en la historia de la República,
219
Solemne Contrato para la Seguridad del Istmo.
Extracto del mensaje del Presidente Roosevelt, publicado en el
Diario de Sesiones del Congreso, Diciembre 7 de 1903.
Cuando el Congreso dispuso que se eligiese la vía de
Panamá con arreglo á un tratado con Colombia, la esencia
de esta condición, naturalmente, no se refería al gobierno que
dominaba en el canal, sino al canal mismo ; al territorio por
el cual pasaría el canal, no al nombre en que por entonces
era conocido aquel territorio en el mapa.
El objeto de la ley era autorizar al Presidente á celebrar
un tratado con la potencia que tuviese el dominio del istmo
de Panamá en el año 1846. Este Gobierno celebró un tra-
tado con Nueva Granada, antecesora en el dominio del istmo
de la República de Colombia y de la actual República de
Panamá, en cuyo tratado se disponía que el gobierno y los
ciudadanos de los Estados Unidos tendrían siempre libre y
absoluto derecho para transitar por el istmo de Panamá por
todos los medios de comunicación que pudieran construirse,
y que en cambio nuestro Gobierno garantizaría la perfecta
neutralidad del mencionado istmo con objeto de que el trán-
sito de uno á otro mar no se interrumpiese ni dificultase.
El tratado concedía á los Estados Unidos la propiedad y
derechos que Nueva Granada ejercía sobre aquel territorio.
El nombre de Nueva Granada desapareció, y el territorio
fué dividido. Su sucesor, el Gobierno de Colombia, cesó de
ejercer soberanía y propiedad sobre el istmo.
Una nueva República, la de Panamá, que fué en un tiempo
un estado soberano, y más tarde un simple departamento de
las sucesivas confederaciones conocidas con el nombre de
Nueva Granada y Colombia, ha sucedido ahora en los dere-
chos que éstas- ejercieron antiguamente sobre el istmo.
Pero mientras el istmo exista, el simple hecho geográfico
de su existencia, y el interés que tenemos en su posesión,
perpetúa el solemne contrato que nos concede la posesión
del territorio y el derecho de transitar á través del istmo, al
mismo tiempo que perpetúa nuestra obligación de proteger
el istmo y garantizar al mundo el ejercicio de ese inestimable
privilegio.
En la pasada primavera se terminó un tratado entre los
representantes de la República de Colombia y nuestro Go-
bierno ; que fué ratificado por el Senado.
220
Dicho tratado se celebró á solicitud del Gobierno de Co-
lombia, y después que una comisión de expertos nombrada
por nuestro Gobierno para estudiar las vías practicables á
través del istmo se hubo declarado unánimemente en favor
de la de Panamá.
En el texto de aquel tratado se hacían toda clase de con-
cesiones al pueblo y al Gobierno de Colombia.
A pesar de eso el Gobierno de Colombia no sólo rechazó
el tratado, sino que lo hizo en una forma tal que evidenciaba
la intención del Congreso Colombiano de aplazar indefinida-
mente la celebración de un nuevo tratado.
Inmediatamente después de suspendidas las sesiones del
Congreso estalló una revolución en Panamá. Este pueblo
estaba desde hacía tiempo descontento de la República de
Colombia, y se mantenía tranquilo sólo ante la perspectiva
de la conclusión del tratado, que era para él asunto de vital
interés. Cuando se vio que el tratado había muerto para
siempre, el pueblo de Panamá se levantó como un solo hom-
bre. Ni un solo tiro se disparó en el istmo en defensa del
Gobierno de Colombia. Ni una sola vida se perdió al con-
sumarse la revolución.
Las tropas colombianas estacionadas en el istmo, á las que
hacía tiempo no se pagaba sus sueldos, hicieron causa común
con el pueblo de Panamá, y con asombrosa unanimidad se
estableció la nueva República.
Panamá.
Las acusaciones de complicidad carecen de fundamento.
Extracto del mensaje del Presidente Roosevelt, en el Diario de Se-
siones del Congreso, Enero 4 de 1904.
Al Senado y Casa de Representantes.
Presento ante el Congreso para su inteligencia un informe
de mi actuación como ejucutante del decreto aprobado por el
Congreso para proceder á la construcción de un canal que
una las aguas de los océanos Atlántico y Pacífico, y publica-
do en Junio 28 de 1902.
Conforme á dicho decreto, el Presidente quedó autorizado
para asegurar en favor de los Estados Unidos la propiedad
de la Compañía del Canal de Panamá y el perpetuo dominio
sobre una faja de tierra de seis millas de ancho a través del
istmo.
22 í
También se disponía que si el Presidente no podía obtener
para los Estados Unidos un título absoluto de propiedad
sobre la nueva Compañía del Canal de Panamá, y el dominio
del territorio necesario de la República de Colombia, en un
tiempo razonable y en razonables condiciones, entonces el
Presidente dispondría lo necesario para utilizar la vía de
Nicaragua.
Cuando este gobierno sometió á Colombia el tratado Hay-
Herran se plantearon tres cuestiones distintas :
Primera : El canal debe ser construido inmediatamente.
Segunda : Las condiciones impuestas por los Estados
Unidos no tendrán otro objeto que el de establecer y estre-
char las más amigables relaciones con el pueblo de Colombia.
Tercera: El Congreso determinará dónde habrá de cons-
truirse ei canal.
Se acordó también la celebración de un tratado para la
construcción de un canal á lo largo del istmo, y que si des-
pués de transcurrido un tiempo razonable no era posible
celebrar dicho tratado, entonces se adoptaría la vía de Nica-
ragua.
Cuando en Agosto pareció probable que el Congreso de
Colombia acordaría rechazar el tratado, me pareció pru-
dente estudiar .con detenimiento la situación y poner en co-
nocimiento del Congreso las varias alternativas en que nos
encontrábamos.
Una era, que Colombia reconociera al fin lo imprudente
de su posición ; otra era, que al cerrarse las sesiones en Oc-
tubre sin haberse ratificado el tratado con Colombia y sin
haberse hecho nada definitivo con Panamá, el Congreso ame-
ricano, reunido en Noviembre, estudiaría la situación creada
en perjuicio de la construcción del canal de Panamá y dis-
pondría lo necesario para el uso de la vía de Nicaragua.
La tercera alternativa fué que el pueblo del istmo, que en
otro tiempo constituyó un estado independiente y que pos-
teriormente se unió á Colombia con un débil lazo de solidari-
dad federal, declarase su independencia y estableciese un
gobierno capaz de llevar á cabo esa grandiosa obra de civili-
zación.
Esta tercera alternativa vino á realizarse á última hora.
Todos sabemos que lo que en un principio se consideró como
una simple posibilidad, en Octubre se convirtió en una in-
minente probabilidad.
Envista de esos sucesos envié instrucciones- á la Secretaría
222
de Marina para que dispusiese el envío de barcos de guerra
al istmo en previsión de lo que pudiera ocurrir.
En Noviembre 2, cuando el Congreso Colombiano suspen-
dió sus sesiones, parecía inminente una ruptura, y cuando se
anunció que tanto por parte de Panamá como de Colombia
se disponían fuerzas para una lucha sangrienta, envié las
siguientes instrucciones á los comandantes del Boston, del
Nashvilie y del Dixie :
"Mantener libre y constante el tránsito. Si ocurre una
interrupción restablézcase aquel con fuerzas armadas que
ocupen la línea del ferrocarril. Evitar el desembarco de
ninguna fuerza armada de ninguno de los dos bandos en un
espacio de cincuenta millas alrededor de Panamá."
Estas órdenes fueron dictadas como consecuencia de la
política que este Gobierno venía siguiendo con insistencia.
El 3 de Noviembre el Comandante Hubbard contestó al
anterior telegrama diciendo que antes de recibirlo habían
desembarcado en Colon 400 soldados procedentes de Carta-
gena; que no había habido revolución en el istmo, pero que
la situación se haría muy crítica si los jefes revolucionarios
acordaban luchar.
Con esta misma fecha la Prensa Asociada en Washington
recibió un telegrama diciendo que había estallado una re-
volución.
Cuando esto llegó á noticia del Secretario de Estado se
envió el siguiente telegrama al cónsul general en Panamá y
al cónsul en Colón :
"Noticias de revolución en el istmo. Tenga á este Departa-
mento constante y completamente informado."
Antes de mandarse ese telegram se recibió uno del cónsul
en Colón, que decía así :
"Revolución inminente ; fuerzas Gobierno en el istmo cer-
ca 500 hombres ; sus oficiales ofrecen ayudar revolución. El
buque del gobierno Cartagena, con cerca cuatrocientos
hombres, llegó hoy temprano con nuevo General en Jefe
Tobar. No era esperado hasta Noviembre 10. La llegada
de Tobar probablemente no detendrá la revolución."
Este telegrama fué recibido á las 2.35 de la tarde y á las
3.40 Mr. Loomis envió el telegrama que ya estaba preparado
para Panamá y Colón.
Seguramente el cónsul general en Panamá no había reci-
bido la noticia contenida en el telegrama á la Prensa Aso-
ciada y en el que el Secretario de Estado basó el suyo.
223
Inmediatamente después se recibió otro telegrama diciendo
que la revolución había estallado y que había triunfado sin
derramamiento de sangre.
El cañonero colombiano Bogotá bombardeó al día si-
guiente la ciudad de Panamá sin otro resultado que la muerte
de un chino.
El cónsul general le notificó que suspendiera el fuego.
Mientras tanto el Comandante Hubbard participaba al De-
partamento de Marina que había desembarcado una fuerza
para proteger las vidas y propiedades de los ciudadanos ame-
ricanos contra las fechorías de la soldadesca colombiana.
Antes de que se diera ningún paso por las tropas de los'
Estados Unidos para restablecer el orden, el jefe de las
fuerzas colombianas desembarcadas usó de cierta violencia
con los ciudadanos americanos, lo cual creó una seria compli-
cación.
Según comunicó el Comandante Hubbard en una carta
fechada el 5 de Noviembre, aquel jefe y sus soldados pre-
tendieron hacer fuego contra los soldados americanos, y
únicamente la prudencia y sangre fría de nuestros oficiales
pudieron evitar un derramamiento de sangre.
Este informe oficial de todo lo que ocurrió el 4 de Noviem-
bre demuestra que, á pesar de haber sido mucha la previsión
del Gobierno americano para el mantenimiento del orden y
la protección de las vidas y propiedades en el istmo, las ór-
denes. para el movimiento de los buques de guerra america-
nos se retardaron demasiado ; tanto que no hubo más que 42
marineros y soldados disponibles para desembarcar y pro-
teger las vidas de las mujeres y los hombres americanos.
Cuando la revolución estalló no había en Panamá ni un
solo soldado ni un solo marinero americano.
En Colón el Comandante Hubbard procedió con entera
imparcialidad hacia ambos partidos, evitando todo movi-
miento tanto por parte de los colombianos como de los pana-
meños que pudiese dar lugar á un combate sangriento.
El 9 de Noviembre se opuso á que un grupo de revolucio-
narios desembarcase en Colón.
No me quiero ocupar de las injuriosas insinuaciones diri-
gidas contra este Gobierno sobre su supuesta complicidad en
el movimiento revolucionario de Panamá. Están tan des-
provistas de fundamento como de corrección.
Mi única excusa al mencionarlas es el temor de que alguien
pueda tomar mi silencio como aquiescencia.
224
Creo necesario decir,, sin embargo, que ningún funcionarlo
relacionado con este Gobierno ha tenido parte alguna en la
preparación, instigación ó consumación de la reciente revolu-
ción en el istmo de Panamá, y que salvo los informes de
nuestros oficiales militares y navales, ningún funcionario de
este Gobierno ha tenido previo conocimiento de la revolu-
ción, excepto los que no pueden escaparse á ninguna persona
inteligente que lee los periódicos y está más ó menos enterada
de los negocios públicos.
Por unánime voluntad de su pueblo, sin disparar un tiro,
con una prudencia jamás vista en casos semejantes, el pueblo
de Panamá se convirtió en una república independiente.
El reconocimiento por parte de nuestro Gobierno se fundó
en hechos que están perfectamente justificados con nuestros
actos en análogos casos. Nuestra actitud como pueblo civi-
lizado ha sido ampliamente justificada con la rapidez con que
las potencias, unas después de otras, han seguido nuestro
ejemplo reconociendo á Panamá como un Estado indepen-
diente.
Esa actitud al reconocer la nueva República ha sido se-
guida por pa^te de Francia, Alemania, Dinamarca, Rusia,
Suecia y Noruega, Nicaragua, Perú, China, Cuba, Gran Bre-
taña, Italia, Costa Rica, Japón y Austria-Hungría.
Tratado de Reciprocidad Comercial Entre los
Estados Unidos y Cuba.
Publicado en el Diario de Sesiones del Congreso Diciembre 14 de
1903.
Artículo I. — Mientras este tratado esté en vigor todos los
artículos y mercancías que sean producto del suelo ó de la
industria de los Estados Unidos que ahora son importados
en la República de Cuba libres de derechos, y todos los artí-
culos y mercancías que sean producto del suelo ó de la in-
dustria de la República de Cuba que ahora son importados
en los Estados Unidos libres de derechos, continuarán siendo
admitidos por los respectivos países libres de derechos.
Artículo II. — Mientras este tratado esté en vigor todos los
artículos y mercancías no incluidos en el artículo anterior y
que sean producto del suelo ó de la industria de la República
de Cuba importados en los Estados Unidos serán admitidos
con una rebaja de un 20% de los derechos que establece la
225
ley de tarifas de los Estados Unidos aprobada el 24 de Julio
de 1897, ó que puedan establecerse por otra ley de tarifas de
los Estados Unidos aprobada posteriormente.
Artículo III. — Mientras este tratado esté en vigor todos
los artículos y mercancías no incluidos en el anterior artículo
I y no enumerados más abajo que sean producto del suelo ó
de la industria de los Estados Unidos importados en la Re-
pública de Cuba serán admitidos con una rebaja de un 20%
de los derechos que actualmente existen ó puedan existir en
las tarifas de aduanas de dicha República de Cuba.
Artículo IV. — Mientras este tratado esté en vigor los si-
guientes artículos y mercancías tal como están enumerados y
descritos en las actuales tarifas de aduana en la República de
Cuba que sean producto del suelo ó de la industria de los
Estados Unidos importados en Cuba serán admitidos con las
siguientes respectivas rebajas de los derechos que actual-
mente existen ó puedan existir en las tarifas de aduanas de
la República de Cnba.
Cláusula A. z — Se admitirán con una rebaja de un 25% :
Maquinaria y aparatos de cobre y sus mezclas, ó máquinas
y aparatos en que el cobre ó sus mezclas entran como compo-
nentes de más valor; hierro fundido; hierro forjado; acero
y manufacturas de lo mismo ; artículos de cristal y vidrio,
excepto vidrios de ventana ; barcos y buques, cisternas de to-
das clases de hierro ó acero ; whiskies y brandis ; pescado
salado, en salmuera, ahumado ; pescado ó mariscos conserva-
dos en aceite ó en otra forma en latas ; artículos de alfarería
ó de loza actualmente clasificados en los párrafos 21 y 22 de
la tarifa de aduanas de la República de Cuba.
Cláusula B. — Se admitirán con una reducción de un 30% :
Mantequilla ; harina de trigo ; maíz ; harina de maíz, produc-
tos químicos y farmacéuticos y drogas simples ; cerveza en
botellas ; bebidas no alcohólicas ; cidra ; aguas minerales ; co-
lores y tintes ; vidrios de ventana ; artículos hechos ó a medio
hacer de cáñamo, lino, pita, yute, henequén, ramié y otras
fibras vegetales actualmente clasificadas en los párrafos del
grupo 2, clase V de la tarifa de aduanas de la República de
Cuba ; instrumentos de música ; papel de escribir é imprimir,
excepto para periódicos ;- algodón y sus manufacturas, excep-
to géneros de punto (véase la cláusula C) ; artículos de cu-
chillería ; botas, zapatos y pantuflas, actualmente clasificados
en los párrafos 197 y 198 de la tarifa de aduanas de la Repú-
blica de Cuba; objetgs dorados y plateados; dibujos, fotogra-
226
fía?, grabados, litografías, cromolitografías, oleografías, etc. ;
impresos con piedra, zinc, aluminio ú otra substancia,, usados
como etiquetas, fajas y envolturas para tabaco ú otros fines,
y toda otra clase de papel (excepto papel para cigarrillos, y
excepto mapas y cartas geográficas), cartón y manufacturas
de lo mismo actualmente clasificados en los párrafos 157 á
T64 inclusives de la tarifa de aduanas de la República de
Cuba: jabones ordinarios ó comunes, actualmente clasifica-
dos en el párrafo 105. letras A y B. de la tarifa de aduanas
de la República de Cuba; legumbres en vinagre ó preserva-
das de otra manera : toda clase de vinos, excepto los actual-
mente clasificados en el párrafo 279 de la tarifa de aduanas
de la República de Cuba.
Cláusula C. — Se admitirán con una rebaja de un 40% :
Manufacturas de algodón, de punto y tocia otra clase no in-
cluida en las anteriores cláusulas; queso; frutas en conserva:
pasta de papel : perfumería y esencias : artículos de alfarería
y loza actualmente clasificados en el párrafo 20 de la tarifa
de aduanas de Ja República de Cuba: porcelana: jabones,
que no sean comunes, actualmente clasificados en el párrafo
105 de la tarifa de la República de Cuba: paraguas y som-
brillas : dextrina y glucosa : relojes ; lana y manufacturas de
lo mismo : seda y manufacturas de lo mismo : arroz : ganado.
Artículo IX. — El presente tratado será ratificado por las
correspondientes autoridades de los respectivos países, y las
ratificaciones serán cambiadas en Washington. D. C. Esta-
dos Unidos de América antes del día 31 de Enero de 1903. y
el tratado empezará á regir por el término de diez años desde
la fecha de su ratificación, y de año en año sucesivamente
hasta la expiración de un año á partir del día en que una de
las partes contratantes notifique á la otra su intención de dar
por terminado el mismo.
El Tratado Asegura á los Estados Unidos
Ventajas tan Grandes Como las
que Concede a Cuba.
Mensaje del Presidente Roosevelt. publicado en el Diario de Se-
siones del Congreso Noviembre 10 de 1903.
Al Senado y á la Cámara de Representantes.
He convocado al Congreso para que apruebe las leyes ne-
cesarias á fin de poner en vigor el tratado de comercio con
2^7
Cuba, que fué ratificado por el Senado en su ultima sesión
y seguidamente por el Gobierno de Cuba.
Considero esas leyes exigidas no sólo por nuestro interés
sino por nuestro honor. No podemos decorosamente aban-
donar el camino que tan oportunamente hemos seguido.
Cuando el Congreso de los Estados Unidos impuso á
Cuba la aceptación de la Enmienda Platt, este gobierno se
consideró desde ese momento obligado á tratar á Cuba como
si ésta ocupara una posición única respecto á este país.
Se acordó que cuando la isla fuese una república libre é
independiente se mantendría en tan estrechas relaciones con
nosotros, que hasta cierto punto formara parte de nuestro
sistema de política internacional ; y como consecuencia de
ello que quedase incluida en la esfera de nuestra política eco-
nómica.
En la situación que ocupa Cuba sería peligroso para este
país el uso estratégico de la isla por ninguna potencia militar
extranjera.
Esta es la razón por la cual se le han impuesto algunas
limitaciones en su política financiera, y por qué ha concedido
á los Estados Unidos algunas estaciones navales en su terri-
torio.
Las negociaciones para el traspaso de estas estaciones es-
tán en vísperas de completarse. Están situadas de tal manera
que alejan toda idea de que exista la intención de usarlas
contra Cuba, sino más bien para protegerla de los ataques de
países extranjeros, y para mejor defensa de los intereses
americanos en las aguas situadas al sur de nosotros.
Estos intereses han adquirido mayor importancia como
consecuencia de la guerra con España, y la adquirirán mayor
aún con la construcción del canal de Panamá.
Son á la vez militares y económicas. La concesión hecha
á nosotros por Cuba de esas estaciones es de la mayor im-
portancia desde el punto de vista militar, y una prueba de la
buena fe con que Cuba nos trata.
Cuba ha hecho grandes progresos desde que obtuvo su
independencia. Ha adelantado rápidamente en todos senti-
dos. Ocupa ya un puesto principal entre sus hermanas las
Repúblicas del Nuevo Mundo.
Cumple con lealtad sus obligaciones con nosotros ; y tiene
derecho á que la tratemos de igual manera.
El tratado sometido á vuestra aprobación asegura á los
Estados Unidos ventajas económicas tan grandes como las
22&
que concede á Cuba. Ningún interés americano, ha sido
sacrificado. Con ese tratado se asegura un gran merc.ido
cubano á nuestros productores.
Es ese un mercado que está á nuestras puertas, que ya es
grande, que es capaz de aumentar mucho y que es especial-
mente importante para el desarrollo de nuestro comercio de
exportación.
Sería, por lo tanto, una insensatez por nuestra parte el ne-
garnos á aprovechar las ventajas de esa oportunidad, y obli-
gar á Cuba á hacer arreglos con otros países en perjuicio
nuestro.
El tratado de reciprocidad se defiende por sí mismo. Con-
viene tanto á nuestros intereses políticos como á nuestros
intereses económicos.
No perjudicará á ninguna industria, y en cambio benefi-
ciará á muchas.
Está en el interés de todo nuestro pueblo, no sólo por la
importancia que tendría desde el punto de vista de nuestra
política internacional, sino porque económicamente nos abri-
ría y aseguraría el rico mercado cubano para nuestros agri-
cultores, artesanos, comerciantes y manufactureros.
Por último, es de suma importancia como una garantía de
la buena fe de nuestra nación hacia su joven República her-
mana del Sur, cuya prosperidad debe ir estrechamente unida
á la nuestra.
Le dimos la libertad. Estamos unidos á ella por el recuer-
do de la sangre y el valor de nuestros soldados que pelearon
por ella ; por el recuerdo de la inteligencia y la integridad de
nuestros administradores, que la dirigieron en la paz y la
prepararon tan bien para el difícil paso al gobierno propio.
Debemos ayudarla en todos sentidos; porque al ayudarla
á ella nos ayudamos á nosotros mismos.
Las anteriores consideraciones dieron lugar á la negocia-
ción del tratado con Cuba y su ratificación por el Senado.
Ellas ahora, con igual fuerza, exigen la aprobación del Con-
greso necesaria para que el tratado pueda ser puesto en
vigor. La no aprobación del tratado pondría en peligro la
buena fe de la nación.
Incluyo el tratado tal como ha sido aprobado por el Senado
v ratificado por el Gobierno de Cuba.
Casa Blanca, Noviembre 10 de 1903.
TEODORO ROOSEVELT.
á¿§
La Reciprocidad con Cuba es un Proyecto dé
Ley que Constituye un Deber Nacional.
Extracto del debate publicado en el Diario de Sesiones del Congreso,
Noviembre 16 de 1903.
Mr. Dalsell. — Sr. Presidente, una sola palabra en explica-
ción" dei reglamento que ha sido leído por la Secretaría. Si
se adopta, se traerá ante la Cámara, para s.u inmediata apro-
bación, el proyecto de ley informado por el Comité de Me-
dios y Arbitrios el pasado viernes para la discusión y aproba-
ción del tratado entre la República de Cuba y los Estados
Unidos.
Mr. Williams. — Sr. Presidente, este es quizás uno de los
más complicados reglamentos que jamás se han presentado
en la Cámara de Representantes.
La minoría ha presentado una enmienda á ese proyecto de
ley, y yo deseo explicar el carácter de esa enmienda, á fin de
demostrar lo injusto que es ese proyecto.
Mr. D. Armond. — Me considero feliz al decir, me consi-
dero orgulloso al proclamar que creo que no hay en este
lado de la Cámara un voto solo para la aprobación de ese
reglamento.
Mr. Dateell. — Este es un proyecto de ley que dará lugar á
un convenio ya casi terminado entre el Presidente y el Sena-
do con la República de Cuba.
Voy á poner en evidencia la actitud hipócrita de los demó-
cratas ante ese tratado. Declararon que lo apoyarían y más
tarde insisten en presentar una enmienda que no tiene otro
objeto que echar por tierra el proyecto de ley.
Mr. Grosvenor. — Sr. Presidente, la cuestión directa é in-
mediata que aquí tenemos pendiente no es la de saber si la
Cámara debe ó puede aceptar y discutir esa enmienda. La
cuestión es concreta en su forma y fácilmente comprensible
para todos los miembros de la Cámara, y acerca de la cual,
y cuyos resultados positivos estamos todos perfectamente en-
terados. Lo que se trata es de mutilar el proyecto de ley de
manera que ningún republicano pueda votarlo sin ponerse
en abierta contradicción con los principios sustentados por el
partido.
Mr. Payne. — Sr. Presidente, la cuestión de la reciprocidad
con Cuba surgió hace tres años. Fué, como es sabido, de
2$0
acuerdo con los deseos y designios del difunto Presidente
McKinley, tendentes á establecer relaciones de esa índole
entre los Estados Unidos y la joven República Cubana.
Todo creíamos que del otro lado de la Cámara había co-
rrientes favorables al tratado. Es más, se aseguró que de
allí se pedía el tratado para aprobarlo en seguida; pero
ahora esos señores presentan una enmienda que no tiene
otro objeto, ni la inspira otro propósito, que matar el pro-
yecto de ley en la Cámara de Representantes.
Tendremos Todo el Mercado Cubano.
Extracto de las declaraciones del Hon. Chauncey M. Depevv, de
New York, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso,
Diciembre 14 de 1903.
Cuba ñmporta por valor de $60,000,000 de mercancías
anualmente, de las cuales nosotros vendemos $20,000,000. La
mayor parte de aquellos artículos se producen ó manufactu-
ran en este país, y estamos en condiciones de luchar contra
nuestros competidores.
Con las concesiones que nos hacen por ese tratado pode-
mos adquirir todo el mercado de Cuba. Este crecerá con la
población, y en tiempo no lejano podrá llegar á $200,000,000.
Respecto de los perjuicios que podría ocasionar á los fabri-
cantes de azúcar de remolacha del Oeste y á los fabricantes
de azúcar de caña de Luisiana, los informes demuestran que
en la actualidad el azúcar de remolacha no tiene nada que
temer, sino por el contrario, puede llegar á obtener algún
provecho.
Los remolacheros aseguran que sin el tratado, y si la in-
certidumbre desaparece, lograrán resultados más positivos
de los que obtendrían si se variase el actual estado de cosas.
Aquellos informes demuestran que hay un aumento de
consumo en los Estados Unidos proporcionado al aumento
de la población, y que casi llega á un 6% al año. Ni el azúcar
de remolacha, ni el de caña han aumentado su producción en
un grado tal que pueda compararse al aumento del consumo
de azúcar en los Estados Unidos.
El discurso del senador por Luisiana viene á demostrar lo
que yo sospechaba ya, lo que sabe todo aquel que ha estu-
diado la cuestión, y es que existe una guerra sin cuartel en el
país entre los intereses de la caña y de la remolacha en casi
todas las localidades.
23*
Dice el senador que la caña produce una tonelada de azú-
car por acre en la Luisiana. La remolacha en Michigan y en
los Estados que están más al norte, como tienen clima más
húmedo y menos sol, producen cerca de tres toneladas por
acre ; mientras que en Colorado llega á diez toneladas por
acre, y lo mismo ocurre en California.
Esta diferencia en la producción según las localidades,
hasta diez toneladas por acre, es un notable testimonio de lo
productivo que es el negocio.
Tenemos la costumbre en este país de predecir calamida-
des. Esa es casi una peculiaridad nacional. Somos un pueblo
imaginativo, sensitivo y aprensivo. Las dos terceras partes
de este pueblo se muere antes de tiempo por perseguir una
esperanza que nunca llega á realizarse.
Cuando Hawaii estaba próximo á anexarse, los lamentos
que se oyeron en ambos ramos del Congreso, que hicieron
temblar las vigas de las casas de los plantadores de azúcar
de Luisiana, y llevaron el terror por todos los Estados remo-
lacheros, sólo pueden compararse al peligro que tanto pánico
produce ahora entre mis distinguidos amigos y colegas.
Cuando Puerto Rico recibió una reducción á un 15 por
ciento de los derechos de la tarifa Dingley, todos recordaréis
el terror que la cosa produjo en esta Cámara. Aun aquellos
de nosotros que figurábamos en el Comité de las Islas del
Pacífico y Puerto Rico, que estudiamos la cuestión y com-
prendimos que tales desastres no sobrevendrían, sentimos un
involuntario temor.
Ahora los productos de Puerto Rico son admitidos aquí
libres de derechos, y todos aquellos terrores se han desvane-
cido.
Eso mismo sucederá con Cuba. Cierto es, como asegura
el senador por Luisiana. que en Cuba hay terreno bastante
para producir todo el azúcar que se consume en los Estados
Unidos, y acaso todo el que se consume en el mundo. Tam-
bién hay en los Estados Unidos terreno sobrado para produ-
cir todo el trigo (si todo se dedicara á eso). Pero en la
ciencia de la producción los pueblos se ajustan á ciertas y
determinadas condiciones, y si, por ejemplo, tienen más terre-
no del que deben aprovechar para ese cultivo, dedican ese
mismo terreno al cultivo de otros productos que dan más
provecho, ó para los cuales hay mayor demanda,
2 3 2
Nuestras Futuras Relaciones con Cuba.
Extracto de las declaraciones del Hon. Henry Cabot Lodge, de
Massachusetts, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso,
Noviembre 23 de 1903.
Resolución conjunta invitando á Cuba á hacerse un Estado
de la Unión Americana.
Por cuanto, la República de Cuba desea asegurar una
unión comercial con los Estados Unidos ; y
Por cuanto, la mejor unión comercial puede hacerse por
y con la unión política por medio de la admisión de la Repú-
blica de Cuba como Estado soberano en la Unión : Por tanto
Se resuelve, etc. Que la República de Cuba sea, y lo es
por este medio, invitada á hacerse un Estado de los Estados
Unidos, en los mismos términos de igualdad con todos los
Estados de la Unión.
Mr. Lodge. — Sr. Precidente, lamento mucho la presenta-
ción de esa resolución, pero no lamento la discusión á que
ha dado lugar esta mañana, porque creo que la resolución
ha dado lugar á una discusión absolutamente necesaria.
La cuestión que envuelve esa resolución no tiene para
nosotros ninguna consecuencia. Lo importante es la im-
presión que ha hecho ó hará sobre el pueblo de Cuba.
Aquí en el Congreso es bien sabido que leer un proyecto
de ley dos veces y pasarlo á la comisión respectiva significa
muy poco. Con frecuencia no representa más que una opi-
nión individual, y á veces ni siquiera representa la opinión
del senador ó representante que la firma.
La enorme diferencia que existe entre la presentación de
un proyecto de ley y su discusión y aprobación no es bien
conocida ni aun en este país, ni en nuestro propio pueblo.
Sabemos que la presentación de un proyecto de ley no es
cosa de gran importancia y que con frecuencia el proyecto
queda definitivamente postergado. Pero si nuestro propio
pueblo ignora estas cosas, ¿cómo podemos esperar que las
sepa el pueblo de Cuba? Para los cubanos la resolución
presentada por el senador de Nevada resulta una cosa seria.
No creo necesario decir porque creo que es la opinión de
todos nosotros, que esa resolución dista mucho de representar
la opinión del Gobierno ó del pueblo de los Estados Unidos.
Nuestras relaciones con Cuba, como lo indica el mapa,
deben ser siempre de un carácter especial. La importancia
que tiene Cuba para los Estados Unidos fué indicada hace
muchos años por John Quincy Adanis y Henry Clay.
Ha sido la política de todos los gobiernos de este país
tener en cuenta muy cuidadosamente todo lo que se refiera á
Cuba. Hemos hecho entender al mundo que nuestras rela-
ciones con aquella isla deberán ser siempre distintas de nues-
tras relaciones con los otros territorios situados fuera de
nuestras fronteras.
Sr. Presidente, cuando en los más lejanos tiempos se haga
necesario cortar el nudo de las dificultades que entonces
puedan presentarse ; cuando la bandera de España vuelva á
cruzar el Atlántico, donde, en el proceso de los años todas las
banderas europeas volverán, la determinación de nuestras
futuras relaciones con Cuba, al fin libre é independiente, lle-
gará á ser un inmediato é importante objeto de la política de
los Estados Unidos.
Hoy hemos determinado esas relaciones por lo que se
conoce con el nombre de Enmienda Platt, á mi juicio uno de
los documentos legislativos más sabios y previsores que se
han presentado jamás en este Congreso.
Mi deseo personal, que creo será también el deseo de la
gran masa del pueblo americano, es que bajo estas relaciones
la isla de Cuba logre tener un gobierno próspero é indepen-
diente.
Creo que nuestro deber es ofrecer á los cubanos toda clase
de auxilios. Ellos lo están haciendo bien. Les deseamos que
continúen prosperando. Creo que todo hombre reflexivo
debe esperar que jamás llegue el caso en que nos veamos
obligados á extender nuestro dominio sobre Cuba una vez
más.
Nos consideramos dichosos al ser sus protectores contra
ías otras naciones del mundo ; pero preferimos que continúe
siendo un estado independiente, con un gobierno propio
elegido por su propio pueblo.
El Tratado de Reciprocidad Entre los Estados
Unidos y Cuba.
Extracto de las declaraciones del Hon. James B. McGreary, de
Kentucky, publicadas en el Diario de Sesiones- del Congreso,
Diciembre n de 1903.
Eas relaciones entre Cuba y los Estados Unidos no tienen
precedente. Ninguna nación del mundo tiene con los Es-
tados Unidos las relaciones que tiene Cuba.
234
Cuando los Estados Unidos declararon la guerra á España
proclamamos ante el mundo que nuestro objeto era dar á
Cuba un Gobierno independiente y estable.
Hemos cumplido nuestra promesa fiel y totalmente, y en
toda la historia de nuestro país no hay un hecho tan glo-
rioso como el de haber sacado á Cuba de la tiranía, haber
dado á su pueblo la libertad y haber hecho de la isla una
República libre é independiente.
No debemos vacilar ahora en un trabajo tan felizmente
comenzado ; no debemos echar á perder ese espléndido acto
de justicia y magnanimidad, sino más bien dar á Cuba, en
cuanto nos sea posible, una gran prosperidad industrial y un
gran progreso mercantil.
Un tratado de reciprocidad entre los Estados Unidos y
Cuba está perfectamente indicado si se tiene en cuenta la
proximidad de la isla á nuestro continente, sus relaciones
políticas con este país, y que le venderíamos una gran parte
de lo que ella compra, y le compraríamos casi todo lo que
ella produce.
Por consiguiente, el proyecto de ley que se discute estrecha
las distancias entre americanos y cubanos, y pone á los ameri-
canos en condiciones de comprar los productos cubanos á
precios más raz.mabies, y á los cubanos de comprar los pro-
ductos americanas á precios más satisfactorios.
La reciprocidad con Cuba hizo que nuestro comercio de
exportación con la isla casi doblara en 1893, y también hizo
doblar las importaciones de productos cubanos en este país.
Tenemos motivos para esperar que el nuevo tratado habrá
de dar muchos mejores resultados.
También debo añadir que cuando la Enmienda Platt fué
aprobada por nuestro Congreso, los cubanos la aceptaron de
buena fe, y por indicación nuestra la incluyeron en su Cons-
titución.
Esa Enmienda parece tener por objeto evitar que Cuba
celebre tratados de comercio con otras naciones, y en ese
caso nuestro Gobierno procedería correctamente celebrando
un tratado que favorezca á Cuba en la mayor proporción
posible.
Si queremos comerciar con un pueblo debemos ofrecerle
las mejores condiciones posibles, y comprar sus productos si
queremos venderles los nuestros.
Si hay una tarifa que se oponga á ello debemos bajarla ó
235
suprimirla, y eso precisamente es lo que viene á hacer el
tratado de reciprocidad presentado al Congreso.
Según ese proyecto, si Cuba permite que los productos de
los Estados Unidos entren en sus puertos con un 20 á un 40
por ciento de rebaja, nosotros en cambio permitiremos que
los productos de Cuba entren en nuestros puertos con una
rebaja de un 20 por ciento con relación á nuestra actual
tarifa.
El Presidente en un mensaje especial declara que el trata-
do sometido á la aprobación del Congreso asegura á los Es-
tados Unidos ventajas tan grandes como las que concede á
la República de Cuba. Ningún interés americano se ha
sacrificado.
Su aprobación es necesaria porque asi lo exigen nuestra
amplia política nacional y nuestros intereses económicos. No
perjudicará á ninguna industria y en cambio beneficiará á
muchas.
La Reciprocidad con Cuba.
El Tratado nos favorece al mismo tiempo que favorece á
Cuba.
Extracto de las declaraciones del Hon. Shelby M. Cullon, de Illi-
nois, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Diciem-
bre 7 de 1903.
Lo más importante que conseguiremos con este tratado es
un gran mercado para nuestros productos tanto agrícolas
como manufactureros.
La prosperidad del mercado cubano irá creciendo de día
en día. Personas autorizadas estiman que las importaciones
cubanas subirán á 100 millones de pesos en pocos años.
Si esos cálculos son exactos, si nuestros manufactureros
y nuestros agricultores consiguen el mercado de Cuba, las
concesiones por parte de los Estados Unidos serán amplia-
mente compensadas con el tiempo.
Examinando nuestro actual comercio con Cuba puede
asegurarse sin vacilar que este tratado es el más ventajoso
que los Estados Unidos pudieran esperar.
La reciprocidad con Cuba no es una cosa nueva. En
1892 se celebró un tratado de reciprocidad con Cuba que
permaneció en vigor durante tres años. Ese tratado fué
muy beneficioso tanto para Cuba como para los Estados
236
Unidos. Poco tiempo después de ponerse en vigor nuestras
exportaciones á Cuba subieron casi un 70 por ciento.
El asunto de la reciprocidad con Cuba fué objeto de dis-
cusión en el Congreso durante más de tres años. Enérgica-
mente apoyado por aquel gran proteccionista, el difunto Pre-
sidente McKinley, fué no menos ardientemente defendido
por su sucesor el Presidente Roosevelt.
Al mismo tiempo que los Estados Unidos desean desa-
rrollar su comercio y aumentar sus mercados con la rati-
ficación de este tratado sometido á nuestra aprobación, no
debe olvidarse por un momento que por consecuencia de la
Enmienda Platt este Gobierno está obligado á tratar á Cuba
como si ocupara una posición especial respecto de este país.
Ninguna otra nación del mundo está en tan estrechas re-
laciones con nosotros como la República de Cuba.
Cuba consintió que le impusiéramos ciertas limitaciones
sobre algunos de sus poderes como Gobierno independiente,
y además nos ha concedido estaciones navales en su territo-
rio.
En tales circunstancias no nos es posible tratar á Cuba
de la misma manera y con los mismos procedimientos que
tratamos á las demás naciones del mundo.
Si con la ratificación de este tratado damos á Cuba una
prosperidad permanente, estoy seguro de que tendremos ia
unánime aprobación del pueblo de los Estados Unidos.
El tratado no perjudica en lo más mínimo á los Estados
Unidos ni á ninguna porción de su pueblo, sino que al con-
trario nos favorece al mismo tiempo que redunda en beneficio
de Cuba.
Los Estados Unidos Tendrán más Ventajas
que Ningún otro País del Mundo.
Extracto de las declaraciones del HoÑ. Alex. S. Clay. de Georgia,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Diciembre 14
de 1903.
Ocuparé sólo algunos minutos la atención del Senado para
dar las razones que tengo al votar en favor del tratado.
Ha\- en los Estados Unidos muchas cosas que podemos
enviar á Cuba un 20 por ciento más baratas que ningún otro
país pudiera enviar. ¿ Cuál sería el resultado de esto ? El
resultado sería que los Estados Unidos tendrían una gran
237
ventaja sobre los demás países del mundo en lo que respecta
á la venta de esos artículos.
Hay en Cuba muchas cosas que podríamos comprar un 40
por ciento más baratas que en ninguna otra parte.
De ello se desprende que si hoy los Estados Unidos venden
en Cuba por valor de $26,000,000 de sus productos agrícolas
V manufacturados, le venderíamos, si el tratado se aprueba,
por valor de $40,000,000 al año.
Confieso francamente que todavía no he podido compren-
der por qué razón Cuba solamente nos compra por valor de
$26,000,000 al año cuando compra en otros países por valor
de $37,000,000.
Hay algo en esto que es preciso investigar para llegar á
*aber en qué consisten esos 37 millones de pesos vendidos á
Cuba por Alemania, por Francia, por Inglaterra y por otros
países.
Durante el año 1901 las importaciones en Cuba subieron
á $65,050,141. Veamos ahora lo que de esta suma recibieron
los Estados Unidos. Recibieron $28,078,702, dejando un
balance de cerca de $37,000,000 que fué á otros países.
Ahora veamos en qué consisten esos $37,000,000. En-
cuentro que en 1901 Cuba compró $6,000,000 de géneros
de algodón. ¿ Cuánto de eso compró en los Estados Unidos ?
Un cuatro y medio por ciento.
Encuentro que Cuba compró cerca de $700,000 de géneros
de lana. ¿ Cuánto de esto suministraron los Estados Unidos ?
Solamente $22,000.
Cuba compró $2,000,000 de vegetales.
¿Cuánto compró aquí? Solamente $171,000. Compró
$2, 700,000 de vinos, y aquí sólo compró $329,000. Compró
$2,589,000 de aceite, y le vendimos solamente $713,000.
Gastó Cuba $1,053,000 en drogas y productos químicos, y
de ellos solamente le vendimos por valor de $422,000. Gastó
por valor de $8,000,000 en ganado y de ellos le vendimos
solamente por valor de $1,994,000. Compró por valor de
$3'335< 00 ° de arroz y sólo le vendimos por valor de $3,000.
No veo por qué razón este proyecto habrá de perjudicar
nuestros intereses azucareros.
Sabemos que los Estados Unidos es el país más consumi-
dor de azúcar en el mundo, excepto ía Gran Bretaña.
Mr. Tcllcr. — Por cabeza.
Mr. Clay. — Naturalmente. Tengo entendido que los E§-
»3*
tados Unidos consumen cerca de una tercera parte de todo el
azúcar que se produce en el mundo.
Suponed que todo el azúcar que se produce en Cuba viniera
á los Estados Unidos. Nosotros producimos, si mal no re-
cuerdo, cerca de 233,000 toneladas de azúcar de remolacha.
Producimos también, según creo, cerca de 261,000 tone-
ladas de azúcar de caña, sin contar Puerto Rico y las islas
Sandwich.
Uniendo la producción de estos países con la nuestra pro-
ducimos en total unas 900,000 toneladas de azúcar, ó sea
cerca de una tercera parte de la que consumimos en los Es-
tados Unidos.
Traed todo el azúcar que produce Cuba á los Estados
Unidos y aún necesitaremos 700,000 toneladas más para
cubrir el consumo de nuestro pueblo.
La Industria Naranjera.
Extracto de las declaraciones del Hon. Geo. C. Perkins, de Cali-
fornia, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Di-
ciembre 15 de 1903.
Hay otra razón por la cual los enemigos del tratado ase-
guran que seremos perjudicados por la competencia cubana
en el caso de rebajar nuestra tarifa. Esa razón se apoya en
la industria naranjera.
Nada más infundado. Si hay naranjas y limones en Cuba,
es en tan pequeña cantidad, que no cabe la competencia con
la industria naranjera de California y Florida.
Cuba nunca ha cultivado naranjas y limones en cantidad
suficiente para crear un gran comercio de exportación, á
pesar de las ventajas que le proporciona la proximidad de
nuestro gran mercado, su clima favorable, sus terrenos bara-
tos y lo bajo de los fletes.
Menos de tres décimos de un 1 por ciento de la tierra ex-
plotada en Cuba está dedicada al cultivo de naranjas y limo-
nes, y aun en las condiciones más favorables nunca la pro-
ducción de Cuba llegaría á ser un rival de la producción
americana.
El cultivo de la naranja puede considerarse como un tra-
bajo científico que requiere para que dé buenos resultados
una gran inteligencia, mucho cuidado, conocimientos bo-
tánicos y gran paciencia,
*39
Por ío regular los agricultores nacidos en Cuba lio tienen
ninguna de esas cualidades, por lo cual se dedican con pre-
ferencia á la horticultura, porque la naturaleza les ahorra
mucho trabajo.
En consecuencia, aunque hay un gran mercado naranjero
en los Estados Unidos, el cultivo de la naranja, como lo de-
muestra el censo de Cuba, fué casi abandonado desde que
se desarrolló el mismo cultivo en la Florida y en California.
El valor de las importaciones de naranjas de Cuba desde
1898 hasta 1902 inclusives, fueron anualmente como siguen :
$1,991 — $622 — $474 — $2,187 — $56°- El valor de los limo-
nes varió desde $4 hasta $545 por año.
Los derechos sobre la naranja son ahora de un 71 por
ciento ad valor em, y una rebaja de un 20 por ciento dejaría
siempre una protección de un 57 por ciento para los coseche-
ros americanos.
Es imposible, por consiguiente, para los cubanos competir
con los productores americanos. Además, en Cuba no hay
bastantes naranjas que exportar, y hasta cinco años después
de terminada la vida de este tratado los naranjos sembrados
este año no podrían producir suficiente cantidad de naranjas
para una vasta importación en este país.
Productos rápidos es lo que los cubanos desean. Son
constitucionalmente enemigos de esperar un año ó dos para
recoger una cosecha. Por consecuencia de ello el azúcar y
el tabaco serán sus predilectos en el futuro como en el pasado,
y los cosecheros de Florida y California quedarán en posesión
por mucho tiempo de nuestro mercado naranjero.
Si existe alguna duda sobre los efectos de la reciprocidad
entre Cuba y los Estados Unidos no hay más que recordar
los tiempos de James G. Blaine, cuyas teorías sobre la reci-
procidad fueron adoptadas por el partido republicano y por
él desarrolladas y llevadas á la práctica.
La reciprocidad con Cuba conforme á la ley de tarifas de
1 89 1 comenzó á regir en Septiembre de aquel año y conviene
saber los efectos que produjo sobre nuestro comercio de ex-
portación con Cuba.
Estas exportaciones, desde 1888 hasta 1890, alcanzaron un
promedio de $11,000,000 por año. En 1891, con solo cuatro
meses de reciprocidad, subieron á $12,000,000. El año
1892, cuando la reciprocidad estaba en todo su vigor, las
exportaciones llegaron á $17,953,570, y al año siguiente,
1893, subieron á $24,157,698.
24Ó
Por consiguiente nuestras exportaciones aumentaron más
del doble en dos años.
Resultados de la Guerra con España.
Extracto de las declaraciones del Hon. Shelby M. Cullom, de Illi-
nois, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 27
de 1904.
Con objeto de que no se atribuyera á agoismo por parte
de los Estados Unidos la declaración de guerra á España,
cinco días antes se aprobó por el Congreso la siguiente reso-
lución :
Los Estados Unidos declaran por este medio que no .tienen
ninguna intención de ejercer soberanía, jurisdicción ó domi-
nio sobre la isla de Cuba, excepto para la pacificación de la
misma, y afirman su determinación ae que realizada aquélla,
dejarán el gobierno y dominio de la misma á su pueblo.
Hemos cumplido la promesa al pie de la letra.
No existe una página en la historia moderna de ningún
país que consigne una declaración tari generosa ni perfecta-
mente cumplida.
Ese acto de desinterés y de buen fe nacional 'se conser-
vará eternamente en la memoria de aquellos que se con-
sideran orgullosos de haber nacido en una libre, grande y
honrada nación.
Mantuvimos el dominio de Cuba durante el tiempo ex-
trictamente necesario para ponerla en condiciones de estable-
cer un Gobierno propio. La ayudamos a establecer un Go-
bierno republicano. Sólo le exigimos la promesa de no en-
trar en arreglos con ninguna nación extranjera que hicieran
peligrar la independencia de Cuba ó permitieran á ninguna
potencia extranjera obtener posesión ó dominio sobre nin-
guna parte del territorio de la isla; no contratar ninguna
deuda pública para el pago de cuyos intereses no fueran
suficiente los ingresos de la isla ; á conceder á los Estados
Émidos el derecho de intervenir para la defensa de su inde-
pendencia.
Estos puntos constituyen el fondo de la llamada Enmienda
Platt. f
Están en interés de Cuba mucho más que en interés de
los Estados L nidos. Cuba es tan independiente de los Es-
tados Unidos como del resto del mundo.
241
La nueva República adoptó las providencias de la llamada
Enmienda Platt como una parte de su código fundamental.
No solamente nos comprometimos en una guerra para
libertar á Cuba del dominio de España, gastando millones de
pesos y sacrificando las vidas de centenares de soldados
americanos ; sino que el Gobierno de los Estados Unidos
antes de establecer en Cuba un Gobierno independiente y
después de constituida debidamente aquella República, á ins-
tancias del Presidente Roosevelt, acordó establecer relaciones
reciprocas de comercio con aquella isla á fin de dar á Cuba
prosperidad material y estrechar los lazos económicos que la
unen con los Estados Unidos.
Ese tratado de reciprocidad ha sido ratificado por el Sena-
do y puesto en vigor por el Congreso. Dispone que los pro-
ductos cubanos sean admitidos en nuestros puertos con una
rebaja de un 20 por ciento respecto de la tarifa Dingley, y
que en cambio Cuba concederá á los productos americanos
una rebaja de un 20 á un 40 por ciento respecto de las tarifas
de aquella República, con lo cual los Estados Unidos con-
seguirán una gran parte del mercado cubano.
A fin de que los Estados Unidos puedan mantener la in-
dependencia de Cuba y proteger su pueblo contra todo ataque
exterior, asi como para la defensa de nuestro propio país,
Cuba ha arrendado á los Estados Unidos dos espléndidas
estaciones navales, Guantánamo y Bahía Honda.
Estas estaciones no sólo tienen gran importancia para la
defensa de nuestro propio país, sino que también la tienen
desde el punto de vista estratégico para la defensa del canal
de Panamá cuando éste se haya construido.
La Expansión y las Filipinas.
Extractos de discursos y trabajos del Presidente Roosevelt, publi-
cados en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904.
La inevitable marcha de los sucesos nos dio el dominio de
las islas Filipinas en un momento tan oportuno que sin irre-
verencia pudiera llamarse providencial. A menos que no
nos declaremos débiles ; á menos que no nos confesemos hijos
degenerados de aquella raza de que descendemos, debemos
seguir adelante en la obra que hemos emprendido. Espero
ardientemente que esa obra será siempre de paz y de pro-
greso. (Discurso en San Francisco, Cal., Mayo 13 de 1903.)
Si somos prudentes, si tenemos en algo nuestra reputación
242
en el exterior, si tenemos idea de nuestro propio honor, no
permitiremos que ninguna pasión política se mezcle en la ad-
ministración de aquellas grandes islas que vinieron á nuestro
poder como resultado de la guerra con España. (Discurso
en Memphis, Tenn., Noviembre 19 de 1902.)
Si cumplimos con nuestro deber en Filipinas, aumentare-
mos la fama y el renombre que constituyen el timbre más
alto de nuestra vida nacional; prestaremos un gran servicio
al pueblo de las islas Filipinas, y, sobre todo, realizaremos
una gran obra de humanidad. (Strenuous Life, p. 20.)
Fundamentalmente la causa de la expansión es la causa
de la paz. (Strenuous Life, p. 20.)
Los cañones que retumbaron en A [añila y en Santiago nos
dejaron ecos de gloria; pero también nos dejaron un legado
de deberes. Si echamos abajo una tiranía mediaeval sólo
para fundar una anarquía salvaje, hubiéramos hecho mejor
en no acometer la empresa. Es un error decir que no te-
nemos ningún deber que cumplir y que debemos dejar en su
ignorancia aquellas islas que hemos conquistado. Tal con-
ducta sería infame. (Strenuous Life, p. 11.)
Nuestros primeros estadistas han sido siempre aquellos que
creyeron en la nación, que tuvieron fe en el poder de nuestro
pueblo para crecer hasta llegar á ser el pueblo más grande
de la tierra. (Strenuous Life, p. 205.)
Nuestra conducta en las Filipinas ha estado siempre inspi-
rada en una singular humanidad. Por cada acto de crueldad
cometido por nuestro hombre ha habido innumerables actos
de indulgencia, de magnanimidad y de generosa hidalguía.
Estas son las cualidades que han caracterizado siempre nues-
tras guerras. (Discurso en Arlington, Mayo 30 de 1902.) '
Las victorias de las armas americanas significan la aboli-
ción de la crueldad, el advenimiento de la paz y el imperio de
la lev v del orden bajo un sistema de gobierno exclusiva-
mente civil. Otras naciones han conquistado para crear go-
biernos militares irresponsables. Nosotros conquistamos
para establecer gobiernos civiles responsables en los pueblos
conquistados. (Discurso en Arlington, Mayo 30 de 1902.)
Considerando en conjunto el trabajo realizado por nues-
tras autoridades civiles y militares, cabe preguntar en qué
parte del mundo en los tiempos modernos se ha visto un
ejemplo mejor de gobierno prudente y sabio que el que ha
dado nuestro pueblo en las islas Filipinas. (Mensaje anual,
segunda sesión, 50 Congreso.)
243
Nuestro puesto como nación es y debe ser entre las na-
ciones que han dejado un recuerdo indeleble en los siglos.
La historia os dirá que las grandes naciones de la antigüe-
dad han desaparecido. Es muy cierto; y así pasarán otras.
(San Francisco, Cal., Mayo 13 de 1903.)
Cuba, Puerto Rico y las Filipinas Elogian la
Política del Partido Republicano.
Extracto de las declaraciones del Hon. Charles B. Landis, de In-
diana, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero
27 de 1904.
Tengo el firme convencimiento de que la página más bri-
llante escrita por el partido republicano en los últimos siete
años ha sido la que se refiere á las cuestiones que siguieron
á nuestra guerra con España.
Aquella guerra duró solamente noventa días, pero los pro-
blemas que trajo consigo están en pie hoy y permanecerán
en pie hasta que nuestros hijos hayan bajado á la tumba.
Recordaréis que antes de terminarse la guerra nuestros
amigos del otro lado de la Cámara insistían en que Cuba
fuese inmediatamente libre é independiente.
El Presidente McKinley decía que no, que todavía no es-
taban preparados los cubanos.
Vosotros decíais : "Os habéis quedado en Cuba ; no que-
réis dar á Cuba su independencia. "
Nosotros contestamos : "Cuba no está todavía preparada
para ello; necesitamos tiempo para prepararla para la inde-
pendencia."
Trajimos un gran número de maestros de escuela de Cuba
para educarlos. Enviamos á Cuba un gran número de ame-
ricanos para que les enseñaran los principios del gobierno
propio.
Fuimos á Cuba y limpiamos sus pueblos y establecimos
sistemas de alcantarillado ; y el veinte de Mayo, hace un
año, Columbia obsequió a Cuba con una blanca y pura carta
de independencia, y ella ha estado en condiciones de ser libre,
y hoy es feliz é independiente.
Si hubiéramos hecho lo que queríais la fiebre amarilla
seguiría imperando hoy en Cuba. Las revoluciones hubieran
seguido á las revoluciones como en la América Central, como
en la América del* Sur, como en Santo Domingo y como en
244
otras repúblicas Hispano-Americanas, hasta que nos hubiéra-
mos visto envueltos en serios conflictos con otras naciones
del mundo.
Ved á Puerto Rico. Personas bien informadas que llegan
de aquella isla aseguran que antes de nuestra ocupación la
viruela había infestado aquel territorio por espacio de tres-
cientos años. Una de las primeras cosas que hicimos al
llegar allí fué vacunar á 900,000 personas y en los últimos
cuatro años no ha habido un solo caso de viruela en Puerto
Rico.
Respecto de las islas Filipinas, cuando nuestros soldados
llegaron allí se dijo que era necesario un ejército de cien mil
hombres durante 20 años para ponerlas en condiciones de
paz, de orden y de buen gobierno.
Aquellas islas han sido pacificadas ; la ley y el orden han
sido restablecidos y el ejército reducido á 18,000 hombres.
Hemos gastado grandes sumas en sus diques ; hemos gastado
millones en sus caminos; 15,000 hombres están trabajando
hoy en un camino central á través de las montañas. Hemos
fundado bibliotecas ; hemos enviado un buque con 1,000 maes-
tros de escuela para educar aquel pueblo. El mes pasado
vinieron á este país 100 niños filipinos para ser educados en
nuestros colegios. Regresarán á su país en condiciones de
educar á sus compatriotas.
Hemos establecido escuelas normales. Hemos organizado
escuelas de comercio, y creado tribunales de acuerdo con los
dictados de la justicia anglo-sajona. Hemos distribuido
entre los campesinos filipinos libros de agricultura traducidos
á sil propio idioma, á fin de que puedan cultivar su suelo con
inteligencia. Hoy tienen casas en vez de ranchos.
¿ Hemos hecho bien?
Si no hemos hecho bien, entonces la civilización es un
fraude, el progreso es una mentira, y la iglesia cristiana es
un sepulcro blanqueado.
Cuba, Puerto Rico y las islas Filipinas en su situación
actual, elogian la política del partido republicano.
245
Sagrada Misión que los Estados Unidos Están
Llamados á Cumplir.
Extracto de las declaraciones del Hon. Henry A. Cooper, publicadas
en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 19 de 1902.
Tenemos que cumplir un deber en las Filipinas, un deber
que nosotros mismos nos hemos creado, que hemos ofrecido
cumplir al pueblo filipino y que ha de redundar en beneficio
del progreso de la humanidad.
Estamos en las Filipinas, y á despecho de los que digan
lo contrario estamos allí sin otro objeto que sentar las bases
de la libertad, proporcionar todos los medios de gozar los
beneficios de la civilización moderna á aquella raza infeliz
que por espacio de muchos siglos no ha gozado de ellos, y
en vez de la vieja y decrépita monarquía y de los reyes de
derecho divino, establecer los inalienables derechos del hom-
bre en una República libre é independiente.
Esta es la elevada, la sagrada misión que con el transcurso
del tiempo y con la ayuda de Dios, los Estados Unidos están
llamados á cumplir.
En playas distantes, casi á las puertas del despotismo
Oriental, y en circunstancias verdaderamente excepcionales
esta República está sentando las bases de una moderna civili-
zación.
Si logramos nuestro objeto ó fracasamos en aquellas islas,
estamos comprometidos en una empresa cuyos resultados
afectarán profundamente al prestigio é influencia de esta
República, y por consiguiente al bienestar de toda la raza
humana.
Recordemos lo que somos. Los Estados Unidos de Amé-
rica están hoy en el pináculo de su carrera. Jamás nación
alguna se ha alzado en presencia del mundo en tan majes-
tuosa plenitud de poder — 76,000,000 de individuos sin un
amo, ocupando la más alta posición entre las naciones de la
tierra — libre é invencible.
Como una ciudad levantada sobre una montaña, nuestra
obra no puede permanecer oculta. Si fracasamos en Filipi-
nas, nuestro fracaso será visto por todo el mundo, y visto
eternamente.
Pero no fracasaremos. La nación que en los terribles días
de 1 86 1 á 1865 luchó y venció en medio de horrendos de-
246
sastres, no fracasará ahora en la empresa acometida en las
islas Filipinas.
Llenaremos aquel territorio de escuelas. Separaremos
la Iglesia del estado y cada uno será más fuerte y mejor
después de separados. Estableceremos la justicia y la ad-
ministraremos honradamente.
Plantaremos firmemente los principios del gobierno libre,
y fijaremos para siempre las inapreciables garantías de la
libertad civil y religiosa.
Emanciparemos aquella raza de la esclavitud secular y la
guiaremos por el camino luminoso de la civilización.
Proyecto de Ley de Derechos para las
Filipinas.
Extracto de la ley de gobierno civil para las Filipinas aprobada por
el Congreso.
Sec. 10. — Que no se promulgue ninguna ley en dichas islas
que prive á una persona de la vida, de la libertad ó de la
propiedad sin el debido proceso legal, ó niegue á una persona
la imparcial protección de las leyes.
Que no se pague ningún dinero por la tesorería á menos
que no esté autorizado el crédito por una ley.
Que en todo proceso criminal el acusado gozará del dere-
cho de ser oido por sí ó por su abogado, de investigar la
naturaleza y causa de la acusación que se haga contra él, de
sufrir un rápido y público juicio, de poner los testigos frente
á frente y de poder presentar testigos en su favor.
Que ninguna persona podrá ser obligada á contestar por
un delito criminal sin el debido proceso legal ; y ninguna per-
sona por el mismo delito podrá ser dos veces procesada y
castigada, ni podrá ser obligada á servir de testigo contra
sí mismo.
Que toda persona después de convicta pueda ser puesta
en libertad con suficientes garantías, excepto en casos de de-
lito capital, cuando la prueba es evidente ó la sospecha
grande.
Que ninguna ley que altere la obligación de los contratos
podrá ser aprobada por la legislatura.
Que la ley de impuestos en dichas islas será uniforme.
Que ninguna persona sufrirá prisión por deuda originada
ó fundada sobre un contrato, expreso ó implícito.
247
Que el privilegio de auto de habeas corpus no sea suspen-
dido excepto en los casos de rebelión ó peligro de la seguri-
dad pública si así fuese necesario.
Que no se pueda dictar ninguna ley con efecto retroactivo.
Que no se podrá dictar ninguna ley que comprenda más de
dos objetos, y este objeto será expresado en el título de la ley ;
que no se dicte ninguna orden de prisión sino en casos de
causa probable, apoyada por juramento ó afirmación ex-
presando particulamente el lugar que haya que registrar y
la persona ó cosas de que haya que apoderarse.
Que todo dinero cobrado por concepto de contribución ó
impuesto con un objeto especial sea depositado en un fondo
especial en la tesorería y sólo sirva para dicho objeto; que
no se dicte ninguna ley concediendo títulos de nobleza, y que
ninguna persona que desempeñe algún cargo remunerado
ó de confianza en dichas islas pueda aceptar sin autorización
del Congreso de los Estados Unidos ningún presente, emo-
lumento, cargo ó título de ninguna clase de ningún rey, reina,
príncipe ó gobierno extranjero.
Que no se exigirán fianzas excesivas ni se impondrán mul-
tas excesivas ni se aplicará ningún castigo cruel y desusado.
Que no sea violado el derecho de seguridad contra injusti-
ficadas persecuciones ó prisiones.
Que no exista en dichas islas ninguna servidumbre esclava
ó involuntaria excepto como castigo por crimen debidamente
comprobado.
Que no se dictará ninguna ley que limite la libertad de
hablar ó escribir, ó el derecho del pueblo pacífico á reunirse
ni el de petición al gobierno por reparación de agravios.
Que no se dictará ninguna ley impidiendo el estableci-
miento de una religión ó prohibiendo el libre ejercicio de las
demás, y que el libre ejercicio de los trabajos religiosos sin
desigualdades ni preferencias, sea en ningún caso limitado
ni impedido.
Comercio Libre — Plata Libre — Barcos Libres
La Trinidad de la ignorancia Democrática.
Extracto de las declaraciones del Hon. Wm. E. Humphrey, de Wa-
shington, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso,
Abril 23 de 1904.
Todo el país ha despertado ante la imperativa necesidad de
ayudar á nuestra marina mercante.
248
Hasta en el centro del Oeste, donde hace pocos años se
hizo mucha oposición contra esta idea, se ha cambiado de
opinión y nuestro comité recibe con frecuencia comunica-
ciones de los centros comerciales de aquellos Estados urgién-
donos para que aprobemos una ley con dicho objeto.
Que es preciso hacer algo es cosa que nadie ignora; la
única cuestión hoy es cómo lo haremos, y qué métodos adop-
taremos.
El principal objeto de este proyecto de ley es aplicar un
remedio al mal.
Me inclino en favor de algo que nos dé barcos americanos
que conduzcan mercancías americanas, siempre que esto no
se haga á expensas de otros intereses americanos.
Si esto puede conseguirse por medio de impuestos es-
peciales, desde ahora me declaro en favor de los impuestos
especiales; si los subsidios han de dar este resultado, en-
tonces me declaro en favor de los subsidios; si ambos com-
binados han de dar ese resultado entonces me declaro en
favor de la combinación. .
Así como los señores del otro lado de la Cámara se han
declarado opuestos á ciertas medidas, yo también me declaro
opuesto á ciertos remedios. Me opongo á todo sistema que
dé á otra nación un trabajo que puede hacerse en casa; que
dé empleo á capital extranjero que puede darse á capital ame-
ricano.
Me opongo á todo plan que haga salir nuestro dinero de
casa; no apruebo ningún proyecto que tienda á alterar las
tarifas sobre artículos cuyos similares se producen en este
país.
No apruebo la idea de establecer el libre-cambio ni en la
tierra ni en el mar.
Me opondré siempre á todo plan que reduzca los jornales
americanos. Soy adversario encarnizado de todo proyecto,
bajo cualquier forma que se presente, que no dé empleo al
capital americano, ni trabajo al obrero americano. (Aplau-
sos.)
Comercio libre. Plata libre. Barcos libres. La trinidad
de la ignorancia democrática.
En adelante los que la veneran no se prosternarán ante
ella sino en secreto; y cuando tengamos una oportunidad
de arrancarles la máscara y exponerlos en toda su odiosa de-
formidad, los obligaremos á retractarse de ello con la misma
249
vehemencia con que hoy niegan el comercio libre y la plata
libre. (Aplausos.)
Construir una marina mercante suficiente para conducir
nuestro propio comercio es cosa que interesa al país entero.
Ello aumentaría nuestras exportaciones, ensancharía nues-
tros mercados extranjeros, reduciría los fletes, aumentaría
el precio en que vendemos, bajaría el precio en que compra-
mos, daríamos trabajo á nuestros astilleros, aumentaría la
demanda de trabajo, subirían los salarios de los obreros, se
quedaría en casa más de medio millón de pesos cada 24
horas que hoy se marcha á Europa, y en fin, daría al obrero
americano más de un millón de pesos cada día.
Beneficiaría todas las industrias, todas las clases, todos los
Estados; nos haría independientes de todas las naciones de
la tierra ; haría nuestra bandera más venerada en casa y más
respetada en el extranjero y haría de esta gran República
la nación más grande que haya sido habitada por los hijos
de los hombres. (Aplausos.)
Debemos Sostener y Desarrollar Nuestras
Fuerzas Navales.
Extracto de las declaraciones del Hon. Adolph Meyer, de Loui-
siana, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Febrero
10 de 1904.
Parece que se trata de fomentar un sentimiento de pro-
testa contra el aumento de nuestra marina de guerra, fun-
dado en que tenemos demasiados barcos, demasiados mari-
neros y demasiados cañones; y en que el dinero que se ne-
cesita para aumentarla y mantenerla podría dedicarse al
mejoramiento de nuestros ríos y puertos, en edificios públi-
cos, etc., etc.
Como representante de uno de los Estados situados frente
al Golfo de Méjico, interesado en el mejoramiento de sus
vías fluviales y marítimas, no sacrificaría los grandes in-
tereses comerciales de aquella comarca por el mero orgullo
ó la vanagloria de poseer una gran marina de guerra.
Considero esos trabajos de mejoramiento como secundarios
en sus beneficios al pueblo, á los agricultores y á los intereses
comerciales.
El comercio es el gran aliado de la civilización, de la in-
dustria y del progreso, y nuestros lagos, nuestros ríos y
250
nuestros puertos son arterias que no deben ser abandonadas
á fin de facilitar el tráfico mercantil ; pero todo eso pudiera
realizarse sin desatender los elementos necesarios para nues-
tra defensa nacional.
El gran Valle del Mississipi no puede permitir que las
bocas del río, su natural salida comercial, puedan ser blo-
queadas por una flota enemiga.
Los habitantes de las costas del Atlántico y del Pacífico
necesitan la protección de sus ciudades y el desarrollo de su
comercio con Australia, con la América del Sur, con Oriente,
y en una palabra, con todo el mundo.
Con una nación que crece rápidamente, y con una indus-
tria cada día mayor, necesitamos la puerta abierta para nues-
tro comercio, en cuanto es posible tenerla, y necesitamos tam-
bién estar en condiciones de proteger nuestro comercio y
nuestro mercado.
¿ Y cómo podríamos hacer eso, ó ni siquiera intentarlo, sin
una fuerte y eficaz marina de guerra ?
No es esto todo. Recordemos que tenemos una línea de
costas sobre el Atlántico, sobre el Golfo y sobre el Pacífico,
que no baja de seis ú ocho mil millas, y que tenemos que
defenderla ; es mayor que la de cualquier nación de Europa.
Además, tenemos que defender á Alaska, tanto por mar
como por tierra. Alaska no representa una política de am-
biciosa conquista extranjera. La compramos á Rusia hace
muchos años, y parece poseer grandes recursos. Tenemos
las islas Hawaii, que obtuvimos por medios que acaso sean
discutibles, pero que constituyen un puesto avanzado en el
Pacífico. No soy partidario de su anexión ; pero creo que
debemos defenderlas si fuese necesario.
Hemos hecho á Cuba libre é independiente, y no podemos
ni debemos permitir que ningún Gobierno europeo establezca
dominio sobre ella. A fin de conservar nuestra buena posi-
ción allí y defender debidamente nuestros intereses respecto
de Cuba, debemos mantener y desarrollar nuestras fuerzas
navales. Lo mismo ocurre con Puerto Rico.
Creo que la certeza de estas observaciones no puede ser
negada por ninguna persona inteligente. Pero hay otra
política fija é invariable que nos legaron nuestros antecesores
y que los Estados Unidos deben tener siempre presente. Me
refiero á la conocida doctrina de Monroe.
En el curso de esta imperfecta revista no he dicho nada
del proyectado canal de Panamá. En un día no lejano la
2Si
construcción de ese canal por el Gobierno americano em-
pezará, habiendo sido pagado por nuestro propio tesoro, que
estará bajo la soberanía de los Estados Unidos y que será
dirigido, administrado y defendido por nosotros.
Se calcula que costará más de doscientos millones de pe-
sos, los cuales podrían ser destruidos en 48 horas por una
nación que tuviese una escuadra superior á la nuestra.
Soy partidario del canal, pero también soy partidario de
una marina de guerra capaz de defenderlo.
Creemos en la Paz Preparados para la Guerra.
Extracto de las declaraciones del Hon. George E. Foss, de Illinois,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Febrero 25
de 1904.
Acordamos construir la marina americana en 1883, hace
más de 20 años. ¿ Cuántos acorazados tenemos hoy ? Once
acorazados construidos. ¿Cuántros en construcción? Trece
acorazados. ¿Cuántos por junto? Veinte y cuatro acora-
zados. Poco más, muy poco más de un acorazado por año.
¿Cuántos tiene Inglaterra hoy? Tiene cincuenta construi-
dos. ¿Cuántos tiene en construcción? Nueve. ¿Cuántos
son por junto? Cincuenta y nueve acorazados. Nosotros
tendremos veinte y cuatro, mientras Inglaterra tendrá cin-
cuenta y nueve.
Ahora, señores, hay otro punto que debemos tener en con-
sideración. Un colega ha llamado la atención sobre el hecho
de que estamos gastando en nuestra marina más de $96,000,-
000. Llama también la atención sobre el hecho de que la In-
glaterra gastará este año $170,000,000 en su marina de gue-
rra. Francia, Rusia y Alemania tienen también un gran
presupuesto naval.
Todos estamos por la paz; pero todos creemos en la paz
preparados para la guerra. El padre de nuestra nación dijo
que uno de los mejores medios para conservar la paz era
prepararse para la guerra.
Por eso el debate sobre este acorazado es tan importante.
Estamos por la paz, por la paz entre las naciones del globo,
por la paz entre las otras naciones y nosotros. Pero quere-
mos una paz con mucho armamento, con muchos barcos,
con muchos cañones.
Estoy muy satisfecho de que el Czar de Rusia haya reunido
los representantes de los países extranjeros en ese gran con-
252
greso de la paz que se celebra en La Haya, y de que esos
representantes en solemne acuerdo se hayan decidido por
el desarme de todos los ejércitos; pero también debo hacer
notar el hecho de que tan pronto como se tomó ese acuerdo
por los representantes de todas las naciones, estas empezaron
á reforzar sus ejércitos con más vigor que nunca. Por eso
creo que nosotros debemos continuar nuestra política de au-
mentar nuestra marina de guerra.
Supongo que recordaréis que cuando la escuadra española,
an la guerra Hispano-Americana, salió del otro lado del
Atlántico, y no sabíamos qué destino llevaba, hubo aquí un
verdadero pánico al sospecharse que pudiera dirigirse á las
costas de los Estados Unidos, y que muchos de esos respe-
tables caballeros que viven cerca del mar, y que en tiempo
de paz claman contra los gastos de guerra y piden á diario
que se rebaje el presupuesto de marina, no fueron entonces
á sus playas veraniegas de costumbre, sino que por el con-
trario, sacaron de sus cajas todo el dinero que tenían y se
lo llevaron al interior. (Risas.) Por lo visto sólo en tiem-
po de guerra es cuando queremos tener una buena escuadra.
Si abandonamos las islas Filipinas ; si abandonamos nues-
tras posesiones en el mar ; si negamos protección al comercio
americano donde quiera que este exista; si decimos: No
hay nada como la paz, jamás tendremos guerras, entonces
cesemos de construir acorazados, cesemos de construir toda
clase de buques, desmontemos los cañones de nuestras cos-
tas y no gastemos un solo peso en fortificaciones.
¿A qué canalizar nuestros ríos y puertos? ¿Para qué
crear un comercio extranjero si no podemos protegerlo?
¿Por qué no nos retiramos á un rincón del mundo, donde
escondernos en la soledad y el aislamiento?
Sí ; debemos arriar de nuestros acorazados esa vieja ban-
dera de gloria, izada por el esfuerzo unido del ejército y de
la marina en toda gran contienda nacional, puesta allí por el
valor de nuestros soldados y marineros, desde Washington
hasta Charlee, desde Esek Hopkins hasta Dewey.
Arriemos esa bandera y pongamos en su lugar la blanca
bandera de la paz, y escribamos en la arena de nuestras
playas la palabra "nación" tan pequeña, que ningún pueblo
de la tierra pueda verla, y nosotros mismos, avergonzados
de verla, lloremos recordando los mejores y más gloriosos
días de la República.
2 53
El Porvenir de la Doctrina de Monroe Está
Bajo la Custodia de Nuestra
Marina de Guerra,
Extracto de las declaraciones del Hon. Chauncey M. Depew, de
New York, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso,
Marzo 8 de 1904.
No me propongo entrar en una discusión sobre las razones
que tenemos para establecer cada día más estrechas rela-
ciones con las islas Filipinas. Creo que los extraordinarios
progresos realizados por aquel pueblo, y descritos por el
gobernador Taft, en educación, en progreso y en industrias,
continuarán con acelerada rapidez á medida que las escuelas
sean más numerosas, la educación más general y las comuni-
caciones entre los Estados Unidos y aquellas islas sean más
constantes y rápidas.
Creo que todavía no hemos entendido bien dos cosas.
Primera: Qué ventajas nos reportará el progreso de las
islas Filipinas cuando estas hayan absorbido el espíritu y
hayan puesto en práctica los principios de la libertad ame-
ricana y de las leyes americanas. Segunda : Que no pode-
mos calcular mientras no se hayan disipado las nubes de la
guerra en el Extremo Oriente, qué importancia tendrá para
los Estados Unidos la posesión de aquellos territorios, con
sus bahías y sus puertos tan cercanos del mercado que hoy
ambicionan todas las naciones del mundo.
Hemos llegado á ser en pocos años una gran potencia
universal, sujeta á peligros que antes no existían. Tenemos
deberes con la isla de Cuba desde que dijimos al mundo que
la protegeríamos contra cualquiera invasión, contra cualquier
ataque á su independencia, á la integridad de su territorio ó
á sus instituciones. Tenemos á Puerto Rico que, como Cuba,
solamente puede defenderse por mar. Tenemos á Tutuila,
Guam, Hawaii y las Filipinas, lejos de los Estados Unidos,
todas las cuales deben ser protegidas por mar.
Pero hemos asumido otra obligación mucho mas grande, y
es el canal de Panamá.
Tenemos una línea de costas marítimas mayor que nin-
guna otra nación, excepto una. Alaska aumenta en riqueza
y en población en un grado tal que llama la atención de todos,
y debe ser defendida por mar.
254
El canal de Panamá ha abierto una nueva era para Amé-
rica y para el mundo. Ya el tratado ha sido firmado, las
negociaciones terminadas, y ha sido nombrada la Comisión
que dirigirá las obras. Pronto estableceremos un gobierno
sobre la faja de tierra que nos ha sido cedida. El pico está
ya en camino. El barreno de vapor y la draga se oirán den-
tro de pocos meses.
El porvenir de la doctrina de Monroe está bajo la custodia
de nuestra marina de guerra. Su pacifico reconocimiento
será el tributo que las demás naciones pagarán, no á la doc-
trina; sino á nuestro poder naval.
Ahora bien, cuando á través del istmo, todos los productos
de la energía industrial de este país puedan llegar á aquel
mercado tan rápidamente y tan baratos como los de los
manufactureros del Viejo Mundo, entonces vendrá una com-
petencia que se hará más vigorosa cuanto mayor sea la ha-
bilidad de nuestros obreros y el talento mercantil de nuestro
pueblo.
Por consiguiente no podremos proteger ese comercio sola-
mente con tratados. No podremos proteger nuestro comercio
y ampliar nuestras relaciones mercantiles con el arbitraje de
La Haya solamente.
Sólo podremos defender nuestro comercio teniendo un
poder naval capaz para su protección, para la seguridad de
nuestras islas y para evitar que una escuadra enemiga des-
truya en una semana el canal de Panamá, después de haber-
nos costado trescientos millones de pesos y diez años de tra-
bajo; un poder naval, en fin, que no sea agresivo, pero que
esté siempre listo para conservar la paz.
No Hay Mejor Póliza de Seguro que una
Marina de Guerra.
Extracto de las declaraciones del Hon. -Chauncey M. Depew, de
New York, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso,
Marzo 8 de 1904.
No me cabe duda, en vista de las tarifas adoptadas en toda
Europa contra nosotros, con el propósito de limitar el desa-
rrollo de nuestro comercio en aquel continente, que Mr.
Chamberlain triunfará en Inglaterra.
Creo que será derrotado en la próxima elección general;
pero el sentimiento crecerá porque tendrá poca vida el par-
tido que suba al poder con el viejo programa libre-cambista.
2 55
Mr. Chamberlain subirá al poder, por una gran mayoría,
cambiando radicalmente la tradicional política de la Gran
Bretaña.
El ejemplo de los Estados Unidos, el enorme desarrollo
de nuestros recursos por razón de las tarifas proteccionistas,
el colosal aumento de riquezas, por haber declarado América
para los americanos, han hecho que Alemania, Francia,
Rusia, Italia y Austria adopten el sistema proteccionista.
Su barrera de tarifas se ha levantado contra nosotros por-
que la actividad de nuestros manufactureros, la habilidad
de nuestros obreros y la baratura de los transportes han hecho
muy peligrosa nuestra competencia.
Cuando Inglaterra cambie su política ; cuando deje de ser
vertedero para nuestro exceso de producción ; cuando sus
puertos dejen de estar abiertos para nuestros cereales, nues-
tros artículos de algodón y lana, nuestras manufacturas en
madera y acero ; cuando adopte una tarifa que aumente el
número de sus fábricas, y sus obreros compitan en jornal con
los obreros extranjeros, entonces veremos que los comercian-
tes americanos, los fabricantes americanos, los agricultores
americanos, los obreros americanos pedirán que entremos en
aquellos mercados de Oriente, que no se abrirán para noso-
tros si no tenemos una marina de guerra adecuada.
Cualquiera que sea la fuerza de nuestra marina, y donde
quiera que se halle, nunca estará por la guerra sino por la
paz. Nunca estará dispuesta para el ataque sino para la
defensa.
Tenemos ahora 24 grandes buques en aquellas aguas orien-
tales, cerca de las hostilidades ; y confiamos absolutamente
en que sus jefes, á la vez que defiendan el honor, los dere-
chos, el comercio y los territorios de los Estados Unidos,
evitarán todo lo posible cuestiones con los demás.
No hay mejor póliza de seguros que una marina de guerra.
Una gran armada, adecuada á las necesidades del país, que
sea bastante fuerte para protegerla y defenderla, es un minis-
tro de paz.
Veamos nuestra capacidad. Somos una nación de 80,-
000,000 de habitantes. Tenemos $127,000,000,000 de ri-
queza pública. Inglaterra tiene 42,000,000 de habitantes y
$65,000,000,000 de riqueza pública. Francia tiene 39,000,-
000 de habitantes y $54,000,000,000 de riqueza pública. Ale-
mania tiene 56,000,000 de habitantes y $45,000,000,000 de
riqueza pública.
256
El comercio de importación y exportación de los Estados
Unidos el año pasado fué de $2,606,000,000 ; el de Inglaterra
$4,000,000,000; el de Francia $1,669,000,000 y el de Alema-
nia $2,453,000,000.
Ahora bien, el valor de los buques construidos y por cons-
truir en Inglaterra es de $629,000,000 con la mitad de nues-
tra población y menos de la mitad de nuestra riqueza públi-
ca ; en Francia es de $327,000,000 con menos de la mitad de
nuestra población y menos de la mitad de nuestra riqueza
pública, y en Alemania es de $182,000,000 con menos de las
tres cuartas partes de nuestra población y menos de la mitad
de nuestra riqueza pública.
El valor actual de los buques en servicio y en construc-
ción en los Estados Unidos es de $182,000,000.
Los Estados Unidos ocupa ahora el quinto lugar, con
294,405 toneladas contra 387,874 para Alemania, 416,158
para Rusia, 576,108 para Francia y 1,516,040 para la Gran
Bretaña.
Teodoro Roosevelt.
Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 27 de
1904.
Ningún hombre ha hecho mejor impresión para sí mismo y
para su partido que la que hizo Roosevelt en la campaña de
1900. Aquel fué el punto de partida. Luego vino á esta
ciudad y tomó posesión de la Presidencia del Senado de los
Estados Unidos. No es ese un lugar que ofrece oportuni-
dad á un hombre para desplegar grandes dotes de inteligen-
cia; pero Roosevelt demostró en él la alteza de su carácter,
su respeto á la constitución y su amor al pueblo que lo
eligió.
Más tarde vino la crisis más importante de su vida. Wil-
liam McKinley habia muerto, y las lágrimas del partido
democrático brotaron por primera vez. El hombre que había
sido tan amargamente censurado, llorado por los mismos
hombres que lo hicieron objeto de sus censuras. Roosevelt
fué llamado por el deber y la constitución á presentarse en
Búrlalo, donde prestó el juramento de oficio, tomando po-
sesión de la Presidencia de los Estados Unidos.
2 57
Entonces fué cuando el pueblo de los Estados Unidos em-
pezó á conocerlo.
Lo primero que hizo, aún no enterrado el cuerpo de Mc-
Kinley, fué declarar que en presencia del Altísimo, asumía
los deberes de Presidente, y prometía cumplir fielmente los
propósitos políticos de William McKinley.
Esta promesa de Roosevelt salvó al pueblo americano de
la pérdida de muchos centenares de millones de pesos. A
la muerte de un Presidente, y sobre todo de un Presidente
considerado como el campeón de una gran política, y que
tuvo en sus manos los hilos de una administración que bajo
muchos conceptos afectaba al comeicio y á la industria del
país, era natural temer, y todos temimos que ocurriera un
pánico en Wall Street que se extendiera por todo el país y lo
precipitara en una tremenda catástrofe financiera.
Se temió que ocurriera un pánico que llevara la desola-
ción á muchos centros comerciales del país, extendiéndose
por consecuencia á los mercados europeos. Pero la voz del
hombre en cuya integridad de propósitos tenía el pueblo
entera confianza, se dejó oir diciendo: "Siga reinando la
paz;" y estas palabras alejaron la tempestad. Habló á todos
los intereses de los Estados Unidos, y á los de todo el mundo,
y su "Siga reinando la paz" fué la promesa de una fiel con-
tinuación de la grandiosa obra de McKinley.
Fué aquella la afirmación de un hombre honrado, y el
pueblo creyó que la obra de McKinley no se interrumpiría ;
creyó en la honradez de aquella declaración que se afirmó
con el sostenimiento en el Gobierno del mismo gabinete que
había dejado McKinley.
Yo me considero un amigo de McKinley, conozco á los que
él consideraba sus amigos, y aseguro que no hay uno solo
entre todos los buenos amigos de McKinley en los Estados
Unidos de América, cuyo nombre y opinión hayan llegado
á mi conocimiento, que no esté dispuesto en todo tiempo á
declarar sin vacilación que ha sido tratado con bondad, con
cordialidad y con el más grande respeto por Teodoro Roose-
velt.
Ved los hombres que sirvieron al lado de McKinley si no
sirven hoy al lado de Roosevelt. No necesito enumerarlos ;
pero el hombre que más que ningún otro permaneció al lado
de McKinley, el hombre que lo amaba como á un hermano,
transfirió su afecto inmediatamente á Teodoro Roosevelt, y
desde aquel día hasta el en que él también desapareció, jamás
2 5 8
dejó de afirmar, aquí y en todas partes, que Roosevelt había
cumplido honrada y fielmente las promesas que hizo en Búf-
falo.
Hiciste Bien, Tú, Fiel Servidor de la
Civilización.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. P. Dolliver, de Iowa,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 22 de
1904.
Algunos dicen que el Gobierno de los Estados Unidos
jamás ha tenido derecho para hacer algo en el istmo de Pa-
namá sin la autorización del Gobierno de Colombia. Niego
semejante cosa. En ningún tratado se habla de tal con-
dición.
A mi juicio es increíble que con los enormes intereses en
litigio los Estados Unidos permanecieran tranquilos aban-
donando vidas y propiedades, viendo el comercio destruido
y esperando para intervenir el permiso- del dictador colom-
biano. Niego que exista esa condición, porque la considero
en absoluta contradicción con la historia del pueblo de los
Estados Unidos.
Si existiera, ¿ qué se propuso el Presidente Buchanan cuan-
do acudió al Congreso en demanda de autorización para
llevar un ejército al istmo de Panamá tan pronto como allí
hiciese falta? Si no tenía derecho para ello sin la autoriza-
ción de los pueblos revolucionarios pobladores de aquellas
vecindades ¿qué se proponía, repito, al pedir al Congreso
una autorización expresa para llevar allá el ejército de los
Estados Unidos y ocupar el istmo de Panamá con objeto de
proteger nuestras propiedades ?
Creo que tenemos en aquel istmo, y que lo tenemos hace
más de cincuenta años, un derecho de propiedad obtenido de
los gobiernos de Nueva Granada primero, más tarde del de
Colombia, y ahora de la República de Panamá, que garantiza
toda orden emanada del Presidente de los Estados Unidos
y todo acto realizado por nuestros soldados y marinos tanto
en la bahía como en el istmo de Panamá.
No me propongo hacer aquí la apología ni de lo que se
ha escrito en papeles, ni de lo que se ha hecho por nuestros
valientes oficiales y marineros de nuestra flotilla, así en
Colón como en Panamá.
2 59
He llegado á un punto en que me propongo no seguir
elogiando al gobierno de mi país, á fin de que los que viven
en el extranjero no me crean exagerados en mis elogios.
He llegado á un punto en que me propongo permanecer
con los Estados Unidos y dejar á los otros pueblos de la
tierra que se ocupen de sus propios gobiernos.
Sin tratar de irritar ni desesperar á nadie, digo á mis
colegas del otro lado de la Cámara que, politicamente, nada
podrá hacerse que logre embarazar los movimientos de los
Estados Unidos en esta gran cuestión que envuelve sus re-
laciones con los países extranjeros.
Desprecio, como también lo desprecia el Presidente de los
Estados Unidos, toda insinuación encaminada á hacer sospe-
char que el Gobierno de esta República es capaz de alguna
perversa intriga en conexión con este gran negocio. Se ha
escrito toda la historia del caso. Es una historia de anar-
quía y despotismo de 40 años, reinando sobre el istmo de
Panamá.
Si no hay otra ley de los Estados Unidos, ó de las demás
naciones que justifique nuestra conducta, propongo la exis-
tencia de una ley que más de un vez ha guiado la historia
del mundo, y es la ley de la paciencia agotada.
Me regocijo de que después de tantos años llegue la hora
en que con honor, con dignidad y con energía el Gobierno de
los Estados Unidos pudo poner término á sus alianzas con
aquella anarquía, pudo dar un cariñoso adiós á ese astuto
dictador de Bogotá y extender la mano amiga en defensa de
la población del istmo de Panamá.
Un Gran Hombre en la Casa Blanca.
Extracto de las declaraciones del Hon. Charles B. Landis, de In-
diana, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero
27 de 1904.
Necesito decir que no soy uno de esos que se titulan ami-
gos de siempre de Mr. Roosevelt. Hace años combatí á
Mr. Roosevelt y las teorías que entonces defendía. Lo
acusé en mi periódico. Llegó á ser en mí un hábito decir
cosas duras contra él. Discutí su honradez. Dije en mi
periódico que era un falso reformador y un presuntuoso.
Pero he cambiado mi opinión respecto de Teodoro Roosevelt.
Ni el interés ni el egoísmo han inspirado ese cambio. Roose-
2 6o
velt me ha vencido, como ha vencido á millones de sus con-
ciudadanos, por su celo, por su energía y por su patriotismo.
Empecé á comprender lo injusto que era con él cuando lo
vi, frente á una guerra amenazadora, infundir en uno de los
más importantes departamentos de este Gobierno, estancado
en la monótona rutina de un tercio de siglo, la sangre roja
de la actividad. Comprendí qué errónea idea había formado
de él cuando vi el enuncio de que había resuelto abandonar
un puesto de honor, de responsabilidad y de influencia, que le
aseguraba un papel importante en los días de la guerra, para
formar un regimiento y marchar con él á combatir por la
patria.
Más tarde comprendí cuan malignamente lo había juzgado
cuando, con mis colegas de esta Cámara, leí boletines de la
guerra que decían cómo él, á la cabeza de su regimiento,
bajo un cielo abrasador, siendo blanco de centenares de tira-
dores, dio muestra de ese valor, de ese heroico valor que du-
rante más de cien años ha obligado á todas las naciones á
declarar que el soldado voluntario americano es el primer
soldado del mundo.
Se dice que se mezcló en el negocio de la Northern Se-
curities. Sí, se mezcló. Con centenares y millares de sus
conciudadanos demostró que el conservatismo había perdido
la cabeza y que el capital se había vuelto loco. Invocó la
ley aprobada por el Congreso y puso término á las combi-
naciones y especulaciones que se extendían por toda la repú-
blica. Esta ley fué aprobada por el Congreso ante la enér-
gica solicitud del pueblo americano.
Uno de los hombres más ricos de New York me dijo en-
tonces que el país no sabría nunca apreciar todo el servicio
que Teodoro Roosevelt le había prestado al poner fin á aquel
litigio.
Se ha dicho que se mezcló en el negocio de la huelga de
antracita. Sí, se mezcló. ¿ Y quién se atreverá á decir que
se equivocó?
Vio la pasión y la codicia frente una de otra, hostiles y
encarnizadas, y les dijo: "Venid y razonemos juntos." Así
llegó á un arreglo de aquella huelga, y lo hizo sin sacrificar
un átomo de la dignidad de su cargo.
No debemos olvidar la situación que existía entonces.
Millones de personas estaban sin combustible. La muerte
clamaba por sus víctimas y el frío de la muerte se sentía en
muchos hogares.
2ÓI
¿No creéis que había llegado la hora de que alguien ha-
blara? Un cobarde en la Casa Blanca hubiera permanecido
en silencio. Pero había un hombre valiente en la Casa
Blanca, y aquel hombre procedió con energía á la vez que
con prudencia, y la huelga terminó, y la nación fué salvada
de una serie de motines que acaso hubieran terminado en
una sangrienta revolución.
El Genio, el Valor, la Habilidad y el Patrio-
tismo de Teodoro Roosevelt.
Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio,
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 9 de
1904.
Tratemos de la cuestión de la investigación de Correos.
¿Cómo se presenta Teodoro Roosevelt ante este país res-
pecto del cumplimiento de sus deberes en esta cuestión?
¿Ha estado deficiente? A la primera insinuación de que
existía algo de anormal en el Departamento de Correos,
inició una investigación que fué lo suficientemente eficaz
para descubrir todo vestigio de incorrección.
Si yo fuera á criticar á Teodoro Roosevelt en este asunto,
no sería por cierto por su falta de celo ; sería por su elección
de ciertas agencias que hizo por creer que tranquilizaba al
partido democrático eligiendo sus instrumentos para llevar
á cabo aquella investigación ; pero no lo critico por eso. Es-
toy seguro de que en los meses que vienen, en los meses que
seguirán á la clausura del Congreso y que terminarán con la
elección de Noviembre, el pueblo americano dirá que Roose-
velt hizo todo lo posible para un hombre que tiene altos de-
beres oficiales que cumplir limitados por la Constitución.
Hé aquí algunos hechos importantes de su carrera á los
cuales me voy á referir. Subió á la Presidencia de los Es-
tados Unidos repentinamente, y encontró pendiente un gran
proyecto de ley de reciprocidad con Cuba. Preciso es con-
venir en que ese proyecto no era nada popular en su propio
partido. Tampoco era nada popular en la Cámara de Re-
presentantes.
Hubiera sido cosa fácil para Teodoro Roosevelt el aplazar
aquel proyecto, retirarlo del programa republicano y no
ocuparse más de él. Pero Teodoro Roosevelt no es de los
2Ó2
hombres que retroceden cuando marcha por el camino de la
justicia. Teodoro Roosevelt antepuso su conciencia, su jui-
cio y su patriotismo al peligro de romper la armonía del par-
tido, y con energía y constancia sin ejemplo cumplió una
gran promesa que es hoy una de las estrellas más brillantes
en la corona de nuestro orgullo nacional.
Ya, desde tiempo inmemorial, desde una época que ningún
hombre vivo en ambos ramos del Congreso pueda recordar,
la cuestión del canal de Panamá agitó al pueblo de este país,
constituyendo una de las cuestiones más complicadas y uno
de los problemas de más difícil solución de aquella época.
Una reclamación de Francia sobre la propiedad por una
parte; una reclamación de Colombia por otra; una contro-
versia entre Nicaragua y Costa Rica, creando las tres dificul-
tades tras dificultades para impedir que se llevará á cabo la
obra, hasta que la gran masa del pueblo de los Estados Uni-
dos se vio contrariada ante la aparente imposibilidad de re-
solver el problema.
Entonces vino Teodoro Roosevelt. No sé si fué su genio
el que despejó la situación. Pero llegó el momento en que el
mundo miró hacia Panamá y dijo : "¿ Qué pasa con el canal
de Panamá?" Y de nuevo entonces Teodoro Roosevelt se
levantó como hombre y como Presidente de los Estados Uni-
dos, y resolvió el problema de tal manera que todo el mundo
lo miró con admiración, que nadie en los Estados Unidos
hoy levanta su voz contra un acto de nuestro Gobierno que
el mundo entero. aplaude.
Las Profecías de los Libre- Cambistas se han
Vuelto Arriba Abajo.
Extracto del London Daily Telegraph, publicado en el Diario de Se-
siones el 5 de Enero de 1904.
Gran Bretaña ha perdido el balance del Comercio en las
Manufacturas.
Veinte años atrás vendimos dos veces tantas manufacturas
á nuestros competidores europeos y americanos como com-
pramos de ellos. Diez años hace el balance era todavía subs-
tancial. Tres años hace existía. Actualmente ha desapare-
cido, y para la completa inversión de todas las esperanzas de
los Cobdenistas, no solamente dependemos de las naciones
263
extranjeras para el alimento y las materias primas, sino que
actualmente compramos de nuestros principales rivales más
géneros concluidos que los que les vendemos.
Si el balance es contra nosotros en las manufacturas, ¿ qué
al final tendremos que pagar por nuestro alimento importado
— por el alimento barato que evidentemente juega impor-
tante papel electoral en estos momentos? Como objeto de
comparar las predicciones con los hechos las profecías de los
primitivos libre-cambistas parece que se les han trastornado
y se encuentran todos andando en opuesta posición hacia su
ejecución.
Richard Cobden era un manufacturero. Una gran ma-
yoría de los manufactureros de este país se ha convencido
por amarga experiencia de que la única sabiduría en estos
asuntos es la justicia ; que por igual progreso en el comercio
del mundo, necesitamos igual oportunidad ; y que á las tari-
fas deben hacer frente otras tarifas, y libertad solamente
ofrecida en cambio de libertad.
No es una presunción falta de razón la de que si Richard
Cobden estuviese presenciando el estado de cosas bajo el
cual Europa y América no solamente nos proveen de alimento
y materias prunas, sino que venden en nuestros mercados
más manufacturas que las que compran, su inteligencia mas-
culina rechazaría discípulos doctrinarios que nos dicen que,
á pesar de lo mucho que nos entorpezcan los métodos fiscales
de otras naciones, la sola política de Inglaterra es la impo-
tencia.
La preferencia es la única garantía de aumentar el abas-
tecimiento y abaratar el porvenir. Pero por la interroga-
ción del gabinete y por el hombre de medianos alcances,
presumimos que la cuestión determinante no sera lo que es
el número del índice de Mr. Sauerbeck, en los precios co-
rrientes del alimento, sino lo que son la posición y los pros-
pectos de nuestra prosperidad nacional — la seguridad fu-
tura para el capital, el empleo y los salarios. ¿ Cuál es, por
tanto, la medida de nuestro relativo bienestar bajo las impor-
taciones libres ? Tomemos los diversos ensayos que eminen-
tes estadistas en admirables discursos han propuesto en el
curso de los recientes debates.
Hay dos clases de críticos del libre-cambio, los optimistas
y los pesimistas. Los dos irreconciliables conceptos de nues-
tro especial estado se mezclan impropiamente en los mismos
discursos. Se le dice al trabajador que su condición es una
prosperidad sin paralelo bajo el éxito sin igual de las im-
264
portaciones libres. Por temor de que esto no lo conmueva,
se le dice también que una tercera parte de las clases tra-
bajadoras del país están en el borde de la indigencia después
de cincuenta años de libre-cambio. Estos dialectistas incon-
secuentes no pueden encontrárseles en ambos lados. Tienen
que declarar sobre qué caballo quieren ganar, y deben decidir
si intentan argüir de que no debemos cambiar el comercio
libre porque estamos pósperos ó que no nos atrevemos á
cambiarlo porque estamos arruinados. Tomemos el lado
optimista primero, ó al menos el primer optimismo. En una
bella oración Lord Goshen se ha referido á la evidencia de
los depósitos de las Cajas de Ahorros.
Estos depósitos en el país del libre-cambio parecen satis-
factorios. ¿Mas cómo se comprueban con los depósitos de
las Cajas de Ahorros de los pueblos bajo la protección? No-
sotros no creemos el punto de ninguna importada real bajo
ningún concepto, por el motivo de que el trabajador bri-
tánico es un gran consumidor. Economiza menos de sala-
rios altos que nuestros hermanos continentales se ingenian
economizar de los salarios bajos. Las cifras internacionales
pueden probar que la imprevisión más bien que la pobreza
es la queja del trabajador británico. Indudablemente que
no prueban nada con respecto á su excepcional prosperidad
bajo el comercio libre. En el "Journal de Stastique Suissé,"
Mr. Fatio dio el siguiente cómputo en los diferentes países
de ios depósitos en las Cajas de Ahorros, calculados por
cabeza de población
CAJAS DE AHORROS DE ONCE DIFERENTES PAÍSES, EN ICjOO.
Por cabeza de población.
Países. £ s. d.
Dinamarca 15 11 6
Suiza 13 o 2
Alemania 7 10 6
Noruega 7 8 7
Australia 7 6 4
Bélgica 6 7 o
Estados Unidos de América 6 4 10
Austria-Hungría 5 8 3
Suecia 5 1 5
Francia 4 8 8
Gran Bretaña 4 2 5
265
Por tanto, el único país que tiene libre importación está
ai final de la lista. No es indispensable culpar al Cobdenis-
mo de esta situación, pero seguramente los Cobdenistas ha-
rían mejor en dejar á un lado la cuestión de las Cajas de
Ahorros.
Diferencia en Precios Bajo la Tarifa Walker
y la Actual Política Protectora.
Extracto de las declaraciones del Hon. Leónidas C. Houk, de Ten-
nessee, página 41 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Con-
greso, primera Sesión.
En un discurso que pronuncié en Londres, Tenn., mi dis-
trito, mi amigo del distrito de Chatanooga conocerá al ca-
ballero á quien me voy á referir — estaba tratando de argüir
en esta cuestión de protección.
Me fijé en un lado del salón y descubrí en la multitud al
Capitán Jack Hall, demócrata prominente, quien poseía una
heredad cerca del río recogía espléndidas cosechas, y tenía
finos caballos, ganado lanar y vacuno y otras cosas que for-
man el adorno de una heredad moderna. Lo que dije de él
fué tomado en taquigrafía y á la vez publicado en el "Phil-
adelphia Press" y otros periódicos, y quiero leer como parte
de mis consideraciones ese diálogo entre Jack y yo. Le
pregunté :
¿ Cuánto consiguió Ud. por su maíz bajo la tarifa Walker
de 1846?
R. De 10 á 12% centavos por bushel.
¿ Cuánto obtuvo Ud. por la misma clase de maíz cultivado
en la misma finca y entregado en el mismo lugar, bajo la
actual política proteccionista republicana?
R. Sesenta centavos por bushel.
¿Cuánto conseguía Ud. por potro de mediano temaño en
aquellos días?
R. De $40 á $60.
¿Cuánto obtiene Ud. ahora bajo la actual política por la
misma clase de caballo?
R. De $100 á $125.
¿Cuánto conseguía Ud. por su trigo, por bushel, bajo la
tarifa Walker?
R. De 25 á 35 cents.
266
¿ Cuánto consiguió Ud. por igual clase de trigo bajo la ac-
tual política republicana?
R. De 8o á $1.25 por bushel, debido á la demanda.
¿Cuánto consiguió Ud. en aquellos días por una buena
vaca ?
R. De $8 á $12.
¿Cuánto consigue Ud. por la misma clase de vaca ahora,
bajo la actual política?
R. De $42 á $45.
¿Cuánto consiguió Ud. por ciento por harina bajo la ta-
rifa de Walker de 1846?
R. De $1.25 á $1.50.
¿Cuánto obtiene ahora por la misma clase?
R. De $4 á $6 por ciento.
¿Cuánto conseguía Ud. por una buena oveja en aquellos
días, Jack?
R. Cincuenta centavos por una buena.
¿ Cuánto consigue por la misma clase de oveja hoy, bajo la
política republicana?
R. De $1.50 á $2 (una voz en la concurrencia: "Sí, $2.50
por una buena.").
¿Cuánto conseguía Ud. por ciento por sus buenos cerdos
bajo la tarifa Walker?
R. De $2.50 á $3.
¿Cuánto consigue Ud. bajo la actual bribona política pro-
tectora republicana?
R. De $5 á $7 por ciento.
Jack, ¿hizo Ud. mantequilla para vender en aquellos días?
R. Hacíamos mantequilla, pero había poca venta, porque
había pocos que comprasen.
Bien, cuando vendió alguna, ¿cuánto obtuvo por ella?
R. Algunas veces hasta 6 pennys por libra.
¿ Hace Ud. y vende ahora mucha mantequilla ?
R. Sí, bastante.
¿ Cuánto consigue Ud. por libra ahora bajo esta bribona
política republicana?
R. Tengo ahora un contrato permanente en Londres, con
los empleados ocupados en los establecimientos manufacture-
ros aquí, á 25 centavos por libra todo el año. ■
Jack, ¿á qué atribuye Ud. la diferencia de precios bajo
la tarifa Walker y la actual política protectora republicana?
R. No teníamos en aquel entonces establecimientos manu-
factureros y había poca gente, pero ahora Ud. ve, hav mu^
267
chos trabajadores en estos establecimientos aquí, y nos dan
mercado para todos nuestros excedentes, y vendemos una
gran cantidad, y tenemos el dinero por ella, cuando acostum-
brábamos botarla por no haber quien la consumiera.
Bien, Jack, ¿qué tenia Ud. que pagar bajo la tarifa Wal-
ker por yarda de calicó, para vestir "la mujer" para el do-
mingo ?
R. Desde un chelín á 25 centavos la yarda.
¿ Por cuánto puede Ud. conseguir ahora la misma clase de
calicó, Jack?
R. De cuatro y medio á ocho centavos por yarda.
¿Cuánto tenía Ud. que pagar en aquellos tiempos por un
buen sombrero de fieltro para los domingos, Jack?
R. De $2.50 á $4.
¿ Cuánto tiene Ud. que pagar ahora por la misma clase de
sombrero, Jack?
R. De 50 centavos á $1.25.
Del Discurso de Bryan en Chicago.
El Partido Democrático combatido por los mares de la
destrucción.
Extracto de las consideraciones del Hon. Gilbert N. Haugen, de
Iowa, en el Diario de Sesiones del Congreso, en Abril 26 de
1904.
Quiero demostrar mi simpatía al partido democrático en
su hora de confusión, tumulto y aflicción, vagando sin rumbo
como embarcación sin timón, tropezando con escollos y con
rocas, combatido por los mares de la destrucción, sin resul-
tado ó esperanza de llegar á un acuerdo, ni sobre el candi-
dato ni sobre la plataforma. Para inteligencia de los que
acarician la esperanza de una reconciliación del partido de-
mocrático, voy á leeros, del discurso pronunciado en Chicago
por Bryan, sobre la plataforma de New York, el reorgani-
zado partido y su candidato en perspectiva, la parte elogiada
y defendida por el elocuente caballero de New York, Mr.
Cockran, en su discurso de dos horas sobre el libre-cambio
el último sábado.
Plataforma para un farsante.
La plataforma de Neiv York es una vergonzosa platafor-
ma, propia únicamente para un partido sin honor. Nadie
268
sino un astuto farsante se mantendría al lado de ella. El
someter tal plataforma á los votantes de un Estado, es un
insulto á su inteligencia, porque lleva la intención de en-
gañarlos, y un deliberado propósito de engañarlos ; tan gro-
sero atentado como es esta plataforma que va á reflejarse
sobre los cerebros de aquellos á quienes se la somete.
Esta plataforma demuestra que la oposición á la platafor-
ma de Kansas City no es oposición á la plata, sino oposición
á toda reforma necesitada, y oposición á todo lo que las ma-
sas desean.
Yo esperaba que una plataforma preparada por Mr. Hill
para el juez Parker, sería evasiva y falta de franqueza; pero
yo no concebía que ningún cuerpo de hombres que se llama-
sen demócratas presentasen tal plataforma como una re-
comendación de un candidato. ¿Puede alguien dudar que
con una plataforma tal como la adoptada en New York y con
un candidato cuya conciencia le permitiese presentarse en
ella; dudaría alguno que con tal plataforma y candidato el
partido fuese hipotecado de antemano á las corporación^
que están ahora usando al Gobierno como una propiedad pr
vada y saquear al pueblo á su voluntad? Yo soy uno que
no está dispuesto á que el partido democrático llegue á ser
el instrumento de las corporaciones. No estoy dispuesto á
que llegue á ser el campeón de la riqueza organizada.
Consejo á la Democracia.
Lancemos del partido todo demócrata que cause descon-
fianza, todo oficial que administraría el destino por su bene-
ficio particular. Hagamos á la democracia no solamente
aspirar á un buen gobierno, pero también á un gobierno del
pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
En verdad, merecen Üds. que se les tenga simpatía. Con
esta perturbación en sus filas y su agitada condición, en
frente del progreso, la prosperidad y una condición feliz del
pueblo, producto del gobierno republicano, de principios
republicanos y política republicana, está claro para Uds. y
para todo el mundo que vuestra derrota es segura el próxi-
mo Noviembre. Es una desgracia para Uds. considerándolo
bajo el punto de visto político, pero cuánta fortuna es para
el pueblo americano que tengamos un Presidente puro, sin
miedo, honrado y patriota.
Uno que ha trabajado fervorosamente, fiel y concienciosa-
269
mente, para cumplir su pesados derechos, siempre en entera
simpatía con los mejores intereses del pueblo todo, siempre
observando su deber con fidelidad, dignidad y rectitud de
miras, dominado por nobles deseos y levantados ideales ; un
estadista, diplomático fortificado por una riqueza de sabidu-
ría; un hombre cuyo carácter, éxito, precedentes, tanto pri-
vados como públicos, sin una mancha de inmoralidad, de-
cepción, fraude ó corrupción, su lealtad de principios, su
amor á la verdad, su incansable energía, sus altos ideales y su
concienciosa obra, le hacen acreedor al respeto y admiración
de todos.
Este es Teodoro Roosevelt, el hombre á quien el partido
republicano presentará como su candidato en la próxima
elección ; y señores, vosotros estáis gastando tinta, tiempo y
energía en circular tales absurdas falsedades.
El Partido Democrático Sostiene el
Libre- Cambio.
Extracto del discurso del Hon. M. A. Hanna, de Chillicothe, Ohio,
en Septiembre 19 de 1903, y publicado en el Diario de Sesiones
del Congreso, en Junio 20 de 1904, como parte de las declara-
ciones del Hon. M. E. Olmsted, de Pennslyvania.
Sostengamos á Roosevelt y los principios Republicanos.
Todo el país tiene sus miradas fijas sobre Ohio, sabiendo
que esta es la batalla de escaramuzas para 1904, y me uno
al senador Foraker para dirigir una apelación al pueblo,
para enviar un mensaje de felicitación y de confianza al joven
Presidente en Washington, y hacerle saber que Ohio jamás
vacila en sus derechos, y que triunfaremos en la campaña
de 1904. (Largos y prolongados aplausos.) Hacer eso,
demostrar con vuestros actos, con vuestros votos, que tenéis
la intención de sostener esos principios ; que intentáis que
los hombres que os representan en los salones del Congreso
y en el cuerpo legislativo del Estado sean enviados allí con
instrucciones de poner en práctica estos principios, y que
no tendréis otra clase de representación. (Prolongados
aplausos.) Haced eso y este país estará tan lejos de cual-
quiera perspectiva de calamidad y aun menos de pánico,
como se encontró hace tres años.
270
Estamos en mejores condiciones que ninguna otra Nación.
Estas condiciones son, conciudadanos míos, en este país,
normales. Es decir, no son anormales. No hay motivo para
que no tengamos períodos largos y continuados de prosperi-
dad en este país, siendo nuestros naturales recursos mucho
más grandes que los de cualquiera nación del mundo. (En-
tusiastas felicitaciones.) Hemos alcanzado esa posición por
puros méritos, y esos méritos están evidenciados por el
hecho de que bajo sus influencias y durante los tiempos de
paz hemos hecho tan rápido progreso en el desenvolvimiento
industrial que podemos visitar los mercados del mundo con
nuestros productos y todavía mantener el precio de nuestros
salarios. (Grandes aplausos.) Ese es aún un prestigio de
más orgullo, amigos míos, que el nuevo poder político que
hemos recibido desde la guerra con España, porque ese pres-
tigio es una inspiración para cada hombre que trabaja con
sus manos, para cada hombre que tiene la ingenuidad que
Dios haya podido concederle para preparar por sí mismo las
condiciones, dentro de los límites de su capacidad, dentro de
los límites de esas industrias, que le dan igual oportunidad
con cualquier otro hombre.
Los jetes democráticos sostienen el Libre-Cambio
absoluto.
Hay un lado serio para ello, porque si, por causa de ig-
norancia de las verdaderas condiciones, ó por causa de la in-
debida situación creada durante una campaña los trabajado-
res fuesen alejados del partido y los principios que han hecho
tanto por ellos, entonces sería serio, porque ese elemento que
guía y domina el partido democrático hoy sostiene, no la ta-
rifa de contribuciones pero el absoluto libre-cambio. Mr.
Clark determina su posición respecto á la tarifa manifestando
que él retiraría enteramente la tarifa de todos los artículos
manufacturados por los trusts. ¿ Qué significa eso ? Que to-
das las industrias del acero y el hierro en los Estados Uni-
dos, todo lo que se relaciona con los comercios de metal, con
los de algodón, y en resumen con todas nuestras grandes in-
dustrias, entran de lleno dentro del alcance de su proposición.
No hay un solo hombre que tenga alguna inteligencia, en-
tre los trabajadores de^mi Estado, que no sepa cuál sería el
2 7 I
resultado de esa política. El absoluto Ubre-cambio en todas
las escalas de nuestra tarifa cerraría un 75% de las institu-
ciones industriales de los Estados Unidos, hasta que pudiése-
mos bajar el trabajo á los precios donde pudiéramos competir
con Europa.
Eso es, compañeros, lo que os amenaza. Os chasquearon
en 1892 con el ruido de los cencerros. Os colocaron una
venda delante de vuestros ojos, para ocultaros el bilí Mc-
Kinley. Pero McKinley, aunque su bilí fué derrotado, ja-
más se desanimó, y le oí decir muchas veces : "Sí-, es muy
duro, pero no es humillante para mí, porque sé que tengo
razón, y sé que pronto el pueblo estará en lo correcto. Pien-
so solamente en esos hogares donde el sufrimiento y las
necesidades se dejarán sentir durante el período que debe
transcurrir antes que los hombres recobren su cuerdo sentido
y aprendan, por amarga experiencia, lo que significa poseer
ese edificio de la protección erigido en obsequio de sus in-
tereses más que ningún otro, y derrumbado en tierra, y todo
por la influencia de la demagogia. No ; mientras que vues-
tros intereses descansen en el manejo de las cuestiones na-
cionales, permitidme que os lo repita, los problemas no han
cambiado, los principios son los mismos, los resultados no
han variado y os encontráis hoy exactamente donde os en-
contrabais hace años en este Estado, cuando, bajo la direc-
ción del bizarro hombre que creía en la política protectora
y en dinero positivo, lo seguísteis á los comicios, y año tras
año registrasteis vuestra decisión, y esa fué la política para
las clases trabajadoras de este Estado y país." (Entusiastas
aplausos.)
Una solemne advertencia contra las doctrinas socialistas
Para concluir, amigos míos, necesito hacer resonar un nota
de advertencia, no solamente para mis amigos los republica-
nos, pero para todos los que tienen un hogar en este y en
todos los países del Estado. Si las doctrinas socialistas abo-
gadas por esta nueva forma de la democracia llegasen por
alguna posibilidad á -ser ley, ó esa política llegase á estable-
cerse, entonces Dios nos proteja. En cualquier tiempo en
que la doctrina socialista se ampare del espíritu del pueblo
de este ó de cualquier Estado de manera á dominar su razón
é inteligencia y guiarlos á cometer lo que yo casi llamaría
un acto de suicidio político, entonces Dios nos ampare.
272
Porque todo lo que hemos solicitado del pasado, todo lo
que hemos ganado por nuestros esfuerzos é industria, todas
las batallas que hemos librado por la libertad del hombre,
todos los esfuerzos que hemos hecho para hacer este país lo
que es — un ejemplo para el mundo, la más poderosa influen-
cia cristiana del mundo — edificar un gobierno que pertenece
al pueblo y que descansa en el pueblo para promulgar y
hacer cumplir las leyes que lo protejan, cuando tales "ismos"
como ese puedan prevalecer, todo esto está perdido. Es un
serio pensamiento el que yo quiero llevéis a casa. Repu-
blicanos y demócratas, llevadlo á casa y meditad sobre él.
Comparad las condiciones en vuestro hogar, esas que exis-
ten hoy con aquellas que existieron ocho años há, y entonces
formad vuestra resolución, y cuando hayáis alcanzado una
decisión, "asios fuertemente á ella." Hasta la vista. (Pro-
longados aplausos.)
Mr. Cleveland Fué Electo.
El país no lo esperaba.
Inmediatamente buscó ponerse al abrigo y se preparó
para la tormenta.
Extracto de las declaraciones del Hon. John F. Lacey, de Iowa, en
en Diario de Sesiones del Congreso, en Mayo 4 de 1900.
Todo razonamiento lógico es, después de todo, fundado
en la memoria. Apelamos al recuerdo de lo pasado para los
hechos del presente. La lámpara de la experiencia es la
única que nos facilita la verdadera luz. Invitemos al pueblo
americano á considerar los dos cuadros y á estudiar bien,
antes de eligir al morador de la Casa Blanca para los próxi-
mos cuatro años.
Nadie ha dado descripciones más gráficas de la condi-
ción de este país desde 1893 hasta 1897 como nuestros oposi-
tores los demócratas y populistas.
(Extracto de los periódicos democráticos, 1892.)
El 17 de Julio de 1892, el "New York Herald" hacía estas
declaraciones :
"Los negocios del país están en saludables y provocadoras
condiciones."
"Nuevas empresas industriales para manufacturar el hie-
rro y el algodón así como fábricas de tejidos de lana están
273
en operación en varías secciones ; y al frente de tal condición
de cosas los pregoneros de la calamidad tienen que permane-
cer callados."
En Julio de 1892, el "Boston Herald," un declarado par-
tidario de Cleveland y del libre-cambio, preguntaba :
"¿Donde está la fábrica de lanas inactiva hoy? No hay
ninguna. No solamente la gran mayoría de las fábricas de
lanas están ocupadas hoy, pero muchas se está pensando en
alargarlas y mejorarlas." . -
El 10 de Septiembre de 1892, el "Dry Goods Economist,"
también favoreciendo el libre-cambio, fué obligado á declarar
lo siguiente :
"Las fábricas de vestidos deben estar muy contentas esta
estación, porque están ocupadas haciendo entregas de los
géneros ya ordenados y entrando órdenes para más. Pueden
con toda confianza esperar un continuado trabajo en los si-
guientes seis meses."
R. G. Dun & Co.'s Report (no afiliado á ningún partido)
decía en Julio de 1892 :
"Ningún año fiscal jamás igualado en la historia- del país
en el volumen de producciones industriales, en magnitud de
negocios doméstico s, ó en comercio extranjero, acaba de ce-
rrarse."
El eminente libre-cambista Edward Atkinson dice, ha-
blando del país bajo el régimen republicano:
"Jamás ha habido un período en la historia de ésta ó cual-
quiera otra nación, donde el tipo de salario en general fuese
tan alto como es ahora, ó que los precios de los artículos, en
relación á los salarios, fuese tan bajo como están hoy."
Mr. Cleveland fué electo por una plataforma no solamente
favoreciendo el libre-cambio, pero declarando la protección
fuera de la Constitución. La única legislación radical que
estaba asegurada era la revisión de la tarifa de acuerdo con
la plataforma democrática de 1892, y eso llegó á estar seguro
cuando se supieron los resultados de la elección y la cam-
biada condición del Senado.
El país no aguardó por la revocación del bilí McKinley;
inmediatamente se puso al abrigo y se preparó para la tor-
menta. La historia es una cosa vulgar, es bien conocida;
pero puede olvidarse. El modo de mantener al pueblo en
lo justo es estar seguro que recuerda las lecciones de la ex-
periencia.
274
Pánico Industrial— Evidencia Democrática.
En Agosto 18 de 1903, Mr. Haines, de New York, en un
discurso sobre la cuestión del bilí rechazando la cláusula del
acta de Sherman, dijo :
"En el momento presente su agricultura (la de su dis-
trito) y su comercio languidecían, sus fábricas se cerraban,
sus mecánicos y trabajadores estaban sufriendo por obligada
desocupación y sus familias estaban necesitadas. Los labra-
dores del Oeste y el Sur — y no los culpo por que se deses-
peren cuando en ello piensen — han perdido millones de do-
llars por la caída de los precios.
El mismo día Mr. Simpson, de Kansas, dirigiéndose á la
Cámara sobre la misma materia en general, decía :
"Necesito considerar algunas de las condiciones que creo
han llevado al pueblo de este país al borde de la bancarota,
alguna de las condiciones que han producido la parálisis en
los negocios y lanzado fuera de empleo las clases trabaja-
doras, hasta llegar á la suposición de que hoy en día haya no
menos de 4,000,000 de hombres buscando trabajo en el país.
Diario de Sesiones del Congreso, volumen 133, página 492.
Lo siguiente, de un discurso de Mr. Talbert, de Carolina
del Sur, el mismo día, á semejanza del precedente y sobre el
mismo objeto :
"Cuando me sitúo en el pórtico de este Capitolio y con-
templo esta ciudad, estoy inclinado á sentir, Sr. Presidente,
que éste es un gran país; pero cuando voy á las moradas del
labrador americano, en medio de los cuales vivo, ¿qué veo
allí? Nada veo y oigo sino la canción de los malos tiempos
y de los peores por venir. Entrad en las moradas de la gente
obrera, los de las fábricas, ¿ y qué veis ? Nada sino hambre,
pobreza y la muerte."
Mr. Richards, de Ohio, se expresaba así en 19 de Agosto
de 1893 :
"Hoy en toda esta tierra hay gentes que hace unas pocas
semanas eran felices — en todas partes los maridos y padres
dispuestos al trabajo — rodeados de sus esposas é hijos que
amaban ; hombres de brazos musculares que estaban dispues-
tos al trabajo para mantenerse y mantener á sus queridos
hijos — y hoy con las fábricas y la maquinaria del país ociosa,
el labrador sin un mercado á propósito para sus cosechas,
en medio de la desocupación y la desolación, que han sido
275
llevadas en todas las secciones del país, están actualmente ro-
deados de sus familas preguntando al cielo qué harán.
El jueves 7 de Diciembre de 1893, Mr. Bailey, de Texas,
decía en los salones de esta Cámara :
"En casi todas las comunidades de esta tierra hay hombres
hoy envueltos en la desesperación y rodeados de deudas, tan
desamparados, en verdad, que sus acreedores indulgentes no
abrigan ninguna esperanza razonable de que se les pague,
y los mismos infortunados deudores, penetrados de la im-
posibilidad de no poder solventar sus deudas, no hacen nin-
gún esfuerzo con tal fin."
Los Estados Unidos Bajo la Administración
Democrática Irremediablemente
Insolventes.
Extracto de las consideraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio,
en el Diario de Sesiones del Congreso, el 27 de Noviembre de
1903.
A la elección del Presidente Cleveland hubo una suspen-
sión práctica de entradas en el Tesoro de los Estados Uni-
dos, de contribuciones del Gobierno. Esto era natural, era
inevitable. Sucedería lo mismo otra vez, si algún otro que
no fuese Roosevelt fuese electo Presidente el próximo año.
Era inevitable, porque el partido democrático vino al poder
con esta misma manifestación de hostilidad hacia la ley del
Presidente McKinley.
Sr. Presidente, era inevitable, porque el comercio perma-
neció en calma, se paralizó, esperando ver lo que el partido
democrático haría, y así siguiendo, hubo en el mes de Fe-
brero una condición incierta de si el Tesoro estaría en capaci-
dad de hacer frente á sus necesidades. No pasó esto du-
rante la administración de Harrison. Todos mis amigos
estaban equivocados. Pero aunque fuese adelantando las
condiciones en los tempranos meses de la administración del
entrante Presidente, no podría haber una condición de in-
capacidad de parte del Tesoro para atender á sus necesidades,
y especialmente para conservar la reserva del oro en $100,-
000,000.
Inmediatamente el Secretario Mr. Foster, después de con-
siderar y discutir el punto con. el Presidente, se acercó á la en-
276
trante administración, por medio de su supuesto Secretario
del Tesoro.
Ahora, Sr. Presidente, deseo enviar á la mesa del oficial,
y aprovecharme de este breve período que empleará el oficiaí
en leer la carta del Secretario Foster :
"Fostoria, Ohio, Octubre 28, 1903.
Hon. J. B. Foraker, Cincinnati, O.
Mi querido Senador : Su estimada del 27 ha sido recibida
en este momento. La manifestación de Harmon es com-
pletamente vaga. Dice él: En 1893, cuando el partido de-
mocrático subió al poder, el partido republicano había hecho
quebrar al Gobierno. Cuando Cleveland entró en la Casa
Blanca había bonos ya firmados por la administración repu-
blicana. Apenas habían logrado elevarse hasta que nosotros
entramos en el poder, y entonces tuvimos que soportar el
estigma que vino como el resultado de una administración
irreflexiva."
La acusación de que el Gobierno estaba en bancarota cuan-
do Cleveland entró en el poder es una ridiculez. Las ven-
tas hasta entonces y hasta la terminación del año üscal, ex-
cedieron á los gastos. La acusación de costumbre es la
hecha por GAINES en el "Nashville American," copiado en
el "Enquirer" del 21, de que el "Secretario Foster prepara
planchas ó clichés para bonos para cubrir un déficit." La
verdad es que tan pronto como se supo que Cleveland había
sido electo en Noviembre de 1892, llegó á ser evidente de que
había un gran peligro á causa de que las importaciones se
habían suspendido, por los derechos más bajos, que la re-
serva del oro bajaría de $100,000,000 exigidos, no por la ley,
pero por inducción de la misma. Después de consultar ex-
tensamente con el senador Sherman, resolví que era mi deber
mantener la reserva del oro aun cuando tuviese que hacerlo
con la venta de bonos. Los únicos bonos autorizados eran
los del acta de redención de 1875, todos á altos tipos de in-
terés y corriendo por un largo tiempo.
Yo supongo que para ayudarme, el senador Sherman in-
trodujo una enmienda en el bilí de asignación del Senado
autorizando una emisión del 3 por ciento, en bonos de corto
tiempo. Mr. Carlisle, quien se supo entonces que debía ser
el Secretario entrante, fué consultado por el senador y apro-
bó Ja enmienda de Mr. Sherman. Pasó en el Senado por
277
casi una unanimidad de votos. Esto pasaba alrededor del 22
de Febrero. A su pasaje, temiendo que yo pudiera estar
obligado á usar bonos para la compra de oro, ordené al Su-
perintendente de la oficina propia á preparar las planchas
para estos bonos — un bono mejor para mis designios que los
ya autorizados. Hice esto en la creencia entonces
de que un acta aprobada por el entrante secretario,
que fué aprobada por el Senado, recibiendo una
gran porción de los votos democráticos de ese
cuerpo, sería también aprobada por la Cámara. Pero
en esto me equivoqué. La Cámara rehusó aprobarla, y las
planchas no se prepararon ; pero mi carta ordenando su pre-
paración se utiliza como una prueba de que las planchas es-
taban preparadas y que por tanto existía un déficit. Para ir
un. poco más allá de la materia, yo había fijado en $50,000,-
000 el montante de oro que compraría y tenía una inteligen-
cia con los banqueros de New York con este propósito, pero
estipularon que tomarían los bonos por entregas de $10,-
000,000 á la semana. Si esto hubiese sido hecho, hubiera
correspondido á Air. Carlisle ejecutar una parte de mi con-
trato. Los banqueros deseaban la aprobación en el arregle.
En esta emergencia visité al senador Gorman, exponiéndole
los hechos y diciéndole que muchos de mis amigos republica-
nos pensaban que yo haría bien en no hacer nada con objeto
de mantener la reserva del oro ; sin embargo creí de mi deber
como Secretario del Tesoro continuar haciendo, hasta la úl-
tima hora de mi término, lo que yo haría si tuviese que con-
tinuar en el puesto. En esto me apoyaba el senador Sher-
man.
Mr. Gorman aprobó cordialmente y envió un mensaje para
Mr. Carlisle. Mr. Carlisle se presentó inmediatamente y
parecía estar muy satisfecho en lo que yo propuse, y al si-
guiente día fué á ver á Mr. Cleveland. A su regreso se me
informó que el ejecutaría aquella parte del proyecto que le
correspondería, y que Mr. Cleveland lo aprobaba.
Para resumir : el Tesoro no estuvo en bancarota en ningún
tiempo, no hubo ningún déficit, no. se hicieron ningunas
planchas para bonos y no se firmaron ningunos.
Ningunos bonos se vendieron. Procuré mantener la re-
serva del oro y traspasando á mi sucesor cerca de $103,-
000,000.
Creo que si la administración de Harrison hubiera con-
tinuado, las rentas y la reserva del oro hubieran aumentado
278
y la condición que entonces prevalecía hubiera mejorado.
El deplorable pánico y condición que se siguieron á la
elección de Cleveland fué del todo debido á dos causas : Pri-
mera, el conocido propósito del partido democrático de adop-
tar una tarifa de contribuciones, que en seguida afectaba las
importaciones y paralizaba todas las industrias y negocios ;
y la segunda, la incapacidad reconocida del partido demo-
crático que entraba entonces en el poder para ponerse de
acuerdo sobre una legislación eficaz después de haber sido
tan trabajosamente demostrada.
Soy su affmo, etc.,
Charles Foster."
Mr. Grosvenor. — Señor Presidente, esto parece ser candi-
do. El Secretario Foster penetró en el porvenir y vio que
el Tesoro de los Estados Unidos debía llegar sin esperanzas
á la insolvencia; y antes que la administración de Grover
Cleveland terminase, nosotros, los que éramos miembros de
la Cámara, fuimos llamados á votar por empréstitos montan-
do á $262,500,000.
Las Tarifas de los Estados Unidos Entorpecen
la Colocación de Ordenes en la
Gran Bretaña.
Extracto del Glasgow Herald, publicado en el Diario de Sesiones del
Congreso, el 5 de Enero de 1904.
(Del Glasgow Herald de Septiembre 2.)
Opiniones del comercio de lanas en Escocia, sobre las
Tarifas extranjeras.
Con la mira de obtener informaciones verídicas, respecto
á la influencia de las tarifas extranjeras en el comercio de
lanas escocesas, la Cámara de Comercio del Sur de Escocia
invitó recientemente á sus miembros para que contestasen
varias preguntas. Las siguientes respuestas se recibieron
de treinta miembros de la Cámara; todas ellas de firmas de
considerable importancia en los negocios, y muchos siendo
miembros de grandes casas.
279
Las Tarifas de los Estados Unidos.
Pregunta. ¿Cuál en su opinión ha sido el efecto, de tiem-
po en tiempo, de las varias tarifas impuestas sobre los géne-
ros de algodón por los Estados Unidos ?
Respuesta. No. i. Máquinas de hilar. — El restringir
grandemente, y últimamente paralizar los negocios de teji-
dos de lana escoceses.
No. 2. Fabricantes de géneros diagonales. — Sencillamente
expuesto ; á medida que las tarifas se elevan, decaen las ex-
portaciones para los Estados Unidos.
No. 3. Fabricantes de diagonales de fantasía y casimires
para trajes, etc. — Encontramos la presente tarifa ser prácti-
camente prohibitiva.
No. 8. Fabricantes de géneros diagonales y también de
géneros ingleses manufacturados. — Actualmente no es po-
sible vender en los Estados Unidos, debido á la alta tarifa,
con excepción de las casas de comercio de alta importancia,
para las que el precio es de consideración secundaria.
No. 9. Fabricantes de géneros diagonales. — Nuestro co-
mercio prácticamente reducido á la nulidad.
No. 10. Fabricantes de géneros de lana y estambre. — Para
paralizar del todo el comercio, quedando únicamente las es-
pecialidades en paños y dibujo.
No. 11. Fabricantes de géneros de algodón escoceses. — El
efecto ha sido muy serio, pues ha paralizado enteramente el
poco comercio que teníamos con los Estados Unidos desde
la tarifa McKinley, y lanzó toda la producción, que era
grande, en el mercado doméstico, el que ha estado desde en-
tonces seriamente recargado, haciendo el comercio impro-
ductivo.
No. 12. Fabricantes de calcetines y ropa interior de tejido
llano. — Para entorpecer la colocación de órdenes en la Gran
Bretaña,
No. 13. Mercader de géneros de lana. — Ruinoso para el co-
mercio de lana de este país, sin la más mínima duda.
No. 14. Fabricantes de calcetines. — Casi paralizado com-
pletamente el comercio con los Estados Unidos en calcetines.
No. 15. Fabricantes de diagonales de clase fina. — Para
reducir, é casi paralizar los negocios, excepto que los com-
pradores consideran nuestros estilos para educarse, compran
algo para ocultar su vergüenza y luego preparan el grueso
28o
de sus compras en artículos baratos de este lado, ó saben
mejor qué comprar en el otro. Perdemos la paciencia cuan-
do hablamos de este país, que se toma el 95 por ciento de
un golpe, ó más bien, 125 por ciento, contándolo todo — y
luego se les ve altaneros como señores de la creación.
No. 16. Manufactureros de hilados. — -Han cerrado prác-
ticamente el mercado.
No. 17. Manufactureros especialmente de diagonales y
casimires finos. — El efecto ha sido muy ruinoso para nues-
tros negocios.
Xo. 18. Mercaderes de géneros de lana, traficando desde
los medianos hasta la mejor calidad de géneros escoceses —
también ingleses en casimires de fantasía y lisos para trajes.
— Muy perjudicial á los negocios. Teniendo un negocio
separado en Boston, U. S. A., puedo justificar un enorme au-
mento en el uso y producción de los manufactureros locales.
Cada año los nuevos dibujos hechos en este país son copia-
dos tanto en tejidos como en colores, y hemos visto sorpren-
dentes imitaciones, muy especialmente en casimires cruzados.
Si no fuese porque la mejor clase de americanos están
resueltos á ser los únicos y usar géneros importados, el ac-
tual limitado comercio estaría ya evaporado. Usando la
mejor clase de géneros ingleses es uno de los medios por el
cual un americano ostenta su importancia financiera.
No. 19. Manufactureros de géneros de lana y casimires de
fantasía. — El efecto ha sido sin duda el de destruir práctica-
mente el comercio de géneros de fantasía. Un pequeño trá-
fico todavía se hace, pero en mi opinión los fabricantes se
encontrarían mejor sin él. Solamente existe, porque las
fabricaciones inglesas y los estilos todavía guían la moda en
géneros para hombre, y los comerciantes americanos los
compran en pequeñas cantidades con objeto de educarse ellos
mismos á fin de proteger al manufacturero doméstico.
Xo. 20. Fabricantes de géneros de lana y casimires.— Un
comercio decreciente.
Xo. 21. Fabricantes de calcetines. — El comercio extran-
jero muy pequeño para justificar el dar una opinión.
No. 22'. Fabricantes de diagonales escoceses. — Jamás he
hecho ningún comercio con los Estados Unidos.
Xo. 23. Fabricantes de géneros diagonales. — Decidida-
mente contra la industria de este distrito.
Xo. 24. Fabricantes de géneros diagonales. — Muy perju-
dicial.
28l
No. 25. Fabricantes de géneros diagonales. — Desde que la
actual tarifa ha sido impuesta sobre nuestros géneros ae al-
godón nuestro comercio es prácticamente nulo.
No. 26. Fabricantes de clases finas de géneros de lana
para hombres. — Los géneros de gran consumo que anterior-
mente se compraban en grandes cantidades para este mercado
están prácticamente desterrados. Los comerciantes que acos-
tumbraban ordenar i.ooo yardas de un color, ahora se con-
tentan con 50 yardas ó menos.
No, 27. Fabricantes de diagonales escoceses. — Cada subi-
da en la tarifa ha producido el efecto de reducir la cantidad
de comercio y hacer difícil de obtener precios remunerativos.
El efecto directo de la actual alta tarifa es que los nuevos
dibujos hechos en este país son inmediatamente copiados en
los géneros americanos, y el manufacturero en este país no
obtiene una justa remuneración por su ingenuidad en pro-
ducir nuevos dibujos ó tejidos.
No. 28. Fabricantes de estambres. — (1) Cuándo la tarifa
era puramente fiscal, es decir para contribuciones solamente,
las exportaciones británicas en géneros de lana fueron muy
extensas. (2) La tarifa llegó á ser protectora, las expor-
taciones decrecieron. (3) Desde que la tarifa llegó á ser
prohibitiva, como es ahora, las exportaciones han cesado,
con excepción de dibujos especiales, urdimbre ó calidades
que el manufacturero americano no puede todavía producir.
El Trabajador Americano Debe ser Protegido
en el Tipo de su Salario.
Extracto de las consideraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio,
en el Diario de Sesiones del Congreso, en Abril 4 de 1904.
Extractos de los discursos y papeles públicos de Teodoro
Roosevelt.
Bajo este encabezamiento se comprenden los extractos de
los mensajes de Teodoro Roosevelt cuando fué gobernador
de New York y como Presidente de los Estados Unidos,
además párrafos escogidos de sus más importantes discursos.
Ellos lo designan como hombre de grandes miras, y como
uno digno de la confianza de todo ciudadano de recto criterio.
282
. Bienes alcanzados por medio del trabajo.
Debe ser siempre un privilegio peculiar para cualquier
hombre público pensador, el dirigirse á un cuerpo de hombres
en que predominen los trabajadores, para que la fundación
de nuestro edificio social descanse sobre el bien moral y ma-
terial, la inteligencia, la previsión, la sanidad, el sentido del
deber y el sano patriotismo del trabajador. Este es el caso
doblemente ahora, porque además de la acción individual de
cada hombre, habéis aprendido la gran lección de obrar en
combinación. Sería imposible estimar en demasía las gran-
des influencias del montante de bienes llevados á cabo por
medio de vuestra asociaciones .... En nuestras ciudades, ó en
donde los hombres se congregan en masas, es á menudo ne-
cesario trabajar en combinación, y en esto es que podemos
ver los grandes bienes conferidos por las organizaciones del
trabajo y por las uniones del comercio. (Discurso en Sep-
tiembre 3 de T900, en la gira en el "labor day" en Chicago.)
A todo aventurar, y no importa qué otra cosa se busque ó
se alcance por ¡os cambios de ¡a tarifa, el trabajador ameri-
cano debe estar protegido en el tipo de sus salarios — es decir,
en su forma de vivir — y debe asegurársele la oportunidad
de poderse emplear. Las leyes en ningún caso deberían con-
ceder ventajas á las industrias extranjeras sobre las ame-
ricanas. Lo más que deberían hacer sería igualar la dife-
rencia en las condiciones domésticas y las del exterior. La
política de la tarifa general, á la cual, sin consideración á
cambios en detalles, creo que este país está irrevocablemente
adherido, está basada fundamentalmente sobre el amplio re-
conocimiento de la diferencia entre el costo del trabajo aquí
y fuera ; en otras palabras, el reconocimiento de la necesidad
para el completo desenvolvimiento de la inteligencia, la co-
modidad y la más alta escala de la vida civilizada, y el genio
inventivo del trabajador americano, comparado con el tra-
bajador de cualquier otro país del mundo. (Discurso en
Logansport, Indiana, el 23 de Septiembre de 1902.)
L.OS trabajadores americanos se enorgullecen de su
trabajo.
Los obreros americanos trabajan con sus cabezas así como
también con sus manos. Además se enorgullecen de lo que
hacen, de modo que, independiente de su remuneración, de-
28 3
sean entregar un trabajo perfecto. Este es el gran secreto
de nuestro éxito en competencia con el trabajo de los países
extranjeros. (Mensaje al Congreso, en Diciembre 3 de
190-1.)
Sabia legislación del trabajo ó más beneficio.
En ninguna materia se necesita tener, como lo más im-
portante, una sabia y sana legislación, que cuando los in-
tereses del trabajo están comprometidos. Cuando tal legis-
lación es buena obtiene probablemente más beneficio positivo
á la comunidad que el que puede obtenerse por otra clase
cualquiera de ley; pero una legislación del trabajo precipi-
tada y mal concebida, ó deja de alcanzar completamente algo,
habiendo sido de tal manera redactada de resultar ineficaz, ó
en otro sentido causa daño en lugar de provecho á todo
pueblo que se supone debe ser beneficiado. (Mensaje á la
Asamblea de New York, en Abril de 1890.)
Para amparar los intereses de los trabajadores.
No es solamente deseable en gran manera, pero necesario,
que deba haber una legislación que ampare cuidadosamente
los intereses de los trabajadores, y que sepa distinguir el em-
pleado honesto y humano, removiendo las desventajas bajo
las cuales se encuentra cuando se le compara con competi-
dores poco escrupulosos que no tienen conciencia y se portan
bien solamente por el temor del castigo. (Discurso sobre
"Deberes Nacionales," en la Feria del Estado de Minnesota,
en Minneápoiis, en Septiembre 2 de 1901.)
El deber de proteger á los trabajadores.
Durante el pasado año muy valiosas medidas sobre el tra-
bajo se promulgaron en leyes, y han sido bien cumplidas.
Llega á ser necesario, indudablemente, que de tiempo en
tiempo se adicione algo á la legislación sobre el trabajo, aun-
que muchas leyes vitales necesarias se han puesto ya sobre
las Recopilaciones de leyes. A medida que la experiencia lo
demuestre, se remediarán los defectos. Una ley para res-
tringir el trabajo á ocho horas debe promulgarse, siendo
esta duración bastante. En nada se hace necesario ejercer
más sereno juicio que en la legislación del trabajo. Tal le-
284
gislación es absolutamente necesaria, lo mismo bajo el punto
de vista humanitario, como industrial, y es nuestro deber
proteger de la opresión al trabajador más débil, como librar
del fraude al desamparado que invierte sus fondos. (Men-
saje anual á la Legislatura de New York, en Enero 3 de
1900.)
Baratura en sacrificio del buen ciudadano.
Es más importante conseguir contratistas que hagan los
trabajos del Estado que conseguir los servidores públicos.
La baratura obtenida por el empleo de cuadrillas de hombres
bajo el sistema del patrón, es baratura que el Estado paga
al fin muy caro, porque se obtiene á costa del sacrificio del
buen ciudadano. Es por tanto justo que el empleado or-
dinario del Estado y de los contratistas que hagan trabajos
del Estado deban únicamente trabajar ocho horas y recibir
un salario no menos que el que se paga por otro trabajo
de la misma clase, donde el edificio deba erigirse, no inter-
viniendo esto con la compra de un producto acabado. (Me-
morándum archivado, en Mayo 12 de 1899, con el bilí de
asamblea aprobado, reglamentando las horas de trabajo en
las obras públicas del Estado de New York.)
Trabajo en las prisiones.
Una reciente decisión de la Corte de Apelación ha apro-
bado una ley, contraria á la Constitución, que dispone que
debe haber una marca sobre los artículos hechos en las pri-
siones, indicándolos como tales. Esta materia debe merecer
la atención de la Legislatura, á fin de que se ideen algunos
medios por los cuales el mecánico libre no sea puesto en com-
petencia con el trabajo en las prisiones. (Mensaje anual á
la Legislatura de New York, en Enero 2 de 1899.)
Discurso de Mr. Cockran.
Lo que sostiene Bryan. Paralizar las industrias,
la Prosperidad, la Justicia.
Extracto de las declaraciones del Hon. John Dalzell, de Pennsyl-
vania, en el Diario de Sesiones del Congreso, en Abril 30 de 1904.
Sr. Presidente, deseo ahora llamar la atención de la Cá-
mara á lo que entendía el caballero por New York (Mr.
Cochran) de lo que era su deber en la campaña de McKinley.
Voy á leer una interview publicada en el " New York Jotif-
nal" en Agosto 3 de 1896 :
Pregunta. ¿ Cuál es su opinión respecto á la situación po-
lítica actual ?
Respuesta. La considero como la más grave en la historia
de este país, excediendo en importancia á la crisis de 1860.
El movimiento de separación fué solamente una tentativa
para dividir este país en dos gobiernos, cada uno de ellos
designado para proteger la propiedad dentro de los límites
de su jurisdicción. El movimiento extendido en Chicago es
una tentativa para paralizar la industria, usando todos los
poderes del Gobierno para arrancar la propiedad de las ma-
nos de los que la crearon y colocarla en las de los que
la codician. Es una cuestión de moral, como asimismo de
política. Ninguna convención política puede publicar una
Ucencia válida para cometer ofensas contra la moralidad , y
me inclino á seguir á Mr. Bryan en una cruzada contra la
honestidad y ios derechos del trabajo.
Pregunta. ¿Quiere Ud. decir, que se opondrá activamente
al partido democrático ó se abstendrá de prestarle su eficaz
apoyo ?
Respuesta. En una lucha por la existencia de la civiliza-
ción ningún hombre puede permanecer neutral. Quienquiera
que no apoye las fuerzas del orden presta ayuda á las fuerzas
del desorden. Si puedo hacer algo para contrarestar el éxito
de lo que consideraría como una irreparable calamidad,
no solamente para este país sino para la sociedad civilizada
de cualquiera parte, seguramente- que lo haría.
Entonces ¿por qué el caballero por New York abandona
el gran pían de su propósito moral de 1896 y se consagra
á esta campaña de 1900? Se han dado algunas excusas para
ello, pero yo no daría la misma de Mr. Cockran. Tomad el
último Directorio del Congreso y encontraréis lo que dice en
sü autobiografía.
En la elección de 1900 apoyó al candidato democrático
para Presidente por el motivo de que el resultado no podía
afectar en manera alguna la acuñación de la moneda del
país, debido á la disposición del Senado; mientras él creía
que la derrota del partido republicano hubiera sido bastante
por sí misma para desterrar el imperialismo de nuestro sis-
tema político.
En otras palabras, si el partido republicano no hubiese
estado en el poder, él no hubiera estado en esta Cámara con
2*6
vosotros ios demócratas. (Risas y aplausos.) El se dice
para sí mismo. Pero él favoreció á Mr. Bryan porque está
opuesto al imperialismo. ¡ Opuesto al imperialismo ! Ahora
mirad. El estuvo á favor de la depreciación de la moneda
circulante; á favor de la destrucción de la Corte Suprema;
á favor de la anulación de los poderes del Presidente ; á favor
de un desorden en las condiciones fundamentales de la socie-
dad civilizada, todo porque estaba opuesto al imperialismo.
Estaba á favor de cualquiera cosa á la que él se oponía en
la campaña de McKiriley, porque él estaba opuesto á una
política que jamás hubiera existido si no hubiese sido por la
influencia del Coronel William J. Bryan, quien solicitó los
necesarios votos para ratificar el tratado con España en el
Senado.
Tengo precisamente aquí algunos extractos de los discur-
sos de Mr. Cockran, pronunciados en la campaña de Bryan.
(Extracto del Chicago Inter-0 ce an, de Septiembre 30 de 1900.)
Discurso de Coekran en Chicago á favor <le Bryan.
Los caballeros que hablan del partido republicano, hablan
de prosperidad, como si la prosperidad del país se demos-
trase por el precio de las valores en Wall Street. Bien, eso
es una prueba, pero por ningún concepto concluyente. Una
prueba concluyente de prosperidad, la que nunca puede en-
gañar ó desviar, es el tipo de los salarios pagados al traba-
jador. No quiero decir que con cualquiera manifestación
de especial afecto para el hombre que trabaja con sus brazos,
sino porque el trabajo debe producir el dinero del cual deben
pagarse los salarios. Si los salarios son altos, su producción
debe ser costosa. Cuando la producción es costosa los ar-
tículos están abundantes, y cuando los artículos están abun-
dantes la prosperidad debe de ser general, y cuando la pros-
peridad es general vosotros y yo y todos nosotros participa-
mos de ella. La prosperidad está obligada á hallar salida
para sus productos equitativamente distribuidos entre los
que los producen. Digo que la elección de Mr. Bryan ten-
derá á conseguir esa forma de prosperidad, y además digo
que ningún valor real en este país será depreciado por su
elección.
(Cockran en su discurso en Prospect Hall al cerrar la
campaña en Kings County, N. Y. Extractado del Brooklyn
Daily Eagle, de Noviembre 3 de 1900.)
287
Lo que Bryan sostiene.
Mr. Cockran dice :
"Mr. Bryan en esta campaña sostiene la paz ; sostiene el
desarme ; sostiene la ocupación de toda persona en este país
en el cultivo del suelo ó las cosas que produce el suelo ; sos-
tiene el empleo de cada dollar de capital en el campo de la
industria productiva. Debe porlanto sostener la abundancia
de las mercancías; la prosperidad, el contento, del mismo
modo que sostiene la justicia."
El Mercado Doméstico es Igual á Todo el
Comercio Internacional del Mundo.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. H. Gallinger, de New
Hampshire, en el Diario de Sesiones del Congreso en Abril 23
de 1934.
Las Compañías de Transporte.
Estrechamente ligado con esta gran prosperidad de nues-
tros agricultores, su solicitud por manufacturas y efectos de
lujo, y la demanda de los consumidores por los productos de
la tierra, está el gran volumen de negocios de que disfrutan
las compañías de tiansporte. Con la baja de ciertas acciones
industriales durante 1903, contemplamos día tras día las ac-
ciones de los ferrocarriles descendiendo también ; no obs-
tante esos mismos ferrocarriles continuaban sus limitados
negocios solamente por la facilidades de que disponían.
Mes tras mes las cifras señalaban una alteración favorable
en la marcha, y la suspensión solamente ocurrió cuando los
elementos parecían conspirar á entorpecer el montante nor-
mal de los transportes.
Esto, sin embargo, fué pasajero; con la limpieza de las
vías y la primavera que avanza, no dudamos que otra vez
registraremos los buenos tiempos que prevalecieron año tras
año desde la promulgación de la ley Dingley.
Nos parece ser de oportunidad manifestar de paso, cómo
nuestras graneles compañías de ferrocarriles han resistido,
bajo una tarifa protectora, las violencias cometidas contra
las acciones y bonos durante el año 1903.
28*
Del Railway Age, periódico de Chicago, tomamos las si-
guientes cifras :
Colocado en manos de depositarios. Vendidos en rematé.
Núm. Acciones Núm. Acciones,
de y de y
Años. vías. Millas. bonos. vías. Millas. bonos.
1893 74 29,340 $1,781,046,000 25 1,613 $79,924,000
1894 38 7,025 395,791,000 42 5,643 318,999,000
1895- • • • 31 4.089 369,075,000 52 12,831 761,791,000
!8o6 34 5,441 275,597,000 58 13,730 1,150,377,000
1897 18 1,537 92,909,000 42 6,675 517,680,000
1898 18 2,069 138,701,000 47 6.054 252,910,000
1899 . . 10 1,019 52,285,000 32 4,294 267,534,000
1900 16 1,165 78,234,000 24 3,477 190,374,000
1901 4 73 1,627,000 18 1,139 85,808,000
1902 5 278 5,835,000 18 693 39,885,000
1903 9 229 18,823,000 13 555 15,885,000
Este nuestro mercado doméstico, Sr. Presidente, ha sido
erigido por medio de las tarifas protectoras, y especialmente
durante el ejercicio de la ley que se encuentra ahora en nues-
tros estatutos, que no solamente son el orgullo del ciudadano
americano, sino la envidia del productor extranjero. Un
cálculo prudencial demostrando el valor de nuestro comercio
interior, son ios $22,000,000,000 anuales que representan un
valor igual al de los mercados combinados del mundo para
la compra de producciones extranjeras. Si pudiésemos abra-
zar la venta de todos los géneros que entren en los puertos
del mundo, solamente igualará á la que ahora suplimos á
nuestro mercado doméstico, un mercado seguro que está au-
mentando constantemente.
Este nuestro gran mercado doméstico no puede sostenerse
si rompemos nuestra barrera proteccionista y adoptamos ba-
jas tarifas, ó si entramos en tratados de reciprocidad en ad-
ticulos de competencia, que es lo mismo que un paso, ó al
menos un largo paso hacia esta misma noción del libre-
cambio.
El valor de nuestro mercado doméstico jamás ha sido tan
clara y vigorosamente presentado como por el Hon. O. P.
Austín, jefe de la Oficina de Estadísticas, en el Departa-
mento de Comercio y Obras Públicas, en el discurso pro-
nunciado en la ciudad de Rochester, N. Y., el jueves 7 de
Enero de 1904, del cual tomo el siguiente breve extracto :
El comercio interior de los Estados Unidos fué en 1870 de
siete billones de dollars y en 1900 de veinte billones. Con
289
esta base definitiva de veinte billones en 1900 y conociendo
el rápido desenvolvimiento que se había operado en todas
las líneas durante ese período podemos con seguridad y sin
ser cálculos exagerados fijar nuestro comercio interior del
año 1903 en veinte y dos billones de dollars — suma que ac-
tualmente igualó en ese año el comercio internacional del
mundo.
Deteneos á considerar esto; productores, manufactureros,
comerciantes, banqueros y dueños de transporte, que el co-
mercio doméstico de nuestro país, en el cual podéis transpor-
tar vuestros géneros desde la puerta de la fábrica hasta la
puerta del consumidor y sin romper el bulto una sola vez,
es igual al comercio internacional del mundo.
No solamente es verdad de que el comercio doméstico es
igual al que presenta el comercio internacional del mundo,
pero es evidente que acrecienta rápidamente más que el co-
mercio internacional, porque como he manifestado el comer-
cio interior de los Estados Unidos ha aumentado de siete
billones en 1870 á veinte billones en 1903 mientras el co-
mercio internacional se ha elevado de once billones en 1870
á veinte y dos billones en 1903, ó en otras palabras ; mientras
que el comercio internacional del mundo es ahora dos veces
mayor que en 1870, el interior de los Estados Unidos es
ahora tres veces mayor que en igual año, y se iguala al co-
mercio total entre todas las naciones.
Nuestro comercio interior ha sídole dable alcanzar tal gra-
do de prosperidad, debido á nuestro espléndido sistema de
salario, que ha producido un método de vida más aceptable,
y una solicitud por nuestras masas para algo más que las
sencillas necesidades de la vida.
Espectros Políticos Democráticos.
Extracto de las declaraciones del Hon. Henry R. Gibson, de Tennes-
see, en el Diario de Sesiones del Congreso en Diciembre 14 de
1899.
Los sacerdotes de alguna religión, dudando de su habili-
dad para gobernar su pueblo apelando á su razón y á sus
conciencias, se valen de métodos de terror, y fabrican es-
pantosos ídolos y monstruosas imágenes, y ejecutan varios
encantamientos y grotescas danzas, ataviados con trajes de
terror, con cuernos en sus cabezas y las caras pintadas á imi-
tación de monstruos imaginarios.
290
De ese modo los altos sacerdotes del partido democrático
han estado estos últimos años tratando de aterrorizar el
pueblo con espectros políticos imaginarios.
Cuando Lincoln fué por primera vez candidato, los altos
sacerdotes de la democracia levantaron un espantoso es-
pectro que llamaron "abolicionismo" y engañaron infinidad
de miles de personas.
Cuando Grant fué nuestro candidato para la presidencia,
manufacturaron espectros gemelos, llamados "la centraliza-
ción" y "el despotismo militar" y asustaron muchas tímidas
personas haciéndolas creer que si Grant era electo nuestras
libertades nos serían arrebatadas.
Cuando Hayes fué nuestro candidato, sacaron en pro-
cesión ante el público la caricatura denominada bloated bond-
holdcr ó sea tenedor de bonos borrados, y trataron de hacer-
nos creer que era el partido republicano disfrazado, y que si
Hayes fuese electo, los tenedores de bonos nos arrancarían
todas nuestras propiedades y nos alimentarían con tusas de
maíz.
Cuando Garfield fué nuestro candidato, estos altos sacer-
dotes de la democracia inventaron el más terrible espectro
infernal llamado "el bilí de fuerza" y aterrorizaron al pueblo
del Sur, jurando que si Garfield era eligido un vasto ejército
sería enviado al Sur para celebrar las elecciones, y que á
ninguno, sino á los republicanos y á los negros, se les per-
mitiría votar, y como consecuencia el Sur sería destruido
y la vida no sería digna de conservarse por un demócrata.
Cuando Harrison fué la última vez candidato, estos mis-
mos sacerdotes democráticos se reunieron é inventaron un
nuevo lote de tipos de horrorosos espectros, que denomina-
ron "barones ladrones," y los desparramaron por todo el país
para el terror y desaliento de los millones de inocentes y can-
didos demócratas, y crearon tal epidemia de depresión y
temor, que Cleveland fué electo Presidente ; v ahora se nos
dice por estos mismos altos sacerdotes democráticos que
Cleveland fué peor demonio que todos los barones ladrones
combinados. (Risas.)
Cuando hace tres años McKinlev fué nuestro candidato
para presidente, los fabricantes del espectro democrático
sacaron un estupendo monstruo rampante de proporciones
antediluvianas y lo nombraron un goldbug y juraron que era
el partido republicano, y que si McKinlev salía electo presi-
dente, este monstruo Paleozoico devoraría la substancia de
29í
nosotros como los gusanos de las palmas devoraban las co-
sechas de los hijos de Israel en los tiempos antiguos.
Se nos ha dicho que no se puede confiar en el partido re-
publicano, que todos los usureros, los tiburones del dinero,
todos los tenedores de bonos, todos los barones ladrones, to-
dos los goldbugs, todos los corrupcionistas, todos los ene-
migos del trabajador y todos los enemigos de los labradores
estaban en el partido republicano, y que si el partido elegia
á McKinley como presidente, espantosas serian las calami-
dades que descenderían sobre el pais y la sal de la libertad
de tal manera perdería su sabor que nuestra propia libertad
sería como el brillo de las sedas y joyas en la oscuridad de
la tumba.
Prosperidad á pesar de la profecía.
Pero de estos tejidos de predecidos peligros ha brotado
la hermosa flor de la seguridad y prosperidad. En lugar del
dinero estar escaso está más en abundancia ; en lugar de
descender, los productos agrícolas han aumentado considera-
blemente en precio; en vez de bajar los salarios del labrador
á tipos de miseria, han aumentado grandemente ; en lugar
de no tener nada que hacer los ferrocarriles no tienen bas-
tantes carros para conducir sus pasajeros y carga; en lugar
de nuestros hombres de negocios ser convertidos en polvo en
los tribunales de la bancarota jamás han estado más conten-
tos y más prósperos ; en lugar de cerrar sus puertas nuestros
establecimientos manufactureros, todos los antiguos están
prósperos y otros nuevos están apareciendo en todas partes.
Exceso de las Exportaciones Sobre las Impor-
taciones.
Un tema desgraciado para el partido democrático.
Extracto de las declaraciones del Hon. Henry Cabot Lodor, de
Massachusetts, en el Diario de Sesiones del Congreso en Febrero
4 de 1004.
Señor Presidente, Ji las un tanto casuales declaraciones que
ayer hice, se les dio cierta importancia por el senador de
Maryland, Mr. Gorman. Estaba lejos de sospecharme tal
cosa, y al hablar, no fué mi mira sino tocar la cuestión de la
asignación de St. Louis y la economía general que ha sido
predicada en varios parajes durante este verano. Mas el
2gi
senador por Maryland juzgó necesario suponer que yo había
admitido el fracaso de nuestra política, porque había aludi-
do al hecho de que se nos había dicho que era probable
hubiese un déficit en las rentas de este año.
Sr. Presidente, durante los siete meses que han pasado ya
del año, no hay, si estoy bien informado, ningún déficit, es-
tando con cerca de $4,000,000 de entradas adelantadas.
El senador de Maryland se refirió también al descenso en
el exceso de importaciones sobre exportaciones. El montan-
te de este exceso no queda duda que ha fluctuado ; pero ere :
es un tema desgraciado para someterlo con el propósito de
hacer comparaciones, y quiero decir desgraciado para el
partido democrático.
He extractado, demostrado en millones, el montante de las
importaciones y de las exportaciones desde 1893, que pido
se hagan publicar con mis observaciones; y hallo que el ex-
ceso de importaciones en 1893 era de $35,000,000; el de las
exportaciones en 1894, $215,000,000: el de 1895 $61,000,000;
el de las importaciones, es deCir el balance adverso de 1896,
de $84,000,000.
Sr. Presidente, creo vale la pena comparar estos cuatro
años en los que en dos de ellos hubo un balance adverso y
en los otros dos uno favorable, con los años que se han se-
guido. El exceso de las exportaciones en 1897 era de $268,-
000,000; en 1898 de $594,000,000; en 1899 de $606,000,000;
en 1900 de $521,000,000; en 1901 de $647,000,000; en 1902
de $452,000,000; en 1903 de $395,000,000.
Exceso de Exceso de
Años. Importaciones. Exportaciones, importaciones, exportaciones.
1893 $866,000,000 $831,000,000 $35,000,000
1894 654,000,000 869,000,000 .• $215,000,000
1895 732,000,000 793,000,000 61,000,000
1896 779,000,000 863,000,000 84,000,000
1897 764,000,000 1,032,000,000 268,000,000
1898 616,000,000 1,210,000,000 594,000,000
1899 697,000,000 1,203,000,000 606,000,000
1900.... 849,000,000 1,370,000,000 521,000,000
1901 823,000,000 1,460,000,000 647,000,000
1902 903,000,000 1,355,000,000 452,000,000
1903 1,025,000,000 1,420,000,000 395,000,000
Jamás ha habido un período en la historia de la nación
de igual número de años, ó de todos juntos, que se hayan
acercado á los años desde 1897 en el balance favorable del
comercio de los Estados Unidos. Ha habido una baja en
los últimos dos años desde los grandes balances de 1901 y
i B99 ; pero con objeto de hallar una comparación que de
muestre una baja en el exceso de exportaciones, sobre las
importaciones en los dos últimos años, el senador de Mary-
land se ve obligado á compararlos con otros años del au-
mento republicano. En el último año que indica como tan
malo, el exceso de las exportaciones sobre las importaciones
era mucho mayor que los dos favorables años de Mr. Cleve-
land reunidos.
Con respecto á las contribuciones aun después de la gran
reducción que hemos hecho, creo sería bueno que el senador
recordase que para hacer frente al déñcit ocasionado durante
el término presidencial de Mr. Cleveland, creyeron necesario
hacer un empréstito de $250,000,000, agregando este mon-
tante á la deuda permanente del país.
Se nos hacen acusaciones por los gastos de la guerra.
Hicimos frente á la guerra é hicimos frente á los gastos.
Hicimos frente al empréstito que se hizo necesario, y sin
embargo tenemos un balance en el Tesoro hoy, más que el
mismo empréstito, y hemos estado reduciendo constantemente
desde entonces la deuda permanente. No hemos tenido nin-
gún déñcit y no hemos emitido ningunos bonos para sufra-
gar los gastos corrientes. No creo, Sr. Presidente, que sea
posible hacer una comparación más en favor de la sabiduría
de la política republicana que lo que esos números demues-
tran.
Las Tarifas Protectoras Siempre Desarrollan
el Comercio Extranjero.
Extracto del Londnn Daily Telegraph, publicado en el Diario, de Se-
siones del Congreso el 5 de Enero de 1904.
' 'Las tarifas protectoras siempre desarrollan el comercio
extranjero." Las tarifas de Alemania, Francia y América
se han seguido, no por el descenso, sino por el rápido de-
senvolvimiento de su comercio extranjero. Repitamos otra
vez más, bajo este encabezamiento que hemos previamente
dado :
Exportaciones manufacturadas (cuatro países).
Estados
Años. Reino Unido. Alemania. Francia. Unidos.
1882. £217,000,000 £94,000000 £76,000,000 £28,000,000
1902 235,000,000 155,000.000 95,000,000 84.000.000
Aumento... £18,000,000 £61,000,000 £19,000,000 £56,000,000
Tanto por ciento
de aumento.. 8 65 25 200
294
En cada uno de estos casos veréis que las tarifas de vues-
tros rivales han promovido el comercio extranjero más rá-
pidamente que lo que lo han hecho las importaciones libres
en el vuestro.
La política de Air. Chamberlain desarrollaría nuestro co-
mercio colonial y vuestra industria doméstica, pero no causa-
ría el más mínimo daño al comercio extranjero. Este mejo-
raría también al mejorar vuestra posición comercial. El
capital puede moverse de un comercio á otro comercio, de
un país á otro país, aunque no sin sufrir algún daño. Siem
pre hay algún daño envuelto en la forzosa transferencia de
esta clase.
Pero no obstante, el capital puede libertarse del naufragio
de una industria vencida, como regla, aunque experimenta
cierta grado de pérdida en el procedimiento, y aun cuando
pueda hallar inversión. Habéis visto un ejemplo de este
procedimiento en el hecho de que las tarifas de los Estados
Unidos y del continente han obligado á muchos bien conoci-
dos empleados británicos á trasladar sus empresas á suelo
extranjero, y hallar empleo para los trabajadores extranje-
ros. Una firma que establece en Francia una fábrica ob-
tiene en seguida la libertad del mercado doméstico francés,
y conserva completamente toda la libertad de este mercado.
Por tanto, el capital puede retirarse de este país, como se ha
visto ya obligado á hacerlo en considerable extensión.
Pero para los trabajadores el comercio que se les ha en-
señado, es su propia vida. Toda su fortuna y la felicidad
de todos dependen de él y están unidos á su éxito en el oficio
particular que ha aprendido. Cobden habló de la manera
más disparatada de su estereotipada pedantería, cuando dice
que si su oficio muere puede dedicarse á otro. En todos los
casos, con excepción de uno en mil, no puede hacer tal cosa.
Si el hábil artesano no puede lograr empleo después que
llega á la pubertad en el oficio en que ha sido educado, está
arruinado — á menos que no emigre á un país como América,
un país con una tarifa, no solamente dispuesto á darle empleo
sino á darle una absoluta garantía contra el despojo de su
trabajo por la competencia extranjera.
Cualquier trabajador que examine el caso debe ver que
las importaciones libres de las manufacturas r xíranjeras,
que hacen competencia, son simplemente incompatibles con
su seguridad y sus medios de buscarse la vida, \ que toda
la teoría del tradicional Cobdenismo es irreconciliable con los
2 95
principios sobre los cuales está fundado todo lo que es mejor
en el unionismo de los oficios.
Hogar pobre es el legado del Libre-Cambio.
El sistema del taller de asilo que hasta hoy existe, repul-
sivo y odioso para las masas del pueblo, desde un principio,
fué la creación de los clásicos economistas. Niveló la des-
gracia con la deshonra y condenó al anciano honrado y á
la probreza abatida, al mismo lúgubre destino que estaba
reservado al borracho y al vagabundo. Esta fué la clásica
idea del libre-cambio de proveer para la ancianidad. Era
desanimador pero era el sistema, no importa cuan correcta
y lealmente había Ud. desempeñado sus deberes sociales
cuando Ud. gozaba de salud y de fuerza ; no importa qué
golpe de la suerte pudiera haberle inutilizado ; nada sino las
blancas paredes de la casa-prisión de la sociedad podía pro-
porcionársele, por temor de que la "robusta independencia
del pueblo" pudiera ser absorbida. Este fué un ejemplo de
la tierna nisericordia de los buenos, en la forma que los
economistas del libre-cambio se esforzaron en hacerla pre-
valecer en la legislación británica.
"Comprad en el mercado más barato y vended en el más
caro" aun cuando el artículo negociable sea carne y sangre,
y sin las consideraciones que pueden acompañarle. Esta fué
y es la máxima fundamental de los libres importadores.
"Credo." Ea cumplimiento de este credo, sus trabajadores
á quienes no dirigimos, han sido siempre y lo son todavía,
sacrificados, sin un momento de vacilación por los pedantes
faltos de inteligencia, á un ideal de miras estrechas y de
inmediata baratura. Cuando en América ó en cualquier
país continental, el trabajo doméstico es seriamente depri-
mido por la competencia extranjera, el Estado se interpone,
reprime la invasión y da á la industria amenazada tiempo
para ponerse en cuadro. Ud. puede proteger sus propios
intereses con sus combinaciones cuando Ud. no tiene otra
cosa sino la doméstica competencia que afrontar, pero tan
pronto como una competencia extranjera empieza á desalo-
jarlo de su empleo y á deprimir sus salarios, el arma de la
combinación se hace pedazos en sus manos. Si otros venden
más barato que Ud., conforme, como hubiera dicho Abra-
ham Lincoln ; otros venden más barato que Ud., y todo ha.
terminado.
2$6
Los Paises Protegidos Prosperan y los Libre-
Cambistas Decaen.
Extracto del London Daily Telegraph, publicado en el Diario de Se-
siones del Congreso el 5 de Enero de 1904.
Por qué debemos cambiar.
EXPORTACIONES COMPARATIVAS DE 1 872 A ICJ02.
(Montantes en millones de libras esterlinas.)
1872 1890 1900 19 2
Exportaciones británicas :
(i) Alas posesiones británicas 61 87 94 109
(2) A países extranjeros 190 176 197 174
Total 257 263 291 283
Exportaciones alemanas 116 166 238 241
Exportaciones francesas Ko 150 164 170
Exportaciones de los Estados Unidos. 89 176 304 282
La profecía del Príncipe Bismarck, 1879.
Tengo mi opinión sobre la práctica experiencia de los tiem-
pos en que vivimos. Veo que los países protegidos están
prosperando, y los libre-cambistas decayendo. La omnipo-
tente Inglaterra, como un poderoso atleta se lanzó en el mer-
cado libre cuando había robustecido sus fuerzas. "¿ Quién
osará medir sus fuerzas conmigo? Estoy preparada para
todos." Pero la misma Inglaterra está volviendo lentamente
á la tarifa protectora, y de aquí á algunos años la adoptará
para conservar, al menos, su propio mercado. (Discurso de
Bismarck al romper con el libre-cambio, en Mayo 2 de 1879.)
El consejo de la desesperación.
Hemos ahora examinado en todos sus principales aspectos
la mayor controversia de nuestros tiempos desde el punto
de vista de un observador con original prevención á favor
del libre-cambio, pero obligado por el estudio de los datos
extranjeros á cambiar sus convicciones insulares. El Cob-
denismo se presentó y adoptó hace cincuenta años como una
infalible receta para el éxito. Estaba destinado á ser el
principio universal de política comercial igualmente aplicable
á todos las naciones y todos los tiempos. Rechazándola no
2 9 7
.podíais prosperar. Abrazándola no podíais fracasar. Si las
tarifas hostiles hubiesen continuado contra nosotros por al-
guna porción errónea de la humanidad, estos perversos sis-
temas solamente perjudicarían á sus autores y nos benefi-
ciarían. Para la Gran Bretaña al menos, la estimuladora
presión de una abierta competencia sería segura garantía de
nuestro perpetuo vigor y adelantamiento. Mientras que sus
mimados rivales bajo la protección, privados del amparo del
Estado de los verdaderos incentivos para el esfuerzo per-
sonal, estarían destinados á convertirse en lánguidos y re-
misos; los comerciantes de Inglaterra, confiando en ellos
mismos únicamente poseerían el gran secreto de la eficacia.
Consideradlo detenidamente y veréis que el todo de la cues-
tión descansa en ello.
JLa protección produce la actividad industrial.
Estas teorías han sido desaprobadas por los hechos ac-
tuales. El libre-cambio no es garantía de actividad indus-
trial. La protección no entorpece la actividad industrial.
Lo mismo en América que en Alemania, las opiniones de los
pensadores que rechazaban el Cobdenismo desde su comien-
zo han prevalecido.
Tanto en América como en Alemania vemos la energía
comercial, así como inteligencia, trabajando con más alto
poderío que en este país. Hace dos generaciones, antes que
el antiguo sistema de tarifa fuese destruido, éramos los pri-
meros en todas las cosas, los primeros en la invención y en
la empresa, los primeros en todas las manufacturas y trans-
portes.
Antes de* existir las importaciones libres habíamos inven-
tado el vapor, los ferrocarriles y la maquinaria textil. No
hemos hecho nada de igual importancia desde entonces. ¿ En
qué somos ahora los primeros? En el hierro y acero no
somos ni aun los segundos. En el propio comercio de Cob-
del — el algodón- — los dueños de los molinos de Lancashire
han descubierto últimamente que tienen que tomar lecciones
en punto á progreso técnico de los protegidos dueños de fábri-
cas de América. Alemania tiene los vapores más rápidos del
mundo en el Atlántico. Estamos solamente á la cabeza en
la construcción de buques ; pero se nos dice ya, que depende-
mos en ese ramo de la importancia barata del hierro y del
acero alemanes. Si esto es así, el traspaso de nuestra su-
2 9 S
premacía en la construcción naval á la nación donde los
materiales puedan ser obtenidos más baratos, es sólo cues-
tión de tiempo. Los Estados Unidos tienen actualmente la
producción doméstica mayor, el mercado doméstico más
fuerte y el arma mejor — como Mr. Carnegie puede declarar
— para la conquista de los mercados del exterior.
En otras palabras, los que producen más, pueden vender
más, si se les permite conservar el mercado para sí mismos
y explotar el nuestro también.
Este debe ser el caso; no importa lo que llegue á ser de
los trusts en su forma actual exagerada. Cuando la cadena
á través del Atlántico se quiebre, como todos lo sabemos que
sucederá, nos convenceremos de lo que significan los medios
poderosos de América, y no necesitaremos una segunda lec-
ción. Mientras tanto, como lo demuestran los números á
la cabeza de este capitulo, las exportaciones alemanas han
comenzado otra vez á superar á las nuestras. En el comer-
cio extranjero ya nos ha vencido. A ese paso, y dentro de
poco más de diez años, nos despojará completamente á pesar
de nuestra ventaja en comercio colonial, en el cual todavía
estamos á la cabeza. Se os dice que las exportaciones no lo
componen todo, y los que. os dicen tal cosa son unos sofistas.
Conceden mucha importencia al montante de sus inversiones
en el exterior ; pero éstas representan sus pasadas exporta-
ciones y nada más. Alemania está ahora adquiriendo ri-
queza por medio de la exportación, precisamente como hi-
cisteis anteriormente. Tiene actualmente invertidos en el
exterior más de $1,000,000,000.
L<os Estados Unidos acumulando riqueza con más rapidez
que Gran Bretaña.
Con otra generación, bajo vuestro actual sistema, Alema-
nia y América os sobrepujarán aún en acumular riqueza. No
confundáis la significación de estos hechos. El credo de la
inmediata baratura es el credo de la final decadencia.
299
W. Bourke Cockran.
El hombre del Greenback, del dinero sano. El hombre
de la plata libre.
Extracto del discurso del Hon. John Dalzell, de Pennsylvania, en
el Diario de Sesiones del Congreso del 30 de Abril de 1904.
¿ Cuál es la historia del caballero ? Empezó como un tra-
tante de greenbacks. (Risas y aplausos en los bancos re-
publicanos.) Viajó todo el Estado de Maine esforzándose
en persuadir á esos Yankees de que el mejor medio de hacer
dinero era obteniéndolo del Gobierno por medio de una
prensa de imprimir. Abogaba por moneda sonante, ó. sea
cien centavos en el dollar. Sin embargo, en la campaña de
McKinley no pudo unirse al otro partido. No pudo per-
manecer con el partido de McKinley porque él estaba por
dinero sonante. (Risas en los bancos republicanos.)
Por dinero sonante en 1896, viajando por todo el conti-
núente apoyando á Bryan en 1900, tratante en "greenback"
partidario del dinero sonante y el hombre de la plata. Ha
sido un Bryanista y un anti-Bryanista.
Pero mi amigo ha sido un Tammanista, y como tal, miem-
bro del Congreso, Ha sido un anti-T ammanista y como tal
cesó de ser miembro del Congreso. (Risas y aplausos en los
bancos republicanos.) El caballero ha vuelto á ser un Ta-
mamnista otra vez, y es ahora otra vez miembro del Con-
greso. (Se renuevan las risas.)
En Octubre 29 de 1903 el New York Tribune publicó un
artículo titulado "Una negativa aceptada con especificacio-
nes," y deseo leerlo á Uds.
Probablemente Mr. Cockran se ha molestado profunda-
mente por la acusación de que él estaba dispuesto á vender su
oratoria á la causa de la fusión en esta campaña y que actual-
mente había sido contratado por Tammany á un alto precio.
Le damos el completo beneficio de su indigna negativa de
que ha recibido dinero por sus discursos en favor de Tam-
many. Pero se debía haber refrenado de hacer manifesta-
ciones intentadas para crear una impresión de que el Tribune
inventó esa historia y le dio completa circulación. Lo que
hicimos en un artículo publicado el último sábado por la
mañana, al cual se refiere tan molesto, fué publicar un rumor
corriente, que expresamente describimos como tal, y que,
como cosa natural, había aparecido en la prensa la tarde
3©o
antes, y fué repetida por varios de los periódicos de la ma-
ñana simultáneamente con la publicación del mismo en el
Tribune. Era un rumor además, que fué bastante creído en
general, por razones que Mr. Cockran, en sus momentos de
más calma, tendrá discernimiento bastante para apreciar.
Cuando su actual excesivo calor haya pasado, estará muy
dispuesto á confesarse asimismo que fué muy natural supo-
ner que él debe haber aceptado una compensación pecuniaria
por adoptar una conducta tan asombrosa y tan antipática.
No era ningún procedimiento lógico por el cual suponer de
su parte una desinteresada devoción este año por Tammany.
Si por una serie de saltos mortales políticos Mr. Cocieran
no ha acostumbrado al pueblo á asociarlo con esa clase de
hombres cuyos servicios en la línea de la campaña se solici-
tan bajo la base del dinero, las circunstancias de la presente
campaña son tales, hasta hacer de necesidad indicar la idea
de que tanto se resiente.
Los asaltos de Mr. Cockran contra Bryan en 1896 fueron
desenfrenados y votó por McKinley. En 1900 aleteó de
nuevo y prestó su apoyo á Bryan. Por muchos años des-
pués que Tammany lo sacó de la obscuridad ó algo peor,
él fué su predilecto, pero al fin, debido á causas de las, cuales
Mr. Jerome parece estar al corriente,, incurrió en el des-
precio de Croker y se hizo un enemigo de la organización.
En 1897 votó por el General Tracy, pero dos años después
retrocedió tanto que apoyó á Mr. Shepard, con quien Tam-
many estaba tratando de enmascarar sus infamias.
Por espacio de algunas semanas, como él lo reconoce, de-
saprobó todo cuanto Murphy estaba haciendo ; pero en obe-
diencia á su credo, de que ninguna adhesión á un partido
local de una herejía, abrazó súbitamente á Murphy y á todo
lo que Murphy sostenía. El fervor con que Mr. Cockran
trató de hacer aparecer, el martes en la noche, de consis-
tencia moral á este "record" de harlequín nos justifica al dar
crédito á su afirmación, de que ahora como siempre, sus
discursos han sido desinteresados, pero sería una pieza de
audacia monstruosa para cualquiera, pretender que no. había
excusa para impresión contraria comúnmente 'mantenida la
última semana.
También se encuentra en el periódico de su colega (Mr.
Hearst), con fecha 26 de Octubre, lo siguiente en líneas de
un octavo de una pulgada á través de la parte superior de: hi
página :
3°*-
-"Cockran alquilado para lanzar discursos en elogios á
Tracy. Cockran se constituirá en patrocinador de la candi-
datura de Tracy. Al fin accede á las fervientes súplicas de
Wall Street."
W. BOURKE COCKRAN vá á lanzar discursos apoyan-
do la candidatura de Tracy ; el Demóstenes, ex-miembro de
Tammany Hall, al fin convino en ayudar al Senador Platt."
Mr. Cockran fué visitado en su oficina de Nassau Street,
No. 31, ayer tarde, y manifestó :
"Efectivamente voy á hablar en favor del General Tracy.
Estoy muy ocupado. No; no habrá más que un discurso.
Será pronunciado el viernes, ó el sábado, en la noche. Nó sé
dónde ; pero no podré ni antes ni después. Recibí una carta
del comité.
"¿ Qué se me pagará ? Ud. tendrá que ver al comité, estoy
muy ocupado."
(Risas en los bancos Republicanos.)
Y por último encuentro en el Philadelphia Press del 25 de
Abril de este año, bajo la firma de Mr. Walter Wellman,
distinguido y responsable repórter de periódicos, lo siguiente:
¿ Quién pagó á Cockran ?
"La indignada negativa de Bourke Cockran de que se le
pagaron los discursos que pronunció contra la plata en 1896,
se entiende que se refiere á cualquier pago que se supone que
se le ha hecho por el comité nacional republicano. Mr.
Cockran está en lo correcto. El comité republicano nacional
no le ha pagado un centavo y no ha tenido tratos con él de
ninguna especie en esta campaña. Probablemente Mr. Cock- ■
ran no negaría de que se le pagaron $15,000 por quince dis-
cursos, por el comité de la campana Palmer-Buckner."
Algunos Números que no son Satisfactorios
para los Libre-Cambistas.
Extracto del London Daily Telegraph, publicado en el Diario de Se-
siones del Congreso el 5 de Enero de 1904.
La competencia de los Estados Unidos es tan peligrosa
porque está basada en la protección.
Al fin, traemos la cuestión una vez á un claro debate.
Cuando se menciona la competencia americana, el "libre im-
portador'' lanza sus brazos hacía arriba y habla de las leyes
3°2
naturales. Dice que desde que los lechos de minerales en el
lago Superior se descubrieron, la abrumadora supremacia
de los Estados Unidos en la producción total de hierro y
acero estaba asegurada. Pero América no tiene supremacia
natural en textiles, no en seda, no en lino, no en lana, ni
aun en algodón. Cuesta tanto llevar el algodón en rama á
una fábrica en Nueva Inglaterra como á una fábrica á la
vieja Inglaterra. En las mismas fábricas de la zona del al-
godón el trabajo es menos competente, mientras que la apti-
tud hereditaria del trabajador de Lancashire no tiene igual
en el mundo.
Además, tenemos una ventaja exclusiva en la humedad de
nuestro clima.
América tiene que importar la mejor lana, la mejor seda y
el mejor lino, exactamente lo mismo que nosotros. Pero en
textiles, así como en todos los otros ramos de la industria,
sus ventajas descansan en su superior competencia, su espí-
ritu emprendedor y la inventiva del capital por la tarifa, com-
parado con el capital bajo el sistema del libre-cambio. Esto
es lo que ha pasado desde que la tarifa McKinley está ri-
giendo.
FABRICAS DE TEXTILES AMERICANAS.
Personas
Años. Núms. Capital. empleadas.
189O 4,276 £l6o,000,000 528,000
IQOO 4,3 12 217,000,000 678,000
¿ Qué ha pasado en este país en ese intervalo ? . En los
cuatro años de 1895 á 1898 únicamente según las últimas
estadísticas del Departamento de Obras Públicas, el nú-
mero total de personas empleadas en las fábricas de textiles
de la Gran Bretaña disminuyó, en realidad, de 1, oyó, 000
brazos, que empleaban en 1895, & I >°37> 000 en 1898.
La protecc ion atrae al capital y á las fábricas.
Como finalización viene el punto más importante de todos.
Mr. Andrew Carnegie, que es un ferviente favorecedor del
libre-cambio para todos los países, con excepción de los Es-
tados Unidos, donde sus negocios están situados, en cierta
ocasión elevó un himno de alabanza porque la tarifa McKin-
ley había obligado á muchas de las más grandes firmas en el
comercio de textiles en Inglaterra, á erigir establecimientos
en América. "La protección," dice Mr. Carnegie, "ha traído
3°3
hacia nosotros muchos manufactureros británicos á establecer
industrias, y de ese modo desarrollar nuestros recursos; los
Clarks y los Coats de Paisley ; los Dolans de Yorkshire ; los
Sandersons de Sheffield, y por último, no ciertamente lo de
menos importancia, una gran conquista de Halifax. ¿ Quién
no esperaría de nosotros que alabásemos nuestra idea de pro-
tección, si capturamos á los Firths? ¿Quién, en verdad?
Este es el punto.
Algunos números que no son satisfactorios para los
Libr*' -Cambistas.
Veinte años antes del Cobdenismo, es decir, de 1825 á 1845,
triplicamos nuestra producción de hierro. Es una coinciden-
cia extraña que los Estados Unidos y Alemania hayan hecho
exactamente lo mismo en las dos décadas de protección, de
1890 á 1900. Francia, en el mismo período, después de
romper con la doctrina del Cobdenismo, aumentó su consu-
mo de hierro en 60 por ciento. Nosotros aumentamos nues-
tra fuerza consumidora en 24 por ciento. Es todo el hecho
importante que representa el relativo progreso del comercio
doméstico. Durante los últimos doce años las industrias de
hierro y acero han sido inmensamente protegidas por la re-
construcción de la flota á un costo mucho mayor que el del
ferrocarril de Siberia. Muy bien podemos admirarnos de
cuál hubiera sido el estancamiento del mercado doméstico con
respecto al hierro y acero, si no hubiera gozado de la excep-
cional ventaja que le han ofrecido las necesidades del Al-
mirantazgo.
Considerad ahora las dos siguientes tablas que demuestran
el sorprendente cambio que se ha operado en nuestra posición
con referencia á la industria en la cual, el éxito manufac-
turero de todos los países, debe á la larga depender.
Producción comparativa de hierro en lingotes.
Aumentos presentados en miles de toneladas.
Gran Estados El resto"
Años. Bretaña. Alemania. Unidos. del mundo.
1880 7749 2,685 3,835 17,950
1890 7,904 4,583 9,203 27,150
1899 9,302 7,920 13,621 39,752
3°4
Producción comparativa de acero,
Aumentos presentados en miles de toneladas.
Gran Estados El resto
Años. Bretaña. Alemania. Unidos. del mundo.
l880 1,375 728 1,247 4,205
189O 3,679 . 2,127 4,277 . II,902
1899 5?ooo 6,189 J o,639 26,685
1902 4,800 7,800 15,000 30,000
Estas son cifras mucho más sorprendentes que ningunas
de las que puedan presentarse de las estadísticas de nuestro
comercio extranjero. En 1880 producíamos todavía tanto
hierro y acero como el resto del mundo reunido. La posi-
ción en el momento presente es ésta : Ocupamos el tercer
puesto, y sin un cambio de sistema fiscal permaneceremos
siendo los terceros. La producción de hierro y acero en los
Estados Unidos es más del doble de la nuestra en la actua-
lidad.
Una Infinidad de Nuevas Fábricas.
Los malarios aumentados grandemente.
Extracto de las declaraciones del Hox. M, E. Olmsted, de Pennsyl-
vania, en 20 de Junio de 1904.
Sr. Presidente, habiendo demostrado cómo expertos bien
instruidos y adiestrados en varios ramos del comercio
en otros países consideraban los efectos de la presente ta-
rifa republicana sobre el trabajo, las industrias y el comercio
de este país, como también del propio, presento algunas
cifras de mi propio Estado, demostrando la diferenciaren
efecto, entre la tarifa democrática de Wilson-Gormán, pro-
mulgada durante la última administración de Cleveland, y
la actual tarifa protectora promulgada durante el primer
año de la administración de McKinley.
Me propongo comparar la condición de las industrias dei
hierro y acero en 1896, el primer año completo de la ad-
ministración del Presidente Roosevelt. Las cifras son para
estas grandes industrias en el Estado de Pennsylvania úni-
camente ; pero ellas representan con exactitud las condiciones
en estas líneas, en todas partes de nuestro país. Los- cál-
culos completos para 1903 no pueden todavía utilizarse. Por
3°5
la siguiente tabla oficial tengo que estar agradecido al Hon.
Robert C. Blair, el competente jefe de la Oficina de esta-
dísticas de Pennsylvania :
EMPLEO, SALARIOS, GANANCIAS DIARIAS Y ANUALES EN LAS MANUFAC-
TURAS DEL HIERRO EN BARRAS, LATA, LATA EN HOJAS, Y HIERRO
Y ACERO ENROLLADO EN FORMA ACABADA EN EL ESTADO
DE PENNSYLVANIA EN L S ANOS 1896 Y I902,
RESPECTIVAMENTE, DEMOSTRANDO EL Tanto por %
AUMENTO EN 1902 SOBRE 1896. de aumento
Aumento 1902 1902 so-
HIERRO EN BARRAS. 1896 1902 sobre 1896 bre 1903
Producción — toneladas
brutas 4,026,350 8,111,642 4,085,292 101.7
Trabajadores empleados 11,580 17,101 5,521 47.6
Término medio de días
de empleo 289 314 25 8.6
Término medio de jor-
nales pagados á los
trabajadores^ $4,589,165 $10,191,759 $5,602,594 124.2
Término medio de las
ganancias anuales $396.30 $595-97 $199.67 50.3
Término medio de los
salarios diarios $1.37 $1.89 $0.52 37.9
HIERRO Y ACERO ENROLLADO.
Hierro y aceró enrollado
en forma acabada, tone-
ladas netas 3,757,070 9,429,365 5,671,295 153-3
Trabajadores empleados 53,573 95,720 42,147 78.6
Término medio de días
de empleo... 251 285 34 13.5
Término medio de sa-
larios pagados á los
trabajadores^ $23,832,628 $60,721,858 $36,889,230 * 154.7
Término medio de los
salarios anuales ... $444.89 $634 $189.11 42.5
Término medio de los
salarios diarios $1-77 $2.23 $0.46 26
TRABAJOS DE LATA NEGRA EN PLANCHAS.
Producción total por lata
libras 158,306,490 428,443,592 270,137,102 170.6
Cantidad en latas 97,814,762 352,544,992 254,730,230 260.4
Trabajadores empleados 3,194 8,005 5,711 179
Término medio de los
trabajadores pagados. $1,437,226 $4,506,105 $3,068,879 213.5
Término medio de los
salarios anuales $456.55 $506.02 $19-47 10.8
Término medio de los
salarios diarios $1.80 $2.55 $0.75 41.6
Número de plantas.... 13 22 9 69.2
PRODUCTOS DE ACERO.
Bessemer toneladas
brutas 2,202,814 4,208,354 2,005,544 00.5
Open Hearth, toneladas
brutas 1,009,608 4,220,279 3,210,671 31.8
Crucible, toneladas brut. 43, 107 82,562 39,455 91.0
306
Por los precedentes guarismos se verá que en las indus-
trias del hierro, acero y hojas de lata solamente, había em-
pleados en Pennsylvania 53,379 hombres más en 1902, bajo
el Presidente Roosevelt, que los que hubo en 1896 bajo la
presidencia^ de Cleveland y que estos empleados recibían en
salarios en 1902 un total de $75,419,722, contra $29,859,019
en 1896, una diferencia de $45,560,703 á favor de la ad-
ministración republicana. Sabemos de la misma fuente que
una comparación de los resultados en 548 plantas, operando
en 44 industrias diferentes, demuestran que el número total
de hombres empleados en estas 548 plantas era en 1896 de
88,349 y en I 9° 2 de 131,575, un aumento de 43,226.
El total de los salarios pagados en estas 548 plantas en
1896 era de $33,150,563, y en 1902 $66,618,463 ; un aumento
de más de ciento por ciento. Pero en esto no se toma en
cuenta la veintena de plantas que han surgido desde 1896,
y no están por tanto comprendidas en la comparación. No
solamente se dio empleo á miles de hombres más en 1902.
sino que también cada hombre recibía salarios grandemente
aumentados.
Reciprocidad Republicana.
Un cambio de artículos de no competencia.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. H. Gallinger, de New
Hampshire, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 23 de Abril
de 1904.
El partido republicano y los leaders republicanos han es-
tado, y lo están todavía, en favor de la reciprocidad. Ellos
no hablan de reciprocidad real ó genuina, porque la palabra
en sí misma indica la completa significación de la política.
Jamás ha habido en ninguna plataforma republicana una
alusión á la reciprocidad que no haya significado un cambio
de artículos que no se hacen la competencia con desventaja
de ninguna parte ó porción de nuestro pueblo. Jamás ha
habido una simple manifestación, de algún estadista repu-
blicano en oposición con esta definición de la palabra reci-
procidad, que significa igualdad de cambios,
Si entramos en un tratado de reciprocidad de productos
que no se hagan la competencia, esto daría una ventaja á
nuestro país igual á la que damos al otro; entonces el partido
republicano está pronto á entrar en un tratado semejante.
Un ejemplo de reciprocidad que dio resultado se encuentra
en el aumento de nuestro comercio con Cuba bajo la cláusula
de reciprocidad de la ley de la tarifa McKinley y con Hawaii
bajo el tratado de 1876. Esos países tienen artículos que
307
no podemos producir que cambian por nuestros productos
que ellos no pueden producir. Esa es la verdadera recipro-
cidad. El resultado fué que nuestras exportaciones para
Cuba en 1889 ascendieron á $1,500,000 y en 1893 se elevaron
á $24,157,000. Nuestras importaciones de Cuba en 1889
eran de $52,000,000, y en 1893 habían aumentado á $78,-
706,000. - Nuestras exportaciones á Hawaii en 1876 el año
en que el tratado de reciprocidad empezó á regir, eran de
$779,257, y en 1900, el año en que se anexó á los Estados
Unidos, habían aumentado á $13,509,000. Nuestras impor-
taciones de Hawaii en 1876 eran de $1,227,000 y en 1900
habían aumentado á 20,707,000. Se verá, pues, que nues-
tras importaciones y exportaciones aumentaron casi en la
misma proporción, y cuando se recuerda que el cambio fué
en artículos de no competencia la sabiduría de un tratado
de reciprocidad de esta clase se evidencia por sí misma. Tal
tratado de relaciones comerciales recíprocas no sería posible
establecerse entre este país y el Canadá, siendo el producto
de ambos países iguales.
A fin de ver el resultado de nuestra anterior experiencia
bajo la llamada reciprocidad con el Canadá, doy la siguiente
tabla de nuestro comercio con ese país, incluyendo los dos
años precedentes y los dos años siguientes al tratado que
existía desde Septiembre 11 de 1854 á Marzo 17 de 1866.
Importación en los Exportación de los
Estados Unidos del Estados Unidos al
Años fiscales. Canadá. Canadá.
1852 $5,469,445 $IO,229,6o8
18 53 6,527,559 12,432,597
1854 8,784,412 24,073,408
1855 15,118,289 27,741,808
^56 21,276,614 29,025,349
1857 22,108,916 24,138,482
^58 15,784,836 23,604,522
1859 19,287,565 28,109,496
l860 23,572,796 22,695,924
!86i 23,724,489 22,676,518
l8 62 18,511,025 20,573,073
1863 17,484,786 27,619,810
1864 29,608,736 26,574,624
1865 33,264,403 28,829,404
1866a 48,528,628 24,828,880
x 867 25,044,005 21,020,302
1868 26,261,379 24,080,777
a. Nueve meses del año bajo reciprocidad.
3 o8
Antes del tratado vendíamos al Canadá dos veces tanto
como lo que le comprábamos, mientras que mucho antes de
la terminación del tratado, ellos nos estaban vendiendo mu-
cho más que lo que les estábamos nosotros vendiendo, y
durante el último año del tratado sus ventas á nosotros eran
dobles de las nuestras á ellos. Eso puede ser reciprocidad de
libre-cambio ó reciprocidad democrática ó "genuina" reci-
procidad ; pero no es reciprocidad republicana. Ahora bien.
Observad nuestro comercio con ese país bajo la ley de la
tarifa Dingley.
IMPORTACIONES Y EXPORTACIONES DE MERCANCÍAS DE LOS
ESTADOS UNIDOS Y A LOS ESTADOS UNIDOS
Y EL CANADÁ.
Año fiscal. Importaciones. Exportaciones.
I897 $40,309,371 $64,928,821
1898 31,870,486 83,714,086
1899 31,220,967 87,974,961
I9OO 39>309,074 95,319,970
1901 42,482,163 105,789,214
1902 48,076,124 109,642,993
1903 ••• 54,660,410 123,472,416
Me parece que nos encontramos bien con el Canadá á
pesar de su tarifa de preferencia de un 33 1-3 por ciento á
favor de géneros del Reino Unido.
El Consumidor Britano no Está por Ningún
Concepto tan Bien Como el Americano.
Extractos del London Daily Telegraph, publicados en el Diario de
Sesiones del Congreso, el 5 de Enero de 1904.
Puede generalmente indicarse sin el menor temor de ser
refutado, que en ningún país, bajo la tarifa la carga general
sobre el pueblo como consumidor ha sido tan grande como
el beneficio general ha sido para el pueblo como productor.
Podemos someter el caso á una sencilla prueba. Todo el
mundo sabe que el consumidor americano de mediana posi-
ción paga más que el inglés en iguales condiciones. Sin em-
bargo, el consumidor inglés, á pesar de esa ventaja, no está
por ningún concepto tan bien como el americano. Hacemos
3°9
pequeñas ganancias sobre nuestros gastos bajo el sistema
actual, pero perdemos grandes ganancias, que de otra ma-
nera vendrían á nosotros en la forma de contribuciones.
El libro azul de informaciones ofrece dos presupuestos
demostrando los gastos semanales de las familias inglesas y
americanas de posición relativamente igual. La compara-
ción se basa sobre los datos de información hechos en 1890
y 1 891 por el Departamento de Obras de los Estados Unidos.
Los resultados, sin embargo, dan una comparación per-
fectamente clara de las condiciones bajo los sistemas de pre-
cio bajo y alto con la gran comodidad del mismo trabajo,
vendiendo á un precio más alto bajo la tarifa, y á uno más
bajo, bajo las importaciones libres. Los salarios semanales
de un número de familias inglesas ganados dentro de un
término medio de 32 chelines, corresponden á los salarios en
América á 48 chelines. No hay una tabla americana para
esa suma exacta ; pero hay una demostrando los gastos y los
excedentes de un gran grupo de familias americanas ganan-
do un término medio de 46 chelines á la semana. Pero aun
esta sección demostraba un mayor excedente semanal que el
de las familias inglesas ganando bastante más de un tipo ex-
trictamente correspondiente. Hé aquí las dos compara-
ciones :
PRESUPUESTO COMPARATIVO DE LAS FAMILIAS BRITÁNICAS
Y AMERICANAS DE GANANCIAS APROXIMADAMENTE
IGUALES RELATIVAMENTE A LOS TIPOS DE
SALARIOS EN LOS DOS PAÍSES.
(Tipo inglés igual á 100; tipo americano igual á 150.)
Presupuesto Británico.
s. d.
Renta semanal, término medio por familia 32 2%
Término medio de gastos : s. d.
Alimento 15 3
Alquiler de casa 3 9
Combustible, etc 2 of
Ropa 6 ?i
Varios otros 5 7J
Total de gastos 31 if
Excedente semanal 1 * 1
3io
Presupuesto Americano.
\ s. d.
Renta semanal, término medio por familia 46 4f
Término medio de gastos : s. d.
Alimento 17 8J
Alquiler de casa 6 6
Combustible, etc 2 6J
Ropa 6 y\
Varios 9 9¿
Total de gastos 43 1 j
Excedente semanal 3 3
Pérdidas de Inglaterra por el libre tráfico.
Exportaciones.
EXPORTACIONES TOTALES COMPARATIVAS DE LOS PRINCI-
PALES PAÍSES COMERCIALES (TREINTA AÑOS)
DE 1872 A 1902.
(Montante en millones de libras esterlinas.)
Tanto por ciento de
aumento ó disminución
en 1902, comparado
1872 1890 1900 1902 con 1872.
Exportaciones británicas :
A posesiones británicas .. 6l 87 94 109 79% aumento.
A países extranjeros 196 176 197 174 2.1% disminución.
Total 257 263 291 283 \o% aumento.
Exportaciones alemanas 116 166 238 241 1 08 \ aumento.
Exportaciones de los Esta-
dos Unidos 89 r76 304 282 217% aumento.
exportaciones comparativas de manufacturas
(cuatro países) i 882-1902.
Estados
Reino Unido. Alemania. Francia. Unidos.
1882 ^21 7,000,000 ^94,000,000 ^76,000,000 ^28,000,000
1902 235,000,000 155,000,000 95,009,000 84,000,000
Aumento... 18,000,000 61,000,000 19,000,000 56,000,000
Aumento, por
tanto por ciento. 8 64 25 200
3u
La Diferencia Entre el Libre -Cambio y la
Contribución Proteccionista.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. H. Gallinger, de New
Hampshire, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 25 de Abril
de 1904.
Cifras instructivas.
Primero, deseo presentar algunas cifras demostrando
nuestras condiciones financieras y comerciales hasta donde
tales cifras pueden obtenerse, deseando después esforzarme
en refutar la acusación hecha por nuestros amigos sobre
los puntos que he mencionado, y también expondré las ra-
zones por qué el porvenir es tan propicio, y por qué la pros-
peridad no sólo continuará dominando, sino que dominará
con creciente vigor en los años venideros, si seguimos mante-
niendo los principios de nuestra actual tarifa, y no nos de-
jamos convertir á las doctrinas desastrosas y destructivas
de nuestros opositores.
A nuestros amigos democráticos les gusta hablar de una
tarifa de contribuciones.
La siguiente tabla es instructiva sobre ese punto, demos-
trando la diferencia entre el libre comercio y la contribución
proteccionista. .
Terminación del año Entradas de Total de
en 30 de Junio. Aduana. Entradas.
1895 $152,158,617 $313,390,075
1896 l60,02I,752 326,976,200
1897 176,554,127 347,721,705
Término medio. . . .$162,911,499 $329,362,660
1898 $149,577,062 $405,321,335
1899 206,128,482 515,960,620
1900 233,164,871 567,240,852
1901 238,585,456 587,685,338
1902 254,444,708 562,478,233
1903 284,479,582 560,396,674
Término medio $227,729,694 $533,180,509
312
Débese recordar que las entradas de contribuciones inter-
nas están afectadas por la ley de tarifa como también las
entradas de Aduana, porque en prósperos tiempos como los
que disfrutamos bajo una tarifa protectora, las entradas por
contribuciones internas han excedido grandemente á las du-
rante el período de una tarifa baja. El resultado fué que
durante los años de baja tarifa, 1895-1897, tuvimos un dé-
ficit de más de $76,000,000, que agregados á un déficit de
$70,000,000 en 1894 (que fué realmente un año de libre-
cambio) montan á $140,000,000 en los cuatros años, mientras
que durante los cuatro años que terminaron en 1903 hubo
un excedente de más de $300,000,000. Hemos abolido con-
tribuciones de guerra por más de $100,000,000 y todavía
nuestras entradas exceden á nuestros gastos.
Esto, señor Presidente, patentiza la diferencia entre las
contribuciones cobradas con tarifa baja y las con tarifa pro-
tectora. Esta es la razón por qué estamos en condiciones
de emprender la construcción del gran canal interoceánico,
envolviendo, como envuelve, un gasto de $100,000,000 á
$200,000,000 y quizás mayor montante todavía del indicado.
Tanto más en favor del exceso del Tesoro. Ahora
bien, ¿cómo se presenta el balance con respecto á nuestro
comercio extranjero, acerca del cual nuestros amigos demo-
cráticos se muestran siempre tan solícitos?
IMPORTACIONES Y EXPORTACIONES DE MERCANCÍAS DE
1895-I9O3.
Año finalizado Exportaciones Total
en de Total exportado Exceso
Junio 30. Importaciones, manufacturas, exportado. é importado. exportado.
1895 $731,969,965 $183,595,743 $807,538165 $1,539,508,130 $75,568,200
1896 779,724,674 228,571,178 882,606,938 1,662,331,612 102,882,264
1897 764,730,412 227,285,391 1,050,993,556 1,815,722,968 286,263,144
1898 616,049,654 290,697,354 1,231,482,330 1.847,531,984 615,432,676
1899 697,148,489 339,592,146 1,227,023,302 1,924,171,791 529,874,813
1900 849,941,184 433,851,756 1,394,483,082 2,244,424,266 544,541,898
1901 823,172,165 410,932,524 1,487,764,991 2,310,937,156 664,592,826
1902 903,320,948 403641,401 1,381,719,401 2,285,040,349 478,398,453
1903 1,025,719,237 407,526,159 1,420,141,679 2,445,860,916 394,422,442
Líos Estados Unidos á la Cabeza de las
Naciones Exportadoras.
Extracto de las consideraciones ^ del Hon. Henry S. Boutell,
de Illinois, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 26 de Enero
de 1904.
* Vuestros profetas dijeron al pueblo que si la tarifa repu-
blicana se adoptaba terribles cosas sucederían. Vosotros
3*3
dijisteis que con la tarifa protectora republicana nuestras
exportaciones decaerían. En lugar de eso, nuestras exporta-
ciones comenzaron á aumentar inmediatamente después de
haberse aprobado el acta de la actual tarifa Dingley. Tengo
en mis manos una exposición de la Oficina de Estadísticas
demostrando el aumento de las exportaciones que inser-
taré en esta relación.
Es únicamente en estos recientes años que los Estados
Unidos ha tomado su puesto á la cabeza de la lista de los
grandes exportadores del mundo, en productos domésticos.
En 1875 las exportaciones de productos domésticos por las
grandes naciones exportadoras del mundo fueron como
sigue :
Reino Unido $1,097,497,000
Francia 747,400,000
Alemania 593,052,000
Estados Unidos 497*263,737
En 1885 las exportaciones domésticas de estos cuatro
países eran en este orden :
Reino Unido... $1,037,124,000
Alemania 680, 551 ,00o
Estados Unidos 673,593,596
Francia 596,000,000
En 1895 las exportaciones domésticas de los mismos países
aparecían en este orden:
Reino Unido $1,100,452,000
Estados Unidos 807,742,415
Alemania 789,660,000
Francia 651,1 00,000
En 1903 la relativa posición de las cuatro naciones en la
exportación de productos domésticos, observaban esta re-
lación :
Estados Unidos $> l A$7>$6$,7%3
Reino Unido 1,415,617,552
Alemania a 1,200,000,000
Francia^ .... 812,000,000
a. Cifras de nueve meses y un cálculo del último trimestre
del año.
b. Cifras de once meses y un cálculo del último mes del
año.
3*4
La tabla siguiente demuestra las exportaciones de pro-
ductos domésticos de los Estados Unidos, Reino Unido y
Alemania en cada año, desde 1875 hasta 1903, las cifras es-
tando en todos los casos por el año calendario:
Años. Estados Unidos. Reino Unido. Alemania.
1875 $497,263,737 $1,087,497,000 $593,052,000
1876 575, 735, 804 976,410,000 605,886,000
1877 607,566,495 967,913,000 656,982,000
1878 723,286,821 938,500,000 686,671,000
1879 754,656,755 932,090,000 660,352,000
1880 875,564,075 1,085,521,000 688,500,000
1881 814,162,951 1,138,873,000 707,978,000
1882 749,9 II ,3°9 i>i75>099,ooo 758,817,000
1883 777,523,71% 1,166,982,000 778,257,000
1884 733,768,764 1,134,016,000 762,432,000
1885 673,593,596 1,037,124,000 680,551,000
1886 699,519,430 1,035,226,000 710,186,000
1887 703,3 19*692 1,079,944,000 745,896,000
1888 679,597,477 1,141,363,000 762,444,000
1889 814,154,864 1,214,442,000 753,222,000
1890 845,999,603 1,282,474,000 791,717,000
1891 957,333,551 1,203,169,000 755,771,000
1892 9 2 3,237,3i5 1,105,747,000 703,078,000
1893 854,729,454 1,062,162,000 735,886,000
1894 807,312,116 1,051,193,000 704,826,000
1895 807,742,415 1,100,452,000 789,660,000
1896 986,830,080 1,168,671,000 838,981,000
1897 1,079,834,296 1,139,832,000 865,124,000
1898 1,233,558,140 1,135,642,000 894,063,000
1899 1,252,932,344 1,287,150,000 1,001,278,000
1900 1,453,010,112 1,417,086,000 1,097,509,000
1901 1,438,078,651 1,362,727,000 1,054,685,000
1902 1,333,288,491 1,379,282,000 1,113,313,000
1903 1,457,565,783 1,415,617,000 a 1,200,000,000
Las exportaciones el año que acaba de terminar mon-
taron á $1,457,000,000, el año que se registra de mayor ex-
portación de los Estados Unidos para países extranjeros,
casi duplicando todas las exportaciones del año 1895. Otra
cosa que es muy satisfactoria para todos, señores, dejando
á un lado la cuestión de partido; satisfactoria para cada
americano de esta Cámara, es que durante los pocos años
pasados nuestra gran República ha cambiado su puesto, del
cuarto que ocupaba en la lista de las naciones exportadoras
al primero, marchando delante de la Gran Bretaña, Alemania
y Francia, al presente.
Otra vez se predijo que el volumen de dinero en este país
3*5
disminuiría; pero no ha sido así y es ahora mayor que jamás
lo ha sido. Se predijo que el oro en la Tesorería disminui-
ría, pero no ha sucedido así; tenemos más oro en la Tesorería
ahora que el que alguna ves pudo haber en la Tesorería de
los Estados Unidos y tenemos más oro acuñado y en barras
en el Tesoro de los Estados Unidos que el que se haya
podido colectar alguna vez antes en cualquier paraje del
mundo ; casi setecientos millones de dollars. Se predijo que
los salarios en todo el país bajarían; todo lo contrario, desde
la inauguración de McKinley hasta el año que cierra, el tér-
mino medio de los salarios en todo el país ha subido.
No solamente el término medio del salario en dinero, pero
el actual salario comparado con el costo de la subsistencia.
La Idea Americana.
La protección significa absoluta prueba contra el pánico.
Extracto de las declaraciones del Hon. J. H. Gallinger, de New
Hampshire, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 23 de Abril
de 1904.
El acrecentamiento del mercado doméstico es posible.
Refiriéndome brevemente á esta pregunta de nuestros
amigos demócratas, relativa á los mercados extranjeros, de-
seria llamar la atención al hecho de que tenemos á nuestras
mismas puertas, sin cruzar los mares, sin el acompañamiento
de gastos de flete y otras desventajas más que causan las
exportaciones extranjeras, un mercado digno de ser con-
siderado y que se cultive; pero el que algunas veces es
desatendido aparentemente por los reformadores de la ta-
rifa.
Importamos ahora, anualmente, más de $1,000,000,000 en
mercancías, de las que una mitad de ellas pueden producirse
en este país. Estamos importando por valor de $50,000,000
en manufacturas de algodón, cerca de $20,000,000 en géne-
ros de lana y algunos $50,000,000 en artículos de hierro y
acero. En azúcar importamos por valor de $75,000,000, en
tejidos de seda como 35,000,000 y otros muchos millones en
artículos de metal, madera etc., que podían muy bien fa-
bricarse aquí, y dar á nuestros trabajadores las ventajas del
empleo en esas manufacturas. No es necesario quebrantar
nuestras tarifas rebajándolas, ó por medio de tratados para
3i6
obtener un aumento de mercado de cientos de millones de
dollars de productos fabricados en nuestro país. El mer-
cado lo tenemos aquí, en los mismos Estados Unidos, y aun-
que es una porción pequeña del valor total de nuestro mer-
cado doméstico, que actualmente tenemos, es digno cierta-
mente de tomarse en consideración.
El progreso de treinta años.
La siguiente tabla da de una ojeada una idea del progreso
de nuestro país en sus industrias materiales durante los
últimos veinte años, á pesar de los desastrosos resultados
que experimentamos bajo el período de la tarifa baja du-
rante la administración democrática. Estos guarismos ha-
blan tan elocuentemente por sí mismos, que no necesito más
que llamar hacia ellos la atención.
Renglones. 1883 1893 1903
Depósitos en Cajas de Ahorros $1,024,856,787 $1,785,150,957 $2,935,204,845
Depositantes en Cajas de Ahorros 2,876 438 4,830,599 7,305,228
Total de depósitos en bancos «$2,755>93 8 >°53 $4586,213,170 $9,673,385,603
Oro en circulación $344)653,495 $408,535,663 $627,025,092
Certificados de oro en circulación $59,807,370 $92,642,189 $404,070,929
Total de moneda en circulación $1,230,305,696 $1,596,701,245 $2,449,168,418
Moneda en circulación por cabeza $22.91 $24.06 $30.29
Liquidaciones de bancos ¿$52,126,704,488 $58,880,682,465 $114,068,8,37,561
Lata importada 484,038,688 628,425,902 109,913,293
Lata manufacturada. Ninguna 99,819,202 819,840,000
Producción de oro $30,000,000 $35,955,ooo $80,000,000
Producción de plata $46,200,000 $77,575.757 $7*>757,775
Producción de carbón 102,867,969 162,814,977 269,081,000
Producción de hierro en barras 4,595,510 7,124,502 18,009,752
Producción de acero 1,673,535 4,019,995 14,947,230
Producción de cobre 5i,574 i47.<>43 294,423
Seda en rama, importada 4,209,015 8,310,548 15, 270,353
Goma elástica id 21,646,320 41,547,680 55,010,571
Materiales importados para fabricantes. $237,778,910 $312,915,815 $480,828,386
Exportación de manufacturas $134,228,083 $158,023,118 $407,526,159
Total de importaciones $723,180,914 $866,400,922 $1,025,719,237
Total de exportaciones $823,839,402 $847,665194 $1,420,141,679
Exceso de exportaciones sobre impor-
taciones $100,658,488 C$18,735,728 $394,422,442
a 1882 b 1887 c Exceso de importaciones.
La verdadera política.
Y ahora, Sr. Presidente, solamente deseo agregar que to-
dos nosotros estamos informados de la idea de Iowa, de
Massachusetts, y tal vez de algún rincón, ó de algún ciu-
dadano de algún otro Estado ó Territorio que pueda tener
alguna otra idea ; pero Sr. Presidente, tales ideas no pueden
vivir mucho. Hay solamente una idea, y ésta es la de que
debemos cultivar, alimentar y mantener. Esa es la idea
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americana ; una política no beneficiosa á una localidad ó á
una sola industria, sino una política fiscal que proteja á to-
dos por igual en todas partes de nuestro grande y creciente
país, que proteja al labrador y á los empleados en las fá-
bricas, al manufacturero y á sus artesanos, al hombre de
profesión, al trabajador y al que vive de sus rentas, y á todos
en las distintas esferas de la vida. Tal política está plena-
mente evidenciada en el éxito de nuestra actual ley de la
tarifa, una tarifa que fué el factor esencial en restaurar
nuestra prosperidad, el factor salvador en mantenerla y la
mejor de todas las tarifas; que cuando existen condiciones
adversas, cuando la locura y la situación financiera se dan las
manos, cuando aún los elementos conspiran contra nosotros
garantiza la conservación de la prosperidad, porque la pro-
tección significa absoluta prueba contra el pánico.
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